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GASTON GORI 1951-1974 II – Caminos entre gramilla y bosque…

GASTÓN   GORI.

Caminos del hombre y de la Humanidad…

II – Caminos entre gramilla y bosque…

1951: “Vagos y mal entretenidos” – Ensayo.

De la memoria…

Algunas reediciones…

Más allá de las anécdotas

Más señales de Gastón…

Cerca del ocaso…

Ecos de una transición…

1952: “La pampa sin gaucho” – Ensayo.

1954: “Familias Colonizadoras de San Carlos” – Ensayo.

Carlos Beck-Bernard…

“Gobernar es poblar”.

Lineamientos precisos…

Los apuntes de don Carlos Beck…

El fenómeno inmigratorio en el país.

Cualidades de los inmigrantes agricultores…

Primeras familias colonizadoras de San Carlos.

Prioridades en las familias colonizadoras…

Desde el rancho a la trilla…

1955: en la historia de los argentinos.

Ediciones “El Litoral”.

“El camino de las nutrias” – 2ª edición.

Gastón rememora el camino de las nutrias…

“El lago imposible”.

Gastón Gori: 1er. Premio Concurso Nacional Sociedad Italiana.

1956: “La muerte de Antonini” – Novela.

Reedición en la “Biblioteca Fundamental Santafesina”.

1957: Convención Constituyente en Santa Fe…

Memoria insoslayable…

15-06-1957: “Los gringos cantores”.

1958: fecundidad y prédica…

“El desierto tiene dueño” – Novela.

Reedición…

Aproximación a “El desierto tiene dueño”…

Entre murmullos y silbos…

La creciente deuda…

“La mies”.

Diario del colonizador Enrique Vollenweider” – Ensayo.

“El pan nuestro” – “El pan de los argentinos” – Ensayo.

Paciente lectura y fecunda labor…

Colonización… fenómeno desvirtuado.

Convivencia de diversos grupos sociales.

Aislamiento de los europeos…

Mitines contra el oficialismo.

1958: “Aníbal Ponce” – Ensayo breve.

Los cimientos de la Revolución de Mayo.

Patriotismo y exilio…

Otra mirada hacia la historia de los argentinos…

Cátedra de Aníbal Ponce…

1959: “Universalidad de todos los pueblos…”.

“El milagro de San Isidro Labrador” – Cuento.

Insólito prodigio…

La Fe de Ulrica…

1960-61: cargos públicos y trabajo en instituciones.

1962: “Eduardo Wilde” – Ensayo.

En el rumbo literario…

Wilde, promotor de polémicas.

Wilde,  médico gremialista.

Wilde y la inmortalidad del alma.

Wilde, político y legislador.

Wilde y el reparto de la tierra pública.

Wilde, embajador.

1963: cambio de gobierno……

Conferencia de Gastón Gori…

Gastón ilumina el Camino…

Epumer…

Amigo a perpetuidad…

1964: Medalla de oro entregada en AMEP (Santa Fe)

“Inmigración y colonización en la Argentina” – Ensayo.

En torno a “Vagos y mal entretenidos”.

Gastón junto a niños y jóvenes pintores…

1964-1965: ¡Libros!… Exposición y venta.

Datos significativos…

1965: “La Forestal – La tragedia del quebracho colorado”.

Otros abusos…

31-05-1962: improvisación del Interventor Federal…

Conclusiones de Luis Gudiño Krämer…

Noviembre de 1965: comentario de Leónidas Barletta…

Reconocimiento de Emilio Alejandro Lamothe.

La Forestal y criterio de Aldo Tessio…

Impresiones tras un incendio…

Gastón revela más claves…

Exploración juvenil…

Acerca del éxito y otros riesgos…

Hechos que conmovieron a Gastón…

1968: aproximación al arte de vivir y convivir…

Pedroni y “el definitivo brillo de la inmortalidad”.

Poema de Gastón evocando a Pedroni…

1968: Gastón Gori, presidente de una delegación argentina.

Misión  en Montreal…

1969: “Esperanza – Madre de Colonias” – Ensayo.

Gastón Gori y la Historia del Museo de la Colonización…

Impulso en 1945…

Año 1946…

1955…

Bienio 1962-63…

1970: Primer Premio – Fundación David Sadovsky.

Valoración de Pedro Orgambide.

