17 de Noviembre ¡Día de los Pájaros!… entre vuelos y trinos.

Travesuras y gomeras.

Los pájaros prisioneros.

Mañanas de Gastón y de Charito, bajo la bignonia.

Invitados a la celebración del Día de los Pájaros.

¡Qué fácil es volar, qué fácil es!

¡A volar!

El Colibrí

El Cardenal

El Jilguero.

El Benteveo.

El Amigo Pájaro.

El nido.

El nido.

Réquiem por los Pájaros.

Más palabras en vuelo sobre la llanura luminosa.

El Zorzal y su silencio.

El Tordo.

El Tordo viejo.

El  Hornero.

Leyenda de la Paloma de la puñalada.

El  Cóndor

Del Archivo de la “Cofradía de los Duendes”.

Aventura de los destructores de nidos.

Leyenda del Caraú.

El Aguará.

“EL PATRIARCA DE LOS PÁJAROS”.

1990: en la Municipalidad de la Ciudad de Esperanza.

2003: Propuesta de la Sociedad Argentina de Escritores.

21-05-2004: VI Premio “Juan de Garay” a Gastón Gori.

 

El talentoso Gastón Gori -poeta y destacado escritor, miembro de la Academia Argentina de Letras, ha sido declarado Ciudadano Ilustre en su ciudad natal -Esperanza, Departamento Las Colonias, provincia de Santa Fe- y en Santa Fe de la Vera Cruz, la ciudad donde reside y ha desarrollado la mayor parte de su obra.

En el Congreso Nacional donde sancionan todas las leyes que después son promulgadas o vetadas, organizaron un acto y junto a otras destacadas personas de distintas localidades, fue reconocido como Ciudadano de Honor.

En el “Parnaso litoraleño” es distinguido como El señor de los Picaflores y en la “Cofradía de los Duendes” desde fines del siglo XX es ¡el Patriarca de los Pájaros!

Cuenta en su libro Y además, era pecoso… -relatos de su infancia-, que en aquel tiempo de andanzas por la llanura luminosa, con sus amigos Jerónimo y Lucio hacían algunas travesuras.

Travesuras y gomeras…

…en la infancia de Pedro Raúl Marangoni.

Durante la infancia de Pedrito, así como observaban los floridos paraísos; los perfumados naranjos y limoneros también  él, con sus amigos Lucio y Jerónimo llevaban la gomera para ensayar la puntería… Luego el pícaro Pedrito -ya nombrado Pedro o Pedro Raúl- y reconocido también como Gastón Gori, escribió:

“…desde hace tres días, llueve torrencialmente. El viento sacude con fuerza los árboles, y violento, ha arrancado de cuajo un ciruelo. ¡Lástima de planta con sus frutos en sazón!”

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“Cubierta con un amplio poncho; mi madre busca entre los árboles al pollito que pía oculto.  Habla sola, disgustada.  Un gorrión ha bajado de un paraíso al lado mismo de la galería; pica un grano y se lo lleva presuroso.  A pobre pájaro le ha tocado una parte de la desventura general de las aves.”

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“La tarde anterior la había ocupado en la preparación de gomeras, bodoques y piedritas: armas y proyectiles.  La víspera de un día de caza en el campo, siempre me inquietaba.  Todos los días buscaba pájaros.  Era un perseguidor implacable de cuantas aves picoteaban semillas yo desperdicios en las calles, gramillas en los campos, frutos en las huertas.  A mis años, los elementos cinegéticos los constituían armas rústicas pero terribles.  Fueron usadas como partes indispensables de mi niñez.

Mi vida transcurría en la calle y en los caminos.  Era pues común en mí, el anhelo de privar a los árboles de los nidos y de cantos a al primavera.  Pero una cacería organizada me emocionaba.  [1]

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Los pájaros prisioneros

Después, Gastón Gori necesitó escribir acerca de “los pájaros prisioneros”:

 “Nunca faltaron pájaros en las jaulas de mi padre; una de ellas era enorme, construida de manera que su piso era la tierra y allí había hierbas y pequeños arbustos, en parte bajo techo y el resto penetraba el sol, el viento, las lluvias.  Las voces del campo aprisionadas entre los tejidos, nos despertaban al amanecer.  Se unían al bullicio los gorriones y urracas que habíanse refugiado, con el caer del crepúsculo, en las copas de los paraísos.

La variedad de gorjeos era tanta, que el pequeño pedazo de tierra que nos pertenecía, se animaba desbordando cantos. ¡Jamás el sol apareció alumbrando el patio en silencio!

Pájaros, viento y sol, en maravillosa orquestación, saludaban las mañanas de primavera.  Los vecinos, no permanecían ajenos a ese encanto y disfrutaban del raudal canoro.  Mi padre silbaba junto a los tordos que estimulados, aleteaban de gozo.  Hay pájaros que viven alegres en cautiverio. No languidecen.  Se les abren las puertas, vuelan, silban, festejan y vuelven luego por sí mismo adentro de la jaula, para continuar sus interminables gorjeos.  Los tordos criados desde pequeños, se tornan remolones y besuquean graciosamente; fingen dormirse sobre la palma de la mano que los sostiene.  Comprendo que algunos valores, amen y estimen más su presencia en los patios, encerrados, que su libertad en los bosques.  El hombre suele distraer sus muchas amarguras y labores, con la felicidad sencilla de acariciar un ave mansa.

Yo abriría las jaulas del mundo para que, con las alas extendidas todos los pájaros viviesen libres, tan libres  como el viento.  La libertad es un don insustituible; ella, sólo ella, hace que la vida guste plenamente y que se logren instantes de felicidad.

Los pájaros encerrados se me ocurren poetas perseguidos. [2]

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Un lugar para el sosiego y el asombro…

Ahora, la Tacuarita… les propone otro recorrido.

Palabra tras palabra, distintas descripciones, diferentes sensaciones.

Avanzaremos sin prisa, hacia un lugar para el sosiego y el asombro…

 

“Había llovido durante toda la noche.

“El campo parecía un patio recién lavado,

secándose al sol.

La mañana era una gran pajarera abierta,

con tantos jilgueros y

cabecitas negras piando a la vez”…”

Elsa Isabel Bornemann

Poeta, escritora argentina. [3]

Mañanas de Gastón y de Charito, bajo la bignonia

Una década después de ser incorporado el talentoso Gastón Gori a la Academia Argentina de Letras, el 4 de enero de 2003, estaban él y Charito con los periodistas Normando Gil y Nicolás Loyarte, conversando bajo la bignonia.

Uno de ellos preguntó: “-¿Y a qué hora sale al patio?”

Gastón contestó:

“Apenas sale la luz, vengo a ver, porque el gato, el desgraciado, me come la comida -la carne- que les dejo a las calandrias. Entonces vengo a ponerles carne a las calandrias y a veces viene Charito también, y nos quedamos un buen rato, porque cuando ya hay bastante luz, a las siete de la mañana, cuando yo aparezco, silban las calandrias. Me están esperando.

Cuando yo le tiro la comida ahí, ella baja a comer. Y después aparece el Pirata; el Pirata es el benteveo, que también tiene pichones porque cuando se va lleva carne.

El Pirata no se pone a picar, a comer carne, porque sabe que eso es de la calandria -y la calandria es muy mala con los demás, casi todas las aves son malas con las otras-, entonces baja, y pega el picotón, agarra el pedazo más grande y dispara. La carne picada muchas veces se le cae”…    (Risas).

 

“Entonces está el tero de fiesta, porque el tero ya sabe eso.

Viene el tero enseguida que se cae carne picada.

Bueno, ése es el entretenimiento primero de la mañana.

Cuando llega una calandria estamos esperando la otra. Sabíamos que tenían pichones por la manera de actuar, y apareció nomás la calandria con un pichón. Y ahora viene uno que ya está muy grande, que no podemos distinguir bien si es el machito o es el pichón. Pero tendría que haber dos pichones, porque la calandria no pone un solo huevo, pone dos. Pero creo que hay un solo pichón.

