Indios en tiempos del Brigadier López…

Entre los “papeles de Estanislao López” que integran el tercer volumen publicado en 1992 por el Archivo General de la Provincia, hay datos que revelan notables contrastes en la valoración de las actitudes de los indígenas.

Así como sucedió con el Brigadier General don Juan Manuel Ortiz de Rozas generándose la controversia ¡Rosas sí!… ¡Rosas no!… que ha justificado tantos libros, así es posible comprobar cómo reaccionaban ante los movimientos de los indígenas que defendían su territorio y que también servían desde las filas de compañías de ejército.

 

Aquí, algunos testimonios del Brigadier, en contra de los insolentes bárbaros, reiterados tras la lectura de diversa información difundida desde el Archivo General de la Provincia de Santa Fe:

 

Junio 06-1823 – Desde Melincué, carta a Juan Luis Orrego tras vencer el 17 de mayo, al Cacique Leinán:

“Felicítese la incomparable Santa Fe de haber humillado el orgullo de los bárbaros ranqueles en sus mismas comarcas, y escarmentado la insolencia con que intentaron oscurecer sus glorias.”

 

 

Desde Rosario, el 12 de noviembre de 1823, el gobernador López comunicaba al Gdor. sustituto Méndez, que “los bárbaros del sur, animados siempre del deseo de nuestra destrucción, acometieron la campaña de este departamento”.

 

El 8 de noviembre había salido personalmente con “treinta y tantos dragones”,  apoyado por “el Comandante D. Juan Luis Orrego con cuarenta hombres” en dirección a “la  estancia de Don Agustín Gómez”.

“Los bárbaros eran más de doscientos… se quedaron sin hacienda alguna, principalmente cabalgar, con un considerable número de muertos…”

 En la lucha murió el Comandante Don Juan Luis Orrego.

 

(Nº 473,  p. 58. Archivo del Gobierno.

Apéndice 2. 1821 a 23, f. 957-958 v.)

 

El 28 de junio de 1828 el gobernador López estaba al frente de las tropas en Mandisoví Chico. En sucesivas notas a su sustituto, Dr. Pascual Echagüe  había reconocido cómo desertaban sus soldados “antes de ver la cara del enemigo”, llevándose las armas.

 

Le preocupaba “la entrada contra los indios” y  el 19 de ese mes, Echagüe le había escrito comunicándole que  no se había cumplido con lo proyectado “por la falta de agua en los campos y distancia tan considerable  a que se ha retirado la Indiada”.

Existía la intención de “darle un golpe en combinación con Don Nazario Zosa”, porque podría ser un “escarmiento” a las “bárbaras incursiones”, “la una por Eusebio y la otra por Blas Antonio”.

 

En carta a Don Pascual Echagüe, el 29 de julio de 1828, encontrándose López en el Cuartel General en Paso de Itaquí, le advierte que puede suspender  el viaje de  “los Dragones e Indios que me dice quiere Ud. mandarme”,  por cuanto había decidido que Fructuoso Rivera quedara al mando del  Ejército que operaba en las misiones orientales.

Avisaba  que:  “con Don Ignacio Vera despaché al indio Agustín Copio,  este indio me ha dado bastante trabajo, así es que deseo no verlo más.”

 

(Nº 556 – Archivo del Gobierno.

Apéndice 4 ½ – 1828-1851 – f. 150 y 150 v.)

 

El 25 de marzo de 1829, López contestó las cartas de Pedro Larrechea, diciéndole que: “no debemos inquietarnos mucho de las reuniones de indios que se hacen en la zarnoza. Yo creo que ellos intentarán algo sobre Córdoba en todo caso.”

 

(Nº 584 – Gobierno. Apéndice 4½. 1828-1851. F. 543)

 

Desde el Cuartel General al poniente de las Saladas, el 9 de febrero de 1831 López comunica a Pedro de Larrechea que han quedado en el Sauce  -a cargo del Tte. D. Estanislao Frutos-,  “siete soldados y nueve vecinos, y como otros tantos indios” y en consecuencia era necesario reforzar con “29 dragones que pueden venir con el teniente Reyes.”

Al mismo tiempo, le indica que “en el potrero del Monte de los Padres a cargo de Mariano Pérez han quedado más de doscientos caballos de los cuales pueden echar mano…” y duda sobre si había comunicado que ordenó a Bautista Seballos ir al encuentro del “indio mataco”, porque sabía que “estaban por expedicionar para Córdoba”.