1971: “La narrativa en la región del Litoral” – Ensayo.

Disertación en Vera…

1972: Año Internacional del Libro.

“El indio y la colonia Esperanza” – Ensayo.

“La tierra ajena” – Drama de la juventud agraria argentina.

Centenario del “Martín Fierro”.

1973: IV Centenario de la Fundación de Santa Fe.

1974: “Familias fundadoras de la colonia Esperanza”.

 

 

 

GASTÓN   GORI

Caminos del hombre y de la Humanidad…

1951-1974    II – Caminos entre gramilla y bosque

1951: “Vagos y mal entretenidos” – Ensayo

Gastón suele sorprendernos con sus anécdotas y antes de rememorar algunos diálogos es oportuno tener en cuenta que durante el lapso 1946-52, en jurisdicción nacional y en nuestra provincia funcionaron los primeros gobiernos laboristas, identificados como justicialistas, peronistas.

Sabido es que el gobernador Waldino C. Suárez asumió el 16 de junio de 1946, designó ministro de Educación, Justicia y Culto al Dr. Alberto Dumont, conocido médico residente en la capital de la provincia, quien desarrolló una fecunda labor si se tiene en cuenta que durante su gestión, la Nación reconoció los títulos otorgados por escuelas normales provinciales y se establecieron premios a los mejores egresados de esas escuelas, quienes ingresaban como titulares; en el organigrama del ministerio se incorporó la Dirección General de Cultura y se estructuraron las Direcciones de Enseñanza Primaria y de Enseñanza Normal y especial. Designó subsecretario de Educación al Ecno. Ventura Bergallo. Al año siguiente, en la legislatura provincial y en el Congreso Nacional evaluaron el proyecto de intervención federal a la provincia y fue rechazado.  En diciembre de 1948 el escribano Bergallo terminó la organización del proyecto de difusión cultural itinerante con participación de todos los organismos de cultura y la intervención en febrero de 1949 impidió la concreción de ese programa destinado a todos los departamentos.

Durante ese período, fue secretario de Industrias, Orientación Profesional y Aprendizaje el Dr. Enrique A. Cárcamo y se sentaron las bases para la posterior organización de la educación técnica.

El Coronel Dalmiro J. Adaro ejerció esas funciones desde el 8 de febrero de 1949; el 4 de junio de ese año asumió el gobernador Ing. J. Hugo Caesar hasta completar el período.

En los comicios del 11 de noviembre de 1951, triunfó la fórmula del Partido Peronista: Dr. Luis Cárcamo-Dr. Enrique Arnaldo Roulet; amigo de la infancia de Pedro Raúl Marangoni, Gastón Gori .

Las ciudadanas argentinas ya estaban empadronadas para poder ejercer el derecho al sufragio otorgado mediante la ley 13.010 del 23 de septiembre de 1947 y algunas integraban las listas como candidatas a legisladoras en la mayoría de los distritos.  Triunfó nuevamente la fórmula impulsada por el justicialismo, y ese segundo gobierno sucumbió como consecuencia de los atrasos en los pagos de sueldos a la administración pública y la escasa recaudación impositiva, el 4 de marzo de 1955 asumió el interventor nacional, el joven Cap. (R.) Ricardo P. Anzorena quien como han reiterado, para resolver con mayor celeridad los problemas zonales se trasladaba con los integrantes del gabinete a las distintas cabeceras de Departamentos hasta que cesó el 20 de septiembre de 1955, tras el movimiento cívico-militar del 16 de ese mes, autodenominada “Revolución Libertadora”.

 

Gastón Gori logró editar “Vagos y mal entretenidos” – Aporte al tema hernandiano cuando comenzaba la segunda mitad del siglo veinte.  Esa obra fue impresa en la Librería y Editorial Colmegna de la capital santafesina, incluyó en la tapa la reproducción de un simbólico dibujo de Agustín Zapata Gollán: dos hombres sentados frente a frente y sobre la pequeña mesa, una botella…

El doctor Agustín Zapata Gollán, dibujante y grabador, abogado, director de la Biblioteca de la Provincia y del Departamento de Estudios Etnográficos y Coloniales (Ley 2990).

En una página de aquel libro, esta dedicatoria: “A mi ‘amigo viejo’ Amaro Villanueva, en la plana de Hernández“.

