Entre DRAMAS y FARSAS… (02)

Imágenes y testimonios desde “El Escondido”

Casi colofón

 

Lejanas luces. Ladridos y un blanco dogo acercándose por la polvorienta calle de “El Escondido”, la Villa del Fin del Mundo donde el tronco de un viejo árbol sirve como sostén para cables de distintos colores. Rústica puerta de madera y con negro pintada una señal: BAÑO. Casillas de madera con techos a dos aguas para soportar nevadas y facilitar el escurrimiento del agua mientras llueve.

Imágenes y testimonios desde “El Escondido”…

El periodista Julio Bazán del Canal Todo Noticias -de Buenos Aires-, explica que para llegar hasta El Escondido hay que subir la cuesta; pasa cerca de un niño con pantalones claros, hay automóviles estacionados frente a una vivienda de dos plantas pintada en tono amarillo con descoloridas ventanas rojas.

Sólo un alto árbol a la vista, escaso follaje. Personas transitando por la angosta calle con desniveles, húmeda en el sector del escurrimiento del agua contaminada.

El perseverante comunicador social que semana tras semana conduce el programa “Ésta es mi villa”, una vez más deberá hacer el esfuerzo de subir y subir hasta llegar a las viviendas de madera y telgopor protegidas con resistentes polietilenos negros construidas por la gente que comenzó a llegar a fines del primer lustro del siglo XXI, hasta ese inhóspito lugar ignorado por los promotores del turismo nacional e internacional. Llegaron argentinos desde distintas latitudes y “muchísimos de Bolivia y países limítrofes”. Ritmo de cumbia. Una mujer apura el paso sin mirar hacia la cámara de televisión, otra avanza lentamente con su hijo, juntas las manos…

Un contenedor repleto de bolsas con residuos. Unos tras otros, bajan hombres y mujeres para ir a trabajar, algunos con sus niños en brazos. Trabaja en su lugar Ernesto Mora, más conocido como “Araña” -cincuenta y cinco años por su edad-, discriminado para ingresar en la fábrica y por eso, sobreviviendo con lo que gana “en changas”.

Apurado está trabajando en la construcción de una columna porque está nublado y pronto comenzará la lluvia. Seis años transcurrieron desde que Ernesto llegó a ese lugar y explica que antes del notable crecimiento poblacional en las últimas décadas, en Ushuaia había “muchos bosques” y que los fueron talando “los copetudos”, también ellos quienes son reconocidos como “intrusos”. Dijo mirando a los ojos a Julio Bazán:

-“Nosotros somos los que usurpamos… como los ingleses Las Malvinas. Nosotros, argentinos… ¡usurpadores!… Así nos llaman”.

Ernesto comentó que siente “impotencia y ganas de llorar y bronca…”

-“Da bronca porque son los mismo de aquí los que te dicen eso, la misma gente. Y a mí me mata, porque yo tengo un hijo ‘fueguino’…”

Casi como un símbolo, dos perros -uno blanco y uno negro- se acercan y juegan mientras serpentea el agua por el declive de la calle. Guarda Ernesto sus herramientas para soldar y acompaña a Julio Bazán como guía para que pueda seguir grabando imágenes y sonidos que reflejan la vida en esa zona austral del continente hispanoamericano. En lo alto hay árboles nativos “que no han sido tocados”, imprescindible reserva natural para mantener el equilibrio biológico.

Argentina amada ¡País de los Contrastes!…

Precarias viviendas cubiertas con “nylon”, telgopor y chapas junto a atractivos automóviles y la breve conclusión de Ernesto:

-“Bueno, ese es el tema del ahorro, al no pagar alquiler, se compran el auto”.

Explica que allí hace falta el auto y lo destaca Julio Bazán porque los vecinos deben recorrer kilómetros trasladando garrafas vacías y llenas, bidones con agua…

Elizabeth, la boliviana que generalmente va en taxi a hacer sus compras en el supermercado, esta vez sólo la trasladó hasta la garita porque en realidad evitan entrar al barrio porque “el seguro no les cubre”. Muestra sus manos y dice: -“Un poco rojitas”…

Julio Bazán, el periodista de Todo Noticias le ayuda a cargar dos bolsas con pesada carga de mercaderías, viajes que Elisabeth realiza dos veces por semana.

