Santa Fe, ayer…

Casi prólogo.

El legendario “Río Jordán”.

1512-1532: Sebastián Gaboto, sus exploraciones y pleitos.

1532: el primer Adelantado Don Pedro de Mendoza.

Esbozo del perfil de don Pedro de Mendoza.

Acerca del perfil de Domingo de Irala.

Obispado del Plata – Capitulación de Jaime Rasquín.

Autorización al capitán Juan de Garay para “hacer una población”.

Territorio de la República Argentina.

Ciudad y Provincia de Santa Fe: fundación.

Límites según Actas y documentos judiciales

Límite sur: “debajo de la Matanza”.

Límites de Santa Fe al Oeste.

Siglos XVII y XVIII: límites de Santa Fe hacia el Este con Corrientes.

Siglos XVII y XVIII: más sobre límites de Santa Fe hacia el Oeste.

Siglo XIX: límites interprovinciales.

1862-1863: el gobierno nacional pide informe sobre límites provinciales.

1864: Informe del Dto. Topográfico.

1864: informe sobre límites con Santiago del Estero.

1882: fallo sobre límites con Córdoba.

1886: límites por ley del Congreso Nacional.

1900: nuevo acuerdo limítrofe con la provincia de Córdoba.

División departamental

Datos a principios del siglo XX.

Características del territorio santafesino.

Suelos.

Ríos “Salado” y “Paraná”.

Acerca de la primitiva Santa Fe y del Convento de San Francisco en la actual.

Río Carcarañá.

Más ríos.

Enormes lagunas.

Fines del siglo XIX: estadísticas y censo.

Datos sobre cultivos y producción.

Casi prólogo…

Hasta principios del siglo XX, el historiador doctor Manuel M. Cervera releyó diversos libros referidos a sucesos en varias regiones argentinas, entre ellos “Gramillo Soprano, Dávalos y Groussac… sobre la provincia del Tucumán; Expeche, el padre Soprano, Lafone Quevedo, Adán Quiroga sobre Catamarca; Gancedo y Fazio sobre Santiago del Estero, Carrillo sobre Jujuy; Zorreguieta sobre Salta, con Leguizamón y Goitía que estudian los límites con Bolivia; y Manuel Solá que abarca toda la historia de esta provincia, y la moderna historia, B. Frías; Quesada Mantilla sobre Corrientes; D. B. Dávila sobre la Rioja con M. Reyes; Garzón y Olmos sobre Córdoba; Benigno Martínez, Ruiz Moreno y Deán Álvarez sobre el Entre Ríos; Urbano de Iriondo y Ramón J. Lassaga sobre Santa Fe y Hudson con Velásquez sobre las provincias de Cuyo…” [1]

El 20 de septiembre de 1903 terminó de redactar su Historia de la Ciudad y Provincia de Santa Fe y en las primeras páginas, expresa al lector que “no ha sido posible publicarlos hasta ahora, fines de 1906” y destaca que “este retardo ha favorecido sin embargo al texto, pues se han ampliado datos nuevos y anotado nuevos hechos, que las sucesivas publicaciones de hombres estudiosos de nuestro país, han ido descubriendo.

Luego expresó que “en el archivo de Santa Fe aunque muchos documentos se han perdido en medio de las luchas civiles y el abandono, existen todavía valiosos restos que han sido recopilados, encuadernados, facilitando su compulsa.  De las actas del Cabildo he revisado 17 tomos desde el 12 de enero de 1615 á 1816 con uno que otro año perdido y que anotamos en el texto.  En el primer tomo de las actas del Cabildo, 1573 á 1595, en 286 fojas, ha desaparecido.  En 1758 en inventario hecho al entregar los libros del Cabildo y Reales Cédulas, al nuevo alcalde 1.º de Cabildo, como era práctica lo efectuar el anterior alcalde, existía en este libro. [2]  Pero allí aparece que desde 1595 a 1601 no había constancia de las actas de todos estos 6 años. Igualmente han desaparecido las actas de 1601 a 1615 y por más esfuerzos que he hecho no he podido hallarlas.   El doctor Lassaga, quien en su libro ‘Tradiciones y Recuerdos Históricos’, [3] cita algunas de las primeras actas del Cabildo de Santa Fe, asegúrame que las ha copiado de hojas sueltas que tampoco se hallan en el Archivo.  Nada de extraño es esta pérdida, pues muchos otros expedientes civiles y criminales han desaparecido así como escrituras públicas y documentos de familia en la agitación guerrera de aquellos tiempos; por el descuido posterior en los guardas de papeles públicos; los desmanes y quemazones que el archivo hicieron los soldados del general Levalle” –Juan Lavalle– en 1840; la llevada en 1845 del archivo (por Juan Pablo López) casi destruido después de la derrota de Mal Abrigo. [4]

 

(Algo semejante sucede si se pretende avanzar en estudios acerca del lapso 1945-1955 porque mediante el decreto Nº 4.161 del 5 de marzo de 1956 firmado por quienes detentaban el poder autodenominándose “Revolución Libertadora” destruyeron documentos y obligaban a hacer desaparecer todo vestigio de los dos períodos de la presidencia del General Juan Domingo Perón y de la Fundación “Eva Perón” e incluso prohibieron el uso de determinadas palabras.)

 

Destacó el historiador Manuel M. Cervera que “a más vese en los recibos de las Reales Cédulas y papeles, dados por los alcaldes al antecesor, que muchas de estas cédulas se presentaban en originales en los pleitos y controversias que tenían la ciudad ó los particulares ante la Real Audiencia, y se agregaban á diversos autos con lo que se perdían; así lo expresa el alcalde del Pesso refiriéndose á pleito de límites entre Buenos Aires y Santa Fé en el que se perdieron varios documentos originales que hubieron de pedirse nuevamente á España.  En el expediente de límites entre Buenos Aires, Santa Fé y Córdoba, archivado en la Suprema Corte Nacional se hallan reproducidas varias actas de Cabildo de los rimeros años de la fundación de Santa, que señala J. Cáceres [5] que pueden revisarse; más el acta original de la fundación de Santa Fe que no ha sido posible hallarla”…

“A más de las actas hemos revisado cuatro tomos de Reales Cédulas y Provisiones desde 1546 á 1803.  Cuatro tomos de notas y otras comunicaciones de 1638 á 1832.  Tres íd de diversos autos de 1667  á 1775. Uno íd de acuerdos de la Municipalidad de Santa Fe de 1771 a 1789.  Uno íd de actas de la Convención de 1828”… y menciona más documentos del “Archivo de gobierno de 1573 á 1852; los copiadores de documentos”…

“Con todos estos antecedentes hemos preparado la obra que hoy damos a publicidad.  Sin vinculaciones de ninguna clase, sin conocimientos suficientes, sin el talento necesario, llevo mi grano de arena, valga lo que valiere, al esfuerzo intelectual de mi país, á la obra del engrandecimiento de la patria, que debe ser conocida con todos sus defectos y miserias, con todas sus contrariedades y caídas, en su incipiente creación y su posterior progreso, para apreciarla y quererla más y más.”

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Sirvan estas páginas para reconocer el esfuerzo del distinguido historiador…

                                               Nidia Orbea Álvarez de Fontanini.

 

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El legendario “Río Jordán”…

Es oportuno tener en cuenta lo expresado por el historiador Manuel Cervera tras observar “los mapas de Ruysche de 1508, el de Ptolomeo de 1515, el de Maiollo de 1527, donde aparece señalado el Río de la Plata bajo en nombre de Río Jordán. [6]

A más, en el mapa de Maiollo, el río Uruguay se anota con el nombre de San Cristóbal, y otros mapas, el Lusitano de 1514 y 1520 señalan la entrada del Río de la Plata. El nombre del Río Jordán en estos mapas, demuestra que antes de 1515 ó 1508 mejor dicho, se conocía la entrada de este río de la Plata. Vespucci en el viaje de 1501, según el mismo, dice, en ruta al sudeste, no pudo ver este río; quizás lo vieran en 1503, las naves del capitán Coelho, de ahí, la anotación que hemos visto en el mapa de Ptolomeo y globo de Schoner; pero aún, siendo así esto, podemos asegurar, que estas referencias al Río de la Plata han sido múltiples, debidas a los viajes conocidos y otros hasta hoy ignorados, que llegaron a nuestras costas en aquellos lejanos tiempos.  Tal vez el viaje de los franceses en 1504 al Brasil y al sud, que se cita por algunos historiadores.

Oviedo primer cronista de Indias (1530-1533) publicó la primera parte de su obra en 1535, y dice que el río de la Plata fue descubierto por Juan Díaz de Solís, de Lebrija en 1512, llevó relación de ello al rey, quien le hizo capitán y le concedió la población del río, volviendo aquí en 1515 con tres naves armadas y provistas”… [7]

 

El doctor Agustín Zapata Gollán, hacia 1949 des-cubridor del yacimiento arqueológico de Santa Fe, la vieja, en uno de sus libros  destacó que “los pilotos no tenían aún la experiencia que era menester para regir y gobernar los navíos que iban a las ‘Yndias, islas e tierra firme del mar oceano’…” y alude a la Real Cédula de Doña Juana, fechada en Burgos el 24 de julio de 1512, “que convocaba a todos los pilotos que supieran de ‘las navegaciones, y astrolabios e alturas e compases’, para que reunidos en la Casa de la Contratación, en presencia de los Oficiales que allí estuviesen y bajo la dirección de Solís y de Vespuchi, -‘tales personas y tan expertos y doctos para lo susodicho’ dice la Real Cédula- platicaran y convinieren sobre las observaciones y los cálculos que permitirían levantar la verdadera carta de la navegación a las Indias orientales, que dibujada y pintada luego por Solís y Vespuchi, en pergamino, sería trasladada para uso de todos los pilotos.

Solís era un viejo marino.  Había navegado por el Mar Caribe y por el Golfo de Honduras y había descubierto tierras en el Yucatán.  Fue compañero de Pinzón, pero esta amistad acabó desastrosamente y como consecuencia de ciertos líos que entre ellos tuvieron, Solís fue a dar a la cárcel.  En 1512, ocupa el cargo de Piloto Mayor de Castilla en reemplazo de Américo Vespucio; sin embargo, el Rey de España desconfiaba de él, quizás, dicen algunos historiadores, por su origen portugués aunque otros le hacen natural de Lebrija.  [8]

El historiador Cervera alude a “la prisión de Solís al llegar á España” cuando no mereció Pinzón igual pena y a “la elevación luego de Solís, á poco de salir de la cárcel, á piloto mayor el 25 de marzo de 1512 y la capitulación dos días después para efectuar la demarcación de límites con Portugal”, tras el fallecimiento de Américo Vespucci o Vespucio, el 22 de Febrero de 1512.

 

Ruy Díaz en su obra publicada en 1612 indica que Solís descubrió el Río de la Plata en 1512, coincidiendo con los datos de Oviedo y de Azara aunque Barros Arana niega ese viaje porque en ese tiempo “estaba preso y estudiando el Planisferio de Ruysch, al que declara sin autoridad alguna”.   [9]

Zapata Gollán refiriéndose a aquella expedición, reitera que Solís firmó “con el Rey de España, una capitulación para salir a ‘descubrir por las espaldas de Castilla del Oro’, que era la región que bañaba por un lado el Caribe y por el otro el Pacífico, al que llamaron Mar del Sur cuando le descubrió Balboa.   Desde luego, para descubrir por las espaldas de Castilla del Oro’, Solís debía encontrar antes el paso que uniera los dos mares. Y con el fin de preparar su expedición se trasladó al caserío de Lepe, que con sus paredes enjalbegadas y sus ventanas de arcos mudéjares rodeados de azulejos, se agazapaba detrás de la arboleda, a la margen derecha del Piedraza”.

Sabido es que tras aquella capitulación firmada el 14 de noviembre de 1514, debieron enfrentar sucesivas dificultades y “el 8 de octubre de 1515, las tres pequeñas naves de la expedición de Solís, estaban prontas en el fondeadero de Bonanza a Sanlúcar de Barrameda, a la desembocadura del antiguo Betis”.  En esa crónica, el imaginativo don Agustín, escribió:

“En la mañana luminosa y radiante, se oirían graznar las gaviotas entre el cielo azul y el agua tranquila y mansa.  El puerto olería a brea, a madera recién desbastada, a sebo y a cáñamo alquitranado; a marisco y a pescado rancio.  Los pilotos discurrirían gravemente, frente a las naos anchas y gordas, con la mano izquierda donosamente apoyada en la cadera y en la mano derecha un pliego arrollado, quizás una carta de mar o un derrotero; mientras los contramaestres, rollizos y sudorosos, vociferaban zafadurías y blasfemias de la jerga pintoresca de la gente de mar, medio levantina y genovesa y arábiga, entre la turba de marineros de cabezas enmarañadas y grasientas y de barbas aborrascadas que dejaban asomar los dientes amarillos.”

 

Partió la expedición desde Sanlúcar de Barrameda el 5 de octubre de 1515, “con tres carabelas, encaminándose Solís al puerto de Santa Cruz de Tenerife” acompañado por Martín García, Diego García de Moguer, Enrique Montes, Melchor Ramírez, Francisco de Torres y el grumete Francisco del Puerto.

En enero de 1516 “llegaron al puerto de Nuestra Señora de la Candelaria, -hoy Maldonado, en la República Oriental del Uruguay- en 35º, tomando posesión de la tierra por la corona de Castilla y yendo a surgir al río de las Patos 34º 1/3, entre el cabo de Santa María y Montevideo; y entrando en agua por ser tan espaciosa y no salada, llamaron Mar dulce, que pareció después, el río que hoy llaman de la Plata, y entonces digeron de Solís”.

El cronista Herrera destacó que “al costar la tierra, encontraban siempre gente en las riberas, descubriendo muchas veces montañas y grandes riscos; y en esta del río de la Plata, descubrían muchas casas de indio y gente, que con mucha atención, miraban pasar el navío, y con señas ofrecían lo que tenían, colocándolo en el suelo.  Solís quiso en todo caso ver, qué gente era, y tomar algún hombre para tornar á Castilla.  Saltó a tierra, con los que podían caber en la barca; los indios que tenían emboscados muchos flecheros, cuando vieron á los castellanos algo desviados del mar, dieron en ellos, los rodeados y los mataron, sin que aprovechase el socorro de la artillería de la carabela, y tomando á cuestas los muertos; y apartándolos  de la rivera, hasta donde los del navío pudieran ver, les cortaron cabezas, brazos y piés, asaban los cuerpos enteros y se los comían: -con esta vista, la carabela fue a buscar el otro navío, y se volvieron al Cabo de San Agustín, donde recojido brasil tornaron á Castilla, dejando en su camino algunos rezagados”.

El historiador Cervera también reitera una carta de M. Transilvano, “que dice: ‘en el cabo de Santa María que está en los 36º, es donde el capitán Juan Díaz de Solís, fue muerto y comido con ciertos españoles de su compañía por antropófagos llamados caníbales’.”

“Según la leyenda del mapa de Gaboto, ‘la isla hasta donde llegó Solís, fue la de Martín García, así llamada porque allí se enterró a un marinero de este nombre, y le costó bien caro á Solís este descubrimiento, pues allí le mataron los indios y lo comieron”.

 

Sabido es que se ha discutido acerca de quién dio el nombre de Río de la Plata al ancho estuario y desde el punto de vista del historiador Cervera a principios del siglo veinte, “el nombre Río de la Plata, diósele al río, aplicándole el mismo nombre que dio Solís a la isla de San Francisco, donde ya se tenían noticias por los indios de una tierra  de la Plata en el interior del país.  La imaginación de los españoles al llegar á un nuevo mundo, creó fantásticas relaciones; imperios poderosos; minas de inmensa riqueza; lagunas llenas de encantos y sortilegios; ciudades maravillosas.   Las noticias truncas y obscuras que recibían de los indios, hacíanles sospechar grandezas ilusorias muchas veces.  De ahí la ciudad de los Césares, el Dorado, la sierra de la Plata, señalada allí, en las cercanías de las faldas delos Andes.  Algo de esto era cierto, y Méjico y el Perú; Nueva Granada y Honduras con sus gobiernos civiles y religiosos, sus monumentos y sus riquezas asombrosas, dieron auge á tales fantasías.  En cuanto á la sierra de la Plata, existía en verdad, los indios de la costa del Brasil lo atestiguaban, y su descubrimiento efectuado desde las orillas del mar Atlántico y del Río de la Plata, anterior al de Pizarro y compañeros, fue dado a conocer por varios aventureros.   En busca de esa sierra, salió de Santa Catalina en 1524 el portugués Alejo García compañero de Solís, con cuatro compañeros más, de los quedados de la expedición de 1515.  Entran en el Paraná y el Paraguay, llegan a la tierra de los mbayaes, reconocen las serranías del Perú y mas adelante 40 leguas, hasta la cercanía de los pueblos de Presco y Tarabuco¸ infunden terror al Inca, que ordena fortalecer el país de los Charcas, y vuelven un año después, cargados de despojos y riquezas, de todo lo cual tuvieron conocimiento, los compañeros Enrique Montes y Melchor Martínez, que dieron noticias de estas riquezas y sierra á Gaboto. [10]

Debido a esas noticias, Gaboto no siguió su ruta, funda Sancti Spiritus, é intenta penetrar por agua a la sierra de la Plata, no llegando sinó hasta cerca de la Asunción, remitiendo luego á España algunas muestras de este metal.  Ayolas nuevamente, se interna desde la Candelaria, llega a las cercanías de esta sierra, y al volver con trofeos y riquezas, es muerto con los suyos, por los payaguáes, luego Irala y Cabeza de Vaca iniciaron nuevas expediciones, cuando ya aquella sierra de la Plata y su territorio,  había sido descubierto y dominado por los conquistadores de Pizarro.”

Sabido es que fueron los portugueses quienes “conservaron el nombre de la Plata, á la corriente principal del río, que desembocaba en el Océano, y esto aparecen de los pleitos de Gaboto con Rojas” mientas en probanzas de Rojas contra Gaboto “iban hablando siempre con el nombre de río de Solís”…  Destaca el historiador Cervera que “por algún tiempo hubo confusión en los nombres, pues se llamaba indistintamente río de Solís y Río de la Plata, al gran estuario, aunque realmente, el verdadero río Solís, era el actual Uruguay, en cuya boca fue muerto el navegante que le dio el nombre.  Así, entrando por el río Solís, dijo Montes Á Gaboto, irían a dar a un río llamado Paraná.”

“La isla de Martín García con otros islotes, hállase, en la corriente principal del río de la Plata, que baja del Uruguay casi recta, y este río fue llamado de Solís, por Francisco Torres, piloto de esta armada y cuñado de Solís”.

Advirtió el historiador Cervera que “recién en 1531, (algunos aseguran desde1527), en documentos españoles se les da el nombre de Río de la Plata, nombrado así constantemente por los portugueses.  A ello influyeron, las muestras de plata remitidas por Gaboto.”

1512-1532: Sebastián Gaboto, sus exploraciones y pleitos…

Sebastián Gaboto -en algunos escritos Caboto o Cabot-, fue un marino veneciano, hijo de marino. Ha reiterado el doctor Manuel M. Cervera, que “su padre Juan, sirvió al rey de Inglaterra Enrique VII, a quién pidió, para ir á descubrir hácia el Noroeste con sus tres hijos, el segundo de ellos Sebastián, llegando á tocar las tierras del Cabo Breton, isla del príncipe Eduardo en 1497, Labrador, Terranova y otras.  En 1512, necesitando el rey católico buenos cosmógrafos y marinos audaces, llamó á Sebastián Gaboto, que aunque se hallaba al servicio del rey de Inglaterra, estaba inactivo, y nombrólo capitán para el servicio de las cosas de la mar, en octubre 20 de 1512; y en 5 de febrero 1518, por muerte de Solís, elijiólo por piloto mayor, capitulando con él, en 1525, para el viaje que ya hemos señalado. Pero Gaboto, de genio absorbente, díscolo y ambicioso, confiando mucho de sí, y ofreciendo hacer lo que no hizo Solís, dice Oviedo: y del que se burla García, afirmando Herrera, no se gobernó en su viaje, como guerrero de experiencia ni como buen capitán; desde los comienzos de sus preparativos para el viaje, tuvo diferencias con los armadores codiciosos, cuyas dificultades obstaculizaron tanto su marcha, que hubiera quedado, si la armada no estuviera muy adelantada, y se deseara salir pronto…  tuvo á más Gaboto, que recibir igualmente en la armada, otras personas que no eran de su agrado, como pilotos y segundos jefes.  Estas primeras querellas, entre Gaboto y sus subordinados, y las instrucciones dadas que señalaban á Gaboto, no poder hacer camino, dar derrota, ni variar el viaje, sin llamar á consejo á todos los capitanes, maestros, pilotos y oficiales reales y personal que de ello sepan; como así mismo, las instrucciones secretas, que llevaban Rojas y otros, para refrenar la autoridad de Gaboto, ó en garantía de los intereses de los armadores, abrieron la puerta á insubordinación ya preparada, pués según Oviedo, había muchos quejosos de la persona y negligencia de Gaboto; á los que no tuvo cuidado de sosegar antes, ni después en el viaje, según Herrera provocando murmuraciones y atrevimientos tales, que los provechos que se esperaban del viaje, pudieron perderse…

Al fin, el rey, á todos compuso y sosegó momentáneamente, poniéndoles por delante, el escándalo é inconvenientes, que de aquella división sucedería y salieron de Sanlúcar el 3 de abril de 1526, apurando el rey la partida por las noticias llegadas de las Molucas,  donde los españoles se hallaban maltratados por los portugueses.  No hubo pués, capitán de expedición, que saliera con tan poco prestigio y tan desconceptuado y mal querido por sus subordinados como Gaboto”.