 

Silvia Braun de Borgato bajo la bignonia, acerca de ese libro editado en 1951, escribió:

“…’Vagos y mal entretenidos’ es un libro curioso por lo siguiente: son glosas a versos del ‘Martín Fierro’.”

 

Aquí, la reiteración de los versos del “Martín Fierro” que Gastón escribió como epígrafe en sucesivos capítulos:

 

I. “que gasta el pobre la vida                 en juir de la autoridad” VIII. “Cruz y Fierro, de una estancia

        una tropilla se arrearon.”

II. “faltan otros con más luces              y siempre hay quien los perdone” IX. “En su ley está el arriba

      si hace lo que le aproveche”

III. “mas dijeron que era vago                    y entraron a perseguirme” X. “Que son campanas de palo

      las razones de los pobres”.

IV. “y que es mal entretenido               si en un baile lo sorprienden” XI. “Él cargaba las carretas

      De plumas, cueros y cerda”

V. “De carta de más me vía                 sin saber adonde dirme” XII. “haciéndonos rair estaba

      Cuando le tocó el arreo”

VI.  “y que usté quiera o no quiera               lo mandan a la frontera.” XIII. “pero también los que mandan                                                      debieran cuidarnos algo”
VII. “Y a este por este motivo               y a otro por otra razón.”  

 

Silvia Braun refiriéndose a Vagos y mal entretenidos, en otro párrafo destacó:

 

“Era una época, años 1952-55, de fervorosos ideales políticos.  Gastón, como empleado, estaba a cargo del Boletín de Educación. Lo dirige de manera tal que prescinde totalmente de la pasión política partidista oficial, muy intensa, desde luego.  Esta posición no era bien vista y ciertas dificultades impidieron la salida de la revista, por lo tanto, no tenía nada que hacer.  El Ministro actuante lo manda al Archivo con una resolución en la que le ordena la recopilación de todas las leyes y decretos que existieran en la provincia de Santa Fe, sobre educación pública.”

(Releo y sonrío, porque hubiera sido interesante para ese propósito lo destinaran a la oficina de recopilación de leyes existente en la Legislatura, pero tal vez habría sido más complicado el trámite porque son poderes independientes, según lo establece la Constitución.)

 

Es evidente que Gastón había terminado ese libro a fines de la década del ‘40 porque el libro fue editado en 1951.

Es oportuno reiterar lo que él expresó treinta años después, acerca de aquellas circunstancias:

“Yo entendía que eso no tenía objeto, que lo que ocurría es que no me quería tener de vago en el Boletín y entonces, me designó en un trabajo que no iba a ser publicado y por lo tanto no necesitaba ser controlado.

Yo sabía, por supuesto, que no pasaba más allá de una excusa.”

 

Con su habitual lucidez, Gastón luego destacó: “… yo estaba en condición de vago condenado, porque fue una especie de exilio y me documenté con respecto a leyes sobre vagancia, pero también advertí que eso era materia del Martín Fierro…

Es decir encontraba disposiciones legales con respecto a la vagancia, pero estaba viviendo al ‘Martín Fierro’…  Armé toda la documentación para el libro ‘y puede estar tranquila mi conciencia porque no defraudé, sino que mejoré la intención del Ministro’.”  [1]

Celebro que así haya sido, porque Gastón -como no tantos…- ha demostrado que no es un burócrata y sí es un creativo; un perseverante investigador sobre la vida de los argentinos, hábil para despejar la bruma generada por los intereses creados que distorsiona la realidad e impide advertir con precisión cuáles son las causas que provocan determinados efectos. 

De la memoria…

Gastón comentó que su padre leía algunos de sus escritos, que era un buen orador -improvisaba con facilidad- y había advertido que “Esperanza no va a ser nunca una ciudad progresista mientras pensemos solamente en la casa propia y en el hijo maestro”…

Con respecto al libro Vagos y mal entretenidos, recordó que le había señalado que estaba incompleto, porque él recordaba anécdotas de desocupados que por no tener un domicilio estable, eran considerados precisamente como vagos y mal entretenidos.

No fue por casualidad que Gastón iniciara el libro con estos versos de José Hernández: “que gasta el pobre la vida / en juir de la autoridad”…

 

Luego Gastón advierte que “el espíritu preventivo de la sociedad contra los delitos, consideró la vagancia -ya desde la legislación romana- dentro de lo que la moderna criminología denomina estado de peligrosidad. Su represión pues, es antiquísima.”