Suben por una angosta escalera construida con tablas de madera, separadas para facilitar el escurrimiento del agua de nevadas o lluvias que se alternan casi todos los días. Responde la joven mujer que tiene tres hijos que son argentinos.

Necesaria pausa porque el ascenso provoca fatiga. La boliviana que encontró su lugar en la Argentina tierra, dijo:

-“No podemos entrar a un buen trabajo. Así que tenemos que trabajar en una casa de familia -la mayoría de la gente-, uno que otro trabaja en la fábrica.”

Comentan que quienes trabajan en las fábricas “tienen obra social, jubilación”…

Sonríe Elisabet cuando relata que al principio tenían una “casita chiquitita” y que ahora cada hijo tiene su propia habitación y concluye: -“En eso no me puedo quejar”. Retoman los bolsos, siguen subiendo hacia las últimas construcciones, peldaño a peldaño sólo de tierra con postes de madera sobre un lado para evitar derrumbes.

Visible a lo lejos el bello paisaje de la ciudad reconocida como la más austral del planeta Tierra, que gira, gira, gira… En ese barrio nombrado El Escondido, no hay escuelas ni un pequeño centro de salud.  Cuenta la boliviana Elisabeth que en lo más alto están los últimos que ocuparon esos lugares y refiriéndose Bazán a que si no le moleta que digan que son “usurpadores”, respondió:

-“Es que es una necesidad. Es una necesidad…

Tenés que hacerlo no solamente por ti, sino por tus hijos, porque tú vas a un alquiler, no te reciben con dos, tres chicos… Te dicen un montón de cosas…

Entonces… que van a rallar las paredes, que hacen mucha bulla”…

¡Y llegaron!…

-“¿Ya llegamos?… ¡Qué felicidad!”… exclama el perseverante Julio Bazán antes de pasar sobre la gruesa tabla colocada sobre la zanja y subir los últimos siete peldaños para ingresar al hogar de Elisabeth.

Ella abre la puerta, asoman sus hijos, se despiden cordialmente mientras tres técnicos hacen lo necesario para grabar ese documento audiovisual revelador de las desiguales oportunidades y de las continuas migraciones.

Ladra el perro y otro contraste: sus fuertes blancos dientes y el pelaje negro.

Entusiasta y coherente con su vocación, Julio Bazán dice:

-“Desde El Escondido hay una vista magnífica no solamente de la ciudad de Ushuaia sino también del canal de Beagle, con las resonancias históricas que eso significa.  Ritmo de cumbia… y continúa la marcha entre casillas de diferentes tamaños.

Nuevo encuentro con Ernesto Mora –el Araña-,  acompañado por dos niños:

-“Éste que es fueguino… éste es otro acá”…

Uno es Dani y (une la mano con la del veterano Bazán) y la niña es Maribel -usa anteojos-, ambos con botitas… “-Salen preparados ya”, destaca Ernesto.

Enseguida se trasladarán hasta el lugar donde vive un instructor de “esquí” que trabaja en el Cerro Castor, donde hay un edificio de base habilitado el 9 de julio de 1999 -décimo aniversario de la presidencia del doctor Carlos Saúl Menem, actual senador por La Rioja-, inicialmente con tres telesillas cuádruples, un telesky y quince pistas; en continuo desarrollo disponiendo de alojamientos y seis puntos gastronómicos, situados a 26 kilómetros de Ushuaia. El periodista Julio Bazán y el equipo de grabación del Canal Todo Noticias acompañado por Ernesto Mora caminarán y subirán los últimos siete u ocho peldaños hasta saludar a la joven María Angélica y a Javier –el instructor de esquí que hace veintiocho años en ese lugar porque creció la familia paterna y fracasó en su intento de alquilar. Ladran el perro ovejero y el de pelaje negro…

Rápido escape del gato con pelaje amarillo veteado mientras el grupo seguía hablando sobre las transformaciones en el lugar mientras construían más casas.