Pero también hay un gato desgraciado en esta casa, que no es mío, que viene de afuera. Y ése me ha comido un montón de palomas.”

-¿Cómo sigue la tarde después, Gastón?

“Aparece la pava con el mate otra vez.

Mateamos y charlamos. Después Charito sigue leyendo.

Es muy lectora, ella puede leer mucho.”

¿Le lee en voz alta?

No, no. Lee en la cama a veces, y yo me voy allá adelante, al living y… es muy incómodo, no hay un sitio cómodo para estar sentado acá. Parecen cómodos, pero, esos sitios… como la cama no hay. Estar acostado en la cama es una delicia. Entonces estoy allá, y si han pasado unas dos horas, porque yo leo correspondencia -dicho sea de paso, recibimos una carta hermosísima de Antonio Requeni sobre el librito ése de los pájaros (El día de los Pájaros) que yo le mandé a Requeni. Y ayer mandó una carta hermosísima. [4]

A esas yo las guardo, en los cuadernos las guardo-. Bueno, leo correspondencia”.  [5]

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Invitados a la celebración del Día de los Pájaros…

Contaba la Tacuarita, que en el monte cercano al río Paraná, cuando los pájaros estaban contentos porque no hacía tanto frío y la mayoría de las plantas estaban florecidas, invitaban a todas las aves para celebrar ¡el día de los pájaros!… No importaba si algunas no sabían volar o si sólo tenían plumas blancas o negras o si sus picos eran cortos o largos.

Así como en el hemisferio norte las golondrinas se agrupaban a fines del verano y empezaban a volar en bandadas hacia el sur, también algunas inquietas e inquietantes aves argentinas a mediados de la primavera, se acercaban a la zona litoral para festejar la semana de los pájaros. Una sabia lechuza había sido la primera en dar la señal hacía mucho tiempo y desde entonces, se congregaban sobre la llanura luminosa descansando en los árboles más frondosos.  Casi todas llegaban al atardecer del 14 de noviembre porque al día siguiente en la ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz festejaban otro aniversario de la fundación…  Si se acercaban a las lagunas y a las orillas de los ríos, encontraban abundantes alimentos y ahí convivían con benteveos, cardenales, horneros, pirinchos, calandrias, patos, gallitos del agua, garzas blancas…

Contaba también la Tacuarita, que desde Misiones había llegado un loro barranquero y un tucán, un poco más grande que el que estuvo enjaulado en el pequeño patio interior cercano a la Plaza de Mayo, donde las personas hablaban en un tono muy bajo y casi todos eran padres.

Alrededor de aquel loro parlaban otros loritos y parece ser que también se habían acercado más loritas verdes y algunas cotorritas ¡australianas!…

El 15 de noviembre, los músicos de la Banda con sus sonidos tan estridentes asustaban a las palomitas y rápido se refugiaban en las torres de las iglesias, como en el siglo diecinueve lo habían hecho algunos traidores.  El pájaro carpintero, indiferente, seguía con su percusión sobre el tronco de una de las palmeras que crecían frente a la casa gris…

Empezaron a llegar hombres y mujeres y niños y niñas y perros, casi todos flacos. Había que esperar hasta que terminaran las ceremonias y después, los pájaros ya podrían picotear las miguitas que ellos  habían dejado sobre la plaza, las calles y las veredas.

El dieciséis de noviembre, era día de descanso para las aves porque el 17 revolotearían por toda la ciudad sin temer a las gomeras ni a los gatos, porque en las calles habría mayor vigilancia en el día de recordación del “Patriarca de los Pájaros”.

Comentan en la comarca que un año, casi a las diez de la mañana, llegaron a la Plaza Colón algunas maestras con sus pequeños alumnos y arrojaron granos sobre el piso para que se alimentaran las palomas y los gorriones. Después llegaron unos adolescentes, inflaron globos de distintos colores y  los repartieron recomendando que los nos soltaran hasta que fuera entregado el último, que sería un enorme globo rojo. Algunos pájaros se habían animado a posarse sobre la espinosa y florida santarrita del legendario Paseo de los Enamorados donde los novios suelen sonreír frente al fotógrafo.

A las 10:15 uno de los adolescentes levantó el brazo sosteniendo al grande globo que representaba la señal y parecía que era mayor el tamaño de las letras Luz y Paz que miraban todos los que se habían congregado un poco por curiosidad y otro poco porque sentían la alegría de compartir… Emocionado, el joven ¡lo soltó!… y exclamó:

“¡Nunca muere todo lo que ha sido bello alguna vez!”  [6]

Sus compañeros con distintas voces cantaban:

¡“Nunca muere del todo lo que ha sido bello alguna vez”!           

Nunca muerelo que ha sido bello alguna vez.

Los automovilistas aceleraban para avanzar antes de que el semáforo iluminara al rojo.

Desde el sur habían llegado unos señores que nombraban a Olga y a Leticia y como por arte de magia imitaron el canto de los pájaros y comenzó otro original concierto.

Después, una maestra sacó de su bolsillo algunas páginas voladoras y las repartió entre sus alumnos.  Así fue como empezaron a leer:

 

¡Qué fácil es volar, qué fácil es!

¡Qué fácil es volar, qué fácil es!

Todo consiste en no dejar que suelo

Se acerque a nuestros pies.

¡Valiente hazaña, el vuelo, el vuelo, el vuelo!

Antonio Machado.

Poeta español.

¡A volar!

Leñador,

no tales el pino,

que un hogar

hay dormido

en su copa.

-Señora abubilla,

señor gorrión,

hermana calandria,

sobrina del ruiseñor,

ave sin cola,

martín-pescador,

parado y triste alcaraván,

¡a volar,

pajaritos,

al mar!

Rafael Alberti.

Poeta español.  [7]

El Colibrí

¡El príncipe del jardín!

Por ti se visten las rosas con su traje carmesí.

            Colibrí.

A todas besas y a todas

prometes tu corazón.

                Rondaflor.

Pero ellas saben que no

te casarás, picaflor.

Fernando Luján. [8]

El Cardenal

Entre los pájaros cantores

ninguno más salvaje, ni más bello,

ni más bravo, ni más altanero.

Eres lindo, lindo,

con tu pecho blanco,

con tu lomo gris,

y arquitectónico mechón colorado.

Cardenal:

yo te he visto volar con el alba crecida,

portador de la mecha

para encender el día.

Fernán Silva Valdés. [9]

El Jilguero

En la llama del verano,

que ondula con los trigales,

sus regocijos triunfales

canta el jilguerillo ufano.

Canta, y al son peregrino

de su garganta amarilla,

trigo nuevo de la trilla,

tritura el vidrio del trino.

Y con repentino vuelo,

que lo arrebata, canoro,

como una pavesa de oro,

cruza la gloria del cielo.

Leopoldo Lugones.

Argentino (1874-1938)

El Benteveo

Benteveo, benteveo,

¡cómo delirante grita

mientas las alas agita

con su gozoso aleteo!

(Mas luego, cuando se posa,

ni te veo ni te vi:

su canto es sólo una i...

que se alarga quejumbrosa)

Vincha blanca y fina gola,

color de azufre el chaleco

y un chaquetón verde seco

que se aviva hacia la cola.

Vuela bajito, pausado,

y ondula con ritmo lento

y al suelo mira de lado

para buscar alimento.

Que a todo va su apetito:

larvas, insectos, gusanos,

trocitos de carne, granos,

frutas y algún pececito.”

Juan Burghi.

La  Gallareta

¿Dónde irá tan presurosa

la señora Gallareta,

con esas grandes zancadas

de sus pies, sólo  con medias?

De los juncos inundados

en donde ella siempre mora,

salió así, tan aturdida,

que olvidóse hasta la cola.