Relata que entre los argentinos, “vagar o mal entretenerse, era -por razones de circunstancias históricas- delito tan grave como robar o herir, si hemos de medir la gravedad por las sanciones aplicadas.  Pero en general la vagancia como el mal entretenimiento constituyeron en nuestro país contravenciones especificadas en bandos, decretos, o leyes”…  p. 11-12

Diversa documentación consultada en archivos oficiales y distintos antecedentes jurídicos impulsaron a Gastón a comentar que “las frondosas listas mensuales de presos por vagos o mal entretenidos, en la provincia de Santa Fe, y la organización frecuente de las Guardias Nacionales con gran cantidad de condenados a servir en ellas, nos muestran un panorama social de rudas persecuciones y trato violento que recaía lógicamente sobre la gente pobre, sin ocupación, o sobre trabajadores de la campaña cuyos entretenimientos eran considerados malos sin que hubiese frenos legales específicos que limitasen el poder de calificarlo.  La facultad de juzgar, depositada en las personas de los jueces de paz, daba lugar a las más brutales ojerizas, documentadas en el ‘Martín Fierro’ y en los papeles de archivos: sobre arrestos, sumarios, circulares policiales, denuncias, etc.; también se deducen de las posibilidades en la aplicación de instrumentos legales imprecisos.  p.14

En el capítulo tercero, Gastón destaca: “mas dijeron que era vago / y entraron a perseguirme” -del “Martín Fierro”- y enseguida explica en qué consistía el delito de vagancia: “Los decretos y leyes de las provincias no siempre lo definían.  En artículos donde se mezclan consideraciones de moralidad, de orden público, ‘de adelantamiento y esplendor de los pueblos’, como la resolución del gobernador Mariano Vera de 1816, el delito consistía simplemente en la ociosidad de los ciudadanos probada cuando no tuviesen consigo papel firmado por el alcalde de barrio o jueces comisionados, ‘del oficio que ejercen y patrones a quienes sirven”.  p. 19

En consecuencia, ser un desocupado, carecer de un trabajo remunerado, era ser vago… y sujeto a soportar todo el peso de la legislación vigente.

Destacó Gastón que “la pobreza era un agravante o una presunción de delito, para cualquier comisario que entendiera con rudeza los textos legales.  Hasta la educación pública halló un arma en el concepto de vagancia para presionar en el cumplimiento de la obligatoriedad escolar. En Santa Fe, por decreto del 7 de junio de 1866, los padres y madres que sin ‘causa racional’ no hacían concurrir a sus hijos a la escuela para que recibieran educación primaria, quedaban ‘sujetos a que por el gobierno fueran tratados como vagos y mal entretenidos”.  21

Advierte Gastón Gori que “aplicar el calificativo de vago, sería el bajo recurso de quien quisiera indisponer ‘con el gobierno’ a un peón de campo; para el trabajador honesto equivaldría a adquirir una reputación tan grave como en 1950 ser acusado ante la policía de comunista, con mala intención.  Difícil era que un peón de campaña que no hubiese dado lugar a dudas sobre su conducta no se lo calificase de vago cuando la mala disposición policial lo perseguía.  Era el camino por donde fácilmente andaba a sus anchas la injusticia.  Horizonte despejado le ofrecía el decreto del 18 de agosto de 1858 en la campaña ganadera de Buenos Aires, al establecer que eran vagos todos los que hiciesen corridas de avestruces.”

En el capítulo siguiente, Gastón expresa: “Al concepto de vago seguía el de mal entretenido como sigue a la causa el efecto.  Ser mal entretenido llevaba implícita la sospecha o la certidumbre de vagancia, y era también estar en la proclive de todos los delitos comunes.  No existía una clara línea divisoria, entre uno y otro hecho, a la que se recurriese para graduar el tratamiento legal.  Astillas del mismo palo eran la vagancia y el mal entretenimiento.  A tal punto, que resultaba cómodo y de costumbre descartar que todo vago recreaba su ánimo al margen de la ley.”  p. 25

Aquella legislación apuntaba en primer término a “moralizar las costumbres y evitar la frecuencia de los delitos de todo género perpetrados contra las personas y sus bienes.”p. 37

Aclara Gastón que estaba prohibido “usar cuchillo cuando todo hombre de campo vivía con él en la cintura”, de modo que era posible la detención indiscriminada de cualquiera que fuera denunciado por tales circunstancias, sin garantías de ninguna especie y desde ese momento, la persona estaba sujeta al criterio del juez de paz.