Fue necesario derribar arbustos y árboles, otros siguieron creciendo y ante el peligro por los fuertes vientos también fueron talados.

Sobre una madera terciada, escritura en negro:

Hay chicharrón. – Escabeche – Locro – Sopa de maní

Sopa de Choro – Picante de Tello

Sopa de

Dijo Javier, el instructor de esquí:

-“Se trata de vivir como se puede… Hay mucha cultura de muchas provincias y de todos lados y entre todos tratamos de hacer un barrio de todos para todos.

Una ciudad para todos. Es gente de afuera pero son todos argentinos.

Y acá de lo que se trata es de que, a pesar de ser un asentamiento, se empiece a producir, se empiece a hacer cosas como para que esto crezca como un barrio.

Un barrio que se merece un niño de acá como el de abajo, porque a mí…  yo… esto lo estoy viviendo pero lo que más me interesa es que el nene que pueda crecer acá y se sienta bien acá en un asentamiento como si estado abajo.

Yo lo veo jugar en el agua, en el barro y eso a mí, me… me toca porque… no puede ser que en una provincia tan rica o en un país tan rico, todavía tengamos un nene que está jugando en el barro y que esté consumiendo todas esas bacterias que hay cuando tenemos todo para mejorar las cosas.”

Emocionado, el periodista Julio Bazán expresó:

 -“Y cuando tengan ese barrio con esa plaza, con esas cosas que vos soñás… ¿le van a cambiar el nombre de Escondido o lo van a conservar?…

-“Y… El Escondido fue el primer barrio de esta zona, así que no sé si va a cambiar, porque… ¡está incorporado!… y la gente está arraigada, digamos… el nombre por la marginación que tuvo… por eso se le puso Escondido.

Se tuvieron que esconder las casas de la sociedad… y por eso, se llama El Escondido

Julio Bazán le pidió que le mostrara los esquís. Sacó uno hacia el exterior, dijo que era “básico”… y comentó que él se dedicaba a rescatar accidentados, turistas en la montaña, que pagan mucha plata para ir a un centro invernal y que lo que ellos hacen es estar seguros en una montaña.

-“Lo que yo hago es recorrer la montaña, sacar todo lo que es peligro… sean turistas canadienses, franceses, argentinos… Una piedra, una rama caída, un vallado, no sé… un precipicio. Yo lo que hago es asegurar que ellos tengan un buen pasar en Tierra del Fuego y en el centro invernal”…

Ahora, estoy haciendo una plantación… Éste es un árbol que si bien no es de acá, a esta altura se agarra bastante bien…

Es un poco para que los nenes tengan un lugar verde donde estar y segundo es para darle a la Tierra… devolverle algo de lo que se hizo acá… que bueno…  al talar los árboles… se destruyó lo más bonito que tenía que es lo verde.”

Javier luce su campera azul con blancas letras estampadas sobre la espalda: “Municipalidad de Ushuaia”. Explica a Julio que deja durante unos días en agua unas varillas para que echen raíces y retira un manojo; con Julio Bazán preparan un hoyo en la fértil tierra negra, el periodista sostiene ese manojo y Javier acerca la tierra y presiona para asegurar la firmeza de esas estacas.

Sonríen y van al encuentro de Angélica porque les cebará unos mates…

Entran en el primer espacio de la casa donde hay un conjunto de fotografías apoyadas sobre la pared, prácticamente retazos de la historia familiar, imágenes de los compañeros de Javier cuando terminaron el secundario y grupos de circunstanciales viajeros con quienes compartió sucesivas experiencias. Resuena la cumbia y la pequeña Maribel aunque está sentada sigue el ritmo con su cuerpo mientras Dani es mimado por su padre… Julio toma otro mate, diálogos de miradas y momento de despedida.

Julio dice que se irá caminando y María Angélica expresó:

-“¡Gracias por haber venido!… ¡Bienvenido al Fin del Mundo!”