Viste un traje verdinegro

que le ciñe bien el busto,

las patas y el pico verdes

como pedazos de junco.

Con la punta de sus alas

el agua, al volar, pellizca,

y al espejo blando y móvil

va arrancando húmedas chispas.

¿Dónde irá la gallareta

de prisa, en medias, sin cola,

y además de todo eso:

tac, tac, tac… hablando sola?

Juan Burghi.

Poeta uruguayo.

El Amigo Pájaro

Cuando el claror de luz, esta mañana,

dulce cantó un jilguero en mi ventana.

Yo no sé si ese tímido gorjeo

fue tan sólo el anuncio de alborada,

o si en mi despertar,

quiso traerme una voz nunca olvidada.

¡Diminuto prodigio en su garganta,

floración musical

despierta con la luz de la mañana!

Si siempre, al iniciar

estos días de amor y laboranza

prendieras tu voz en la ventana,

serían transparentes los rosales

que brotan con los versos en mis páginas.

Mira, quiero salir por los caminos

a sembrar pensamientos de esperanza,

a decir que en la noche más oscura,

en la vida más dura y apenada,

¡puede esperarse una voz

de jilguero prendida en la ventana!

Gastón Gori.

De “Se rinden los nardos”

Edición “Espadalirio”, 1946, p. 48-49.

Santa Fe de la Vera Cruz (Rep. Argentina)

El nido

Los árboles que no dan flores

dan nidos;

y un nido es una flor con pétalos de plumas;

un nido es una flor color de pájaro,

cuyo perfume entra por los oídos.

Los árboles que no dan flores

dan nidos.

Fernán Silva Valdés.

Montevideo (ROU, 1887)

El nido

Es porque un pajarito de la montaña ha hecho

en el hueco de un árbol su nido matinal,

que el árbol amanece con música en el pecho,

como si tuviera corazón musical.

Si el dulce pajarito por entre el muro asoma,

para beber rocío, para beber aroma,

el árbol de la sierra me da la sensación

de que se la ha salido, cantando, el corazón…

Alfredo Espino[10]

Réquiem por los Pájaros

Nuestro mundo era campos y arboledas

gramillas silvestres y lagunas,

donde prevalecían los pájaros.

Chijíes miles silbaban en bandadas

y en el cielo la armonía

era música bulliciosa proclamada.

Los árboles fueron pentagramas

de aquellas armonías,

o puntos verdes

donde la vida de los pájaros

se cumplía.

Era el ciclo conmovedor del nido,

del amor sutil, inexplicable de los pájaros.

Y había todo en el mundo para ellos.

Hemos visto sus bandadas,

su remontar en los aires límpidos

de las chacras,

perseguidos; imputable tentativa

del encierro

¡Eran miles en el cielo y en la tierra!

No los niños mataron las bellezas

de los pájaros, los cantos

prístinos, encantadores de la vida.

Ved.

El mundo apenas tiene la armonía venturosa

la dulcedumbre ingenua de los pájaros.

Había pájaros en el mundo:

en los hierbazales glorificaban

la hermosura.

Persistente es el hombre

el creador de todas las tristezas.

Gastón Gori.

De “Poemas de Nacer y de Vivir”. [11]

 

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Más palabras en vuelo sobre la llanura luminosa.

Desde distintas páginas se escaparon estas bandadas de palabras…

El Zorzal y su silencio

Había adquirido excelente fama por su canto, con sus congéneres –escribió don Dalmacio- auguraron que disfrutaría de la elevada dignidad de la gloria porque en él se conjugaban las cualidades sobresalientes que los émulos desean descubrir en su propia personalidad para culminar en lo perfecto imperecedero.

Su mansedumbre contrataba con la audacia de su canto, con lo levantado de su tono, con la hidalguía de sus arrebatos sonoros experimentales, y con el completo entregarse a esa zona de misterio -fermento enérgico de inspiración- de la que resurge el alma triunfante y creadora.

Era un zorzal que penetraba en lo desconocido y construía luego una nueva realidad con su canto. Por ello el mundo de los pájaros se enriquecía con extraños arpegios, y ellos se abrevaban de lo excepcional.  En los montes su presencia era un beneficio que se temía perder.  No se pertenecía, era un bien común, abrumado de deberes.  La gloria aniquila derechos.

Pero ocurría que ahora se le veía aislado y para mayor extrañeza, había dejado de cantar, vivía silencioso.  Como si hubiera de callar para siempre se obstinaba en su silencio, recóndito, hermético y cargado, a pesar de ello, de una rara dulzura.

Sin embargo ¡cuánta reserva de melodías aparentaban su vitalidad, su lustroso plumaje y su apurado despertar con el primer resplandor, húmedo aún el aire del alba!

Pero callaba.  En los montes reinaba el desconcierto, privado del más alto ejemplo de absoluta fe en el laborioso quehacer del alma, predominada de ensueño, a nada se entrega como no sea al triunfo de la belleza y la libertad.  Su silencio era una derrota de esa fe, y los pájaros le observaban, tímidos aun en la censura.

El clavel del aire, la sensitiva, las lianas, las modestas florecillas y hasta los cardos espinosos; los talas,  los molles, los chañares y también los robustos algarrobos unían su extrañeza al asombro y extrañeza de los pájaros, por ese silencio inexplicable del zorzal, que parecía definitivo.

…Nadie comprendía que la tristeza abruma al canto. ¡La tristeza, esa hermana tan íntima, del silencio!   Quizá tristemente padecía el zorzal de la juventud lejana.

-“La juventud es triste” y difícil- o de cosas que mueren en la desesperanza: tristeza de haber hecho siempre su voluntad o la definitiva tristeza de no saber ir, cantando, hacia el último trecho de su vida.  [12]

Gastón Gori.

Santa Fe, Argentina (1915-2004)

El Tordo

(Fragmento)

Haragán y roba nidos

al Tordo suelen llamar,

y el Tordo escucha y se calla

porque sabe que es verdad.

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Desde que llegó al mundo sólo aprendió dos cosas: bailar y descansar. Nada más. Es incapaz de hacer un nido. Si lo necesita, cuando lo corren las lluvias, el viento o el frío, se adueña de un nido ajeno. Lo roba. Es haragán y desamorado.

Por no tener trabajo encarga a otros pájaros que le cuiden sus hijos. Él no quiere preocupaciones. Con su traje oscuro de joven bailarín anda siempre buscando una fiesta.

Pensando en el baile de las Vizcachas, se quedó en el Sauce.

El viento, al enredarse en las ramas, lo acunaba.

El Tordo fue el primer invitado que llegó. Venía acompañado. Una Vizcacha y un Vizcachón le salieron al encuentro. Cambiaron saludos y el Tordo, muy ceremoniosamente, dijo:

-Les presento a mi compañera: la Lechuza.

-Ya somos viejos amigos -habló el Vizcachón.

-¡Los años que nos conocemos! -agregó el Lechuza.

-Las veces que habrá estado presente en nuestros bailes -volvió a hablar el Vizcachón- porque ella nos vigila mientras bailamos y nos avisa con un chistido si algún curioso se acerca. Somos tan amigos, que les dejamos nuestras cuevas para que vivan.

-¡Viva el baile! -gritó el Tordo. Y dio una vueltecita levantando una pata.

Llegaron los grillos y las ranas y en seguida comenzó la música.

La Vizcacha que había invitado al Tordo se acercó para decirle:

-¿Se da cuenta?  Ni un pájaro ha venido a la fiesta. Todos dieron la misma disculpa: que tenían que trabajar.

-¡Pobrecitos! Pensar en trabajar cuando hay fiesta y una fiesta de esta categoría  -dijo el Tordo.

Y se puso a dar vueltas en una pata, sacudiendo las alas y gritando:

-‘Viva el baile! ¡Vivan la vida y la alegría!