“La fatalidad de la condena a servir en las armas, era hidra de veinte brazos.  Nunca faltaban causas de apresamiento y el más solícito servidor del gobierno no sería aquel juez de paz que enviaba menos hombres con destino al ejército político.”  p. 41

Es crónica que tal vez haya perdurado en los siglos siguientes con distintos protagonistas, la que Gastón transcribe en la página cincuenta: “Así, en 1820 declara en Santa Fe un reo: ‘Es verdad que conducían la hacienda robada, la cual se la entregó Tomás García, capataz del Teniente Vicente Mendoza con destino a que se la trajeran a dicho teniente que se halla en el lugar del Duraznero.  Que en otra oportunidad fue nombrado por el sargento Alejandro Colman a robar hacienda con destino a Fraile Muerto’.

Con escasa diferencia en cuanto a la autoridad que ordena o es complaciente, esos hechos se repiten a través de los años dramáticos que precedieron a la organización nacional y los que le sucedieron inmediatamente después. A la par de los decretos para reprimir la vagancia y el cuatrerismo a que daba lugar, se dictaban resoluciones para moralizar las comisarías donde los delitos de tal especie solían encontrar favor en la manga ancha de algunas autoridades que no de balde eran ciegas y sordas.”

Deja Gastón un testimonio insoslayable: “El soldado, incorporado o no por vagancia, era testigo y actor en las campañas militares de la mortandad de enorme cantidad de caballos ‘reventados’ en las marchas forzadas, y los sustituían grandes recogidas en las estancias, el trámite de cuyo pago era materia desconocida para el soldado arreador.  Los hombres de agitada existencia en torno a las caballadas, no pudieron mirar sino con poca aprensión la marca en un ancha, y arrear animales ajenos, si era delito para la ley, para ellos no constituía ‘un arrojo delincuente’ de grado superior. Por eso, no es extraño que Martín Fierro, en el canto XI de la vuelta, al pretender la justificación de su conducta pasada olvide completamente que ha sido cuatrero en compañía de Cruz…” p. 52

Sancionada la Constitución Nacional en mayo de 1853, continuaron vigentes las disposiciones legales sobre vagos y mal entretenidos, pero “la libertad de tránsito de los extranjeros colonizadores no fue impedida por mucho tiempo” y así lo confirma Gastón Gori: “Se observa que después de 1870, con la lucha política por la normalidad constitucional, viene aparejada una más diligente preocupación por los derechos y garantías individuales.  En materia judicial ya existen entonces firmes medidas que suponen respeto, aunque todavía en ese año, un ministro de gobierno no sabía si a un extranjero vago debía o no condenárselo al servicio de las armas.”  p.72

Para eso…  había suficientes ciudadanos argentinos… desocupados o tentados con vicios por la misma autoridad que los perseguía…

Algunas reediciones…

La segunda edición de Vagos y mal entretenidos también se concretó en la legendaria librería y editorial Colmegna y se terminó de imprimir en víspera de la primavera de 1965.  El año anterior, el notable Juan Arancio había completado las ilustraciones para la tapa y los trece capítulos, que también se inician con versos del Martín Fierro.

En septiembre de 1993, el Centro de Publicaciones de la Universidad Nacional del Litoral concretó otra edición, con prólogo del Rector Juan Carlos Hidalgo:

“Gastón Gori integra ese reducido grupo de intelectuales santafesinos que, en las últimas décadas, ha trascendido el reconocimiento de la región para insertarse en el panorama nacional a través de sus numerosos trabajos.

Creador multifacético, ha incursionado en los campos de la política, la historia, la literatura y la educación. Y varias de sus obras (La Forestal, El pan nuestro, Y además era pecoso, La muerte de Antonini, El Moro Ariacaiquín” –léase Aracaiquín- “y El desierto tiene dueño) han alcanzado un amplio y merecido reconocimiento a través de diversas ediciones y múltiples críticas y comentarios sobre las mismas.