-“Y si vuelvo algún día, quiero ver ese árbol como crece y todo lo que plantamos…

-“Lo vamos a mantener”…

 -“¡Chau!… ¡Mucha suerte!…”

Sigue aquel sinuoso camino el inquieto e inquietante Julio Bazán, explica que “los domingos hay fútbol en la canchita y asados en las casas de las familias que se juntan”… Se entusiasma y demuestra su agilidad gambeteando entre los chicos hasta que sorprende con un cabezazo; arduos esfuerzos en los intentos de hacer un “gol”…

Allí viven “casi mil familias, algunas en condiciones muy precarias, como las que están cerca del cañadón, muy cerca de la ciudad”… Junto a Ernesto Mora, se acercaron hasta el último asentamiento, en un lugar muy hostil e insalubre, porque caen por allí todas las aguas servidas de las casas situadas en lo alto; hay mucha, mucha basura” y comentan que siendo domingo, todos aprovechan para limpiar: “romper roca, sacar raíces… los domingos… Sí, es muy difícil que la gente se ponga a hacer otras actividades recreativas, la mayoría se pone a limpiar, a ordenar su casa, a trabajar para vivir un poco mejor, ¿no?…”

Encuentro con otro matrimonio ubicado en “el peor lugar” y cuando Bazán les pregunta cuáles son sus alegrías, sonriente la mujer responde:

“Y las alegrías para nosotros es poder limpiar… para poder estar un poco mejor el barrio.  Ésa es la alegría de nosotros, el entretenimiento acá de todos…

Ésa es la alegría de nosotros, la diversión. Arreglando un poco, rellenando, sacando un poco de mugre, tratando de intentar manejarnos con las cloacas como podemos. Ahora como ve… el humo… que estamos quemando la basura… porque si uno no mantiene limpio acá”…

El marido, con remera mangas largas color turquesa e impreso en blanco “Tennessee” -eco estadounidense-, antes de la despedida sintió el impulso de comentarle a Julio Bazán lo que él  ya habría percibido:

-“Que vean lo que muestran en otro lado que dicen: ‘-La ciudad magnifica… que esto que lo otro… pero vos venías acá al barrio… ¡mirá cómo estamos!”

Despedida y lento caminar. Más hachazos, más humo y Ernesto señala:

-“¡Esto es todo agua servida!”…

Julio dice: “Pero esto ya está todo solidificado” e inmediatamente el Araña como buen hombre de oficio que es manifestó:

-“A esto hay que darle una solución pronto”…

Ladran los perros mientras los humanos nunca sabremos qué están realmente expresando porque entre vecinos, familiares y amigos aún no hemos aprendido a entendernos aunque hablemos el mismo idioma…

Hasta el agua que baja del deshielo aproximadamente doscientos metros, llega sucia a ese asentamiento. En la puerta de una de las casas el otro lado del cañadón, una niña en brazos sostiene una bandera argentina y la mueve hacia izquierda y derecha como señal de saludo fraternal…

Encuentro con otros jóvenes. Sonidos de “rock and roll”.

Pablo alude a “Pappo y todo ese estilo musical”…

-“Acá hay una diversidad porque imaginate, toda la gente que vive acá viene de Salta, viene de Jujuy, viene de Chaco, de Buenos Aires, de Entre Ríos”…

-“Hay una fusión…” y el joven responde:

“Hay una diversidad muy grande… Nosotros estamos luchando como todos los que estamos acá por la tenencia de la tierra. Nosotros no queremos que nos regalen nada, nosotros queremos pagar a precio… hoy a lo que vale…

No pretendemos ser unos avivados porque muchas veces allá abajo nos criticaban… ‘Los que fueron… y se metieron… intrusaron… hicieron unos líos bárbaros’… Sí, yo los quisiera ver en invierno, ciento cincuenta metros, cargar un balde de agua, garrafa… descongelar la manguera para que salga agua, salir a picar leña para calefaccionarse con la salamandra… Es el lugar más caro de toda la provincia. Nosotros promedio estamos gastando 500 pesos por mes de gas y cuando una casa tiene ocho calefactores abajo gasta 150 ó menos…”