Y bailó toda la tarde, toda la noche y al llegar el alba siguió bailando con más ganas que al principio.

-Me gusta el Tordo por lo alegre y bailarín -exclamó la Lechuza.

-Y ahí no más le dieron el premio.

Se hizo justicia. Nadie pudo igualarle. Fue el que bailó más y mejor.

Cuando recibió el premio, se puso a cantar y a dibujar piruetas en el aire.

El Tordo fue el único pájaro que bailó de noche, en la fiesta de las Vizcachas, bajo la luna grande y redonda.

Bailó hasta cansar a los músicos y al final de la fiesta aprovechaba el silbido del viento para ensayar nuevos pasitos de baile.

Por eso al Tordo le cantan esta copla:

El  Tordo baila que baila,

¡cómo le gusta bailar!

Por andar de fiesta en fiesta

se olvida de trabajar.

 

Javier Villafañe.

Poeta titiritero. Argentino.

(Fábula publicada en 1941 en

Diario “La Prensa” de Buenos Aires.)

El Tordo viejo

Algo de grata melancolía le deparaba a don Dalmacio esa mañana.  Observaba a un tordo, interrumpiendo su paseo.  En su jaula de mimbre, colgada bajo un naranjo florecido, junto a un cerco de alambres, esponjaba sus plumas, despacioso, pacífico y estiraba luego un ala, luego la otra.

Había perdido el brillo que lo hiciera de color negro hermoso, empavonado en plumas, su pico tenía una breve mancha blanquecina en las comisuras, y sus patas se crispaban en el balancín como si se esforzaran por mantener erguido ese cuerpectio que había conocido las delicias de la libertad.

Dalmacio lo miraba intrigado, quizá porque no cantaba el tordo en esa mañana incitadora de melodías.  Reparó que una mujer joven y de graciosa sonrisa lo observaba a él, desde el patio visible de la casa, y sin perturbarse preguntó Don Dalmacio:

-¿Canta ese tordo?

-No, señor –le respondió amable- no canta porque es viejo…

-¡Ah!, es viejo…

Tuvo en su corazón un reflejo de su propia edad.  Se recobró. La vejez concluye sin cantos.  ¡Nadie quiere tener en el alma la imagen de lo que se afea y se deforma!  El tordo era viejo.  ¿Y hacia dónde iba él -pensó- tan apresuradamente en el tiempo de transcurso veloz para su vida?  El tordo no cantaba, agobiado de años y por supuesto, su corazón, tampoco reviviría para el amor.  Había perdido con su libertad, la facultad de amar y con los años, también la de cantar.  ¿O era que había perdido con su juventud el privilegio de ser amado y adquirido el don meditativo del silencio?

Todo transcurre con la bíblica verdad: el tiempo de amar, el tiempo de sembrar, el tiempo de cantar, ¡el tiempo de vivir!  Y llega el de morir.  Se sintió don Dalmacio en la jaula extraña que es la vida, con su horizonte de muerte, y cerca del naranjo miró las ramas que empezarán tímidamente a cubrirse de azahares como si en esa blancura incipiente se asomara el retorno seguro de la fe y la esperanza en la prodigalidad de la vida.

Comprendió que hubo una belleza pasada en la vida de ese tordo.  ¿Algo de su propia juventud libre, entusiasta, confiada y plena?  Nada muere por completo de lo que ha sido bello alguna vez.  Con todas sus vanidades doblegadas,  se sintió esencialmente humilde y permanente.  No se sintió solo ni viejo; se sintió en el concierto universal del hombre, a un tiempo perecedero y eterno, hasta donde es posible concebir la eternidad…

 

Gastón Gori

“El obsequio de los Pájaros”.

1981, p. 42-44.

 El  Hornero

Jaebé, un indiecito madrugador y trabajador, hijo del más hábil cazador de la región, vivía en una tapera cerca de la costa, al este del antiguo bosque de quebrachos.

Amanecía diciembre y el calor lo sofocaba.

Se acercó a las quietas aguas de la laguna y escuchó el canto de Yponá, la pastora. Inmediatamente se miraron.

Comprendió que estaba enamorado de ella. Sintió un impulso inexplicable, pero se contuvo y nada le dijo.

Sin embargo, tenía que respetar la voluntad de su padre y participar en las pruebas anuales para acceder a la mano de Eboteg –Flor de Agua-  la hija del cacique.

Era tan ágil que ganó todas las competencias en distintos terrenos y venció en el cruce a nado hasta la isla.

En consecuencia, le correspondía cumplir un prolongado ayuno y quien soportara más tiempo, sería el marido de Flor de Agua.

En la tribu todos estaban atentos a los acontecimientos.

Pasados los pocos días de preparación, llegó el momento de iniciar el gran esfuerzo.

Sólo disponían de una amarga bebida para calmar la sed y de rústicas mantas para protegerse.

Las familias los alentaban y el calor los torturaba.

Uno a uno cesaban en su intento, algunos desfallecientes.

La manta que cubría a Jaebé seguía igual que el primer día, en la misma forma y en el mismo lugar, sólo un poco descolorida por los efectos de la copiosa lluvia, de la luz y del calor solar.

Orgulloso se acercó su padre, creyéndolo dormido.

Levantó la manta que tejiera su mujer en el último invierno y quedó paralizado por la sorpresa. Jaebé no estaba.

Se movía inquieto un pájaro rojizo. Aleteaba apenas.

De pronto, levantó vuelo y se posó sobre la rama de un espinillo. Canto una, dos, tres veces.

Entre la concurrencia estaba el hechicero de la tribu, quien anticipó que seguramente, esa avecilla era el alma del último enamorado ayunador.

El pájaro ascendió hasta la alta copa del ombú y otra vez se oyeron sus armoniosos gorjeos.  A su lado se posó otra ave.

El brujo anticipó su opinión:

– Son almas que se aman, que se buscan, que se encuentran y se alegran. Por eso cantan, cantan, cantan. Es su misterioso mensaje.

Todos sabían que la pastora había desaparecido en la última semana. Nunca se supo si la robó una ola o si la ahogó una pena.

En vísperas del día de la Inmaculada Concepción de María, las dos aves seguían volando juntas. Barro y paja sirvieron para hacer el nido, con sala y alcoba.

Un español que convivía con los aborígenes, los nombró horneros.

Un poeta que nunca había escrito un verso dijo:

Mientras la luna se baña en la laguna

Yponá roza con su ala,  la roja flor.

Señala a Jaebé el lugar preferido.

Carga él fresco barro y semillas de diente de león.

Agrega algunas hierbas y fibras de algodón.

Es hábil arquitecto y un alegre cantor.

Cuando esté terminada la construcción

Yponá pondrá el misterio en su interior

hasta que los despierte un débil piar.

Picos abiertos recibirán el cotidiano manjar.

Volverán a ser los ciclos de crecer, volar y  cantar.

Los pájaros enamorados protegen el hogar.

Nidia Orbea de Fontanini.

De “Leyendas en vuelo…”(Inédito)

Recreación… de una antigua leyenda guaraní.

Leyenda de la Paloma de la puñalada

Cuando los guaraníes se reunían alrededor del fuego durante las noches del invierno, las abuelas contaban algunas historias muy interesantes.

Así sorprendían a sus nietos hablándoles de Tupá, uno de los dioses que respetaban todos los integrantes de esas tribus.  Comentaban que una vez, Tupá descendió hasta la orilla de un caudaloso y miró hacia el bosque cercano.  Juntó barro y lo mezcló con algunos pequeños trozos de madera de los árboles que allí crecían y después de amasar, amasar y amasar,  Tupá logró formar al primer hombre y a la primera mujer, que necesariamente tenían la piel oscura.   Al contemplarlos se entusiasmó y decidió crear otros animales: hizo una bola con barro, tronquitos y hojas secas y empezó a modelarla hasta que quedó algo así como un chorizo y entonces dijo: esto será una víbora y así fue cómo empezó a moverse la temible yarará.  Miró hacia lo alto y se imaginó algún animalito volando; le pareció fácil hacer sólo con barro algo así como un rectángulo, lo apretó en el medio y se dio cuenta de que podrían ser algo así como dos alitas, buscó dos hierbas resistentes y las agregó a la cabecita como si fueran dos antenitas.