Viajaron en tres buques: “Victoria” con el capitán General Sebastián Gaboto y el Teniente General Martín Méndez; “Santa María del Espinar” conducida por el capitán Gregorio Caro; “Trinidad” bajo las órdenes del capitán Francisco Rojas y una “carabela que llamaban de Fernando de Esquivel” dirigida por el capitán Miguel de Rifos o Rusios.  [11]

El santafesino Agustín Zapata Gollán ha destacado que aquella expedición, partió “antes de que el Rey de España vendiera al de Portugal sus pretendidos derechos sobre las islas de las especias… Era una expedición de paz, que sólo salía para descubrir tierras, contratar amigablemente con los naturales, y llegar hasta las islas Molucas, con la esperanza de encontrar allí a Loaysa con quien debería deliberar sobre si ‘para el bien de la negociación de la especiería o para otra cosa’, decían las ‘Instrucciones’, Caboto debería o no detenerse a socorrerle.

El Rey advierte a Caboto, que su comercio con los indígenas que encuentre en el camino, debe ser ‘de paz, por vía de contratación é buenas obras’ y de que debe guardarse de hacer ‘fuerza, ni robo, no muerte, ni otro daño, ni agravio, ni desaguisado’.

Con estas ‘Instrucciones’ y con este rumbo, sale la expedición de Caboto, en abril de 1526, dejando en tierras de España, un semillero de intrigas y llevando a bordo un infierno de rencillas, de envidias y rencores.

El Rey ha limitado a treinta el número de extranjeros que pueden ir en la armada, no siendo franceses y ha prohibido terminantemente que se embarquen mujeres, ‘por evitar los daños e inconvenientes que se siguen e cada día acaecen de yr mujeres en semejantes armadas’.”  [12]

 

Sabido es que breve tiempo después de iniciada la navegación comenzaron a soportar la “falta de vituallas” y lograron reaprovisionarse durante la prolongada escala en Palma de las Canarias.  Como destacó el historiador Zapata Gollán, el entusiasta Sebastián Caboto en ese tiempo tenía cuarenta años y “avivó la codicia de sus armadores convenciéndoles de que se proponía iniciar el comercio de España con la ‘especiería’ por la vía del Estrecho de Magallanes”.

Mientras estaban en Pernambuco a bordo de la nave “Santa María”, el 5 de junio de 1526 de acuerdo a lo expresado por Cervera, “en esta costa, les visitó Juan o Jorge Gómez que había quedado de la expedición de Solís y “les ponderó las riquezas del río de la Plata, con lo que despertó la codicia de muchos, cansado del mal gobierno en la navegación, estallando la mala inteligencia entre Gaboto y Francisco de Rojas que secretamente estaba designado por el rey, para sustituir al primero en el mando, por lo que aquel envió preso á Rojas a bordo de la nao la Santa María”.

Zapata Gollán refiriéndose a ese encuentro, escribió:

“…Un batel, se desprende con un puñado de hombres que van en busca de algún río dulce o de alguna fuente clara, que les urge el deseo de beber agua fría, sabrosa y delgada.  Pero apenas se han movido en dirección a tierra, cuando se acerca a la nao capitana una canoa india con un cristiano que les saluda y da la bienvenida muy pulida y comedidamente en portugués, y les dice su nombre: Jorge Gómez.  Y con mucha cortesía, les entera además de que aquella es la factoría de Pernambuco donde él y el Factor, viven con otros compañeros lusitanos.  Los españoles desembarcan y pasan unos días entre aquella gente hospitalaria y gentil.  Es una tierra admirable.  Los hombres viven allí libremente y con gran abundancia de alimentos.  Hay frutas sabrosas y fuentes cristalinas.  Fabrican harina con unas raíces excelentes que llaman mandioca; comen, asadas o cocidas en agua, otras raíces carnosas y agradablemente dulces que llaman batatas; saborean deliciosas calabazas y se alimentan de frixoles y de maíz tostado.  Los naturales, que en ritual ceremonia guerrera, suelen almorzarse los enemigos prisioneros, tienen trato y amiganza con los portugueses de la factoría”…

 

Los vientos contrarios determinaron la permanencia en ese lugar hasta el 19 de septiembre de 1526 y el 13 de octubre soportaron una gran tormenta.

El 15 de febrero de 1527, con los españoles que habían quedado de la armada de Juan Díaz de Solís y de Loayza, en total trece hombres, comenzaron la travesía y perdieron la nave Victoria.  Solís continuó el viaje sin acatar las instrucciones con el propósito de encontrar otro paso más al sur; remontó el río de la Plata hasta la isla de San Gabriel y fondearon en el puerto que nombraron “San Lázaro” donde encontraron al único sobreviviente de la expedición de Solís, conocido como Francisco del Puerto quien les habló del río Carcarañá, que “según los indios, descendía de las sierras, donde existían las minas de oro y plata”…

Zapata Gollán aludió a aquellas circunstancias, destacando que “Luis Ramírez, escribe en su carta refiriéndose a los temporales que sufrieron al embocar el Río de la Plata que en todo el viaje… ‘no pasamos tantos trabajos y peligros como en cincuenta leguas que subimos por él’.

El 6 de abril de 1527, toman puerto a la margen izquierda del río.  La flaqueza y consunción de los tripulantes y el reparo de los barcos, les detienen un mes, libres de las noches hurañas y ventosas y del espanto de los temporales que levantan las olas del río y azotan los flancos de las naves; y en este espacio, aparece Francisco del Puerto, el grumete que escapó con vida de la matanza que acabó con Solís y que desde entonces, amigado con los indios, vive entre ellos en buena paz y compañía… Francisco del Puerto, también afirma, como los otros baquianos y como los portugueses del Brasil, que es este, en verdad, el río de la plata; y que navegándole, aguas arriba, se llega a las tierras más famosas y ricas del mundo donde abundan los metales.

Caboto navegó entonces, a lo largo del río de la Plata, remontó el Paraná, se detuvo en la costa quizá a la altura de lo que es hoy Baradero, en la Provincia de Buenos Aires,  siguió hasta el Carcarañá y el Coronda”… [13]

 

El 27 de mayo de 1527, Sebastián Caboto estaba cerca de la confluencia de los ríos Carcarañá y Coronda, aproximadamente a sesenta leguas al norte del delta del Paraná y el 9 de junio de 1527 construyeron el fuerte de madera que nombraron “Sancti Spiritus”  o “fortaleza de Gaboto” y después exploraron la tierra hacia el oeste comprobando que estaba despoblada y no había agua.

Don Agustín Zapata Gollán refiriéndose a esa fundación, “en un suelo abundante de alimentos”, escribió:

“Era una tierra rasa y casi sin árboles.  En la llanura inmensa, el avestruz, sobre los zancos de sus patas recias, paseaba con necio empaque, en grupos de familia, el pescuezo estirado y largo como una serpiente, hasta que de pronto echaba a correr haciendo gambetas y agitando desesperadamente los alones que abrían en abanico sus plumas largas y blandas, en un vano intento de vuelo.

Después, las llamas, aparecían en tropillas, el pescuezo erguido, las orejas alertas, el hocico en alto, la mirada curiosa y expectante; y los conquistadores discutían si aquellos animales extraños eran mulas con pescuezo de camello, aunque al verles de cera, la lana fina y suave, otros afirmaban que eran sólo las ovejas gigantes de la tierra.

Los ciervos bajaban a abrevarse a orillas del río, con sus cabezas arboladas, mientras los venados y las gamas corrían y brincaban en el campo abierto y los carpinchos zambullían entre los camalotes de las islas.

A la caída del sol y en las noches de luna, las vizcachas hacían sus ruidosas tertulias sentadas a la puerta de sus cuervas; y pro el cielo del amanecer o de la sobretarde, cruzaban las bandadas de patos, en formaciones militares hacia los bañados próximos o hacia los ‘dormideros’.

En el río había peces exquisitos.  Los conquistadores les admiraron en las manos expertas de los indios.  Unos parecían grandes fuentes de oro; otros alargados y finos parecían un puñal damasquinado; otros parecían troncos de árboles salpicados de manchas negras… Y todos tenían una carne deliciosa, que condimentaban, a falta de sal, con las cenizas de ciertas hierbas que usaban en la tierra.

Pero la caza y la pesca, era un problema que no sabían resolver los hombres que remontaban el río en busca de plata y oro.

Para sus cacerías, mal podrían usar el pesado armamento de guerra; y la pesca, sólo era posible si se sabía, como los indios, cuándo debía pescarse en los bañados, o en medio del río, o en los remansos y cuándo en las horas de la mañana, o de al tarde, o de la noche; y manejando con destreza, las redes tejidas con fibras vegetales, o los dardos que ‘fijaban’ el pescado ‘a flor agua’.

Por eso, cuando Caboto buscaba, afanoso, el camino de la plata, remontando el Paraná, se moría de hambre en medio río, e iba de isla en isla cazando alimañas y recogiendo hierbas, hasta que llegan, de ciertas tribus amigas, las canoas bien abastecidas, que, dice Luis Ramírez, ‘aunque vinieran cargadas de oro e piedras preciosas, no fueran tan bien recibidas’.

La penuria del sustento en el Río de la Plata, fue la trágica obsesión de los conquistadores”…  [14]

 

El 23 de diciembre de 1527, embarcaron en la galera y en “un bergantín que se hizo en Sancti Spiritus”. Llegaron el 1º de enero a la isla que nombraron “Año Nuevo”, tiempo después desaparecida.  Gaboto encomendó a Miguel Rifos que en el bergantín con 35 hombres se acercara hasta las casas de los timbúes para “darles una mano” y cuando amaneció, “saltaron los españoles en tierra, cercaron los indios dentro de las dichas casas y les entraron dentro, sin ninguna resistencia que ellos hiciesen, que como vieron que eran cristianos, no tuvieron ánima para levantarse ni para tomar arco ni flecha.-  En fin, que mataron muchos de ellos y otros se prendieron, les tomaron mucho millo (maíz) que en la casa tenían, y cargaron el bergantín, y quemáronles las casas, volviéndose á reunir con Gaboto con mucha alegría’.   Este es el primer acto de hostilidad brutal y sangrienta, que con toda injusticia cometieron los españoles en estas tierras, á impulsos de temores de pérdida del fuerte Sancti Spiritus, en comienzos de una empresa peligrosa y desconocida, y por la necesidad en que se hallaban de alimentación.  La ingenuidad con que relata Ramírez este hecho, prueba que lo creyeron necesario, que la destrucción hecha en la casa de los Timbúes, era para ellos cosas disculpable, y que volvieron gozosos, por la cantidad de alimentos que pudieron recoger, y la satisfacción de dejar asegurada la existencia de la fortaleza, único punto de socorro á sus espaldas dejado, al internarse en países, que sabían poblados de gente belicosa”, destacó el historiador santafesino doctor Manuel M. Cervera.[15]

Han reiterado que desde aquella isla de Año Nuevo llegaron a la nombrada isla de las Garzas por la cantidad de esas aves que ahí hallaron y soportaron aún más dificultades hasta que “por temor de que el viaje fuera demasiado largo, derramándose la gente por las islas en busca de yerbas malas o buenas para comer, pués de ello no hacían distinción, y el que podía haber á las manos una culebra ó víbora y matarla, pensaba que tenía mejor que comer que el rey.   Flacos, hambrientos, deteniéndose en el camino para descansar ó recuperar fuerzas, adelantando una ó media legua al día, tan solo á sirga, enfermos por las malas comidas hasta de picaduras de palmas, que con grandes trabajos buscaban en los bosques vírgenes, y que era como comer aserradura de tablas, de las que el autor de esta relación dice, comió hasta una arroba, llegaron así hasta la embocadura del río Paraguay, á 12 ó 15 leguas distintas de varias caserías de indios amigos… Con el socorro y buen tiempo, llegaron á las caserías que pertenecían al cacique Yaguarón, que estaba en continua guerra con otras caserías de otros indios de la misma nación, y que vivían de 7 á 8 leguas río arriba. El cacique Yaguaron y los otros mayorales de la tierra, trajeron de nuevo, mucho bastimento, así de abati, calabazas, como raíces de mandioca y patatas, y panes hechos de harina de las dichas raíces de mandioca, muy buenos, lo cual todo les sabía muy bien, pensando en las grandes hambres que habían pasado. Aquí en este puerto, se detuvieron algunos días, recojiendo bastimentos, y lo llamaron de Santana (hoy Itatí), y viendo que los indios llevaban orejeras y planchas de buen oro y plata, y así mismo el bergantín vido otro tanto é más en las caserías de arriba.  Gaboto, envío allí a Francisco del Puerto lengua, para que informase, de donde los indios traían el dicho metal y quien se los daba, y vino diciendo, que una generación de indios llamados Chanduls 60 u 80 leguas Paraguay arriba, eran los que traína dicho metal, á 6 jornadas de allí, atravesando lagunas y anegadizos.  Gaboto no quiso rescatar, para que los indios no creyeran que era codicia del metal la que lo guiaba y resolvió ir hasta el lugar donde vivían los Chanduls, y subió el Paraguay arriba el 28 de Marzo”.  Tales fueron algunas de las vivencias de aquellos temerarios españoles que llegaron hasta el Río de la Plata, se animaron a remontar el río Paraná y llegar hasta más allá del Paraguay con el propósito de conquistar tierras y lograr el apoyo de las tribus indígenas para encontrar el camino hacia las minas de oro y de plata.

En ese tiempo, alrededor de la fortaleza de Sancti Spiritus estaban algunas tribus guaraníes que “ocasionaban daño y dieron muerte á tres españoles, (por lo que fueron nuevamente castigados, teniendo presente el ejemplo de los Chanduls, y otras parcialidades de indios, y viendo la relajación de la guarnición de la fortaleza, donde no se hacían las rondas como estaba ordenado, y la guardia la alzaban una hora y media antes del día; así como el descuido de los españoles que se desparramaban por la tierra cultivando los sembrados y yéndose á pescar, y lo ilusorio que sería el que pudieran tener un auxilio inmediato, resolvieron de una vez verse libres de vecinos tan incómodos y superiores, vengándose de los antiguos y sangrientos castigos sufridos, así como del trato al que se hallaban sometidos; y reunidos 20.000 indios según Oviedo, (lo que es una exageración), atacaron á los españoles, una hora antes de amanecer, llevando mechas de fuego encendidas, y sorprendiéndolos en el sueño y la confianza.  Recordados con sobresalto, se apresuraron los de la fortaleza en armarse y rechazar el ataque; hasta llegaron á efectuar una salida con toda desesperación, pero las llamas prendían yá en las tapias de madera del fuerte, y la gran cantidad de indios asaltantes, mandados por los caciques Aneya y Bocen”-o Bozen-, “obligáronles á huir y repararse en un bergantín poco seguro, donde se reunieron 22 españoles de los de Gaboto y otros más de los de García, algunos de ellos heridos; y en otra barca refugióse el capitán Caro con 50 hombres y 10 indios de servicio, dejando en tierra los cadáveres de 33 ó 34 españoles, y algunos sobrevivientes, que no pudieron llegar á las naves. Los fugitivos, reconocieron ser imposible el resistir por más tiempo, á los indios posesionados ya del fuerte, y temerosos de su vida, apresurábanse á llegar á San Salvador para dar cuenta á Gaboto de lo sucedido.  Éste, por ver si recuperaba algo de lo perdido en la fortaleza, artillería gruesa y menuda, municiones y cantidad de rescate, de oro y plata reunidas; así como, por si llegaba á tiempo en socorro de algunos de los españoles allí quedados ó apaciguaba los indios, se dirigió inmediatamente á Sancti Spiritus, donde halló la fortaleza robada y quemada, destrozados los cadáveres de los españoles”…

El historiador Cervera destacó que “esta expedición, no solo fue desastrosa para la gente que salió de España, pués los indios chanduls le mataron de 15 á 20 hombres, los de Sancti Spiritus de 33 á 40, y 75 los charrúas en las varias estadías, en San Salvador, según Oviedo, además de los que perecieron por enfermedades y hambre, sinó también, para los armadores, que perdieron sus caudales, por el mísero resultado obtenido que fue solo de 7 indios horros, una onza de plata y las mezquinas muestras que enviaron antes con el tesorero Calderón en la carabela de Esquivel.  Le atrajo a Gaboto pleitos ruidosos entablados por García, Rojas y herederos de Mendez, que duraron más de dos años, siendo apresado Gaboto apenas llegó y puesto en libertad bajo caución en Mayo de 1531.  El 1º de Febrero de 1532 una sentencia del consejo de indias lo condenó á 10 años de destierro en Orán, por exceso cometidos en este viaje, salvándose esta condena infamante, por solo la intervención de la emperatriz.  Gaboto excusóse en su relación al rey, expresando que hizo paces con los indios guaraníes, por lo que pudo fundar Sancti Spiritus, que con ellos estuvo en perfecta paz, hasta que por culpa de la gente de García, se quebró la amistad en algunas ocasiones, y cómo los indios hicieron en secreto llamamiento de gente, dando al alba en la fortaleza que quemaron y en la población del puerto de San Salvador, donde estaban los navíos, provocando con ello la vuelta a Castilla”.

Como suele suceder a principios del siglo veintiuno, en torno a los conflictos en el Fuerte de Sancti Spiritus -o Corpus Chisti-, han relatado “episodios novelescos de la Lucía Miranda, como el del cacique Yaguarón; el de al Maldonado; los trabajos de Doña Isabel de Guevara y mujeres españolas de la armada de Mendoza, y tantos episodios no conocidos, y otros, que los cronistas y poetas, pudieran expurgar en la historia el espíritu á una región más elevada, haciéndonos ver, como lo real y lo ideal, se hallan unidos en la vida, y vive, en medio de los mayores peligros y desgracias, y cuán fútiles son muchas veces, sucesos generadores de grandes acciones”…

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1532: el primer Adelantado Don Pedro de Mendoza…

Las noticias de las expediciones de Sebastián Gaboto interesaron al rey Carlos V aunque en aquel tiempo debía atender como prioridad las necesidades de las guerras entre europeos.  Fue el rey de Portugal quien envió “ocultamente al mando del Capitán Martín A de Souza, una armada con 400 hombres, la que llegó hasta la boca del río de la Plata, exploró en sus alrededores y tomó posesión de estas tierras” en nombre del rey.

El Licenciado Villalobos, fiscal del Supremo Consejo de Indias pidió que “no hicieran algún acto posesorio, que perjudicase los derechos de las coronas de Castilla y León” porque esas tierras habían sido descubiertas y pobladas por expedicionarios que llegaron con Juan Díaz de Solís (1512-1515).

Aumentaban las expectativas de aquellos reinos desde el año anterior, ya que Francisco Pizarro había ocupado el territorio del Perú, con riquezas semejantes a las de México.   El 21 de mayo de 1534 firmaron la capitulación del “gentil hombre” don Pedro de Mendoza, enfermo pero dispuesto a conducir la expedición porque también había escuchado comentarios acerca de un bálsamo que aliviaría sus padecimientos.  Aceptó trasladarse con mil hombres “á su costa”, la mitad en la primera expedición y trasladando caballos y yeguas, también las armas necesarias.  Luego organizaría el segundo viaje y recibiría “200 leguas de largo de costa, desde el río Solís á la mar del Sud, para su gobernación, que comenzaba donde termina la gobernación dada a Don Diego de Almagro, hácia el estrecho de Magallanes, y se le asignaba un salario de 2.000 ducados de oro al año, y 2.000 ducados de ayuda de costa, de las ventas y provechos que en dicha tierra, pertenecieran al rey.  Debía construir “tres fortalezas de piedra” en una zona desconocida donde no hallaría fácilmente ese material y estaba autorizado para repartir solares y nombrar un reemplazante.