Asimismo, el hecho de haber publicado más de cuarenta títulos le permitió acceder a valiosísimas distinciones: Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, Miembro correspondiente de la Academia Argentina de Letras, Ciudadano Ilustre de Santa Fe y Premio ‘Aníbal Ponce’ por toda su obra.

Nacido en Esperanza en 1915, Gori alcanzó el título de maestro y luego el de abogado, pero nunca dejó de ser un escritor.

Por todas estas razones y por su coherencia ideológica y su espíritu progresista, la Universidad Nacional del Litoral tiene el honor de publicar este volumen que reúne dos de sus magníficas obras: Vagos y mal entretenidos y Eduardo Wilde; obras que, por otra parte, seguirán aportando novedades a diversas ramas del conocimiento.

Por último, cabe expresar que Gastón Gori es un ejemplo entre aquellos que han sabido educar al soberano durante toda su vida.”

Más allá de las anécdotas

Necesito expresar con gratitud que al despedirme de Charito  y de Gastón, en el atardecer del 17 de noviembre de 2001 -día de su cumpleaños-, otra emoción conmovió mi espíritu con una intensidad semejante a la que me produjo su presencia en el centromultimedios Biblioteca de la Legislatura de Santa Fe, cuando ya estaba en su tercera sede, en 25 de Mayo 1908.

Gastón llegó aquella mañana con un folleto editado por la Presidencia de la Nación en 1952, referido al Plan Económico.

Me dijo que estaba regalando libros porque necesitaba espacio en su biblioteca y al dedicarme ese ejemplar tal vez no se haya imaginado cuánto me halagaba, porque una vez más estaba allí el símbolo de la comprensión, de la tolerancia y de la amistad a perpetuidad, como él expresó tantas veces.

En el primer año del tercer milenio, Gastón sigue siendo una persona espontánea, piadosa, generosa… En el día de su cumpleaños, me sorprendió con uno de sus valiosos cuadros: el original de una de las ilustraciones que su amigo, el doctor Agustín Zapata Gollán había elaborado para la primera edición de Vagos y mal entretenidos.

Sabía Gastón que empecé a conocer a Don Agustín primero por sus notas periodísticas y declaraciones por distintos medios en torno a “Santa Fe, la Vieja”; luego por la difusión de sus trabajos históricos y literarios referidos a la epopeya de abrir puertas a la tierra, también por sus relatos sobre mitos y leyendas.

En sus últimos años, dialogamos brevemente mientras se proyectaban y desarrollaban diversas actividades programadas por la subsecretaría de Cultura de la provincia: alguna mañana si él se acercaba al Museo Rosa Galisteo de Rodríguez -sede también de aquel organismo-, o al atardecer mientras él dirigía el Departamento de Estudios Etnográficos o presentaba a distintos disertantes…

Esa confluencia de experiencias insoslayables que perduran en mi memoria, impresionan aún más mi espíritu.  Frente a ese cuadro observo los trazos sensibles de Zapata Gollán, en tinta, sobre un bosquejo en lápiz y en la armonía del conjunto se destaca una denuncia insoslayable porque está la autoridad -uno de los guardias, emponchado y bigotudo-, con el sable en la mano izquierda y en alto la derecha, al lado de un árbol sin hojas que sugiere un tiempo de otoño o de invierno frío y lluvioso.

El hombre que en esa imagen representa a la autoridad, está demandando y mandando al infortunado hombre que está vagando con su mujer y sus hijos, el más pequeño en brazos de ella.  Necesario es destacar, que está vagando es un decir, porque buscaba su lugar, tantas veces negado.

Contemplo ese cuadro como lo que es: símbolo del Amor -de la religiosidad familiar- y de la Belleza, del arte de vivir y convivir.  En la misma dirección, se distingue la potencia de un poder injusto -que todavía perdura-, mientras quienes menos tienen sufren de sol a sol por la indiferencia, el desamparo o la prepotencia de los que mandan…

Más señales de Gastón…

El 4 de enero de 2003, Gastón dialogó en el patio de su hogar con dos jóvenes periodistas del diario “El Litoral” de la capital santafesina y la videograbación titulada Gastón Gori, la pluma incesante también difundida por internet con textos completos.