Como Tupá era un dios, miró su obra dos veces, de uno y otro lado y dejándola apoyada sobre la mano derecha vio cómo empezaba a moverse hasta que voló, voló, voló y se posó sobre una flor.  Se alegró al verla volar y quiso hacer otro animalito con alas, esta vez ya no un insecto sino uno que tuviera esqueleto, que fuera más pesado.  Le gustaron los colores de la mariposa y pensó cómo podía hacer para que su futura creación también luciera distintos tonos.  Empezó a modelar hasta que completó un pequeñísimo pajarito que como por arte de magia también estaba cubierto con delicadas plumitas de varios colores y con bastante brillo.  Mainumbí –dijo- mientras el colibrí salió volando, volando, volando… y se escondió entre las ramas del sauzal.  Con alegría juntó más barro y con la misma mezcla que usó para el colibrí, hizo otra ave, también con plumas azules, verdes, amarillas, rojas, grises pero en vez de un largo y fino pico, le puso uno grueso como para que pudiera comer algunos frutos.  Lo posó sobre la rama de un ceibo y enseguida el guacamayo voló, voló, voló…

Todos estaban muy tranquilos en ese lugar hasta que Añá, el dios del Mal se enteró que ahí vivía una pareja de hombres de piel blanca y decidió apoderarse de la jovencita con la intención de convertirla en una mansa avecilla.    Lo logró y una blanca paloma empezó a aletear y se alejó hasta el bosque donde estaban las que había creado Tupá.

Han contado las abuelas que enseguida se dio cuenta de que la mariposa y las otras aves lucían atractivos colores y como suele pasar entre los hombres, sintió envidia y empezó a buscar entre su plumaje alguna que aunque fuera muy pequeña, tuviera otro color.  Tanto estuvo picoteándose que se lastimó y la sangre le tiñó las blancas plumas del pecho.  Es probable que Añá haya estado por ahí, pensando en hacer alguna otra brujería, porque desde entonces esa palomita nunca más volvió a ser toda blanca y luciendo ese original medallón natural y rojo, siguió revoloteando de rama en rama…

Nidia Orbea de Fontanini.

Recreación de una leyenda guaraní.

El  Cóndor

A la media luz de la inaccesible boca de la cueva, vi lo que puede llamarse el nido del cóndor, y en verdad, invitan a la reflexión más grave, la rígida desnudez y la pobreza estoica del lecho en que descansa de sus viajes imponderables el rey del mundo alado de América. Él impera en las cumbres, domina las más altas tempestades, asiste invulnerable a los ventisqueros aterradores y a las erupciones volcánicas; preside la formación de las nieves en la nube y en la roca, lucha victorioso con las más bravas corrientes atmosféricas, rompiéndolas con el borde de las alas, sin alterar la serena majestad de su vuelo; sacrifica para su alimento multitud de seres vivientes y conoce tesoros ocultos por los cuales la humanidad promovería guerras exterminadoras; y no obstante, su vivienda es una gruta fría y desnuda, que el viento azota, el rayo calcina y la lluvia anega; su nido es el hueco de la piedra donde rara vez descansa su cuerpo, manteniéndose de pie, cubierto con su propio plumaje, cuando no pasa las noches a la intemperie, solo, como un espíritu maldito, sobre la última cima de una roca ennegrecida por el rayo, contemplando el eterno y mudo rodar de los mundos luminosos, y a sus pies la sombra de la tierra, inmensa y difusa como el vacío en que resonó por vez primera la palabra de Dios.

¡Problema impenetrable es ése, sin duda: la vanidad de nuestra miserable naturaleza humana no se sacia jamás de poderío, de esplendores y de fugitivas grandezas terrenales, mientras hay seres que repudiando lo que ella adora; insomnes eternos del pensamiento y de la hermosura, luchan sin reposo contra las leyes de la vida, con la única esperanza de alcanzar la región de la luz sempiterna, de la contemplación infinita de la belleza originaria e imperecedera!

Fragmento del libro Mis Montañas.  [13]

Joaquín Víctor  González.

Del Archivo de la “Cofradía de los Duendes”…

Sabido es porque lo han comentado algunos amigos de la Tacuarita, que en su cuartito verde los Duendes guardan recortes de diarios y de revistas en cajas que suelen estar apoyadas sobre el piso porque los libros ya ocuparon todos los anaqueles hasta en doble fila… Son cinco duendes: el duende Amarillo es periodista; el duende Verde es ecologista, el duende Gris es casi un oficinista, el duende Azul es un romántico casi pionero, casi poeta, casi político… y el duende Rojo es el que se integró a la Cofradía en Lloret de Mar, en Cataluña, en España unos minutos después de terminada la canción de Bisbal y es un hábil auxiliar en emergencias médicas. Allá este duendecillo en pocos días algo aprendió cerca de los Xavi el Crespo y el Mira-, aprendió que hay que saber esperar sin desesperar…

Sus cofrades, cada uno desde su lugar, controlan que las polillas no hagan estragos en el archivo mientras él está alerta al ritmo de los latidos, a los sonidos de la tos y del hipo.

Un caniche blanco va y viene; cuando no está su amita no ladra hasta que no ve a los gatos haciendo equilibrio sobre el tapial o las rejas.

En ese lugar se van ordenando las palabras y se van formando las oraciones que integran sucesivos párrafos de breves historias que confluyen en la Historia de la Humanidad.

Aquí, ahora, otra invitación para seguir leyendo…

Aventura de los destructores de nidos

Cada vez que estos malentretenidos chiquillos vienen a mi rincón suburbano, destrozan todos los nidos que encuentran y que pueden.

¿La industriosa tenacidad de los horneros amorosos no les toca el alma?

¿No se conmueven ante la desesperación de las aves, que pían, revolotean y se agitan inquietas, mientras piedra va y piedra viene, en el anhelo feroz de destruir, de deshacer, de hacer mal?

¿No los emociona esa insistencia de los constructores, que cinco metros más allá de donde se halla la ruina de su antigua fábrica, unos días más tarde, erigen -de nuevo- alegremente su refugio?

¿No se hacen idea de que una pareja de aves, que posee una pequeña casa aérea, en la cual verán la luz sus pichones, es una familia?

¿No han imaginado nunca el diálogo de los pájaros padres con sus hijos en el momento del bombardeo terrible de las pequeñas manos humanas, cuya destreza debía emplearse en más nobles, generosos y altruistas menesteres?

Dice el pequeño pájaro:

-Padre, he sentido una brutal conmoción en nuestra casa. ¿Qué sucede?

El interrogado, que intenta disimular para no asustar a su prole, trata de disfrazar la verdad:

-Es el viento, hijo.

-¿El viento?… No lo parece, padre. El viento con ser tan genio es un amigo nuestro. Cuando él corre solo, nos balancea como si estuviéramos en una cuna.

-Posiblemente hoy estará más enojado que de costumbre.

-¡Mira! ¡Otro golpe! ¿Con qué mano nos pega el viento? Quiero saberlo. ¿Me dejas ver qué es?

-¡No te asomes, pequeño, pudiera ser peligroso!

-Si temes un mal, ¿sabes, pues, lo que sucede?

-Sí, hijo; desgraciadamente tengo que informarte que nos están atacando nuestra casita.

-¿Por qué, padre? ¿Qué mal hemos hecho?

-Ninguno. Son los pichones de los hombres, que se divierten. Su falta de amor no les permite encontrar mejor entretenimiento.