“El 19 de julio de 1534, se le dio á Mendoza el título de gobernador y capitán general, de las tierras del Río de la Plata” y lo acompañaba “un brillante capitán, Juan Osorio, bueno y querido” -destacó el historiador Cervera- y en realidad, de dudosa confianza para don Pedro de Mendoza quien tras sucesivas murmuraciones “ordenó matarlo, haciéndolo apuñalar por sus adictos en su presencia, los que seguramente, por envidia ó cobardía, levantaron calumnias contra él, sin que nadie pudiera hacer nada por Osorio, y todos callaron ante su muerte, muerte que más tarde, la justicia española, la consideró mala e injusta”. [16]

Durante dos semanas los expedicionarios estuvieron en Río de Janeiro y zarparon hacia el Río de la Plata, “llegando al río dulce, que llaman Paraná-Guazá, de 2 leguas de anchura de boca”, pasaron por la isla San Gabriel a principios de enero 1536 y se encontraron con una población de “más de 2.000 charrúas, que huyeron al verlos.  Pasaron al otro lado del río, y descubriendo un riacho, (el Riachuelo) penetraron en él, desembarcaron en tierra y preparáronse á fundar la ciudad de Buenos Aires, en Marzo de 1536, llamada así, por los saludables aires que corrían según unos, ó por la virgen del Buen Aire adorada en Andalucía, y una de cuyas imágenes, traía la expedición, y de la que era devoto el Adelantado Mendoza, lo que es más exacto”.

“La adoración de la virgen del buen aire, dice Fernández Duro, ‘se cree proceda de los genoveses, que en Sevilla, gozaban privilegios de consideración, desde los tiempos de la conquista de esta ciudad; y los cuales, tenían en Caller, en Cerdeña, un célebre santuario.  La cofradía de esta virgen, era pues, muy antigua en Sevilla, y fue reformada por los navieros, capitanes, pilotos y contramaestres, en 1561, cuya fiesta como patrona de los marinos en el mar, efectuabase el 8 de Setiembre’.  Así es, que los compañeros de Mendoza, después de una navegación trabajosa, hubieron de recordar á esta virgen del buen aire, al tocar á tierra y fundar la primera población, hoy llamada Buenos Aires.”

Esbozo del perfil de don Pedro de Mendoza

El historiador santafesino Manuel M. Cervera tras la lectura de documentos de la “Colección Garay” conservados en el Archivo, describió algunos rasgos de la personalidad del primer Adelantado don Pedro de Mendoza:

“…hombre viejo y enfermo, sin genio político, ni valor moral, indeciso, sujeto á inacción y á preocupaciones que dividían la gente á sus órdenes; descorazonado al pisar una tierra inhospitalaria, sin recursos y llena de peligros, hallóse perdido, desde que á poco de salir de España, muriera en el viaje, Diego García, su brazo derecho, por el conocimiento que tenía adquirido del país, en sus anteriores viajes.”

Es oportuno rememorar que Diego García había estado en el año 1516 en la zona del Río de la Plata acompañando a Juan Díaz de Solís y en 1527 viajó junto a Sebastián Caboto.  Zapata Gollán destacó que “Mendoza viene con alguna gente conocedora ya del Río de la Plata.  Por Real Cédula se le había autorizado a enrolar a los que habían sido tripulantes de la expedición de Caboto y que quisieran regresar a estas tierras.  Le acompañan el bachiller Gonzalo de Acosta; Melchor Ramírez, acompañante de Solís; Juan de Junco que viene como Regidor, y otros baquianos, que a pesar de pasados reveses  tienen aún puestas sus esperanzas en estas ariscas llanuras.” [17]

 

El historiador Manuel Cervera destacó que “Pedro de Mendoza, no supo abastecerse de lo suficiente, ni al salir de España, ni en su travesía, sufriendo él y sus soldados, hambres y miserias horribles, y con su inmobilidad á orillas del Riachuelo, hubiera provocado la ruina completa de la expedición, si no fuera por algunos enérgicos capitanes que lo acompañaban.  Su única aspiración allegar á estas playas, fue el salvar su persona de los peligros, y recuperar los gastos que hizo.  En sus instrucciones á Ayolas, solo se preocupa de las riquezas que pueden adquirirse, del interés pecuniario de la conquista, y hasta ordénale vender el gobierno. Espíritu mezquino, hijo de la época, alimentado al calor de las cruentas y rapaces guerras de la Europa, buscó al dejar abandonados á sus compañeros, el resarcirse de los gastos que efectuó, con lo robado en el saqueo de Roma.   Gregorio Acosta, lo ha dicho: ‘Mendoza se perdió, por no saber hacer, y segundo, por gobernarse de gente de poca experiencia’.”

 

Hay relatos acerca de las dificultades que debía enfrentar el primer Adelantado don Pedro de Mendoza y también en torno a sus limitaciones y el continuo auxilio de sus acompañantes. El hambre determinó el envío de expediciones a zonas cercanas; partieron Jorge Luján hacia las islas y Juan de Ayolas con cien hombres hacia el río Paraná, quien llegó hasta el destruido fuerte de Gaboto y se detuvo en la laguna de los timbúes, encontrándose allí con el español Gerónimo Romero que había pertenecido a aquella expedición y tenía buenas relaciones con esas tribus.  En ese lugar, Ayolas dejó algunos hombres y nombró a ese puerto Corpus Christi, también conocido como Buena Esperanza.

“Según el Padre Lozano, el puerto de Corpus Cristi, distaba 8 leguas de la nación Coronda” y el historiador Cervera alude a escrituras públicas conservadas en el Archivo de Santa Fe referidas a la venta de Antonio de Vera y Mujica a favor de Francisco de Paez, el 5 de junio de 1687, donde se menciona “el pago que llaman Coronda que corre desde el paraje de Buena Esperanza al corralito, donde tuvo el vendedor, población de mulas”…

Ocho años después, Vera y Mujica pidió “por otras mercedes que hizo él, á vecinos pobres, de la ciudad de Santa Fe, en la mudanza de ciudad, tierras dice, que compró para ello, y otras suyas; ‘dos leguas en el pago de Coronda, dos iden en el Rincón, y otras dos chacras en el pago de la laguna.  El 16 de agosto de 1676, se le dio esta merced pedida, sobre el Cacarañal banda de Coronda 1 legua arriba del paso de Monteros lindero, que le dio el gobernador Baigorri, al Licenciado Francisco Holguín, y ha de correr, dos leguas sobre el río Carcarañal arriba, hacia las Tortugas, y hacia la ciudad de Córdoba, como las demás mercedes; y por esta banda, han de correr estas leguas camino de Buenos Aires sobre el Caracarañal arriba, y de frente han de topar con las barrancas del Paraná, lo mismo que repartieron los otros gobernadores; dando cuatro leguas frente como se acostumbra; así, dos leguas de una y otra banda del Carcarañal”.

Comentó el historiador Cervera que “Vera Mujica pidió á más, otras dos estancias de merced… ‘desde la bajada de Espinillo, que se llama de Medieta, por haberse muerto á este por los indios charrúas, y ha de correr, de dicha bajada, 1 legua poco más ó menos al norte, y costeando por el Paraná, tocar las que posee, y otra 1½ legua desde la bajada del Espinillo; hasta el sanjón y bajada de Salinas al sud, corriendo el río Paná abajo; y la otra estancia desde el paraje de las Tunas y desmochados por otro nombre, sobre el río Carcarañal, dos leguas con las que posee; y 8½ cuerdas que hay vacas, el Paraje de Buena Esperanza, y están vacas, entre suerte de estancia que posee Juan de Acosta hacia las Barrancas de los Chañaes; con fondo de 6 leguas como las demás mercedes las del Espinillo; las de las Tunas y desmochados, 3 leguas al Este y tres al Poniente hacia Córdoba”… Tales datos y otros que reitera el historiador Cervera, permiten señalar “definitivamente que el puerto de Buena Esperanza, se hallaba ubicado en el hoy puerto Aragón” -principios del siglo veinte-, “ó en el de Piedras, ó cercanías de estos.  La primera fundación de Corpus Cristi, antes del 20 de octubre de 1536 sería pues en las cercanías de la laguna de los timbues, que debe haber sido la actual de Coronda, doce leguas al norte del fuerte de Gaboto, como dice Schmidel aunque es menor la distancia; pero los indios, que debían alimentar á los expedicionarios,  lo efectuaban con mucho trabajo, y ‘como la gente tomada el modo de vivir de la tierra’.”

Desde el puerto de Corpus Christi, partió Ayolas en octubre de 1536 hacia el Paraguay y después de cuarenta días de viaje con enormes dificultades, llegaron al Puerto de Nuestra Señora de la Asunción, fundado el 15 de agosto de 1537, “hallando la tierra fértil, y abundante en maíz y mandioca y otros productos; dejó Salazar allí, una pequeña guarnición al mando de Gonzalo de Mendoza, y volvióse a Buenos Aires en Octubre de este año”.

Mientras tanto, el primer Adelantado  padecía el avance de su enfermedad y sentía necesidad de regresar a España. En abril de 1537, decidió dejar aproximadamente 350 hombres, setenta en Buenos Aires y entre ellos Felipe de Cáceres, hermano del Contador.

El doctor Zapata Gollán tras destacar que don Pedro de Mendoza sintiéndose “vencido” dispuso regresar a España, “el 10 de abril de 1537 ordena sacar una copia del proceso que acabó con la muerte de Osorio en las costas del Brasil y que a él le perseguirá hasta su última hora como una obsesión.

El 20 de abril dicta las instrucciones que deja a Ruiz de Galán que quedará a cargo del gobierno de la ciudad y de la gente de Buena Esperanza y de Corpus Christi, hasta tanto regrese Juan Ayolas que anda por ahí perdido en los montes del Paraguay buscando el camino que le lleve a la Sierra de la Plata.

El 21 de abril, dispone por escrito, lo que debe hacer Ayolas si regresa, o Juan de Salazar si aquél no viene: ‘Lo que Juan de Ayolas mi lugar teniente A de hazer si plaze a dios y Acá viene o sy él no viniere el capitán salazar”…   [18]

 

Al día siguiente, partió don Pedro de Mendoza con ciento cincuenta hombres en los navíos “Magdalena” y “Santa Antón”. Por lo sucedido, Zapata Gollán destacó que “don Pedro de Mendoza se iba meditabundo y taciturno en el abandono definitivo de su conquista.  Dejaba en manos extrañas, la empresa difusa y larga que él calculó hacedera en sus vanos proyectos militares”.

“…llegada le testa, con cuatro llagas; llagada una pierna, que le trababa el andar; llagada una mano, que no le dejaba escribir ni aún firmar.  Así se veía a bordo, acabado su cuerpo doliente y astillado su sueño de grandeza. /…/ Don Pedro de Mendoza, tenía ahora la faz dura y curtida; el pescuezo flaco; las manos de fiebre, secas y afiladas; y se iba como torturado de remordimientos y de angustias.

El Río de la Plata le había vencido”…

 

El primer Adelantado murió el 23 de abril de 1537 mientras navegaban y su cuerpo fue arrojado por la borda.  Luego, la nave Santa Antón se desvió y desembarcaron en la isla de Santo Domingo, en Centroamérica.

En la ciudad de los “Buenos Ayres” quedó el capitán Juan Romero al cuidado de las naves y la mayoría decidió trasladarse al puerto de Asunción donde al menos podrían alimentarse. Ayolas se había casado con la hija de un cacique pero ese vínculo no impidió que lo mataran. Enterado el rey de España de la muerte del primer Adelantado, ordenó que con algunas naves fueran a apoyar a quienes quedaban en el Río de la Plata y mediante una Cédula autorizó a los fundadores de Asunción “para elejir libremente su primer mandatario, fue la ase de la idea democrática en el gobierno libre, y del poder de la comuna, que imperó en los primeros tiempos de la conquista, y bajo cuya autoridad se derrocaron gobiernos, se elijieron nuevos mandatarios, siendo á veces la salvaguardia en los sucesivos disturbios”.  [19]

En vano intentó Irala, como teniente de Ayolas, encontrarlo en la zona cercana a la Asunción mientras otros estaban dispuestos a luchar para asumir el poder. Galán partió hacia Buenos Aires y allí ordenó a Felipe de Cáceres y a otros que informaran al rey sobre los sucesos en el Paraguay.

El 3 de febrero de 1539, aproximadamente dos mil indios Caracaraes y Timbúes que habían soportado el castigo de Galán, atacaron el fuerte de Corpus Christi e hirieron gravemente “al capitán Mendoza, quien murió mas tarde, y hubieran perecido todos los españoles en lucha tan desigual, sino hubiera sido por la providencial llegada de dos bergantines con los capitanes Simón Jaeques y Diego de Abreu enviados por el gobernador Ruiz Galán desde B. Aires, quienes oyendo la gritería de la pelea desembarcaron con su gente, 60 soldados, debaratandolos, á tiempo que los del fuerte, saltan al alcance de los indios asaltantes, á quienes persiguieron largo trecho, ocasionándoles más de 400 muertos.  Los dos capitanes nombrados, y el extremeño Juan de Paredes, Adamor de Olavarriaga vizcaíno, y un tal Campuzano y otros, dieron muestras de un valor extraordinario, en la encarnizada lucha.”

“Aquí, como en la historia de la reconquista española contra los Árabes, y como en otras partes de América sometida, los españoles creyeron, que la intervención divina pudo hacerles alcanzar esa victoria.  Se constató, que los indios habían visto sobre las murallas, un personaje venerable, que arrojando fuego por los ojos y amenazándoles con la espada, les llenaba de terror  Los españoles, creyeron en la intervención del santo del día San Blás, y á este consideraron como el héroe de la batalla.  En verdad, que ante los peligros inmensos que sufrían los conquistadores, el estado lastimoso en que se hallaban, su escaso número, su religiosidad supersticiosa, la victoria obtenida y la liberación de sus vidas, debieron considerar, como real y factible la intervención del santo. ¡Ah!, no es posible negarlo, en medio de su idiosincrasia especial, de sus contradicciones, de la hermandad materialista y espiritualista, que informan sus actos todos como nación, España, debe, en los momentos de peligro á su religiosidad vidente, que alienta su ánimo y sostiene su legítimo orgullo, tanto ó más, que al esfuerzo material de sus hijos, el salir victoriosa, y siempre alegre y fuerte de las desgracias sufridas.  A este suceso debe referirse la leyenda de Lucía Miranda”…

 

Por segunda vez los españoles abandonaron sus fortalezas sobre la orilla oeste del río Paraná. Irala, el 28 de julio de 1840 envío dos bergantines a Buenos Aires para que aceptando su autoridad despoblaran Buenos Aires trasladándose al Paraguay, y encontró oposición en Galán y sus partidarios, quienes se retiraron a la isla de Santa Catalina antes de la llegada de Irala, dispuesto a convencer a todos para quemar las casas:  Embarcados todos, después de pasar por la isla de San Gabriel continuaron navegando hacia el norte, llegando a la Asunción en junio de 1541.

Álvar Núñez Cabeza de Vaca había zarpado del puerto de Cádiz a fines de diciembre de 1540 con tres naves y cuatrocientos hombres; llegó el 29 de marzo de 1541 a Santa Catalina y allí supo en junio de 1541 que había muerto Ayolas y le comentaron los sucesos en el Río de la Plata.  Destaca el historiador santafesino Manuel M. Cervera que en ese lugar, “ordenó que con 150 hombres, un primo suyo Pedro Estopiñan, remontara hácia Buenos Aires, y él, con el resto de la gente, fuese por tierra á través de bosques y ríos desconocidos, llegando á la Asunción el 11 de marzo de 1542, donde Irala le entregó el gobierno… Entre los que vinieron en esta expedición, se hallaron, Antonio Riquelme de Guzmán, padre del historiador Ruy Díaz; Ruiz Díaz Melgarejo, célebre conquistador y poblador en el Paraguay; Francisco Ortiz de Vergara, que llegó á ser teniente de Gobernador; Jaime Rasquin, más tarde nombrado Adelantado; Nuño de Chaves, hermano de Fray Diego de Chaves confesor de Felipe II, conquistador de los Jarayes y Charcas y fundador de Santa Cruz de la Sierra, con otros más, caballeros é hidalgos, que tomaron una participación directa y activa, tanto en la conquista del país, como en las rencillas y divisiones internas.  Juan Pavón, natural de Badajoz venía por alcalde mayor, y siendo de carácter violento y hombre malquisto según Oviedo, fue el primero que con sus extorsiones y agravios, hizo perder á Alvar Núñez, mucha de la buena opinión que pudo obtener entre los españoles. Pequeñas rencillas y el deseo del Adelantado de poner coto á la desorganización y mala vida que llevábase en el Paraguay, así como sus esfuerzos, en defensa de los indios maltratados, todo lo que la carta de Pedro Hernandez, los comentarios del Adelantado y otros escritos contemporáneos nos señalan, provocaron enemistades.  En vano quiso poner término, á la sórdida avaricia de los oficiales reales, que imponían quintos sobre toda clase de producciones, llegando hasta privarles de los oficios; en vano intentó acallar los contrarios bandos, procediendo con toda rectitud en armonizar un buen gobierno; en vano, salió á descubrir la tierra, llegando a conquistar y someter tribus feroces; la envidia, la codicia, el temor del castigo y la necesidad de una libertad desenfrenada, impulsaron á los oficiales reales y otros capitanes, a prender al Adelantado acusándolo de tiranía, por quererles quitar los indios y haciendas, según decían; y á los gritos de ¡libertad! libertad, ó viva el rey muera el mal gobierno, así lo hicieron, encerrándolo en obscura prisión.  Quince meses más tarde, y después de sufrimientos inauditos, en abril de 1545, lo remitieron siempre preso, á España con otros más…  Lo cierto es que ido este a  España, no cesaron las discordias por espacio de más de un año; el deseo de todos, era el no tener freno alguno, ni autoridad á quien respetar, si no halagaba sus pasiones, y esto se vió, cuando antes de partir Vaca gritó que dejaba por gobernador á Juan de Salazar de Espinosa.  Bastó este hecho, para que los oficiales reales, embarcaran igualmente preso al susodicho sustituto.  A llegar a España, los oficiales Alonso de Cabrera y García Vanegas que llevaron á Vaca, concluyeron miserablemente, loco el primero después de matar á su mujer, y el segundo muerto olvidado”…  [20]

 

En el Paraguay, en 1543 el capitán Diego de Rojas “murió de un flechazo, que le dio en una batalla un indio” de Calchaquí y quedó como sucesor el capitán Felipe Gutiérrez luego detenido por Francisco de Mendoza y enviado a Chile; muerto en el Perú por Gonzalo Pizarro.