Explica:  “temiendo que estos indios entrasen y nos  hiciesen algún mal, creí conveniente para hacerles demorar su salida mandarles decir que hiciera reunir toda la gente que tuviese caballos y salimos con todos al punto de los Sunchales, y que el mismo Bautista viniese hasta allí con ellos”.  López había dado instrucciones precisas al Tte. Frutos y a Seballos y recomendaba tener en cuenta que “es imposible no manden pedir aguardiente o alguna otra cosa”, “que ahora es preciso darles” evitando que “hostilizen la provincia como siempre lo han hecho”.

 

(Nº 654 – Gobierno. T. 2, 1831. f. 495-496)

 

El 6 de marzo de 1831, López contesta una carta  a Pedro de Larrechea  y le indica:

“Si los negocios de Entre Ríos demandaren la cooperación de Santa Fe, me parece conveniente que usted mande la compañía de pardos y morenos para guarnecer el Paraná; porque así podrá aquel gobierno dar a su fuerza armada otro destino, y porque a nosotros nos importa conservar aquel punto.”

Recomienda: “No permita usted que venga nadie sea indio o criollo en clase de voluntario, pues solo vienen a hacer daño y desacreditarnos. La partida de indios que vino últimamente se han vuelto sin llegar al ejército, arreando ganados. Por eso tampoco debe acceder a sus peticiones, pues de buenas o de malas siempre nos perjudican, y vale más obrar con un poco de energía.”

 

Con el propósito de alejar a “la gente de Pajón”, teniendo en cuenta las dificultades que el  Comandante “Don Nazario” -Sosa-  tenía con ellos, López  “para no disgustarlos” les hizo “creer que los montaraces andan levantados y por invadirlos…”

 

(Nº  660 – Gobierno. T. 2, 1831. f. 505-505 v.)

 

Desde Río Segundo (Córdoba), López envía una carta a Pedro de Larrechea el 20 de abril de 1831 comunicándole ser “de la opinión que el mejor punto para observar a los salvajes en sus incursiones de esta banda del Salado, es el de los Talas. Allí deberá situarse el comandante Méndez con una pieza de campaña de 20 a 28 infantes; y  aumentar el piquete de caballería con la mitad de la compañía de Andrada.  Para el celo del norte de la ciudad basta la demás fuerza estacionada en lo de Andino y en lo de García. Guarnecido el punto susodicho ya no será preciso fatigar demasiado la milicia de Coronda, teniendo sin embargo la precaución de hacerla concurrir cuando haya novedad.”

Afirma luego: “Muy justo es atender al reclamo de la tropa que sirve y debe usted disponer que se les pague. “

 

(Nº 671 – Gobierno. t. 2, 1831, F. 516-516 V.)

 

En carta del 29 de abril de 1831, López le escribió a D. Pedro de Larrechea, reiterándole que “convenía guarnecer el punto de los Talas, por ser el más importante para contener a los indios”.

Ordena que se pague a “seis pesos a los soldados”, al “Capitán Pajón, y al Alférez Don Ventura Freyre. También es preciso darles algo a los abipones; por lo que hubiere como, que reciban dos pesos, y seis sus oficiales, según la lista que pase el Comandante”.

 

Al analizar el estado general de las defensas,  le advierte que: “la permanencia de Catorí en el Monte de Vera debe ser con algún fin siniestro, pues ya sabe usted lo que él es,  y su gente. Dígale en mi nombre, o mándele decir, que puede retirarse, que supuesto que no vino al principio, ya no lo necesito, cuando la guerra está al concluirse.  El mejor medio de libertarnos de esa canalla sin ruido, sería dejarlos a pie, valiéndose de buenos resortes”.

 

(Nº 672 – Gobierno. T. 2, 1831. f. 517-517 v.)

 

El 20 de mayo de 1831, López desde Calchín le envía una carta a Pedro de Larrechea,  comunicándole: “Anteanoche se me han ido como unos treinta indios, y conociendo que todos tienen ya ganas y porque ya más no sirven de perjuicio que de bien, he dispuesto despacharlos mañana, por supuesto que se llevarán lo que encuentre que no será cosa mayor porque hay poco, por esto es que he dispuesto que de este punto se vueltan porque entrando… adentro hay más que robar”.