Adolfo Montiel Ballesteros.

De “Cuentos para los niños de América”. [14].

Leyenda del Caraú…

Entre los guaraníes -y algunos matacos-, repetían la leyenda del caraú (carau).

Contaban que había vivido en esos lugares un hombre muy trabajador, excelente bailarían… y que estaba una noche disfrutando con todos los jóvenes de varias tribus amigas cuando le avisaron que estaba muy enferma su madre y que lo llamaba.  No interrumpió sus rítmicos pasos y dijo que esperaran un rato.  La música continuaba y él tampoco dejaba de bailar.  Tanto demoró en responder al pedido de su madre, que al amanecer se sintió cansado, se sentó sobre un tronco seco y después de tomar suficiente agua, se despidió de los pocos que lo acompañaban y empezó a pensar en cómo estaría su enferma madre.

Llegó cuando ya había muerto y ofendidos sus familiares ocultaron el cadáver y le dijeron que ya la habían enterrado.  Lloró como si fuera un niño.  Unas horas antes había sido un animado bailarín y en ese momento era un hombre vencido.

Como era costumbre en ese tiempo, usó luto y rogaba a los dioses por el alma de su madre hasta que una noche desapareció.  Nunca más fue a los bailes, nadie lo volvió a ver.  El hechicero comentó que se había convertido en un caraú.  Imitó el grito de ese ave y dijo que lo había visto posado a orillas de la laguna luciendo su largo y encorvado pico.

También contó que otras veces, lo observó mientras lentamente calmaba su sed en la orilla de una laguna… [15]

Nidia Orbea de Fontanini.

Recreación

El Aguará

De Leyendas en vuelo

Nidia Orbea de Fontanini

(Relato de antigua leyenda guaraní)

Cerca de un monte de espinillos, tres hermanos mayores salían y dejaban al menor solo, en la segura choza. Una noche, el niño escuchó que un zorro lo invitaba a jugar. Noche tras noche fue aprendiendo a cazar y se entusiasmó cuando empezó a hablar casi como los animales. Creció, creció y cuando regresaron sus hermanos ya no podía entender ese lenguaje. Tenía la casa llena de animales. No aceptó trasladarse a la tribu, prefirió quedarse con sus acompañantes y lo explicó con sus nuevos gestos: mostró los dientes, aulló y sus parientes recién llegados, huyeron aterrorizados.

Desde entonces, el aguará sigue cruzando los montes y cuentan las abuelas, que si algún travieso niño lo alcanza a ver desde lo alto de un árbol, se baja enseguida y regresa rápido, rápido, rápido hasta el refugio donde ha quedado su familia…

 

¿Cómo llegó este aguará hasta el refugio de los pájaros?…

 

(Intento:

¡Tener en cuenta que somos animales!…

Que somos agua aproximadamente en un setenta por ciento…

Que según algunas investigaciones, el alma pesa veintiún gramos… ¡Casi nada!…

Que más allá de lo mutable, está lo Inmutable…

 

* * * * * * * * *

“EL PATRIARCA DE LOS PÁJAROS”…

El poeta Gastón Gori, a fines del invierno de 1983 después de saber que había sido incorporado como Miembro Correspondiente en la Academia Argentina de Letras, escribió un extenso poema.  [16]

Aquí, algunas estrofas:

 

“Nunca quise ser el grande,

el poderoso;

no quise mandar hombres

quizá por respeto

a los azahares,

a las notas bellas de los violines.

Nunca pensé en coronas

ciñendo mi frente

-minúsculo asiento del mundo-

ni que alguien se humillara

en una reverencia.”

………………………………………………………………….

En la década siguiente, Gastón Gori escribió:  [17]

“Quiero para mi vida nada más que un minúsculo

nido de picaflor para mirarlo de mañana

cuando apenas asoman picos blandos

donde baja el amor, maravilla en el aire.

Y eso lo tengo: columpia de un gajo

de la bignonia nido de colibrí tornasolado,

se afelpa como hojas de dulces amarantos.”

………………………………………………………………….

 

[En el Honorable Consejo Municipal santafesino, el 6 de septiembre de 1990 hubo un acto en reconocimiento a “su permanente contribución a la cultura nacional” y en consecuencia, fue declarado ciudadano ilustre (Resolución Nº 1826 del Honorable Consejo Municipal de la ciudad de Santa Fe del 28 de septiembre de 1990).

El 28 de septiembre de ese año, a las 10:55 se reunieron en el recinto del Honorable Concejo Municipal –presidido por el concejal Hugo Ponce –Partido Justicialista-, los señores concejales para la sesión que comenzó con el izamiento de la bandera nacional a cargo del concejal Doctor Raúl Prieto –de la Unión Cívica Radical, odontólogo, hijo de amigos nuestros- y después de la lectura de los asuntos entrados, el concejal José R. Ángel –presidente del Bloque del justicialismo- pidió la palabra y propuso una modificación del orden del día, “a los efectos de que podamos tratar en este momento el expediente Nº 6480 R.90 de autoría de los concejales Raúl Prieto y Roberto Magín, por el cual y a invitación oportuna, se justifica la presencia de Gastón Gori en el recinto, lo que significa un orgullo que sentimos los santafesinos, por este hombre que tiene una lucha constante en función de compromisos sociales que asumió como escritor y por lo cual no puede dejar de hacernos sentir orgullosos”.  Leyó luego los considerandos del despacho de la Comisión de Cultura –implícitamente ofreció el homenaje-, destacándose “que el citado escritor santafesino es autor de numerosos ensayos, novelas, cuentos, y obras de investigación sobre cuestiones de inmigración, actualmente utilizados como material de estudio de diversas universidades, lo cual le ha valido ser merecedor de innumerables premios y distinciones, entre ellas el más alto al que puede aspirar un escritor en Argentina, que es el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores en 1990.”  Se aludió a “una de sus obras más célebres, ‘La Forestal’ editada en 1965” –digamos que reeditada en 1974, 1983, 1984, 1986, 1988, 1990 y 1991. Destacaron los concejales durante aquella sesión, que “La Forestal” es un testimonio de la explotación en los obrajes madereros del norte santafesino, además de una denuncia histórica que no puede dejar de reconocerse.  Por ello y por el orgullo que debemos sentir de que este prolífico escritor pertenezca a nuestra ciudad, la Comisión de Cultura y Acción Social aconseja la aprobación de la siguiente resolución:  Art. 1º Dispónese que el Departamento Ejecutivo Municipal declare ciudadano ilustre al escritor Sr. Gastón Gori.  Art. 2º De forma.