Francisco de Mendoza siguió con sus expediciones de conquista, llegó hasta el antiguo fuerte de Gaboto y el Carcarañá, donde “supo noticias de los españoles del Paraguay, debido á cartas de Irala que halló al pié de un árbol. Pasado algún tiempo, pudo ponerse al habla con indios de la Asunción, por quienes supo, toda la historia de la fundación de esta ciudad, adonde decidió ir con toda su gente.  Pero, no pudiendo sojuzgar el descontento de soldados aventureros y enviciados, fue muerto por estos, recayendo el mando en Heredia, el que después de varias otras peripecias, pudo llegar al Perú, llevando los restos de una expedición” que pasó por Santa Fe…

En aquel tiempo fracasó la expedición encomendada en marzo de 1549 a Diego de Sanabria, hijo del fallecido Juan de Sanabria, natural de Medellín.  En noviembre de 1552, el rey nombró a Domingo de Irala gobernador en el Río de la Plata, “quien vivió pacíficamente y de todos queridos hasta su muerte, en 1556”…

Acerca del perfil de Domingo de Irala…

Es oportuno reiterar lo expresado por el historiador Manuel M. Cervera acerca de Irala, “que conservó la Asunción y dominó en ella sobre españoles é indios, desplegando dotes de gran político y de entendido militar; que dejó libre la entrada del río Paraná y se puso en comunicación con el Perú, dio los primeros pasos para la colonización de estas provincias, y dejó vislumbrar á sus sucesores, los puntos más o menos asequibles y cómodos, para sucesivas fundaciones de ciudades, la comunicación entre estas, para el sostén y ayuda de todos; la facilidad de sus relaciones comerciales.  Si en sus primeros años de gobierno, alentó el desorden y la crueldad para poder imperar, si sus procederes fueron causa de continuas sublevaciones y fraticidas odios, que más tarde se repiten en diferentes épocas de la vida histórica del Paraguay, al final de su gobierno, reparó en parte todas estas imperfecciones, provenientes más que de los hombres, de la situación anormal en que se hallaban, de la libertad omnímoda para proceder, y de la aspiración personal de cada uno; que llegaron á cubrir, bajo la faz de la política, de lo necesario, de lo religioso y hasta de lo humano, excesos de todo género, á que no escaparon, ni aún los más altos representantes de la Iglesia Romana.  No fue el conquistador, que sólo buscaba riquezas, sino el fundador de un gobierno fuerte, casi independiente.  Al morir, Irala sólo dejó unos cuantos metros de género, por toda fortuna”.  [21]

Obispado del Plata – Capitulación de Jaime Rasquín…

Domingo de Irala murió “poco después de haber llegado á estas tierras el primer obispo Fray Pedro de la Torre… pues el obispado del Plata fue erigido por Paulo 3º el 1º de julio de 1517, y el primer obispo nombrado, fue Juan de los Barrios y Toledo, quien en 1548 en Aranda de Duero, elevó á catedral la iglesia de la Asunción, pero no vino aquí, y en 1554 fue electo de la Torre.”  [22]

Sabido es que hasta el año 1558 nada sucedió notable en el Río de la Plata, la capitulación con el rey firmada por Jaime Rasquín el 30 de diciembre de 1557 comprometiéndose a embarcar mineros, poblar el puerto de San Francisco, “trayendo lo necesario para plantar ingenio de azúcar”, poblar el puerto de San Gabriel y dos puertos más y otro entre los chiriguanos.  Se comprometió a lograr que “cesaran los daños y disturbios que se padecían, y ofrecióse a llevar 8000 ducados en mercaderías: hierro, acero, fuelles, paños y harinas”…

El 13 de enero de 1558, obtuvo Rasquín el título de gobernador y  partió de España el 14 de marzo con “una nave y dos urcas y 200 soldados… tripulación que se sublevó en el mar y obligó a Rasquín á dirigirse á Sto. Domingo, donde la armada quedó disuelta”, destacando el historiador Manuel Cervera que “este Rasquín era antiguo poblador de la Asunción, y de sus buenas intenciones para el gobierno y manejo de los intereses públicos en el Río de la Plata, conservase en la Biblioteca Nacional, copia de una exposición en que estudia el modo como debe gobernarse esta provincia.”

 

En ese tiempo, el 22 de julio de 1558, en elección presidida por el obispo Fray Pedro de la Torre, en reemplazo de Gonzalo de Mendoza “muerto súbitamente”, los pobladores nombraron gobernador al capitán Francisco Ortiz de Vergara, hermano de Ruiz Díaz de Melgarejo y yerno de Domingo de Irala.

Nuño o Ñuflo de Chaves debía cumplir la misión encomendada por Irala y luchar contra los jarayes y fundar una población pero no lo logró.  Con sesenta españoles y “algunos indios amigos” avanzaron hacia occidente y después de dialogar con capitanes, en “febrero de 1561, fundó Chaves la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, dentro de la Provincia cuya tenencia obtuvo, y entre los primeros pobladores, hallóse un Juan de Garay, capitán famoso yá, el cual viviendo en el Perú, decidió acompañar á Chaves, en esta conquista y población; trayendo consigo, todos sus bienes y criados, mujer é hijos, algunos amigos, y ganado, el primero que entró, con lo que ayudó, como ninguno, a la prosperidad de la nueva ciudad y gobierno.  En este año, parece Juan de Garay como regidor de la nueva ciudad.

Mientras Juan de Garay, el futuro fundador y poblador de las ciudades de Santa Fe y Buenos Aires, residía tranquilamente en Santa Cruz de la Sierra, ayudando á la conquista y adquiriendo gloria, con relevantes servicios militares, fue testigo de algunos sucesos importantes, que no sólo cambiaron el estado general de las cosas y gobierno de la Asunción, sinó que tuvieron gran influencia en el porvenir de dicho capitán.”

Sabido es que en 1568, Felipe de Cáceres acompañó a Nuño de Chaves en el viaje hasta la Asunción “y por adelantarse imprudentemente contra pueblos de indios con pocos españoles, fue muerto á traición por un caudillo guaraní”.

“En la carta al Consejo de Indias del factor Pedro Dorantes, dícese que Cáceres llegó á la Asunción, en diciembre de 1568, con el obispo, Juan Ortiz de Zárate y otras personas del Perú” y así fue como el 11 de ese mes, recibió “de manos del capitán Ortega, el mando de la Gobernación del Río de la Plata y nombró su lugarteniente a Martín Suárez de Toledo.  Inmediatamente aderezó varias embarcaciones, y con 150 hombres fuese á la boca del Río de la Plata, viaje que algunos con toda mala fé, consideran lo efectuó para detener ó impedir la entrada del adelantado Zárate á esta Provincia, pero que solo fue de exploración y en espera del Adelantado.  De paso tuvo en las 7 corrientes, un encuentro con varias canoas de indios guaraníes, que desbarató, y tocando en el fuerte de Gaboto, donde llegaron los indios en son de paz, reconoció la costa de Buenos Aires y la de San Gabriel, donde en unas botijuelas, dejó carta de aviso, al pié de una cruz. Vuel á la Asunción, envió de gobernador al Guairá al capitan Riquelme de Guzmán, quien, no fue recibido por el anterior gobernador Ruis Díaz Melgarejo, y si aprisionado.

En otra carta del capitán Martín de Orué se destaca que Felipe de Cáceres ‘…trajo ganados, mujeres y soldados, etc.’.  Según esto, Ortiz de Zárate, antes de pasar á España, estuvo en la Asunción donde el 18 de diciembre de 1568 nombró á Juan de Garay Alguacil Mayor de la Provincia del Río de la Plata.”  [23]

En aquel tiempo, fue nombrado Gobernador de Santiago del Estero el capitán Juan Gregorio Bazán quien debió organizar defensas contra los violentos ataques de los indios del Chaco y organizó una expedición con cuarenta hombres que partiendo del pueblo de Talavera, con una pequeña escolta cruzó el territorio chaqueño haciendo las paces con diversas tribus y “sin perder un solo hombre, llegó hasta Mal-Abrigo, en esta provincia de Santa Fe; de donde pasó al río Paraná”…

Sabido es que el 19 de octubre de 1571, el virrey del Perú don Francisco de Toledo destituyó al gobernador el Tucumán Francisco de Aguirre aceptando la petición del “Santo Oficio de la Inquisición, por los agravios que hacía sufrir á naturales ya los vasallos e S M. y algunas licencias de lenguaje” y nombró al capitán Jerónimo Luis de Cabrera gobernador de la provincia de Tucumán por cuatro años. El 17 de julio de 1572 fue reconocido por el Cabildo de Santiago del Estero y “después de haber sometido á muchos indios sublevados y perseguido la conquista en el país de los Comechingones, fundó en 6 de Julio de 1573 la ciudad de Córdoba, cerca del río que los indios llaman Suquia, y de San Juan por Cabrera; y habiéndose salido á reconocer la tierra y señalar los límites de la jurisdicción de la nueva ciudad, llegó en 17 de Setiembre á orillas del río de la Plata, junto á un asiento llamado la fortaleza á do estuvo Gaboto, y tomó posesión de este punto, donde plantó un mojón como límite de la jurisdicción de Córdoba y haciendo constar ante el escribano Torres: ‘que se traten y contraten estas provincias y las del Perú y otras partes con los reinos de Castilla, por lo que nombraba al sitio en que se hallaba, el ‘Puerto de San Luis de la ciudad de Córdoba’, tomando posesión como de la jurisdicción de esta última ciudad, el puerto señalado, islas adyacentes, tierras y río de la Plata’. [24]

Al día siguiente, tomó posesión de un asiento llamado Omar Cabrera ó por otro nombre los Timbúes, cerca de los indios Corondas, y acercándose al lugar donde se hallaban los indios de un cacique llamado Corona, el 19 de Setiembre.  Allí vio gran cantidad de indios en movimiento, y acercándose á la orilla del río, halló que en medio de ésta se hallaba la dicha galera; otras dos chalupas, con sus velas y gobernalles y puestos á punto de guerra con arcabucería é defenderse de gran cantidad de indios y canoas que tenían rodeadas á aquellas embarcaciones.  La presencia de la caballería de Cabrera, cerca de  50 hombres, puso espanto en los indios, que huyeron, dejando platicar libremente al salvador Cabrera y al rodeado Garay.  [25]

Cabrera intimó al capitán Juan de Garay, el que abandonara la población de estas tierras, que se hallaban fuera de los límites de la jurisdicción del Paraguay, y no entrase en la gobernación del Tucumán, sino que al contrario, hiciese buena amistad para no causar escándalos y discordias entre los capitanes de su Majestad.  Garay ni resistió ni replicó, contestando que así lo haría, porque esperaba antes de muchos días recibir mercedes de S.S.  Cuatro días después, el alcalde Mejía Mirabal, dio posesión del puerto de San Luis y tierras, á pedido de los rejidores y alguaciles de Córdoba, á los vecinos de aquel punto, Pablo Mansilla, Juan Juárez Quijada y otros, y el 23 de Setiembre el procurador de Córdoba, Alonso García Salas, pidió a Cabrera, señalara mayor jurisdicción a la ciudad, midiendo desde la fortaleza que viene del Esteco (Santo Tomé), y río abajo 35 leguas, y el gobernador aceptando los primeros términos, declaró fueran tan solo 25 leguas los del río abajo”.  Insiste luego el historiador Cervera acerca de las dos versiones referidas a ese encuentro: “Según las actas del Cabildo de Córdoba, Cabrera hallóse por casualidad con Garay, con él travó conocimiento inmediatamente; y según la información de la ciudad de Córdoba, hecha al rey en 1585, Garay pudo poblar Santa Fé y salvarse con toda su gente, de los indios que le rodeaban, por ayuda prestada con la llegada de Cabrera, el que en cédula en que se hace merced á sí mismo de encomiendas de indios, en 24 de noviembre de 1573,[26] hizo dice, socorro y dio salida a 100 españoles que andaban perdidos con un capitán, que se llamaba Juan de Garay, y sin saber por donde hubiese salida y camino para los reinos del Perú y para estas provincias”.  Explica luego: “Que fue casual el encuentro, resulta también de la Real Cédula del 17 de Mayo de 1726, dada a favor de Juan de Tejeda Mirabal, donde dice: ‘Garay fue de la asunción a poblar á Santa Fé y hallóle a Cabrera rodeado de indios y por llegada de éste, los indios acudieron de paz”. [27]

 

Han reiterado que Felipe de Cáceres discutía acerca de “si debía prevalecer ó nó la autoridad civil sobre la eclesiástica” y tras sucesivas disputas con el obispo Fray Pedro de la Torre se llegó al extremo de “lanzar este excomuniones, y el gobernador aprisiona á algunos exaltados amigos del obispo.  Volvió de nuevo, con 200 hombres á buscar en la boca del Río de la Plata noticias de España, llegando sin resultado hasta Maldonado; y retirándose á la Asunción, halló la división allí existente, mas intensa, entre partidarios del obispo y de Cáceres.  Unos pretendían prender y matar al gobernador, y ese ordenó en vista de tal desorganización, que nadie comunicara con el obispo, hasta que á principios de 1572 los parciales de este, y por su inspiración, prendieron á Cáceres dentro de la iglesia, llevándolo á una extrecha prisión, donde con grillos y cadenas lo encerraron por varios meses, secuestrándole todos sus bienes. El teniente Suárez de Toledo que hallabase en el complot, hizose proclamar gobernador á poco, aunque aparece que el mando se le ofreció por los revoltosos, según carta de Orué al rey, cuyos revoltosos eran los mozos de la tierra, pues como dice Gregorio Acosta ‘Cáceres llegó á la Asunción, asido de los hijos naturales de la tierra, pensando por aquí sustentarse con ellos, y por esto, y por ser muchos ellos, se le consentía á Cáceres hacer muchos desaguisados é desvergüenzas de que apelaban los hombres honrados, y se deshonraba á estos entrando de noche y día en sus casas á sus mujeres é hijos y robando, y cometiendo otros escesos; por lo que mandose llamar al capitán Melgarejo enemigo de Cáceres, diósele el mando de una carabela en la que s enviaba preso a España al gobernante destituido, custodiado por el obispo, todos los que salieron de la Asunción el 14 de abril de 1573.  Sobre los procederes del Obispo de la Torre, existen varios documentos que lo señalan como hombre codicioso, poco honesto, excomulgando á todos por cualquier causa y aún por pecados pasados; así como, se presenta á Cáceres como absorbente, revoltoso y causante de muchos males”.

Autorización al capitán Juan de Garay para “hacer una población”…

Embarcados el 14 de abril de 1573 en Asunción, el destituido Felipe de Cáceres custodiado por el obispo Fray Pedro de la Torre, en esas circunstancias fue autorizado el capitán Juan de Garay para que “se hiciera de gente y saliera con ella á hacer una población, en San Salvador ó donde le conviniese” y así fue como en Asunción se difundió el Pregón convocando anunciando esa expedición y convocando a los vecinos para que se registraran.  Hasta entonces, las primeras fundaciones en el Río de la Plata y en la orilla oeste del río Paraná habían fracasado.

Relató el historiador Manuel M. Cervera que aquel 14 abril, con “ochenta soldados”, el capitán Juan de Garay partió con su expedición: unos “por tierra, otros por el río, en un bergantín y varias embarcaciones, yendo juntos en conserva con Cáceres y el Obispo.  Llegados á la boca del río Paraguay, la gente de Garay pasó á la otra parte del Paraná, siguiendo su camino el Obispo hacia España, y separándose de él, cerca de la actual Colonia.” [28]

Hay diversa información en torno al momento en que Juan de Garay se instaló en Santa Fe y el historiador Cervera reitera que de acuerdo al testimonio del capitán Juan de Burgos, testigo presencial, “yendo con Cabrera, hallaron al capitán Juan de Garay en el río de la Plata, cercado de muchos indios de aquella tierra, llegados que fueron los de Córdoba, en aquella sazón, desamparon los indios á el dicho Garay”.  Luego, Cervera insiste en que tales declaraciones, indican también “que la ciudad de Santa Fe se hallaba ya poblada antes del mes de Setiembre de 1573, y la falta en el acta del cabildo de Córdoba de anotarse la caballería de Garay, significa que esta había quedado en Santa Fé, mientras con la gente de infantería y artillería se reconocía la tierra, hallándose con Cabrera”…

Comenta luego que Félix de “Azara también supone, que Garay sentó su real en el mes de Julio, donde fundó Santa Fé, lo mismo afirma Centenera; el P. Guevara dice que Garay repartió antes de hallarse con Cabrera, como 25.000 indios entre sus soldados, y que solo llevaba 40 hombres al encontrarse con Cabrera.  Todo esto, se halla conteste con lo mismo que declara Garay en los títulos de repartición de tierras…

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Territorio de la República Argentina…

Diversas investigaciones indican que el extremo sur de América estuvo poblada del período terciario y han determinado “cuatro grandes zonas geológicas, distintivas de nuestro país, divididas en pisos horizontes diversos cada una, debido a las sucesivas depresiones ó elevaciones del terreno ya ocupado por el mar, ya por ríos inmensos y caudalosos; elevaciones súbitas que presenta la formación guaranítica en las barrancas del Paraná y á lo largo de la Provincia de Corrientes hasta La Paz, donde se une á la formación patagónica, ofreciendo en partes muestras de otras formaciones terciarias”

Destacó el historiador Manuel M. Cervera que “las convulsiones geológicas que han elevado ó deprimido capas diversas, presentan á simple vista períodos de la época terciaria en las costas del pana, y á inmediaciones de Santa Fe ó la perduración del mar en la mesopotamia argentina y en parte de la provincia de Santa Fe, en las cercanías del Rosario por ejemplo, donde existe una depresión visible del terreno que corresponde á una antigua bahía del Océano terciario según Dœring que se descubre en los médanos, bancos marinos de las costas ó en la tosca mezclada con sal, arenilla y arena que hallamos en algunos terrenos.”

Una vasta llanura abarca la parte centro-este del país, hay zonas con lomadas y cuchillas, con sierras y cerros hasta que una aproximación al límite oeste revela regiones más elevadas: precordillera y Cordillera de los Andes.  La República Argentina limita al norte con Paraguay y Bolivia, hacia el noreste con los Estados Unidos del Brasil extendiéndose en el este hasta el río Uruguay, límite natural con Brasil y la República Oriental del Uruguay”.  Es oportuno reiterar lo escrito por el historiador Manuel Cervera acerca de diversas investigaciones geológicas difundidas hasta principios del siglo veinte.

Ciudad y Provincia de Santa Fe: fundación…

El historiador Manuel M. Cervera refiriéndose al tiempo de la fundación de Santa Fe, destaca que “la laguna de los Quiloasas sobre el río Salado” ya era mencionada en 1556, y alude a que “en otra relación se dice que Garay entró, por las ‘7 bocas de los Quiloasas’. Estas 7 bocas de un río, deben hacer referencia a otras tantas existentes hoy día, aun teniendo en cuenta, los desvíos que las corrientes de las aguas hayan formado en el terno; y esas 7 bocas que salen hacia el río Paraná, las encontramos actualmente en el río Colastiné, dirigiéndose al norte, hacia Cayastá.  Sin embargo si se tiene en cuenta, que las corrientes de agua han formado y reformado las islas al rededor de Santa Fe, y lo que sobre el río Salado, dice el padre Parras… podría ser que esa entrada de Garay, hubiera sido más hacia el Oeste de Colastiné, pero siempre, la laguna de los Quiloasas, ha de haber sido, la actual laguna de Guadalupe”…

Tales afirmaciones del doctor Cervera eran conclusiones tras la lectura de “Documento 13 – Colección Garay” y preguntándose qué  día se fundó Santa Fe, considera que “en el mes de julio de 1573, seguramente, llegó Garay ‘al punto donde pobló y fundó la ciudad provisoria, y luego hizo un fuerte, saliendo con parte de la gente, a visitar la tierra y empadronar’, pues si el 20 de junio de ese año, abandonó la carabela que iba a España con Cáceres y el Obispo, y sólo buscó inmediatamente lugar de desembarco, puede suponerse que en el mes de Julio o a principios de Agosto, llegó cerca de Cayastá, pues cuando lo hallaron en el mes de septiembre 19, la gente de Córdoba, por los alrededores de Coronda, ni llevaba con él toda la gente, ni hacía otra cosa, que reconocer la tierra, con lentitud, buscando quizá un punto a propósito, no muy lejano de la Asunción, para fundar el primer pueblo, sin que en esa época se hallara decidido al parecer, por un lugar determinado.  /  Esto resulta del estudio de los textos y documentos citados y de las palabras del mismo Garay que he transcrito.  / El diccionario Hispano Americano, señala el 6 de julio, como día de la fundación de Santa Fe, fecha que puede considerarse admisible, como que fue el día del desembarco en esta costa, y donde fundó la ciudad provincia, que dice el mismo Garay.  /  Se asegura, que en una edición de 1612, de la obra de Ruy Díaz de Guzmán, existe la fecha 6 de julio, día de San Jerónimo, como fundación de Santa Fe.”