(Nº 678 – Gobierno. T.1, 11831, f. 522-522 v.)

 

El 2 de junio le informa: “ya me he desprendido de todos los indios que tenía en el ejército, y es probable que los otros se ocupen ahora de robarles a ellos, y nos dejen tranquila esa campaña”.

 

En ese tiempo,  evidentemente, habían sido las luchas entre sectores antagónicos que se disputaban el poder político de las Provincias Unidas, las que exigieron mayor despliegue de fuerza, y para ello, también sirvieron algunos aborígenes leales.

 

(Nº 682 – Gobierno. T. 2, 1831, f. 526-526v.)

 

Reconocimiento y pagas…

 

El 3 de enero de 1824, López indica al Ministro de Hacienda Larrechea que entregue  al Secretario de Gobierno Pascual Echagüe,  con destino al “pueblo de San Francisco Javier, reducción de mocovíes”, un aporte de cincuenta pesos  para  que puedan “proveerse de lo más necesario”.

(Nº 483. Archivo. Sección Contaduría. Tomo 133. 1815  a 1854,  f.573.)

 

El 22 de setiembre de 1824, López informa a la Junta de Representantes que parte urgente hacia “el Pueblo de San Javier, reducción de Mocovíes, para hacer más asequible el plan de pacificación de indios”.

(Nº 501 Archivo. Varios Documentos. 1817-52. Tomo 1-A. f. 272)

 

 

En la misma fecha, comunicó al Ministro de Hacienda D. Pedro Larrechea, que dejaba al Secretario General  Dr. Pascual Echagüe a cargo del gobierno.

 

(Nº 502- Archivo. Sección Contaduría. Tomo 133. 1815 a 1854, f. 581.)

 

El 25 de setiembre de 1826, el gobernador López comunica a la Honorable Representación de la Provincia,  “su salida a la nueva reducción del Sauce”, encargando provisoriamente el mando a su secretario don Pedro de Larrechea, en ausencia del Gobernador Delegado Dr. Pascual Echagüe.

En la misma fecha comunica esa decisión al Ministro de Hacienda y al Tribunal de Alzada, quienes deberán reconocerlo “como revestido de las atribuciones que competen al Poder Ejecutivo.”

 

(Nº 520 – Archivo. Varios Documentos.

Tomo 1-A, f. 329)

 

El 14 de abril de 1830, don Pablo Vidal, vecino de la villa del Rosario  le comunicó al gobernador López que el 13 de mayo de 1829, “en las inmediaciones de San Lorenzo, venía Don Carlos Lallana con un carguero que de Coronda me conducía de mi cuenta, con efectos de Castilla”:  “veinticino piezas  liencillos americanos, dos resmas papel, dieciocho remas más por separado de liencillos, dos jergones pampas, uno pintado”, todo por un valor de “ciento noventa y cinco pesos”.  En esas circunstancias,  el cargamento que trasladaba Lallana había sido “arrebatado por el indio Inocencio y sus compañeros”,  quienes  regresaban a Buenos Aires.

En consecuencia,  le solicitaba al gobierno que se hiciera cargo del perjuicio. López ordenó que el Administrador de Propios, don Fernando Carbonell le abonara esa suma, y así consta en el recibo firmado por Vidal en la misma fecha.

 

(Nº 638 – Contaduría.  t. 46. 1816-17;

1823-31; y 1836. Leg. 20, doc. 106)

 

El 18 de agosto de 1831, López se hallaba en  Córdoba. En carta dirigida a D. Pedro de Larrechea le informa:  “Aquí me tiene usted… sin poderme desprender de aquí porque todos los jefes que operan sobre Catamarca y Tucumán se están entendiendo conmigo, y no es posible dejarlos aislados, más hoy he despachado un expreso al General Quiroga para que marche, y se haga cargo de concluir con los restos de los amotinados porque sólo él está en actitud de hacer por los elementos con que cuenta”.

Se manifestó preocupado porque se comentaba que “los paisanos han muerto a varios indios entre estos nombra a Lesati y a Manguitos.” y le pide: “me instruya  a todo esto que me interesa saber”.

 

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Lecturas y síntesis: Nidia Orbea Álvarez de Fontanini.