Habló luego el concejal Dr. Carlos Iparraguirre –de la UCR-: “Más allá de la cuestión formal que implica el hecho en sí de una declaración por parte de este Cuerpo, creo que este reconocimiento, este homenaje que estamos realizando tiene que llenar de orgullo a quienes formamos parte de él, porque este reconocimiento es quizá a la expresión más lúcida y más elevada que nuestra ciudad ha brindado como aporte a la cultura del país y del mundo, y también por las virtudes y el don de transmitir y llevar el mensaje a través de la literatura que está comprendida en la vida y la obra de Gastón Gori.  Es un mensaje político de un hondo contenido social como bien se destaca en el despacho, con un claro sentido también, de denuncia de todas las injusticias que permanentemente explotaron los poderosos, que han sometido, y someten, a las mayorías populares.  Hacer hoy este homenaje más allá de lo que significa el hecho de que Gastón Gori haya recibido el Gran Premio de Honor de la SADE., título solamente compartido con las grandes plumas de nuestra literatura, hacer, digo, este homenaje hoy, en un momento político de nuestro país, de nuestro continente, donde el discurso de los sectores del poder que plantea la muerte de las ideologías, plantea un mensaje que busca quitarle la razón de ser de las luchas populares, un mensaje de resignación y de sometimiento que hasta busca las causales de justificación de la entrega y de la explotación.  Frente a todo este discurso, poder hoy aquí reivindicar y homenajear con todo el merecimiento que tiene la figura de Gastón Gori es una cuestión que nos llena de altivez, por eso nosotros creemos que bajo esa influencia y este homenaje destacamos nuestros mis mensajes, nuestros mismos sentimientos o expectativas que movilizan a todos aquellos militantes de partidos que buscaron un camino de transformación, de cambios sociales, de enfrenar a la injusticia y cuando se concluye con expresiones literarias, en este caso, justificamos nuestro sentimiento de orgullo.  Para nuestra generación y para los más jóvenes y más jóvenes vamos asumiendo grandes compromisos de nuestra vida y tenemos el ejemplo de hombres y figuras como Gastón Gori, que marca un camino, que marca una línea en la que nos estamos formando permanentemente y tomamos como ejemplo o reflejo.  Por ello entendemos que es un acto de justicia este homenaje.  Una razón de ser del proyecto presentado en su momento”… y siguiendo en el uso de la palabra, anticipando que “a través de la Comisión de Cultura vamos a concertar en los próximos días, que la municipalidad tome bajo su responsabilidad la edición de mil ejemplares de LA FORESTAL para que sean entregados a las escuelas no sólo en nuestra ciudad sino en todo el norte de la Provincia, como una forma de proyectar desde el municipio de Santa Fe ese testimonio tan vivo, real hoy más que nunca por la situación que se vive en nuestro país”.  Hablaron después los presidentes de bloque de otros partidos, reiterando el concejal José Luis Benaglia –de otro bloque justicialista-, y “reiteró la importancia de que el libro LA FORESTAL sea distribuido también en las escuelas de la provincia.; finalmente habló el concejal demócrata progresista Dr. Miguel Ángel Bullrich y nuevamente el presidente Hugo Ponce, para poner a votación el proyecto que fue aprobado por unanimidad, entregándole luego “un presente” mientras “los aplausos”, quizás para Gastón –en su humildad…- no eran más que una tradicional monotonía de palmas siguiendo el insistente ritmo del acercarse y alejarse…  aunque sabemos quienes estamos en actos similares, que es su costumbre aplaudir cuando lo aplauden.

(Este diario de sesión inicia la edición de La chica del gato y hay una aclaración porque el autor tenía un compromiso anterior con una editorial y se sustituyó ese libro por la tercera edición de Nicanor y las aguas furiosas… que como saben quienes lo han leído, entre cuento y cuento, entre relato y relato revela otro de los dramas de los argentinos: no ser dueños de la tierra; soportar la prepotencia de quienes detentan el poder del capital; sucumbir cuando las inundaciones arrasan las cosechas; sobrevivir cuando se producen los despidos; soportar la imprevisión estatal con respecto a los seguros de desempleo que son tan nombrados en países que siguen el rumbo señalado por la avasalladora globalización.)

1990: en la Municipalidad de la Ciudad de Esperanza

Gastón Gori en un acto organizado por la municipalidad de su ciudad natal, en el departamento Las Colonias, provincia de Santa Fe, con los antecedentes mencionados en el Expediente 23565-C-90 ha sido declarado CIUDADANO ILUSTRE mediante el Decreto 4276 del 16 de noviembre de 1990.]

2003: Propuesta de la Sociedad Argentina de Escritores…

La comisión directiva de la filial Santa Fe de la Sociedad Argentina de Escritores, propuso a la subsecretaría de Cultura que se considerara la posibilidad del otorgamiento del Premio “Juan de Garay” al escritor Gastón Gori.  [18]

En ese tiempo era titular la Prof. Florencia Lo Celso -en 1995 coordinadora de la Zona Centro Sur y con vasta experiencia en la delegación rosarina- y mediante la Disposición Nº 291 del 30 de octubre designó a los integrantes del jurado, quienes se expidieron la semana siguiente, resolviendo por unanimidad otorgar el Premio a Gastón Gori.

21-05-2004: VI Premio “Juan de Garay” a Gastón Gori.

Tras los trámites pertinentes, el  21 de mayo de 2004 el gobernador Ingeniero Jorge Obeid firmó el decreto Nº 0827 teniendo a la vista “el Expediente Nº 00401-0132318-7 del registro del Ministerio de Educación, mediante el cual su Secretaría de Cultura solicita se otorgue el Premio ‘Juan de Garay’ correspondiente al año 2003”. [19]

(Adviértase que a partir de la gestión del gobernador Obeid, es “Secretaría de Cultura” y desde el 10 de diciembre de 2003 es titular el Licenciado Raúl Bertone, ex director del IPA”José Pedroni” en 1985 y directivo en la Escuela de Cine y Televisión de Rosario; persona de confianza del actual gobernador durante su gestión anterior, ya que sucedió a Enrique Llopis desde el momento de su cese, 1º de julio de 1997 hasta la finalización de aquel mandato, 10 de diciembre de 1999.)

A partir del tercer considerando está escrito:

“Que el citado escritor fue seleccionado por su trayectoria intelectual, firmemente sostenida por una ética inclaudicable;

Que su obra está constituida por más de medio centenar de libros que incluyen casi todos los géneros, entre los que se cuentan clásicos como ‘La Forestal, tragedia del quebracho’ (colorado) e ‘Inmigración y colonización en la Argentina’.

Que además, se ha destacado por su actuación en cargos públicos, en instituciones y en conferencias, lo que lo ha constituido en una figura insoslayable para la Provincia;

Que asimismo, a instancias de la Presidencia del Jurado y con el acuerdo del resto de sus miembros, se decidió otorgar una mención especial a todos los participantes, como una forma de reconocer el trabajo de toda una comunidad a favor de  la cultura;

Que la Secretaría de Cultura del Ministerio actuante otorga su aval a la presente gestión;

Por ello:                      El Gobernador de la Provincia

Decreta:

Artículo 1º: Otórgase el Premio “Juan de Garay” instituido por Decreto Nº 3562, correspondiente al año 2003 al escritor Gastón Gori (seudónimo de Pedro Marangoni) propuesto por la Sociedad Argentina de Escritores – Filial Santa Fe (S.A.D.E.),

Artículo 2º:  Otórgase una mención especial a todos los aspirantes al citado galardón, como una forma de reconocer el trabajo de toda una comunidad a favor de la cultura: Laura Lidia Vizcay; Dante Ruggeroni y Pablo Alcides Pila de Reconquista; Gabriel Cepeda de Granadero Baigorria; Lorena Maricel García de Monje; Olindo Cecilio Strada de Sastre; Antonio Héctor Torres de Fuentes; Jorge Alberto Hernández; Jorge Taverna Irigoyen y Luis Di Nucci de Santa Fe; Víctor Hugo Debloc de Romang; Juana Rosa Cordero de Timbúes; Belkys Larcher de Tejeda de Coronda, María Angélica Kovasevich de María Susana; Olga Bressano de Alonso de Correa; Hugo Lorena de Santo Tomé; Aldo Emilio Basaglia de Rosario; Raúl Lanas de Casilda; María Inés Hischier, Selvino Ortolano, Mareili Sordello, Gladys Costamagna, María Isabel Ferrero, Fortunato Nari, Eduardo Jara y Edo Sgrazzutti de Suardi; Roberto Beliera y Antonio Bosikovich de Máximo Paz; Jorge Raúl Muñoz de San Genaro; Emilio Martín Pasquinelli de Villa Mugueta y Nilson Maritano de San Jenaro Norte.  [20]

Artículo 3º: Regístrese, comuníquese y archívese.”

Ingeniero Jorge Alberto Obeid

Prof. Carola Nin (Ministra de Educación)

Hay Sello del Ministerio Coordinador.

Otros Sellos.

Juan Manuel Capoccetti

Subdirector General de Despacho y Decretos.