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Hay coincidencia acerca de lo expresado por el historiador Manuel Cervera acerca de que “existían en los primeros años, varios patronos de la ciudad, y en acta del 24 de octubre de 1617, dícese, porque por la suerte, elijióse á San Jerónimo como patrono.  Uno de los antiguos patronos, era San Marcelino, cuya fiesta cae el 2 y el 18 de junio, y este dato, os ha hecho creer, que la fecha de la fundación provisoria de Santa Fe, o llegada de Garay y compañeros al punto de Cayastá, fue en los primeros días de Julio.  A más, existe un dato incontrovertible y es: que Garay afirma que dos meses después, poco más o menos, de fundar á Santa Fe, se halló con Jerónimo Luis de Cabrera; y sucediendo este hecho en 19 de Setiembre, la fundación de la ciudad, efectuóse a principios de julio, pudiendo aceptarse, pues, la fecha del 6 de julio como definitiva.”  [29]

El vizcaíno Juan de Garay, capitán fundador de la ciudad y provincia de Santa Fe, como ha escrito el historiador Cervera, “recién en 15 de noviembre de 1573 levantó el acta de fundación de la ciudad”:

“Yo Juan de Garay, capitán y justicia mayor en esta conquista y población de el Paraná y río de la Plata.  Digo que en nombre de la Santísima Trinidad y de la Virgen Santa María y de la universidad de el rey don Felipe, nuestro Señor y del muy ilustre señor Juan Ortiz de Zárate, gobernador y capitán general y alguacil mayor de todas las provincias de dicho río de la Plata y por virtud de los poderes que para ello tengo, fundo y asiento y nombro esta ciudad de Santa Fe en esta Provincia de Calchines y Mocoretaes, por parecerme que en ella hay las partes y las cosas que convienen para la perpetuación de dicha ciudad, de agua y leña y pastos que quiera, y casas y tierra y estancias para los vecinos y moradores de ella y repartirles como su Majestad lo manda, y asiéntola y puéblola con aditamento que toas las veces que pareciese ó se hallase otro sito más conveniente y provechoso para la perpetuidad lo pueda hacer con acuerdo y parecer del Cabildo y Justicia que en esta ciudad hubiese, como pareciese que al servicio de Dios y de su Magestad más convenga y porque su Magestad manda á los gobernadores y capitanes y comisión para que puedan nombrar que así poblasen y fundasen nuevos pueblos y les dá poder y comisión para que puedan nombrar en su Real nombre Alcaldes y Rexidores para que tengan en justicia y buen Gobierno y Policía, tales ciudades y pueblos”…

 

En el tercer párrafo del acta firmada aquel domingo 15 de noviembre de 1573, el capitán Juan de Garay estableció:  [30]

“otro sí, nombro y señalo por jurisdicción de esta ciudad, por la parte del camino del Paraguay hasta el cabo de los anegadizos chicos, y por el río abajo, camino de Buenos Aires, veinticinco leguas más debajo de Sancti Spiritus, y hacia las de partes de Tucumán cincuenta leguas a la tierra adentro desde las barrancas de este río, y de la otra parte del Paraná otras cincuenta”.

 

En el siguiente párrafo, Juan de Garay determinaba “el asiento y repartimiento de los solares… conforme una traza que tengo señalado en un pergamino” y en luego, se refirió a ese trazado y a “dos solares para iglesia mayor, la cual nombro la vocación de Todos Santos”.

Insiste el historiador Manuel Cervera acerca de que “según esta acta, los límites de Santa Fe al Norte llegaban hasta cerca del Arroyo del Rey; al Sud hasta los Arroyos, después Arroyo del Medio, al Este hasta el río Corrientes, en Entrerios, que la dividía de la provincia de Corrientes; y al Oeste hasta el pozo redondo, hacia Córdoba”  [31]

Es oportuno tener en cuenta que en el Diccionario de la Academia Española edición 1734, como lo ha reiterado Cervera: “legua –…medida es de tierra cuya magnitud es muy varia entre las naciones.  De las leguas españolas entran 17 ½ en un grado de círculo máximo de la tierra, y cada una es lo que regularmente se anda en una hora, viene del latín bajo Legua ó Leuga Rcopi. (sic)  Indias libro 7 ti, 17 libro 18 cap. 2; y que estas distan de 10 leguas y nó más, sin embargo de cualquier costumbre que hasta aquí hayan tenido”. [32]

“…en las leyes españolas ‘una legua son tres mil pasos’; las leguas eran de las comunes y vulgares, no de las legales; y en 1769 se dio en camino real á la legua, 8000 varas castellanas de Burgos.  Existe pues, una equivocación al dar 17 ½ leguas a un grado terrestre, cuando esto solo era la legua común y vulgar y que se aumentaba o disminuía en las poblaciones españolas.  La legua legal, tenía 6000 varas ó sean 21½ leguas por grado.  Geográficamente pues, computadas las 50 leguas que señala el acta de fundación de Santa Fe, importan 2º 20 de meridiano, que deberían agregarse á la latitud señalada a la ciudad de Santa Fe.”  [33]

 

Analizó el historiador la extensión de aquellas leguas como medidas mencionadas en las actas y luego expresó:

“Geográficamente pues, computadas las 50 leguas que señala el acta de fundación de Santa Fe, importan 2º 20 de meridiano, que deberían agregarse a la latitud señalada a la ciudad de Santa Fe.  Así, hallándose Cayastá donde fundóse la primera Santa Fe,  en los 31º 20, el límite hacia Buenos Aires, 50 leguas, llegarían á la 33 º 40, un poco más acá del actual Arrecifes que está en los 34º 3,55”

  Sancti Spiritus sabemos que se hallaba en la boca del Carcarañal, según Oviedo, del río de los querandíes (Arrecifes hoy) al río Carcarañal había 30 leguas; si pues Sancti Spiritus al Sud el límite llegaba hasta las 25 leguas, el límite divisorio con Buenos Aires, era por las cercanías del río Arrecifes al Norte.”

Límites según Actas y documentos judiciales…

El historiador Cervera destaca que en Acta del Cabildo del “26 de abril de 1588 aparece que Santa Fe, consideraba que los términos de esta ciudad con los de Vera, llegaba hasta el remate de los anegadizos grandes, y con Santiago del Estero, con las Cruces grandes, que es arriba del pantano grande, encima de las tapias de Marchinsacati; y con Córdoba, el Pozo redondo, que son los términos que Juan de Garay señaló, se dice; y con Buenos Aires con los querandíes, que están en la mitad del camino de Buenos Aires, que es el riachuelo, que es debajo de la Matanza”…

Límite sur: “debajo de la Matanza”…

Explica luego el doctor Cervera acerca de “la Matanza”:

“…es el lugar donde mataron á Juan de Garay y sus compañeros, se halla en el departamento del Rosario a 3½ leguas del arroyo Salinas hoy Ludueña, dice Carrasco,[34] á inmediaciones del Rosario según esto, ‘una legua más arriba del arroyo Pavón, señalada todavía por un mojón de piedra cerca del límite Sud de la estancia de Alvear en la misma orilla del Paraná’, [35] y el título de tierras dado á Romero de Pineda en 29 de agosto de 1689, en lo que hoy es la ciudad del Rosario dice: ‘désele lo que hubiere por vaco sobre el río Paraná, 27 leguas poco más o menos, viniendo de dicha ciudad de Santa Fe, que ha de correr á empezar desde el paraje que llaman Salinas, hasta topar con el que llaman la Matanza, que es su frente de uno a otro paraje y fondos, los que estuviese vaco.’ Antes de esto, en 25 de Febrero de 1678 se presentó al Cabildo, este mismo capitán Luis Romero de Pineda, pidiendo se le diera el derecho que tenía al ganado cimarrón en la otra banda del Carcarañal, por escrituras dadas por el gobernador de Buenos Aires, ganado que perteneció á Martín de Vera.

Este Martín de Vera [36] dice en el juicio iniciado para comprobar esta propiedad de ganado: ‘que hacía 10 años pobló en la Bajada de don Lorenzo, en el Carcarañal, donde tuvo 1100 yeguas y 21500 vacas, las que enagenó después de invernadas y gozado del terneraje de parición con 6400 que sacó, y lo que hace 13010 cabezas cuando salió á su viaje al Perú; que habrá más de 7 años, quedaron en su estancia todo el terneraje y vacas viejas que fueron de 2000 y mas á cargo de Juan Ferreira, mayordomo suyo desde la fundación de la estancia, y por falta de gente y poco cuidado dicho ganado, se retiró a las pampas de los Arroyos y arriba del Carcarañal; llegando ahora dos meses del Perú á su estancia, no halló una vaca que comer, pues todas se fueron á las cimarronas, y por temporales y tormentas estando en Santa Fe y Buenos Aires, se le fueron 8.500 de los 21500, y para recuperar lo perdido como han hecho otros, pide información de testigos sobre le ganado existente alzado, entre el primer arroyo (Ramallo) viniendo de Buenos Aires hasta el Carcarañal, así nombrado en esta jurisdicción, y río tercero en la de Córdoba, hasta las Serranías del distrito de la ciudad de Mendoza y Reino de Chile, pues es notorio alcanzan dichos ganados hasta ese paraje, y pide esto con la agrimensura de la cantidad de vacas que sacó de los vecinos de Santa Fé, para poblar su estancia.  Señálase luego, á los vecinos de quienes recibió hacienda, y se tramita la información  pedida por Vera, llamando á los que tengan derecho en los ganados alzados del Cacarañal.  El testigo Juan Ferreira, llama serranías de Córdoba, á las de Córdoba; el testigo Felipe Oroñó, dice, que las pampas corresponden á Buenos Aires, Mendoza y Córdoba.  A fojas 503 del expediente, se presenta Tomás de Gayoso diciendo: que su abuelo materno Martín Betancourt, casado con Isabel Arias Montiel, pobló en el Arroyo del Medio, sobre la costa del Paraná en medio camino del Puerto de Buenos Aries, estancia con 2.500 cabezas, que en 1651 lo despobló, por muerte de la gente a causa de la peste, quedando el ganado allí existente, vecino de el de la estancia despoblada, según testimonio de doña Isabel Arias Montiel, en 2 de febrero de 1659; que en el paraje de la Matanza, se divide la jurisdicción de Buenos Aires y Santa Fe, hasta el Carcarañal, que está á 1 legua de la estancia de Gayoso, en los Arroyos, hasta el Carcarañal; que á 2 leguas de la bajada de don Lorenzo, se halla el paraje del Espinillo de Mendieta, en donde el abuelo de Gayoso, Cristóbal Martín, dio permiso á Vera recogiese 3.000vacas, que antes de que Vera poblase, estaban poblados y llenos de ganado, los parajes Carcarañal, Matanza, Saladillo, Cañada de Salinas y otros, y pide jurisdicción.  El procurador Vera Mujica expresa que la Matanza, dividía la jurisdicción.  El hijo de Martín Vera, Padre de Vera, vende sus derechos al ganado a Luis de Pineda, como herederos en 15 de Marzo de 1677, en Buenos Aires y se le dá posesión de este ganado á Pineda, por el comisario Ventura Centurión, en el paraje Saladillo, bajada de Don Lorenzo y la Matanza, dándole amparo en dicha posesión el Gobernador de Buenos Aires.”

Destaca luego el historiador Cervera que “hasta 1658, desde el río Arrecifes al Saladillo, no existe ninguna chacra ni habitación dice Du Biscay, eran campos abandonados. [37] De aquí aparece, que el lugar de la Matanza hallábase en las cercanías del Arroyo del Medio, á una legua de la estancia de Gayoso, y servía de límite y jurisdicción con Buenos Aires  en 1678.

Sin embargo y á pesar de esto, como las actas de fundación de ciudades no daban la posesión de la jurisdicción delimitada, resultaban muchas veces que algunas llegaran a posesionarse de tierras  en una extensión grande más allá del límite demarcado.  Si los españoles tomaron las 50 leguas señaladas al Sud de Santa Fe, rumbo magnético que era lo usual, debían llegar así, hasta mas debajo de las Dos Hermanas, lugar ó pueblo que se dice fundó Hernandarias mas allá de San Nicolás; pero sus pretensiones fueron hasta Arrecifes, aun en contra del acta del Cabildo de 1588… Tan es así esto, y que tendría jurisdicción Santa Fe hasta este punto, que desde mediados del siglo 17 buscaba la delineación de la jurisdicción de Buenos Aires, habiendo enviado á la corte al capitán Antonio Romero Lechugo, como apoderado para ajustar y defender la jurisdicción de Santa Fe, ‘pues en la  posesión que tenía de 104 años á esta parte, es hasta ahora la boca del río de Arrecifes como consta de su fundación’; é insiste de nuevo el Cabildo en que esto se ajuste de una vez en 27 de Julio de 1677, dando poder para ello, el 28 de Agosto del mismo año, al general Diego de Vega y Frías, residente en Buenos Aires, y en 27 de Setiembre de 1678 dando poder al capitán Pedro de Vera y Aragón y Francisco de la Puente vecinos de Buenos Aires, para que traten esto y pidan al dicho Lechugo los papeles y demás recaudos dados por el Cabildo, para pedir medición y amojonamiento de estas jurisdicciones. [38]

Parece que nada se hizo, y en 20 de Setiembre de 1689 el procurador de Santa Fe se presenta pidiendo la resolución sobre los límites, con Buenos Aires. Estos repetidos pedidos del Cabildo tenían su razón de ser.  Con la mudanza de la ciudad, la población de Santa Fé extendióse hacia el Sud, así como á esta parte, acrecían el numero de estancias y aumentábanse los ganados de los vecinos.

Es después de esta mudanza, que se repartieron las tierras al Sud de Coronda hasta el Arroyo del Medio… Mientras tanto Buenos Aires, a cuya ciudad no se señalan límites en el acta de fundación, y á cuyos vecinos solo se les repartió encomiendas de indios sobre el río Paraná en corta extensión de terreno, no se ocupaba de las tierras existentes más delante de los ríos Luján, las Palmas é islas del Paraná hasta el Baradero ó San Pedro si se quiere, abandonando todo el resto de sus pampas hácia Santa Fe, al salvaje; de tal manera que el viajero Biscay halló en 1650 casi completamente desiertas las tierras desde Luján adelante. Pobladas luego, con ganados cimarrones de los alzados á las estancias de Santa Fe, los vecinos de Buenos Aires se introducían en estas tierras desiertas, al solo efecto del saqueo, llegando al extremo, de que los gobernadores se consideraran con derecho absoluto para prohibir á los vecinos de Santa Fe, el baquear no solo en esta parte, sino aún hasta en la otra pare del Paraná; mientras daban facilidad para ello, á los vecinos de la metrópoli, sus amigos y paniaguados.  No solo esto, comenzaron á dar tierras hasta en el Carcarañal y mas arriba, dentro de la jurisdicción de Santa Fé, sobreponiéndose á otros títulos dados por esta ciudad.  Ya hemos visto por la declaración de Gayoso y otros, que desde antes de 1650 hallábase poblado todo el territorio del Carcarañal al Arroyo del Medio y más al Sud todavía, en tierras que seguramente pertenecieron á los Fernández Montiel, de cuyo nombre se conserva todavía el frente Sud del Arroyo Seco, la laguna llamada de Montiel.

El negocio de exportación de carnes era el principal en esta época yá principios del siglo 17, el Cabildo de Buenos Aire acordaba diariamente, licencia para recoger y matar vacas llamadas cimarronas, y sobre las que pretendían derechos los vecinos de aquella ciudad, extendiéndose en su correrías, hasta las serranías de Córdoba, de que protestó varias veces esa ciudad.  Pero Santa Fe, que dependía del gobernador de Buenos Aires, poco podía oponerse á estas extralimitaciones en su territorio, y mucho menos, cuando los vecinos de Buenos Aires alegaban falsamente, que todas estas vacas cimarronas les pertenecían, por haber sus antepasados introducidos los primeros ganados al río de la Plata.

Para salvar pues todas estas dificultades, el Cabildo de Santa Fe insistía diariamente en el deslinde de esta jurisdicción, nombrando apoderados en Buenos Aires que seguramente nada hacían, influenciados por el medio y los procederes administrativos del gobierno superior.  Y si tenía Santa Fe la posesión de las tierras hasta Arrecifes, si se defendía allí de los ataques de los indios, si llevaba su ayuda hasta el Baradero á pedido de vecinos de esta, como veremos en el curso de esta obra, nada extraño es, que pretendiera como de su jurisdicción

Al principio de 1700, protestando del auto del gobernador Robles, prohibiendo recojidas de ganados, grasa y sebo, envióse á Buenos Aires al gobernador Manuel Pineda Maldonado copia del acta de fundación de ciudad de 15 de noviembre de 1573, pidiendo amparo en el derecho y posesión, que Santa Fe tiene y consta tener en sus campañas y pampas en el camino del puerto de Buenos Aires, que es de 25 leguas debajo de Sancti Spiritus.  Nómbrase mas tarde á Ignacio Torres y Gaette y Francisco de Vera Mujica procuradores de la ciudad, para que dividieran la jurisdicción, quienes en 1716 dicen: continúan con empeño en dicho trabajo; pero persistiendo los robos de ganados por vecinos de Buenos Aires, Corrientes y otras partes de esta jurisdicción, consignando grandes daños, el Cabildo en 7 de Agosto de 1719 escribe al comisionado Gaette ‘sobre las jurisdicciones de ganados y deslinde con Buenos Aires y Córdoba, señalando las reales cédulas que conceden matanzas de ganado para sebo y grasa sin intervención del gobernador de Buenos Aires y tenientes, representando, que por los bandos prohibitivos del gobierno de Buenos Aires, la ciudad hallábase sin recursos; que los tenientes de gobernador de Santa Fe sean de la ciudad, vecinos, pues se enviaban por los gobernadores de Buenos Aires, representantes extraños para que favorecieran los intereses particulares de los gobernadores; y los cabos (capitanes) sean de pericia y valor, e insistiendo en que debe defender los derechos de la ciudad, utilizando todos los datos, y disponiendo de dinero, hasta vender las casas capitulares señalando al mismo tiempo la triste situación en que se halla Santa Fe’.  Nuevamente en Abril de 1720, escribe el Cabildo á los apoderados de Buenos Aires, pidiéndoles ‘apuraran los arreglos sobre el mejor derecho á los ganados y límites con Buenos Aires, pues por la tolerancia de Santa Fé, pretende aquella, no solo lo que no ha poseído, sinó apoderarse del territorio de los Arroyos y Hermanas, contra la práctica y posesión de Santa Fé, pues en esos días un alcalde de hermandad de allí, vino á los Arroyos á efectuar siniestras comisiones, teniendo diferencias con otro alcalde de Santa Fé, sobre una intimación del Gobierno a vecinos habitantes de las Hermanas al norte’. La competencia entre estos dos alcaldes de hermandad, capitanes Luis González, y Esteban Gómez, en el paraje del arroyo último, yendo de Santa Fe á Buenos Aires, acudieron á resolverla ambos, al Gobernador.  Este por carta de 13 de Abril, dio autorización al alcalde de Santa Fé, para que entendiera en una causa de Bartolomé Ramallo, y en las demás que se ofreciesen desde las Hermanas á Santa Fé, por regularse desde dicho paraje su jurisdicción; y en otra carta, orden para que obre en la dicha causa, de cuyos papeles se dejaron las siguientes copias: ‘Buenos Aires, Abril, 13 de 1720.- El capitán Luis González, Alcalde de la santa hermandad de la ciudad e Santa Fé.  Sin embargo, de que en papel de hoy día de la fecha le escribí conociese de la causa de Bartolomé Ramallo, vecino del Arroyo que llaman el primero, yendo de esta ciudad por reputarse jurisdicción de aquella (ciudad), conozca de dicha causa por vía de jurisdicción que por ésta le doy para ello, y hechas toas las diligencias que convengan, en estado de sentencias las remitirá á este Gobierno para determinar, en atención, á que estando pendiente litigio sobre el deslinde de ambas jurisdicciones, no se orijine competencia ni inconvenientes sobre le progreso de la causa en tanto, de la definición de dicho deslinde – Zabala.’- ‘Señor mío: En vista del papel de V. M. escribo al alcalde de la hermandad Esteban Gómez de Bera (sic), que deje á V. M. correr en virtud de la orden que tiene, las estancias que están más allá de las Hermanas, por reputarse jurisdicción de Santa Fe, según se acostumbró hasta ahora, y así lo efectuará V. M. y hará las citaciones para que trajo orden, como también conozca del delito de Bartolomé Ramallo.-  Dios guarde á V. M. – Buenos Aires, abril 13-1720 – Zabala’.”

Estas cartas demuestran, que estaba reconocida la jurisdicción de Santa Fé, por la posesión y actos administrativos hasta las Hermanas y primer arroyo viniendo desde Buenos Aires.