Inmediatamente el sonriente Pablo -con evidencias de ausencia de odontólogo para prevenir caries y pérdidas de piezas dentarias-, muestra su taller de carpintería al aire libre, está terminando un cajón para guardar las herramientas de los muchachos.  Destaca que ese oficio es lo que heredó de su “viejo” y de su “abuelo” aunque realiza diversas tareas de construcción, de cemento, luz, agua… Tras un interrogante de Julio Bazán, dijo que trabajan toda la semana y casi no tienen tiempo para contemplar el paisaje porque estar allí… “es sacrificado, muy sacrificado”…

  Comparte con Julio la experiencia de usar una tornilladora eléctrica e insiste el periodista con otra pregunta sobre la música que escuchan…

-“Y… de Wachiturros está pegando mucho… es la moda sí, pero”…

-“Y la gente que viene del norte, de Bolivia, de Jujuy.. ¿trae folklore? o…”

-“Si el folklore de su país de origen y también el adquirir cosas nuevas que… en mi caso no estoy acostumbrado a escuchar cumbia pero la mayoría de mis amigos son cumbieros y tengo que escucharla aunque no guste”…

Flamea una deshilachada bandera argentina sostenida cerca del techo de chapas.

Despedida y mutuos deseos de “¡SUERTE!”…

Ritmo de rock mientras Pablo se mueve en su taller de carpintería al aire libre…

Sigue su camino Julio Bazán y junto a Ernesto Mora aprende algo más sobre la Villa “El escondido”… que la mayoría de los vecinos sueña con transformar en un barrio de la casi legendaria ciudad de Ushuaia. Ernesto señala un medidor comunitario y explica que allí…

-“…Hay diez personas que tienen corriente… pagan la luz… Arriba no, arriba todavía estamos esperando que nos den energía… Todos queremos pagar…

Nosotros queremos pagar todos.  Así como recién sacó el detalle del auto “cero kilómetro”, nosotros queremos que nos ubiquen, que nos den un terreno y que podamos aportar”.

Junto a un claro arroyo, Ernesto Mora explicó que viene de arriba y que ahí es posible ver las mangueras de dos pulgadas y la mayoría enganchada. Miran luego un cilindro de cemento que es “la cámara central del barrio obrero de las cloacas”…

Julio Bazán sólo responde: “Mmmmmm…” No es necesario un esfuerzo para imaginar la fetidez en ese entorno porque rebasa el pequeño tanque…

Para que no haya dudas, Ernesto dijo: “Acá cae todo lo del barrio obrero”… y completa la descripción Bazán: -“Y pierde”…  Realmente pierde, “constantemente… porque está rajado… aparte abajo la cloaca central ya está saturada… Ya no recibe más.

-“¡Terrible… tremendo!”… dijo el periodista mientras se alejaban, subiendo peldaño a peldaño otra larga escalera de madera.

Ernesto Mora señaló la última casa que se quemó, había nieve, los bomberos no podían subir… Veinte minutos duró… siendo la construcción de madera, telgopor y nylon. Rememoró Ernesto que “fue tremendo el incendio y cómo volaban las garrafas, parecían cañitas voladoras”.  Julio siguió caminando y dialogó con la boliviana Delia de veinticinco años de edad, desde la niñez en Jujuy hasta que debió partir de aquel límite noroeste de la Argentina hasta el extremo sur en Tierra del Fuego, donde vive junto a su única hija, la simpática Milena.

Los tres sonreían. Delia comenzó a relatar parte de su historia:

-“Yo estaba viviendo en la casa de un familiar, luego estuve embarazada y me dijeron ‘-Bueno, ahora tenés que irte… Tenés que irte”… y tuve que salir de ahí, mi nena ya había nacido… Salí con un bolsito y con mi nena de meses.

Y cada vez que yo me acuerdo, la verdad es que hasta de llorar me dan ganas porque fue terrible para mí… Fue impresionante.  Salí con una carpita que me prestaron y tres días después me la pidieron.  Quedé con un plástico negro…

No tenía trabajo, mi nena de meses y enferma. No podía conseguir medicamentos. La verdad que me sentía pésimo, me arrepentía pero tampoco tenía plata para volver a la casa de mis viejos, también una familia humilde, pero… seguí, seguí… Dije no, me voy a meter, seguí… tenía una personita a mi cargo y salía todos los días a buscar trabajo…

Y bueno, logré hacer mi casita, era más chiquita… y seguí con mi nena.