(Lecturas y síntesis: Nidia Orbea de Fontanini.)

 

 

 

 

 

 

[1] Gori, Gastón. Y además, era pecoso… Santa Fe de la Vera Cruz, Litar, 1982, p. 13-15..

[2] Ibídem, p.  85-86.

[3] Elsa Isabel Bornemann: maestra, profesora en Letras, diplomada en Lenguas inglesa y alemana. Entre comillas, fragmento de “El cumpleaños de Lisandro, Buenos Aires, Editorial Latina, 1974. Otros libros publicados: Tinke-Tinke, El espejo distraído premiado con la Faja de Honor de la SADE –sociedad argentina de escritores, Buenos Aires- en el género Literatura Infantil, 1972. Al año siguiente publicó Andar por los aires (1er. Certamen Nacional de Cuentos para Niños auspiciado por el Ministerio de Educación de la Nación. Sus trabajos han sido incorporados en la revista infantil Billiken y en otras ediciones argentinas. Ha participado en Ferias de Libros en la Capital Federal y en distintas provincias. Hay más títulos y será interesante una aproximación a otra biblioteca para avanzar en el reconocimiento a su fecunda trayectoria…

[4] “El Día de los Pájaros” libro escrito por Gastón Gori, presentado el 17 de noviembre de 2002, en “La Casa del Sur” en la capital santafesina y en distintas localidades, por el Dip. Nac. Carlos Iparraguirre, editor de mil ejemplares, donados a escuelas de distintos Departamentos.  Gastón Gori de acuerdo a sus observaciones, propuso que el 17 de noviembre se celebre “el día de los Pájaros”.  En algunas localidades de España, la celebración es “el 10 de mayo” –primavera en el hemisferio norte- y en consecuencia, es reiterada aquí la propuesta: celebrar LA SEMANA DE LOS PÁJAROS del 11 al 17 de noviembre…

[5] Antonio Requeni: Poeta y prosista. Nació en Buenos Aires en 1930. Publicó “Luz y sueño”, 1951; “El alba en las manos”, 1954; “Umbral de horizonte”, 1960; “manifestación de bienes”, 1965; “Inventario”, 1974…

[6] Gastón Gori en La pluma incesante. Santa Fe de la Vera Cruz. Ed. Litar, 1984, p. 91, final de “El grupo Espadalirio”.

[7] Poemas seleccionados por la Prof. Delia A. Travadelo, Santa Fe, Verano de 1953. Incluidos en Júbilo del Canto-Antología para niños y adolescentes. Santa Fe de la Vera Cruz, Librería y Editorial Castellví, 15 de febrero de 1954.  El 5 de febrero con mi amado-amante Eduardo Rodolfo Fontanini Doval, firmamos el acta de matrimonio civil, al día siguiente Monseñor Antonio Biagoni, bendijo esa unión en la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen.  Un año después, el 15 de febrero de 1955, nació nuestro hijo Eduardo Carlos Manuel, luego alumno de la destacada educadora santafesina en la Escuela Industrial Superior dependiente de la Facultad de Ingeniería Química.

Anotó la profesora Delia Travadelo: Abubilla: pájaro del tamaño de la tórtola, de cuerpo rojizo, ala y cola negras con listas blancas. Se cría en Europa, Asia y África. Alcaraván: ave zancuda de color pardo, muy vocinglera. (Ob. cit. p. 113)

[8] Anotó la Prof. Delia Travadelo: Picota: parte superior, puntiaguda, de un monte. Rondaflor: picaflor. (Ob. cit. p. 116)

[9] Travadelo, Delia. Ob. cit. p. 126.

[10] Ibídem, p. 98.

[11] Gori, Gastón. Poemas de Nacer y de Vivir.  Santa Fe, Ediciones de la Cortada, 1995, p. 19-20)

[12] Relato de “El obsequio de los Pájaros” (Santa Fe, Edit. Best Seller, 1981, p. 29-31.) Gastón Gori, poeta, escritor. Miembro Correspondiente de la Academia Argentina de Letras (1953). Ciudadano Ilustre (de Santa Fe de la Vera Cruz, de Esperanza, su ciudad natal.  Nació Gastón el 17 de noviembre de 1915, hijo de Basilio Marangoni y de Emilia Saccavino, es el

Doctor Pedro Raúl Marangoni, reside en la capital santafesina, como él escribió: “Corazón legal de la República” porque es la “Cuna de la Constitución Nacional” en 1853, sede de

sucesivas reformas (incluyendo la de 1957 y 1994, en el Paraninfo de la Universidad Nacional del Litoral).

[13] Joaquín Víctor González, nació en La Rioja el 3 de marzo de 1863 y falleció en Buenos Aires el 21 de diciembre de 1923. Poeta, legislador, gobernador en su provincia natal. Publicó varios libros: Cien poemas de Kabir, Cuentos y fábulas nativas, Manual de la Constitución, entre otros.

[14] Adolfo Montiel Ballesteros: escritor uruguayo. Animador de Teatro. Publicó: Emoción, Savia, Cuentos, Fábulas y Teatro para Niños, La Raza…

[15] Palermo, Miguel Ángel.  El cuervillo de cañada.  Buenos Aires, CEAL, Fauna Argentina 53, 1984.  Aclara el autor la diferencia que existe entre el “ciervillo de cañada” y otras especies como la bandurria y el carau -o caraú-, todas con apariencia física y hábitos semejantes.

[16] Poema escrito minutos después de la comunicación de la Academia Argentina de Letras, informándole que había sido incorporado como “Miembro Correspondiente”.  (Primeras dos estrofas.) Original mecanografiado, dedicado a Nidia Orbea de Fontanini. Poema incluido en “Palabras para compartir 4” – Ediciones SEPA (Servicio de Educación por el Arte), Santa Fe de la Vera Cruz, 1990, p. 23.

[17] En “Poemas de Nacer y de Vivir. Santa Fe de la Vera Cruz, Ediciones de la Cortada, 1995, p.30.  (Primeras dos estrofas.)

[18] Presidenta de la SADE Filial Santa Fe en los últimos años, la poetisa Alba Yobe de Ábalo, Profesora de Jardines de Infantes, ex Supervisora de ese nivel, asesora de la Diputada Dolly Cavigiuri de Gagliardi (Partido Justicialista, 1999-2003, también ex docente, ex Supervisora General en la Zona Norte 1984-1985).

[19] Agradezco la atención en la división Compiladora de Leyes de la Legislatura, en el Ministerio de Educación y en la Subsecretaría de Cultura por la entrega de fotocopias a los fines de completar estas aproximaciones a la historia de los santafesinos

[20] Solicité los antecedentes de los mencionados en el artículo segundo a los fines de incluirlos en ese archivo, me informaron en la Secretaría de cultura que terminado el trámite los devolvían a quienes habían enviado las propuestas.  Con nuestro amigo a perpetuidad, el Contador Reinaldo Bruzzone –pionero en Informática en Santa Fe-, dialogábamos ya en 1984 cuando él estaba trabajando en el proyecto de registros sistematizados -Banco de Datos Culturales- en ese tiempo con el propósito de completar el inventario de bienes materiales y culturales en los museos y otros reservorios, coincidiendo en la necesidad de recopilar antecedentes de quienes se han destacado por sus aportes al solidario desarrollo de la comunidad. Si desde 1993 a 2003 no se otorgaron los Premios “Juan de Garay” y en ese decreto firmado por el ingeniero Obeid y la ministra Nin otorgaron menciones a todos los aspirantes, cuando anuncien quién fue distinguido en el año 2004 ya será posible recopilar sus antecedentes. ¡Celebro que le hayan otorgado otro Premio al Patriarca de los Pájaros!… Si lo recibe el 15 de noviembre… será dos días antes de la celebración del ¡Día de los Pájaros!… ¡el 17 de noviembre!…