En la misma acta del Cabildo del 22 de Abril de 1720, aparece Tomás de Hereñú que fue alcalde 2º en 1700, y enviado á Buenos Aires á saludar al gobernador Prado y alegar el deslinde de jurisdicción, y dijo: ‘que al llegar á Buenos Aires halló al capitán Fernando Rivera, difunto, por ser conocedor é inteligente, para que le hiciera un borrador, y el dicho Rivera le mostró unos autos, diciéndole no tenía necesidad de poner demanda sobre el deslinde de jurisdicción respecto de que en dichos autos constaba sentencia definitiva, dada por el gobernador Andrés Robles, y que de ella consta amparar á esta ciudad, hasta el arroyo de las Hermanas que su pronunciación fue el año de 1674, de cuya sentencia pidió testimonio y entregó á Francisco de Vera alcalde 1º de dicho año de 1700, y que este apeló de dicha sentencia, á la R. Audiencia de este Distrito, por pertenecerle hasta el rincón de San Pedro, como constaba de los autos, de todo lo que se remitió copia á los apoderados de Santa Fe para lo que se remitió copia á los apoderados de Santa Fe para el deslinde’.  Según esto, existía en la R. Audiencia de la Plata, expediente en el que consta: reconocimiento de jurisdicción de Santa Fe, lo menos hasta el arroyo de las Hermanas, pretendiendo que esta jurisdicción llegaba hasta el rincón de San Pedro.

Los apoderados en Buenos Aires, Francisco de Vera Mujica y Simón Tagle Bracho, al recibir copia de todo lo anterior, contestan al Cabildo, hablando de gastos, de la envidia de vecinos que han provocado la carta del Cabildo, y que no son negligentes, ante tantas oposiciones como se les presentan, y acompañan un borrador de petición al gobernador.  Se les contesta, que han recibido el borrador, y que es el único paso que han dado en defensa de los derechos de la ciudad, y se les pide mas cuidado y afan.  Puede preveerse, cuantas dificultades, exigencias y cuidados tendrían los procuradores, así como halagos y ofrecimientos, en vista de lo anteriormente expresado.  En Julio, consultan al Cabildo sobre si aceptarían una proposición de Buenos Aires sobre límites, lo que demuestra la oca integridad como procedían, y el Cabildo el 13 de Julio contesta ‘que sobre transacción de deslinde desde las Hermanas para acá, sea de esta jurisdicción.’  En Octubre, nueva carta de los apoderados, que desearían á ella acompañase la definitiva resolución de límites, y se encuentran que está declarada la jurisdicción que toa á Santa Fe, por Juan Torres de Vera siendo gobernador de estas provincias (acta de 1588 citada); y está mandada observar dicha declaración, por el gobernador José de Garro, de la orden de Santiago siendo gobernador; y como esta declaración es tan contraria á las pretenciones del Cabildo y se hallan en posesión hasta las hermanas, resolvieron los procuradores quedarse omisos en este punto, hasta que el Cabildo reconociere en sus libros el acuerdo en que se hizo esta declaratoria, y porque con mas medios y mejor tiempo resuelva el Cabildo lo que mas convenga á sus hijos y vecinos, quedó este punto sin resolver’.  En 6 de Julio de 1721 Vera Mujica comunica: ‘que para el deslinde de la jurisdicción se señaló por mojón y lindero el arroyo del medio de los tres arroyos que llaman de Gayoso; y en otra carta posterior del mismo, dice: ‘que en 28 de Enero de 1721, se transó el pleito de deslinde, quedando por mojón el arroyo del medio de los tres que llaman Gayoso que hoy son del sargento mayor Francisco de Ugarte, pues teniendo la ciudad de Buenos Aires dos declaraciones á su favor, del gobernador Torres de Vera, hecha á pedimento de este Cabildo, y otra de José de Garo en que por auto se mandó se estuviese á lo hecho por Vera, quien señala el bajo de la Matanza, Arroyo Seco, por lindero de la ciudad de Santa Fe, con que habiendo hecho por ponerlo en el paraje anunciado, no es poca ventaja.’

La falta de celo de los comisionados de Santa Fé, el modo como se ha apreciado el acta de 1588, en la que Vera, por sí, reformó los límites; las declaraciones del comisionado Vera Mujica, que señala un límite, y luego acepta otro en la transacción, el envío de estas noticias al Cabildo en cartas tardías y solo firmadas por Vera Mujica, nos hacen creer que en todo esto, hubo ciertas influencias y procederes poco honrosos, para el único comisionado que carga con estas responsabilidades, en contra de las órdenes expresas del Cabildo, de los comprobantes de posesión que aparecen existentes á favor de Santa Fe, hasta las Hermanas á lo menos, y hasta el rincón de San Pedro, como pretendía el mismo Vera Mujica en 1700.  El 16 de Octubre de 1721, acepta al fin, el Cabildo este acuerdo sobre límites, después de un pleito largo, costoso, y en momentos que tenía puesta toda su atención en defensa los ataques de indios, continuados y terribles, habiendo llegado á encontrarse en el último extremo, pronta á desaparecer, por el desamparo, miseria, guerra continua y hasta poca atención de parte del Gobernador de Buenos Aires. Pero sea de ello lo que, resulta que á Santa Fe, se le cercenó su jurisdicción al Sud, en gran extensión.  Ya hemos dicho, que el acta de fundación de Buenos Aires no le señala límites á esta ciudad, como puede verse en las obras de Quesada, Madero, Trelles, Angelis, etc. [39] hácia Santa Fe; mientras que á esta ciudad, le dio Garay en el acta de fundación límites propios, que luego fueron reformados de palabra y más tarde corregidos por Torres de Vera.  Más todavía, el procurador de Buenos Aires Matías Solano, en el pleito de jurisdicción con Santa Fé, decía en 1716: ‘que no poseía (Buenos Aires) título alguno de fundación y que se contentaba del terreno restante, una vez integrado el de al escritura de Santa Fe.’  Y el mismo presenta testigos á los que deben peguntarse si la jurisdicción para corambres y recojidas de ganado de los vecinos de Buenos Aires, ha llegado hasta Pasopampa o Melincué. [40]

Pero queriendo estremar estos hechos nos preguntamos ¿tuvo algún interés Vera Mujica en que se señalara el Arroyo del Medio como límite de esas jurisdicciones? Solo aparece que en el momento de la tramitación algún interés tendría, pues no solo comunicó el hecho muchos meses despues de efectuado, sinó que en 18 de Octubre de 1720 vendía con su hermano Francisco de Vera, á Francisco de Miguel de Ugarte, las tierras comprendidas en el paraje de los tres arroyos con límites, norte una legua antes de llegar al primer arroyo yendo de Santa Fe á Buenos Aires, y al Sud el tercer arroyo ó de las Hermanas, tierras habidas por el padre de los vendedores Antonio de Vera y Mujica, de capitán Torres Gayoso, como coheredero este, de Alonso Fernández  Montiel, como más largamente se expresa en la merced que se entrega al comprador, se dice.  Estas tierras fueron dadas de merced al padre de Alonso Fernández Montiel, vecino de Santa Fe y con jurisdicción de esta ciudad, correspondiendo á Gayoso, por la abuela Isabel Arias Montiel casada con Martín de Betancourt quien abandonó en 1651 la estancia que allí tenía, y su límite Sud era el tercer arroyo ó de las Hermanas, hasta donde llegaba la jurisdicción de Santa Fe.  Pero hubo más, aún después de esta delimitación, Santa Fe volvió á ejercer jurisdicción más allá del Arroyo del Medio, y cómo nó, si Buenos Aires no atendió hasta muchos años después, fundadas San Nicolás y Areco, estas tierras.  Según una publicación hecha en 31 de Marzo de 1792, el fortín de nuestra señora de las Mercedes y el fuerte de nuestra señora del Rosario de Melincué, formaban parte de la provincia de Buenos Aires, en cuya primera intendencia, se comprendía el correjimiento de Santa Fé. Pero esto no quiere decir, que los dos fuertes pertenecían á la jurisdicción de Buenos Aires provincia separada de Santa Fé en su jurisdicción local y Azara lo demuestra, cuando en 1796 dice: que el fortín Mercedes se llamaba también Cabeza de Tigre, y en el paraje denominado India Muerta, hallabase anteriormente á 1779 el fortín Melincué, que se trasladó ese año, al punto entonces (1796) ocupado, á dos leguas del fuerte de las Tunas, que hallábase en jurisdicción de Córdoba.  Las tierras de Melincué y Mercedes no pertenecían á la jurisdicción de Buenos Aires sino a la de Santa Fé, que efectuaba actos de posesión.  Sin embargo, en pleito posterior, Buenos Aires  y Córdoba pretendieron que Melincué, era solo el límite extremo de Santa Fé con las primeras provincias, aunque se hallase al norte del arroyo del Medio, arroyo reconocido como divisorio de Buenos Aires en 1721.

Hasta 1780, Córdoba no tenía defendida su frontera al sud, con fuertes de las Tunas y Saladillo entonces construidos; por allí defendiose sólo Santa Fé de las invasiones de indios que invadían las estancias del Departamento del Rosario, hallándose los fuertes distantes entre si 20 leguas, defensa que era difícil, por lo que de 1786 adelante, creáronse tres fortines para unirlos entre sí, San Fernando en Sampacho para acortar la distancia  del fuerte de Santa Catalina y jurisdicción de San Luis; el de San Carlos entre el Sauce y San Fernando, y el de San Rafael en Laboy que acortase la distancia de las Tunas al Sauce; el de Loreto en el Sapallar para acortar la que hay de las Tunas a Melincué, 30 leguas, en la frontera de Buenos Aires. [41]

Según Tuella,[42] el departamento del Rosario, á principios del siglo 19, tenía jurisdicción de 20 leguas en cuadro, Norte el río Paraná, Sudeste Arroyo del Medio ó jurisdicción de San Nicolás, Sudoeste las pampas y en ese rumbo era indefinida la jurisdicción: en él se hallaban el fuerte de Melincué, y al Noroeste el Carcarañal; y según informe del coronel Pedro Andrés García en 1829, el fuerte de Mercedes avanzando al Sud formaba la línea limítrofe con Santa Fé, y en el tratado del 28 de octubre de 1829, se reconoció á dicho fortín, como límite divisorio con Buenos Aires, obligándose a Santa Fé a poner 300 hombres armados en él por 3 años, á lo menos.  Santa Fé, defendía así, las jurisdicciones abandonadas de otras provincias cuyos límites recién se establecen posteriormente, desconociendo la posesión y los trabajos que contra el salvaje, hubo de efectuar Santa Fé anteriormente y que tuvo en estas tierras.

Límites de Santa Fe al Oeste…

Los límites de Santa Fé al Oeste de Córdoba, [43] llegaban según el acta de 1588, hasta el pozo redondo.  El doctor Cortés, dice que Santa Fe se independizó de los límites de Córdoba, limitando su jurisdicción por medio de la posesión, pues como se sabe, pretendía Córdoba al Este los límites señalados por Cabrera hasta el Paraná, en el puerto de San Luis de Córdoba, cerca de la actual Coronda y hasta la confluencia del Río Salado y el Paraná, en el actual pueblo de Santo Tomé, llegando hasta pretender, que el mismo pueblo de Santa Fé, fundado por Garay, hallábase dentro de su jurisdicción; y si la hubieran apurado mucho, llevaría sus límites al Este, hasta el centro del Chaco, tales eran las aspiraciones insaciables de los conquistadores.  Ya hemos visto, los despachos traídos por Ortiz de Zárate, delimitando su gobierno, despachos que reducían las pretensiones de los conquistadores de Córdoba, de manera que Santa Fé, no se independizó de la jurisdicción de Córdoba, sinó que ocupó limite dados por su fundador, dentro de la jurisdicción señalada por R.C. al gobernador del Río de la Plata. En los primeros momentos, perdidos los conquistadores en tan vasto territorio, no podían delimitar debidamente las jurisdicciones de cada provincia, aspirando cada uno á usurpar territorio, extendiendo los límites á largas distancias, que no podían  nunca ocupar inmediatamente, debido á la escasez de conquistadores, guerra con indios y otras dificultades.  Las actas posesorias y jurisdicción más tarde dieron validez á las pretensiones de cada pueblo, validez que la fuerza destruyó luego.”  [44]

Siglos XVII y XVIII: límites de Santa Fe hacia el Este con Corrientes…

Es oportuno tener en cuenta lo expresado en el siglo XVII por el “capitán Blas de Aredis vecino feudatario y procurador de Corrientes” quien insiste en que “su ciudad fue fundada por J. de Torres de Vera y Aragón, en 1588, y dióle límites hácia Santa Fé, en los anegadizos grandes, que cae debajo de la fundación de Santa Lucía, como consta en el libro fundador y pide se vea esto”.  Revisada el acta del 3 de abril de 1588, “dá por límites el río arriba, hasta el Tape, Uruguay, Viassa, San Francisco, y mar del norte; que se fundó sin contradicción alguna; y río abajo, hasta la boca de los anegadizos grandes en que se estuvo en posesión y se está hasta hoy, y consta por un testimonio que está asimismo en dicho libro, testimonio dado en la ciudad de Santa Fé por Gabriel Sánchez, escribano público de Cabildo, los años pasados de 1591, por el cual certifica, haberse ajustado los límites de dicha ciudad de Santa Fé, por el versículo que hizo el Adelantado J. Torres de Vera, que ajustó en dicho Cabildo y en él consta, que la jurisdicción que le pertenece á Santa Fe, por la parte del río arriba es, hasta la boca de los anegadizos grandes, y de ahí al norte a Corrientes, y desde que se fundó ha habido contradicciones de personas que fundan su derecho ó su interés, y no habiéndose alindado ó demarcado dichas jurisdicciones, se ordena efectuar esto nombrando personas competentes y se avise á Santa Fé”.    [45]

Sabido es que “los vecinos de Corrientes repetidas veces, llegaron hasta el río Feliciano en sus vaquerías, ayudados  por los indios charrúas y otros.

Por varias veces el Cabildo de Santa Fe que pretendía, jurisdicción hasta el río Corrientes, habíase quejado de estos avances, y en 4 de junio de 1672, dióse real provisión sobre la acción de Santa Fé á los ganados de la otra banda del Paraná, donde se reconocía á Santa Fe jurisdicción hasta el río Corrientes, que hallábase á 40 leguas de Punta Gorda.  El

En julio de 1673 insistía el Cabildo de Corrientes en la necesidad del nombramiento de representantes para resolver sobre los límites y como consecuencia de la “guerra con los indios, no pudo efectuarse esto hasta enero del año siguiente”.

Dos meses después, el 16 de Setiembre de 1673, el procurador y alférez real de Corrientes, Bartolomé Vargas Machuca pidió el amojonamiento y deslinde de estas jurisdicciones. En ese tiempo, “Francisco Resquín quéjabase al Cabildo de este descuido, ‘y que el fundador señaló á Santa Fe límites, Paraná arriba camino del Paraguay, hasta el fin de los anegadizos chicos, que viene á ser entre el río que llaman de Ambrosio y río de San Lorenzo, que está distante 12 á 14 leguas antes de llegar á la ciudad de Corrientes que se fundó según noticias 30 años después de estar poblada Santa Fé, la que ha estado 101 años en quieta y pacífica posesión del territorio dicho en esta jurisdicción sin que en ello haya habido contradicción ni impedimento alguno.  Y así es que, á fines de 1673, envióse de Corrientes personas con poder para deslindar jurisdicción, y de aquí se comisionó un alcalde ordinario, no pudiendo efectuar arreglo por cese de las autoridades; el comisionado de Corrientes quejóse al Superior Gobierno y por sí, enagenó tierras entrando 17 leguas en jurisdicción de Santa Fé, y no solo esto, sinó que añadiendo delito á delito y contraviniendo disposiciones reales para guardar la buena consecuencia, paz y unión de las Ciudades, ha enviado comisarios que embarguen y quiten los ganados de los vecinos de Santa Fé, señalando la queja de Gomez Recio al que se le tomó tropas en el rio de los Bateles, 10 leguas más acá de dichos mojones, por lo que se pide remedio”.

Destaca el historiador Cervera que “en 1674, se hace saber á Juan Arias de Saavedra, maestro de campo y capitán general y justicia mayor de Corrientes, como de parte de Santa Fé, se presentó una petición y á la que se acompaña copia del acta de fundación de Santa Fe, y una carta privada de Cristóbal González Recio, en que se queja habérsele embargado tropas á pedimento de un tercero, y pide al Cabildo de Santa Fé haga respetar la jurisdicción de su tierra, pues con su omisión, ha dado mano á que vecinos del Paraguay, despojen de sus haciendas y en sus mismas casas y en su jurisdicción, á vecinos de Santa Fé.

El 7 de noviembre de 1974,  el Cabildo nombró procuradores en Buenos Aires para que se presentaran ante el Gobernador Robles: el capitán Fernando Rivera Mondragón y el Ayudante Mateo de Herendaño quienes piden la devolución de lo que han despojado y el señalamiento de límites, trámite que el 20 de noviembre se traslada por el término de cuarenta días.  Así fue como el 14 de enero de 1675 fueron notificados el teniente de gobernador de Corrientes Juan Arias de Saavedra y los capitanes Martín de San Benito y Gabriel de Toledo, vecinos y alcaldes ordinarios. Al intervenir el 20 de enero el Procurador teniente Esteban de Arriola, “niega los límites” e insiste en que “del camino del Paraguay hasta el Cabo de los Anegadizos chicos, es la otra banda, y cuando dice, hacia Buenos Aires, es de esta banda, y tan es así, que Corrientes fundó dentro de su jurisdicción la reducción de Santa Lucía de los Altos, hace 50 años sobre el dicho río de Santa Lucía, por caer dentro de su jurisdicción, y los encomendados indios que allí son visitados por las autoridades de Corrientes; que es falso que los comisionados se hayan engañado, que Gomez Recio hace 9 años con forajidos varios, ha hecho en la jurisdicción de Corrientes grandes daños en los ganados comarcanos en perjuicio de vecinos, y se queja por embargo hecho por la justicia á pedido de Manuel Cabral de Alpoin al que quitó ganados; que Corrientes posee desde su fundación desde la boca de los Anegadizos, hasta la ciudad que son 32 leguas, por autos de Torres de Vera, gobernador del Paraguay, quien señaló esos remate y límite por anegadizos grandes y esto fue á pedido de Santa Fe, lo que aparece de un escrito del procurador de esta ciudad.”

(Es conmovedor leer los calificativos “forajido” o “salvajes” aludiendo a quienes se defendían como podían del continuo avance de los españoles sobre sus tierras.)

Sabido es que “pidió luego el Cabildo de Corrientes, seis meses de término para presentarse, debido á su pobreza, y el ayudante Juan Méndez de Carabajal, apoderado de Santa Fé, el amojonamiento de los límites; así lo resuelve el gobernador Robles, y que las ciudades presenten sus títulos y representantes, debiendo el 9 de Junio procederse á delimitar, reuniéndose en el pueblo de Santa Lucía”.

Destaca luego el historiador Cervera que tales límites habían sido establecidos “por autos de Torres de Vera gobernador del Paraguay, quien señaló esos remates y límite por anegadizos grandes y esto fue a pedido de Santa Fe lo que aparece de un escrito del procurador de esta ciudad, Antonio Montiel, habiéndose colocado una cruz como deslinde de los anegadizos grandes á 2 leguas de Santa Lucía, yendo desde Corrientes, y otros mojones; suplica del término de 40 días dado, sin que corra perjuicio, pues las autoridades de Corrientes se hallan ocupadas en trabajo en la iglesia mayor y acarreo maderas, y que dos años antes, habíase resuelto entre ambas ciudades arreglar amistosamente estos límites, sin gastos ni intervención del gobernador.  Pidió luego el Cabildo de Corrientes, seis meses de término para presentarse, debido á su pobreza, y el ayudante Juan Méndez de Carabajal, apoderado de Santa Fé, el amojonamiento de los límites; así lo resuelve el gobernador Robles, y que las ciudades presenten sus títulos y representantes, debiendo el 9 de junio procederse á delimitar, reuniéndose en el pueblo de Santa Lucía”.    Pág. 152

Meses después, el 26 Abril de 1675 nombró Santa Fe “representantes para señalar límites al capitán Juan Gomez Recio, sargento mayor Bartolomé Caro y vecinos Juan de Avila de Salazar, Pedro de Mitre y Juan González Setúbal” con instrucciones de tener en cuenta el acta de fundación.  Como estaba acordado, los representantes de ambas ciudades se reunieron el 9 de junio de 1675 en Santa Lucía y aunque establecieron mojones y describieron caminos y leguas, “continuaron los excesos en los vaqueos, por los vecinos de Corrientes dentro de la jurisdicción de Santa Fé hasta el extremo, de tomarse en armas dichas ciudades en 1732; y prohíbese por el gobernador de Buenos Aires la comunicación entre santafesinos y correntinos.”

 

Es historiador Cervera advirtió que “en 1784 inició Corrientes, de nuevo, pleito sobre límites, que continuó hasta después de 1813, mientras Santa Fé insistía se reconocieran los límites ya demarcados en 1675, y repetía en 1794 que estos límites llegaban hasta más allá del río Corrientes, y en Febrero de 1795, señalaba por límite el arroyo de los Batales.