Yo vivo sola. Sola con mi nena, se me cayeron unos árboles y me rompieron la casa que era lo más que tenía… Árboles de ese tamaño”…

Luego siguió dialogando sobre cómo diversas situaciones e interrogada acerca de cómo imagina su futuro, respondió:

“Yo lo veo complicado. Este año estaba estudiando, lo dejé… terminaba el secundario… No podía… a la noche no podía, la única opción que tenía era a la noche, pero al ser sola también a mi hija había que dejarla y mucho tiempo dejarla me daba mucha pena.

Siempre digo, estoy ocupando un lugar, no creo que le saqué a nadie este lugar… Como si fuera un delincuente, se pierde algo, pasa algo y siempre dicen  ‘-Los de El Escondido son… Son todos ladrones’.  Y yo digo, yo no me considero así… una mina que labura todo el día, que sale con su hija a luchar… ¡lo normal!…”

Y en ese momento, Julio Bazán dice: “¡Vamos a entrar que hace frío!”

Delia se acerca a la ventana de su casita que es sólo un rectángulo abierto sin vidrio, con un negro plástico que reviste el exterior de todas las paredes.

Una manguera está apoyada sobre la entrada a la habitación donde tiene un recipiente de plástico para parte del agua que baja de la montaña, muestra cómo está sucia… Ya no sonríe, es evidente su angustia porque casi llorando comenta:

“…Sinceramente, esto es terrible… porque es la verdad… y a veces me da bronca porque yo trabajo en un lugar donde la gente tiene plata, tiene plata… y tenés la ducha calentita… tenés un baño decente y a mí me da bronca, te juro… y a mí me da bronca, ver a mi nena… tenés que bañarla en un tacho, a veces hace frío y no tenés el agua suficiente y en invierno esto… (señala a la manguera que utiliza para juntar el agua que baja del arroyo), no existe nada, se congela todo… (Lagrimea.)  Y yo voy con un vecino, o con gente que me conoce abajo, voy y me ducho ahí en algún departamento, casa que están abajo, porque acá no tenés agua, no tenés agua, y te da rabia, te da rabia.

Y a mí, nunca me vas a mostrar cosas así… Siempre lo veo en televisión y digo: ‘Guau… qué cosas?… y nunca pensé en llegar a esta situación y a verme involucrada en esta situación terrible que es la pobreza y querer esmerarte en tener un bienestar a tu hija y no puedo, no puedo…

Y siempre se muestra todo lo más lindo, y son lindos los lugares, pero no nos ven a nosotros.  Yo sé por qué nos esconden, realmente… porque nunca se habla del tema de ‘nosotros’… Yo sé que me van a decir: ‘¿Por qué no volvés?… Pero yo salí de mi casa con ella y dije: ‘Voy a ser alguien, voy a estudiar, voy a ser profesora y voy a volver con mi mamá’.  Y es así, y voy a hacer eso. Voy a tratar”…

Breve despedida, agradecimiento y dijo Bazán:

-“Felicitaciones por la fuerza que le ponés”…

Beso a la pequeña Milena que se aleja a los saltitos. Sobre la corteza de un árbol han colocado un aviso:

“Sr, Vecino. El domingo 30-10-11

A las 15.30 horas reunión en la calle principal. No falte”

El periodista Julio Bazán coherente con su vocación, siguió informando:

“Acá en El Escondido, ya gente se organiza por una cuestión de supervivencia. Tuvo que juntarse cuando la policía trató de sacar a los últimos que se iban acomodando ahí, donde están las casas que ya se confunden con los árboles. Y se organizan para reclamar condiciones más dignas de vida, cosas fundamentales de supervivencia, las cloacas.

Vamos a escuchar que dicen.”