La decisión posterior de los directores de Buenos Aires, al separar al Entreríos de la jurisdicción de Santa Fe… dio limites á Corrientes, hasta el Guayquiraró que la separa del Entre Ríos.  Santa Fé, pues, seguía siempre perdiendo lo poseído y defendido contra indios, en larga lucha de años y lo poblado por sus vecinos.  En los pleitos de tierras se amplían estos datos y allí vemos el pleito de Hernandarias con Osuna sobre ganados, que el primero dice: que el algodonal era la boca del río Corrientes, á 20 y tantas leguas de su estancia, y los anegadizos grandes, hallábanse á distancia de 15 leguas de la misma estancia.  La jurisdicción, pues de Santa Fé, llegó hasta el río Corrientes.” [46]

Siglos XVII y XVIII: más sobre límites de Santa Fe hacia el Oeste…

En la discusión de límites con la provincia de Córdoba, “el doctor Cáceres, [47] asegura, que no se conoce la situación de Pozo redondo, que no se trató nunca de esclarecer la situación de este punto, y que las declaraciones de los vecinos de Santa Fe, en el pleito de 1714 entre Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, no deben tomarse en cuenta por las anteriores razones, y porque se tomaron dichas declaraciones, fuera de tiempo.  Vemos si los vecinos de Santa Fe tenían razón.

El Pozo redondo, señalado como límite entre Santa Fe y Córdoba, ha sido reconocido como tal en lo antiguo, aunque de ello nada aparece en las actas del Cabildo de Córdoba. En acta de 3 de junio de 1617 del Cabildo de Santa Fe, dícese, ‘que siendo difícil el camino á Córdoba y Tucumán para el transporte de ganados y carretas, se resuelve que cuando haya oportunidad se despache una persona con indios suficientes, para limpiar los jaguales hasta el Pozo redondo, que es donde se parte la jurisdicción de esta ciudad con la de Córdoba., y que esta última ciudad al tiempo mismo haga lo propio’; y en acta del 18 de Enero de 1618, tratan de arreglar los pozos del camino á Córdoba que por los calores, se deja para otra oportunidad.  Con motivo de haber el Cabildo hecho á favor de Juan de Cevallos, una merced de tierras en las Saladas de lo que hubo oposición, en Abril de 1723 pidió el Cabildo al sargento mayor Tomás de Hereñú, exhibiera el instrumento de merced que tiene recibido del alférez real Juan Ortiz de Zárate, al cual vista respecto de los linderos que señala; ‘desde el Pozo redondo hasta las Palmas á la parte del Este, y respecto de no comprenderse en dichos linderos las tierras de las Saladas dadas de merced á Cevallos, devuélvese’ etc.”

Pero donde se halla el pozo redondo? El Padre Parras en 1750, [48] lo coloca á 6 leguas del monte del Quebracho.  Salió dice de Santa Fé hacia Córdoba, pasó por las Saladas á 8 leguas de Santa Fe, de allí á las Encadenadas donde había 7 pozos cabados, de allí á un monte, á 7 leguas de aquí á Pozo Redondo, que dista del monte del Quebracho 6 leguas, donde la tierra es más húmeda; de aquí al presidio del Tío hay 20 leguas, todo es paraje de indios, del Tío a Córdoba.  El pozo redondo pues, se halla perfectamente ubicado, 6 leguas más allá del monte del Quebracho en el camino de Córdoba, á 20 leguas al Ese del Tío y hallándose el Tío á 10 leguas de Córdoba, suman las 30 leguas que Córdoba tenía de jurisdicción hacia Santa fe, como lo asegura el padre Lozano, [49] persona imparcial.

Destaca el historiador Manuel M. Cervera que “el Pozo Redondo al Este” -lugar de  Fraile Muerto- , “era el límite de Santa Fe y Córdoba; que la primera ciudad llevó más allá jurisdicción en diversa forma pues eran los campos como dice el P. Parras, de indios; y hallábanse abiertos, según declara Martín de Vera en el pleito iniciado por éste en 1678, al este de Santa Fe los campos, hasta las serranías de Mendoza y Chile. Se presentó de parte de Córdoba los títulos de merced de tierra dados, por Antonio de Vera y Mujica Gobernador del Tucumán en 1681, á favor de Gerónimo Luis de Cabrera, hasta Melincué y de aquí al norte 10 leguas y sud hasta la sierra por posesión adquirida de abuelos y padres.  En primer lugar, estos títulos de tierra, se daban sin tener en cuenta si se sobreponían á otros ó no, y el lugar de Melincué allí señalado no es el actual, pues como dice Vera, antes de 1779 se hallaba en el lugar de India Muerte.  La merced de Arrascaeta dada por Córdoba en 1757 de esas tierras señala á Melincué como límite oriental, y sabemos que Córdoba en otros títulos de tierra dados ha invadido la jurisdicción de Santa Fé, mucho más al Este de Cruz Alta y Cañada de San Antonio.

En los comienzos de nuestra independencia, Santa Fe tenía que atender las invasiones de los indios, y los ataques de Buenos Aires por lo que abandonó el cuidado de la frontera de Córdoba, de ahí que se fundase por esta, el fuerte de Quebracho Herrado, Garabato y otros, no teniendo poblado el territorio Santa Fe por el Sud como dice Iriondo [50] sinó hasta el arroyo del Medio, y Melincué por el Oeste hasta la Esquina á 30 leguas del Rosario. Los mismos títulos del Rincón de Piñero de 1798, presentados por parte interesada, en la parte de ese terreno de jurisdicción de Córdoba y parte en la de Santa Fé, y abarcaba sobre del río Tercero, dos leguas al Norte y dos al Sud y 5½ Este á Oeste desde los Papagayos río abajo al paso de los Arroyitos, donde toma el nombre del Carcarañal, quedando dentro de dichos terrenos los lugares Papagayo, Cabeza del Tigre, Cruz Alta, rincón de Piñero, Arroyo Tortugas y Laguna y la Cañada de las Mojarras.”  [51]

Invadidas las jurisdicciones, “Córdoba ocupó el fortín Morteros y el de Tacurales, Santa Fe pretendía al Oeste de los pueblos de Villa María y Villa Nueva, dejando  los de Santa Rosa y del Rosario un poco al Poniente y fortín de los Morteros al oriente; llegando a alcanzar la vida del Salado, arriba del Fortín Tostado.  Todos estos y otras pretensiones de ambas Provincias… perdió Santa Fe, parte de territorio en el que tuvo jurisdicción y posesión.”

Siglo XIX: límites interprovinciales.

Sancionada la Constitución Nacional en la ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz, el 1º de mayo de 1853 cuando la provincia de Buenos Aires estaba separada del resto de las que integraban la Confederación de Provincias Unidas del Río de la Plata, después de varios acuerdos fue aprobada por esa provincia y comenzó una etapa de reorganización interprovincial.

1862-1863: el gobierno nacional pide informe sobre límites provinciales.

Mediante la ley del 17 de octubre de 1862, en el artículo 3º se estableció:

“…el Poder Ejecutivo de la Nación pediría a los gobiernos provinciales los conocimientos necesarios sobre los límites de sus respectivas provincias.”

En consecuencia, al año siguiente el gobierno de la provincia de Santa Fe designó a los integrantes de una Comisión Especial: Don Domingo Crespo -encargado de estudiar los límites originarios-, Dr. Aureliano Argento, Don Urbano de Iriondo, Dr. Pedro Rueda y D. Pedro Ferré.  Terminados estos estudios, todos firmaron el dictamen.

José Carmelo Busaniche escribió en 1954, que “se encontraba inédito en el Archivo Histórico de la Provincia”. Destacó que el informe de Iriondo fue publicado por la “Revista de Buenos Aires” y que ambos informes fueron enviados por el Gobierno al Ministerio del Interior.

1864: Informe del Dto. Topográfico…

Informe del agrimensor Cayetano Livi sobre los límites con Santiago del Estero.

El historiador Dr. José Carmelo Busaniche elaboró algunas conclusiones acerca de La tradición de Cayastá como asiento de Santa Fe la Vieja, tras la polémica en torno a la ubicación de la primitiva ciudad de Santa Fe.  Fue incluido en la “Publicación Nº 1” del Instituto de Investigaciones y Arqueología dependiente Rectorado de la Universidad Nacional del Litoral, editado en 1954 Santa Fe de la Vera Cruz, República Argentina.

En ese tiempo, ejercía la Presidencia de la Nación el General de Ejército Juan Domingo Perón; era Ministro de Educación de la Nación el Dr. Armando Méndez San Martín y Rector de la Universidad Nacional del Litoral Raúl Norberto Rapela.  [52]

1864: informe sobre límites con Santiago del Estero

Aquí, la reiteración de algunos párrafos:

En un informe del Director del Departamento Topográfico, agrimensor Cayetano Livi, en el año 1864, sobre los límites con Santiago del Estero, puede leerse:

“La Provincia de Santa Fe posee una carta de fundación, la cual con “referencia a límites es su título de propiedad; en ella quedan todos sus “límites claramente determinados: A quince de noviembre de 1573, el “capitán y justicia mayor de la conquista y población del Paraná y Río “de la Plata, Don Juan de Garay, en nombre de la Real Majestad del “Rey Don Felipe, fundó y asentó esta ciudad de Santa Fe en la “Provincia de Calchines y Mocoretaes (en el paraje que hoy llaman “Cayastá, sobre la orilla del río San Javier, como catorce leguas al “norte de la actual ciudad de Santa Fe) y le nombró y asignó “jurisdicción en los términos siguientes…”

1882: fallo sobre límites con Córdoba.

En análogos términos ha de haberse expedido Don Diego de Alvear, representante de Santa Fe en la cuestión de límites con Córdoba, sometida a arbitraje de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, ya que en el fallo dado por ésta el 18 de marzo de 1882, se consigna:

“La fundación de Santa Fe tuvo lugar en el mismo año (de la de “Córdoba) de 1573 el día 15 de noviembre en el paraje denominado “Cayastá  de que fue posteriormente trasladada al sitio en que hoy se ‘encuentra’.”

1886: límites por ley del Congreso Nacional.

Tras el fallo en torno a los límites de las provincias de Córdoba y de Santa Fe firmado el 18 de marzo de 1882 y el convenio sobre límites suscrito en septiembre de 1886 con el gobierno de la provincia de Santiago del Estero, el Congreso Nacional sancionó en noviembre de ese año, una ley determinando definitivamente que el territorio santafesino se extendía “al Norte hasta el paralelo 28º que la divide del Chaco; al Sud el Arroyo del Medio y una línea recta que parte de la laguna Chañar a la que divide por medio hasta encontrar el paralelo 34º 23’, y de aquí otra línea hasta el límite oeste, quedando así dividida de la provincia de Buenos Aires; de este punto oeste sube otra línea noreste hasta el arroyo de las Mojarras, de donde costeando el arroyo de las Tortugas y la cañada de San Antonio, va hacia el noroeste, pasando por la laguna de los Porongos hasta el paralelo 28º, lindando por este lado con las provincias de Santiago del Estero y Córdoba; al Este linda con el Río Pana que la separa de las provincias de Entre Ríos y Corrientes”, evidentemente no coincidentes con lo establecido en el acta de fundación, el domingo 15 de noviembre de 1573.

1900: nuevo acuerdo limítrofe con la provincia de Córdoba.

Ha destacado el historiador Cervera en su libro terminado el 20 de septiembre de 1903: “…con  Córdoba últimamente: desde el fortín Morteros al norte y por un convenio entre el gobernador Iturraspe de Santa Fe y el de Córdoba, doctor del Campillo debidamente asesorados, en 1900, convínose por límites entre ambas provincias de la base esquinera sud este de la colonia Morteros tirar una recta hacia el Norte hasta los 5000 metros, y de este punto rumbo al Oeste, otra línea, hasta dar con el punto esquinero Sudoeste de la Colonia Dos Rosas, y de aquí hacia el Norte, hasta cortar el esquinero Nord oeste de la misma colonia Dos Rosas, de donde regresando al Oeste, ir a tocar la línea divisoria del agrimensor Aguirre”.  [53]

División departamental

Hasta el año 1883, la provincia de Santa Fe estaba dividida en cuatro extensos departamentos: La Capital, Rosario, San Jerónimo y San José, razón por la cual al crearse  escudo de Santa Fe ubicaron equidistantes las cuatro estrellas que representan tales jurisdicciones.

Aquel año, el gobernador Dr. Manuel M. Zavalla y el vicegobernador Dr. Cándido Pujato impulsaron y lograron la sanción de la ley del 26 de octubre de 1883 que subdividió en dos los departamentos La Capital -crearon Las Colonias- y San Jerónimo -crearon San Jerónimo e Iriondo; el departamento San José cedió tierras para la creación del departamento San Javier.  El departamento Rosario dividido en tres, redujo su jurisdicción y los dos nuevos fueron nombrados San Lorenzo y General López.

El Departamento La Capital hasta ese momento abarcaba su actual territorio más el repartido para la creación de los departamentos Las Colonias, extendiéndose hasta los actuales departamentos Castellanos, San Cristóbal, San Justo y gran parte de los departamentos Vera y Nueve de Julio.

 

Una ley del 31 de diciembre de 1890 estableció una nueva subdivisión del departamento La Capital creándose los departamentos de San Justo y Vera (cuyos límites se modificaron en octubre de 1907 al crearse el departamento Nueve de Julio)..

Se fijó el trazado definitivo de La Capital: al norte el departamento San Justo, al noreste el arroyo Leyes y el río Colastiné separan del departamento Garay; al sur el departamento San Jerónimo y los arroyos Correntoso, Ancho y Laurel hasta la desembocadura en el río Paraná; al este el Río Paraná y al oeste el río Salado y parte del departamento Las Colonias siguiendo en el sudoeste el recorrido de las vías ferroviarias de la entonces línea “General Mitre”.

En diciembre de 1890 subdividieron el departamento Las Colonias, crearon los departamentos San Cristóbal y Castellanos; dividido el departamento Iriondo se originó el departamento Belgrano; subdividido el departamento San Lorenzo fue creado el departamento Caseros; el departamento General López cedió tierras al establecerse el departamento Constitución.

El departamento San Javier fue subdividido para la creación del Departamento Reconquista (nombre modificado mediante la ley Nº 1.358/1907 nombrándolo General Obligado, en memoria del general que desalojó a las poblaciones indígenas de ese vasto territorio y concretó “la conquista del Chaco austral”).

 

Al comenzar la última década del siglo XIX, el territorio provincial estaba dividido en dieciocho departamentos y la red ferroviaria facilitaba las comunicaciones aunque había zonas donde los caminos de tierra eran casi intransitables tras las lluvias.

Mediante ley del 30 de octubre de 1907, se creó el Departamento Nueve de Julio abarcando parte del departamento Vera y los límites establecidos son: al norte la provincia del Chaco; al sur el departamento San Cristóbal separado en el ángulo sudeste por el río Salado; al este el departamento Vera y al oeste la provincia de Santiago del Estero.  Es oportuno tener en cuenta que mediante la ley Nº 8718 del 22 de diciembre de 1980, modificaron el sector nordeste del departamento Vera,  incrementando su superficie ya que ese límite quedó establecido por le trazado de la Ruta Provincial 13 desde su comienzo, a partir del paralelo 28 y hasta el cruce del río Salado.

Datos a principios del siglo XX…

Hasta el primer lustro del siglo XX, de acuerdo a lo expresado por el historiador Manuel M. Cervera, la extensión de la provincia de Santa Fe según datos del doctor Gabriel Carrasco abarcaba 128.864 kilómetros cuadrados, mientras Latzina indicaba 131.582 km2 y en el último Censo Nacional registraban 131.906 km.2 con una población de 634.485 habitantes que según registros de la Oficina de Estadística de Santa Fe en más del 40% eran extranjeros.

Características del territorio santafesino

El historiador Manuel Cervera reiteró algunas conclusiones relacionadas con las características del territorio correspondiente a la provincia de Santa Fe  Sabido es que Santa Fe de la Vera Cruz -capital de la provincia- está situada a 16 metros sobre el nivel del mar y Rosario a 39 metros…

Suelos…

Cañada de Gómez: perforaciones a 112 metros, permitieron hallar “margas y calcárea rojiza hasta 60 m. y arcillas verdes con intercalaciones de calcáreas y arenas”

Rufino: Hasta 184 metros, “alternaciones de toscas y arcilla” y hasta los 315 metros: “arcilla azul con huesos de peces, arcilla gris con piritas de hierro, arcilla colorada y arcilla gris”.

San Cristóbal: una perforación a 40 metros permitió comprobar que hasta los 23 metros era arcilla colorada, luego una capa de 2 metros de “arena acuarzosa, calcárea impuro 2 m., arcilla verdosa 7 m. y arcilla cuarzosa 5 m.

San Javier -Santa Elena: A 180 metros; “arenas finas y gruesa blanca con delgadas capas de arcilla azul hasta los 85 m., arcilla azul y amarillenta con yeso luego y arcilla blanquecina hasta los 180 m.”

Riacho frente a Santa Fe:  “…bajo una capa de 2 metros de arcilla con tierra vegetal se ha hallado 2 metros de arcilla casi pura, luego 2 metros arcilla con un poco de arena, 2 metros arcilla arenosa y luego arena arcillosa.

Santa Fe (Cervecería Croppi):  “Hasta 155 metros, arenas amarillas y grises hasta los 43., cascajo 15 m., arena blanca 2 m., arcilla blanca y verde 31,2 m., arcilla plática oscura con vena micáceas hasta los 155 m.”

Vera: “Perforado a los 17 m., en Espín á los 16 m., y Margarita á los 18 m., se halló arcilla arenosa 1.50, luego arcilla aurífera.

 

Cervera expresó luego que el terreno santafesino “tiene un 40 á 70% de arcilla, es mejor que el de Córdoba que sólo tiene 6%, de Villa María que tiene 22% ó del Rosario que solo tiene 30% sin señalar otros ejemplos”. [54]

Las zonas más fértiles corresponden a la pampa del centro y sudeste y en el norte hay montes y bosques, en algunas localidades casi destruidos por la tala irracional.

Ríos “Salado” y “Paraná”…

Dos grandes ríos: el Paraná y el Salado suelen generar dificultades en época de crecientes. Ya a principios del siglo veinte, el doctor Cervera destacaba que el tortuoso río Salado -“en las crecientes provocada por grandes lluvias, ó exceso de agua de los tributarios, se derrama en las tierras circunvecinas formando cañadas y esteros y á veces otros nuevos canales de agua ó nuevos cauces como sucedió cerca de esta ciudad  en 1655 á 1858. [55]

Lo que puede asegurarse es que el río Salado ha cambiado de cauce cerca de Santa Fe, como puede verse en el plano del Chaco del padre Jesuita Jolis.  Las actas del Cabildo señalan que por este río se comerciaba algo desde Santa Fe á Santiago hasta Matará principalmente, aunque seguramente sólo en época de crecientes y en pequeñas embarcaciones, y si varios atrevidos exploradores han proyectado la navegación del Salado, no ha llegado á producirse esto, ni abrir al comercio y relaciones interprovinciales esta vía fluvial por falta de medios, de dificultades materiales y apatía general -ya que muchos defienden su posibilidad.

El río Paraná nace en las faldas de las sierras del Brasil, forma en sus comienzos dos brazos que se unen en los 20º latitud y desparrámase como un mar en un terreno bajo y aluvial, tomando aquí el nombre de Paraná (río grande que parece mar, en guaraní)”…

“El Alto Paraná dentro de nuestro territorio, con fondo rocoso en parte, comienza en la boca del Iguazú y vá hasta la isla de Apipé… en cuyo trayecto su curso va encajonado a veces bajo altas barrancas cubiertas de espesos bosques y es solo navegable en las grandes crecientes.  El Paraná medio llega desde las islas de Apipé hasta el puerto de San Pedro –250 leguas, con costas altas de 60 metros, tan bajas en otros puntos que el río se desborda formando bañados, donde se halla la causa de la formación de los camalotes, pues cuando baja el río á sus orillas nacen cañas y otras plantas acuáticas en los depósitos flojos y bajos de las riberas, creando la trabazón y vivienda de flores, insectos y otra clase de animales tan poéticamente descriptos por Holmberg, viviendas que al crecer el río é inundar los terrenos circunvecinos á sus orillas, son arrancadas en masa y flotan en las aguas llevadas hacia abajo por la corriente.  El bajo Paraná desde San Pedro hasta la confluencia con el río Uruguay cuya sección se llama Delta del  Paraná.

En todo su curso recibe este río numerosos tributarios más ó menos pequeños, el río Iguazú, y el Paraguay que  le trae las aguas del Bermejo y Pilcomayo y en esta provincia de Santa Fe; el Salado, Colastiné, Carcarañá, Coronda, San Javier, con sus afluentes y otros; siendo su anchura mayor, acrecida con todo este volumen de agua frente al Diamante, que alcanza a 7000 metros.  Con rumbo S.S.O llega á Santa Fe por cuya ciudad pasa muy cerca, toca el Rosario de donde se inclina al sud, luego tomando el rumbo S.E. se arroja en el gran río de La Plata.  El río y sus tributarios sirven en esta provincia á los puertos de Santa Fe, San Lorenzo, Coronda, Puerto Gómez, Rosario, Villa Constitución, Reconquista, Helvecia, San Javier, Santa Rosa, etc.  El Paraná en toda la parte inferior de su curso, ó sea en el llamado Delta, forma numerosas islas hijas de las aguas, por entre las que cruzan diferentes canales cuyos cauces varían con el tiempo y las corrientes.  Siendo el terreno de las islas formado de arcillas, arena fina y detritus vegetales mezclados, que se solidifica con el humus y el limo del río y detritus que deja en cada creciente anual ó en las decenales que son excesivas las aguas del río y arroyos socavan y corroen las barrancas que se oponen á la corriente y van dejando estos sedimentos arrancados, en la parte opuesta de pendiente suave.”

Acerca de la primitiva Santa Fe y del Convento de San Francisco en la actual.

Destacó el historiador Manuel M. Cervera que los sedimentos en el lecho del río y los socavones en las barrancas, en ese continuo “trabajo de composición y descomposición” van generando cambios y a principios del siglo veinte expresaba: “…como realmente se ha cambiado ya desde 300 años atrás, pues donde existían poblaciones como la primitiva Santa Fé fundada por Garay, en la costa del río San Javier, corre ahora y más hacia adentro al oeste, el río citado; y en la barranca de San Francisco, que hoy apenas defiende al convento de ese nombre en esta ciudad, el curso del río de Santa Fe, en tiempos pasados, tenía hacia el Este una extensión de más de cuatro cuadras de terreno alto y barrancoso, que el río ha corroído y ocupado en parte.

La apertura del canal, hecho y ordenado por el Cabildo en el siglo 17 para dar curso a este río de Santa Fe, y dulcificar sus aguas salobres con las del Colastiné, arrojó la corriente hacia el oeste por donde se inclina su cauce.  Siendo el fondo del río y canales sedimentarios, no son extraños estos cambios de cauce, ni la presencia rápida de bancos de arena y otros obstáculos a la navegación, que las corrientes forman o deshacen en un lapso de tiempo más o menos breve”… (sic)

Río Carcarañá…

“El río Carcarañá o Caracarañá nace en las sierras de Córdoba en el departamento Calamuchitas, donde tiene el nombre de río Tercero, pasa por Villa María y Villanueva con rumbo E. al principio y E.S.E. después, hasta los 53º latitud donde se reúne el río Saladillo cambiando sus aguas dulces por salobres, y con rumbo S.E. penetra en la provincia de Santa Fe cerca del pueblo de Cruz Alta, recorriendo doscientos kilómetros en esta provincia, y yendo a verter sus aguas en el río Coronda, cerca de Puerto Gaboto. Río angosto, de poco cauce, salvo en las crecientes, no navegable y tortuoso, con barrancas en terreno pampeano, llenas de restos de fósiles animales vertebrados desaparecidos, con lecho de tosca y lleno de rápidos, sirve para regadío y á sus orillas se han levantado varios molinos, sin que hasta ahora se haya llevado á la práctica la empresa de su canalización, que tanto ha pregonado el ingeniero Luis A Hurgo, valiéndose para ello de los volúmenes de aguas desprendidos de la sierra para la alimentación de un canal.” [56]

Más ríos…

Al norte de la provincia, en la cañada del Rey nace el río de ese nombre, que pasa por la ciudad de Reconquista y desemboca en el río Paraná. En la cañada de la Orqueta nace el río de Malabrigo -o Mal Abrigo- y desemboca en el río San Javier, al norte de la localidad de Romang.

Al norte de la capital santafesina, el río San Javier corre paralelo al Paraná y es navegable comunicando con Helvecia, Cayastá, San Javier, Santa Rosa y San José.  Más cerca de la ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz, el río Colastiné es también navegable y hacia el sur de aquella localidad, el río o canal de Santa Fe llega hasta Coronda, adoptando este nombre.  El arroyo El Toba nace en las cañadas de ese nombre y la de Garabato, incrementa sus aguas con las del arroyo Caraguatay, sigue su curso por la laguna del Dentado y se divide en dos cauces antes de llegar a la Laguna del Cristal; pasa por esa laguna, por Platero y Gallinas formando luego el Saladillo Amargo.  En la corriente inferior del sudeste, forma el pequeño arroyo Saladillo Dulce y sus aguas confluyen con las de las Cañadas Dulce y del Tembleque, generándose el Saladillo Dulce que pasa por Alejandra y California, frente a Helvecia hacia el Oeste hasta juntar sus aguas en el Saladillo Amargo. Ese conjunto fluvial conocido como Saladillo desemboca en la laguna Setúbal también nombrada Laguna de Guadalupe por estar situada al este de ese barrio santafesino.

  Enormes lagunas…

En el noroeste de la provincia hay enormes esteros y grandes lagunas: Yacaré, Tobal, del Tigre y del Pescado  “de donde sale el arroyo Sarnosita que lleva sus aguas a la laguna de la Cueva del Tigre; y más al Sud las lagunas Aguará y cañada del Guaycurú y las Encadenadas; lagunas del Toro, de la Cueva del Tigre y del Palmar unidas estas dos por un pequeño arroyo llamado Calchaquí”.  [57]

La descripción del doctor Cervera a principios del siglo XX, indica que “de la laguna Palmar sale el río Caraguatay; y del conjunto disperso de esta agua el río Calchaquí que desemboca en el Salado, junto con el arroyo de las Conchas al frente Oeste de la laguna Blanca.  A más de estos arroyos y lagunas, existen al Norte de la Provincia los arroyos Tapenaguá con el puerto de Florencia, Rabón, Nahtali Piagüé, río Amores que desagua frente a Goya, las Toscas, Las Garzas, Paibirí, Timbó, el Tapial, Gusano, Vizcacheras, San Antonio, todos ellos dirigiendo sus aguas al Paraná, y una cantidad de arroyuelos que circundan las islas del Paraná, llamados Paranacito, Paraguazú, Salamanca, Garay y otros brazos pertenecientes al Paraná Miní; y más al centro los arroyos de las Conchas, Tiradero, Aguiar, Cululú, Cululucito, Arizmendi, de las Tejas, de los Padres, Maciel, del Monje; y las cañadas y lagunas Tacurú, Víboras, Avispa Negra, Garzas, Brava, Flamencos, Larga, del Eje, Naré, Ramírez, Corrales, Palomas,  Ramírez, Corrales, Palomas, Zárate, Quiñones, Sunchales, Prusianas, Saladas, San Pedro, Guadalupe, Grande, Patay, Fierro, Chuñas, Gurupí, de las Totoras, de los Leones, del Árbol, Gómez, del Ombú, Cañadosa, Tosca, Verde, Yaguales, Chipá, de los Perros, de los Hermanos, de los Algarrobos, del Gurupí, Ascochingas, Andino, del Mudo, de las Estacas, Coronda, las Turbias… En estos grandes ríos del Norte de Santa Fe y entre las varias corrientes de agua, hállanse infinidad de restos de mamíferos antidiluvianos y petrificaciones preciosas; criaderos de perlas de las que ya en 1824 hablaba el Padre Castañeda y cuyos ejemplares, sacados por algunos atrevidos cazadores se han vendido en esta ciudad.”

“Al sur tenemos arroyos de Las Saladas y Ludueña; al Sudoeste de San Lorenzo, Saladillo, Frías, Seco, Pavón, que recibe las aguas de las del Sauce y Cabral; al Sudoeste del departamento Constitución, el del Medio, el del Paso de las Piedras, Candelarias, del Sauce y otros pequeños, con las lagunas o cañadas de Ludueña, Pedernal, Cardoso, Melincué, Chañar cerca de la Colonia Teodolinda donde nace el Río Salado que penetra en la provincia de Buenos Aires con un recorrido de 700 kilómetros y atraviesa varios de los partidos de dicha Provincia desembocando en la Ensenada de San Borombón sobre el Océano Atlántico; la cañada del Chaplín, de los Leones, cañada y  laguna Larga, laguna Picaza, Liches, y arroyo de las Mojarras donde se unen y afluyen las cañadas de San Antonio y Firme, arroyo de las Tortugas, lagunas del Sunchal, del Indio, de las Playas, del Fortín, cañadas de Morteros, de la Cuchara, del Cisne”…

 

Fines del siglo XIX: estadísticas y censo…

Sabido es que en 1884 se organizaron los registros estadísticos desde la “Oficina de Estadística General de la Provincia” dirigida por don Jonás Larguía y que tres años después, se publicó el “Registro Estadístico de la Provincia de Santa Fe”.

Durante el gobierno del doctor José Gálvez se realizó el Primer Censo General de la Provincia dirigido por don Gabriel Carrasco y fue editado en 1888.

Datos sobre cultivos y producción

Algunos datos referidos a cultivos serán útiles para elaborar comparaciones y conclusiones:

Año Colonias Área sembrada (Ha) Más información
1895 363  en Santa Fe 3.695.933  
1895 146 en Córdoba 1.145.435  
1895 191 en Entre Ríos 807.042  
1895 9 en Territorios Nacionales. 269.603 “más veinte colonias por esfuerzos particulares”…

 

En 1901, en la provincia de Santa Fe continuaron las siembras de trigo y lino, utilizaron “1355 máquinas trilladoras, en propiedad de 14.845 cosecheros, entre propietario, medieros y arrendatarios.  En Córdoba y Entre Ríos también la mayoría sembraba trigo y lino mientras incorporaban otros cultivos: alpiste, nabos, alfalfa, maíz, maní, papas, batatas, porotos, verduras, frutos…

 

1901  (Hectáreas sembradas) 1902 1903
Santa Fe Lino ……… 2.331.096 Trigo……… 1.272.913 *

Lino………..    477.219

Maíz………..  365.097

Alfalfa………  318.333

Papa-batata.   26.601

Maní…………  16.372

Cebada……..    6.428

Alpiste……….    4.554

Caña azúcar…   1.128

Porotos………      992

Nabos………..        22

Otros cultivos.  1.537

Total:…….. 2.493.886

Trigo…….

Lino………

Córdoba Lino… ……     583.189 Trigo  ……..      88.205    
Entre Ríos Total………     426.762 476.322 hectáreas  

Siembra durante el segundo semestre, tras una prolongada sequía.

 

La provincia de Santa Fe “ocupa siempre el primer lugar en la producción agrícola de la República.

Cantidad total de hectáreas sembradas:

1890-1891:      2.996.000

1902-1903:      9.200.000

1903-1904:      4.752.945      Sólo en trigo; datos de empresas de ferrocarril.

Según datos del Ministerio de Agricultura, hectáreas sembradas en Santa Fe:

1902-1903:      4.752.945      Trigo.

                         1.487.000      Lino

   210.000      Maíz

El historiador Cervera destacó también que “en 1903-1904 ha sembrado según datos del Departamento Nacional, con trigo, lino y maíz 2.584.5167 hectáreas mientras Buenos Aires solo 2.483.472 ídem.  Sin embargo, estos datos en lo que se refiere a Santa Fe no son exactos.  La oficina de Estadística de la provincia, señala sembrado en 1903 1904, hectáreas de trigo 1.246.826, de lino 704.491, de maíz 500.417; maní 10.526, alpiste 1.991, cebada 6.133, avena 323, nabos 40, alfalfa 476.839, batatas 9.443, porotos 935, caña de azúcar 1.495, otros cultivos 11.976, total en hectáreas 2.771.227, y todavía deben corregirse algunas cifras, pues las personas encargadas de esta estadística, dejan pasar mucos datos sin anotación debida”… [58]

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Lecturas y síntesis: Nidia Orbea Álvarez de Fontanini.

[1] Cervera, Manuel M. “Contribución á la Historia de la República Argentina” Historia de la Ciudad y Provincia de Santa Fe 1573-1853 por el Doctor Manuel M. Cervera – Tomo I.  Santa Fé, Librería, Imprenta y Encuadernación “La Unión” de Ramón Ibáñez, 1907, p. 7. El autor cita: “En este año de 1906 el doctor Nicanor Larrain ha publicado una relación histórica ‘El País de Cuyo’. Buenos Aires, 1906.”  – Catálogo actual de la “Biblioteca de la Legislatura de Santa Fe”, Nº de Inventario original: 1295 –“…propiedad de la biblioteca de la H. C. Diputados de la Provincia”; actual Nº 5706.  Sobre la portada, dos sellos revelan una vez más la confusión “heráldica” porque uno sólo tiene las armas y estrellas, el segundo incluye el óvalo y dos ramas de laureles con moño sujetándolas.

[2] El autor cita “(2) Libro de varios documentos. Archivo de Santa Fe”, p. 5.

[3] Cita del autor: “Buenos Aires 1896”, página 6.

[4] Ibídem: “(2) Prudencio Arnold – Un soldado argentino pág. 81 – Rosario”, página 6.

[5] El autor anotó: “Buenos Aires 1896”.

[6] Cervera, Manuel M. Historia de la Ciudad y Provincia de Santa Fe 1573-1853. Ob. cit. p. 43-44.

[7] Ibídem. El autor cita: (1) Historia general de las Indias, Madrid 1851 – Libro 23, cap. I.”

[8] Zapata Gollán, Agustín. Los Precursores. Santa Fe de la Vera Cruz, Edic. Colmegna, enero de 1980, p. 28-30.

[9] Cervera, Manuel M. Historia… p. 47. El autor cita: “(17) El descubrimiento del Río de la Plata. Revista de Buenos Aires, t. 6, p. 88 y sig.”

[10] En pág. 55, el autor cita: “(2) Ruiz Díaz de Guzmán Libro I cap. V – Comentarios Alvar Núñez capítulo 50 y sigue carta de Irala de 1545 y de Ramírez”.

[11] Cervera, Manuel M. Ob. cit., pág. 61-62.

[12] Zapata Gollán, Agustín Doctor Los Precursores, ob. cit., p. 47-48.

[13] Ibídem, p. 61-62.

[14] Ídem, p. 82-84.

[15] Cervera, Manuel M. Ob. cit., p. 67-69.

[16] Ídem, p. 86-87. El autor cita documento del “Archivo Nacional de Asunción, pleito de Bamberque y Ortegosa, 2ª pregunta – Pág. 87” y remite a “copias de Miranda” que incluyó en el Apéndice.

[17] Zapata Gollán, Agustín Doctor. Los Precursores, ob. cit, p. 79-80.

[18] Ibídem, p. 89-90.

[19] Cervera, Manuel M. Ob. cit., p. 96-97.

[20] Ibídem, p. 104-105.

[21] Ídem, p. 121-122.

[22] El historiador Cervera cita en la pág. 112, el documento publicado en ‘El Archivo Nacional de la Asunción’ pág. 500 se halla la pastoral del obispo Barrios creando la catedral de Asunción”.

[23] Cervera. Historia de la Ciudad… p. 118. El autor en pie de página cita varias publicaciones y documentos: “(1) Representación a S. M. de Juan Alonso de Vera y Aragón – Revista Patriótica tomo 3, pág. 80 y sig.” / “(2) Carta de 1573 en la Colec. Garay, pág. 133, tomo I”; “(3) Carta de 1575. Docum. 13” y “(4) Documento en copia, en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires”.

[24] El autor cita: Página 158: “(1) Actas del Cabildo de Córdoba – Tomo I, pág. 33)

[25] Cita en página 158: (1) “Lozano dice, que Garay envió á preguntar qué gente era ésta, en momentos en que los indios que le habían obligado a llegar hasta allí, preparábanse á atacarlo con toda traición – Historia, tomo III, cp. 6.”

[26] Cervera en la página 160 cita: “(1) Trelles – Revista de la biblioteca, tomo III, pág. 122.

[27] Íd. “(2) Revista de Buenos Aires, tomo XII, pág. 47.

[28] Cervera. Ob. cit, p. 120-121.

[29] El doctor Cervera en el pie de pág. 131 anotó: (1) Doc. Declaración de Garay en información de Torres de Vera en 1583, pregunta 2ª. Apéndice.”

[30] Provincia de Santa Fe (República Argentina). Ministerio de Gobierno. Archivo General de la Provincia. Boletín Año IV-V, Nº 4-5, Director: Andrés Atilio Roverano, 1973.  “II – Acta de fundación de Santa Fe, Nº 4.- [Acta de fundación de la ciudad de Santa Fe por el capitán Juan de Garay], p. 21., p.

[31] Cervera, Manuel M. Historia de la Ciudad y Provincia de Santa Fe. Ob. cit. p. 134-135.

[32] Cita el historiador: Pág. 134 “(1) Arbitraje sobre límites interprovinciales (exposición del delegado de Córdoba doctor Cáceres) pág 47, Buenos Aires, 1881.

[33] Ibídem, p. 134.

[34] Ídem, p. 136. El autor cita: “(3) Anales de la ciudad de Rosario de Santa Fe-Buenos Aires. 1897, pág. 77.”

[35] Íd. p. 136. “(4) Pág. 10 análisis de las memorias de los límites de Santa Fe, Buenos Aires y Córdoba por el Dr. Carlos de Alvear, Buenos Aires, 1889.”

[36] Ídem, p. 137. “(1) Damos el estracto de este juicio por lo importante de los datos que señala”.

[37] Íd. “(1) Viaje de Du Biscay de Buenos Aires al Perú, tomo 18, Revista de Buenos Aires, página 23.)”

[38] íd., p. 139. El autor anotó: “(1) Actas de Cabildo de las fechas citadas.”

[39] íd., p. 144 “(1)  La Patagonia y tierras australes, y tomo 7 Revista de Buenos Aires, pág. 44 y sig. Historia del puerto de Buenos Aires.  Revista de la Biblioteca – Colección de obras y documentos tomo 3.

[40] íd., p. 144. “(2) Pág, 6 en análisis de Memorias Jurisdiccionales por C. de Alvear citado y documentos agregados en informe sobre límites ante la S. Corte, por C. de Alvear – Buenos Aires, 1882.”

[41] íd., p. 145. “(1) Documentos 23 á 30 en la Memoria de Cáceres”…

[42] íd., p. 146. “(1) Relación histórica del pueblo del Rosario escrita en 1801.”

[43] íd. “(2) Memoria límites Córdoba y San Luis, pág. 10.”

[44] Cervera. Historia de la Ciudad y Provincia de Santa Fe.  Ob. cit. 146-147.

[45] Ibídem, p. 153.

[46] Ídem,  p. 154-158.

[47] Íd.  “(1) Arbitraje límite – pág. 75 y 83.”

[48] íd.  “(2)  Tomo 4 de la Revista de la Biblioteca de Buenos Aires.”

[49] íd. El autor cita Lozano Historia, “libro 6, pág. 189”. tomo 3

[50] Alude a: Iriondo, Urbano de Apuntes históricos de Santa Fe.

[51] Cervera, Manuel M. Historia de la ciudad y provincia… Ob. cit., p. 149.

[52] Es oportuno destacar que el Dr. José C. Busaniche en aquel tiempo era Profesor de Historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional del Litoral y en el Liceo Militar General Belgrano. Miembro de la Junta Provincial de Estudios Históricos y Representante en Santa Fe de la Comisión Nacional de Lugares y Museos y Monumentos Históricos.

[53]  Cervera, Manuel M. doctor Historia de la Ciudad y Provincia de Santa Fe.  ob. cit., p. 33.

[54]  Ibídem, p. 11-17.

[55] Nota del autor en pie de página: “(1) Actas Cabildo Santa Fe, Diciembre 1635 y 23 Febrero 1653”, en la página 16.

[56] Cita: “Navegación interna de la República Argentina” – Buenos Aires 1902”, pie de página 18.

[57] Cervera, Manuel M. Historia de la Ciudad y Provincia de Santa Fe. Ob. cit., p. 18-20.

[58] Ibídem, p. 28-29.