  1. a) “-Hoy lo que necesitamos es que el gobierno, que el municipio, no sé… quien sea que nos dé una mano para vivir un poco mejor”…
  2. b) “-Empecemos a hacer las cosas nosotros… poco o mucho pero”…
  3. c) “-No viene nadie!”…
  4. b) “-Sacamos esto, sacamos los políticos, todo…” (Hablan varios a la vez…)

Ya casi en el tramo final de aquel recorrido por El Escondido, estaba Bazán acompañado por el soldador Ernesto Mora. Dijo:

“-Por lo que yo veo, la gente acá llegó para quedarse o sea que tiró los árboles pero la raíz de la gente ya está honda acá. Va a ser difícil.”

“-¡Muy difícil!”… -dijo el cordial Ernesto. “¡Somos 1.500 familias!…”

“-¿Alguna vez trataron de sacarlos?… -“¡Sí!…”  -¿Cómo fue eso?”…

“-Dieciocho casillas nos voltearon en enero y febrero de 2007”…

“-¿Con topadoras o a mano?”…

“-No, no, con motosierras… y vagos grandes, pesados… Así que ahí los enfrentábamos y bueno, hasta que encontraron una chica con un colchón tirado en una casita como esta… de 3×3, durmiendo ahí y bueno…

Yo creo que se apiadó el comisario porque le dije que era injusto lo que hacía porque lo hacen con los pobres, con los necesitados, con los que hacemos las escuelas, con los que hacemos las comiserías, con los que hacemos las cárceles, los que hacemos el Sheraton, los que hacemos el Shopping que está al lado de La Anónima… Toda esa gente trabaja acá, con esa gente ellos hacen estas cosas, porque no lo hacen con un arquitecto, con un este… con un ingeniero, no con ellos no porque son de alta alcurnia.  Nosotros, los laburantes, somos los indigentes.”

Mientras bajaba otra escalera, Julio Bazán decía:

“Estuvimos dos días conviviendo con los que llegaron hasta el Fin del Mundo, buscando su lugar en el mundo y luchan cada día para conservarlo, contra el frío, las necesidades y la incomprensión.

Son hombres, mujeres y chicos que sueñan con un futuro en esta tierra, pelean duro, pero no pierden la alegría de vivir.”

Aires de fiesta y despedida… Niños que juegan, se acerca la joven boliviana Elizabeth, la mamá de la pequeña Melina, jujeña…

Brasas y llamas, un cordero en la estaca… Embarcaciones en la costa.

Como es costumbre entre los argentinos, Julio Bazán exclamó:

“-¡Un aplauso para el asador!”…

“-¡Muy bien!”…

Todos aplaudiendo, incluso las mamás que tenían alzados a sus hijos.

Y aquí, yo aparentemente sola, disimulando la presión de las lágrimas…

 

Nidia Orbea Álvarez de Fontanini.

Lunes 16 de septiembre de 2013.

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Casi colofón…

Durante el invierno de 2012, el periodista y escritor Osvaldo Bayer santafesino que ha desarrollado una intensa labor de investigación histórica, estuvo en el Centro Cultural y Social José Artigas de Luján, provincia de Buenos Aires, refiriéndose una vez más al General Julio Argentino Roca, dos veces presidente de la Nación.

En esas circunstancias, expresó:

“Yo nací en el año ’27 y he soportado 13 dictadores militares.

Y debo decir con satisfacción que ésta es la primera vez que he visto morir a uno de esos dictadores en una cárcel común: el General Videla, el desaparecedor de personas. Todos los otros, 12 en total, murieron en las camas de sus residencias cobrando el sueldo de General’…

Uno de ellos todavía tiene un monumento (Uriburu, en Balcarce).

Y varios de ellos tienen nombres de plazas y calles.

Y me parece una vergüenza que no tengamos esos lugares con los verdaderos nombres de los héroes del pueblo que lucharon por la libertad.

Por eso digo que tenemos mucho para hacer. Sigamos cantando el Himno Nacional Argentino, por supuesto, pero tratemos de cumplir con ellos, porque yo siempre sostengo que no hay una verdadera democracia mientras haya villas miserias, si no hay trabajo para todos”…

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Lecturas, vivencias y síntesis: Nidia Orbea Álvarez de Fontanini.