Le preguntaron acerca de escritores argentinos y es oportuno reiterar aquí una de sus respuestas:

“-Mirá, leé el Martín Fierro de Borges y después lee Vagos y mal entretenidos mío, que es la réplica. Yo nunca dije que es la réplica, pero leé el libro Martín Fierro y después leé Vagos y mal entretenidos mío. Ahí tienen la explicación de por qué yo no lo puedo aceptar a Borges. ¿Por qué Borges dice que es una novela y la toma como una obra de arte, ajena, esto, aquello? No. Además una cosa, un tipo reaccionario no me gusta, ya estoy con prejuicios. Un tipo reaccionario como fue Borges no me interesa, un individuo así no me interesa.”

Era el penúltimo verano de Gastón, disfrutando bajo la bignonia…

Cerca del ocaso…

Otoño de 2003.  Deshojamiento y declinación en la salud de Gastón.

Otro encuentro junto a Charito y a Mónica. Evocaciones y comentarios sobre tres libros ya concebidos y sin posibilidades de escritura.

Atardecer.  Gastón pide que le acerquen el libro que está preparado.

Es la reproducción de la primera edición de Vagos y mal entretenidos, en fotocopias anilladas.  Su mano temblorosa escribió: “Para Nidia O. de Fontanini con la vieja amistad y cariño de Gastón”.  Sin fecha.  Era el 15 de junio, día del escritor.

No advertí que podía ser su última entrega con una dedicatoria manuscrita.

Aún estaba latente la esperanza…

Ecos de una transición…

Sabido es que en la Argentina, en 1940 habitaban aproximadamente trece millones de personas y que el impulso industrial desde mediados de esa década promovió el éxodo rural hacia la capital federal generándose una crisis por la falta de viviendas y el asentamiento de las denominadas “villas miserias”, también se acentuó el proceso inflacionario…

Mientras tanto, es interesante tener en cuenta algunos datos referidos a la industria editorial y a la exportación de libros impresos en la Argentina durante el período 1942-1951, tiempo que suele ser recordado por las manifestaciones en las calles de Buenos Aires y el grito de la consigna “¡Alpargatas sí; libros no!” aunque en aquella época, los estudiantes generalmente tenían en sus libros para lecturas y estudio de distintas asignaturas y también en las bibliotecas era posible consultarlos. Aunque las encuadernaciones fueran rústicas, lo importante eran los contenidos…

 

Años Volúmenes exportados
1942 11.280.000
1943 12.865.000
1944 20.433.800
1945 20.597.250
1946 24.176.600
1947 24.280.500
1948 16.516.300
1949 13.667.600
1950 14.405.000
1951 14.862.500

A partir de 1952 se produjo una declinación: 12.414.200 volúmenes.

Al año siguiente una disminución de aproximadamente el 30%.

Leve aumento en el quinquenio siguiente.

En 1961, mayor disminución porque exportaron 8.843.230 volúmenes.

 

En torno a la literatura argentina después de 1940, hay coincidencia acerca de que “los escritores participan en muchas corrientes, y a la vez en ninguna”, al decir de Roger Pla. “La generación intermedia’ es, así, una clasificación de tipo convencional.  Designa simplemente, a la que separa a los hombres de Martín Fierro de los que empezarían a escribir a la caída del peronismo, en 1955, y a los cuales sucederán los más jóvenes, aquellos que aún no tienen cuarenta años. /…/

Nuevas tendencias, nuevas experiencias, individualidades solitarias y fuertes, a veces difíciles de clasificar, enriquecen la variedad del panorama.  A veces, y sólo por aproximación, la actitud general del autor ante la literatura permitirá relacionarlos y vincularlos a una u otra corriente de Martín Fierro”.   /…/

Aludió Roger Pla a “los mismos hombres del 30 que van imponiendo su obra y desarrollándola hacia sus puntos máximos de madurez y excelencia. Jorge Luis Borges prosigue su obra de narrador.  Es una individualidad muy original, de nivel europeo.  Su europeísmo de Florida ha superado desde el principio la tradicional postura mimética de nuestra literatura culta”…  Sabido es que en 1951 se publica en París un tomo de cuentos traducidos al francés (Pictions), Ficciones que incluye cuentos y relatos de 1935 a 1944 publicados en la Argentina ese año y reeditado en 1952. En francés, también publicó en 1953 Labyrinthes, sus Laberintos…  Roger Pla destaca que “Borges pasa a ser una figura de primer plano en la literatura contemporánea mundial, iniciando así un interés creciente del extranjero por nuestra literatura.  Se menciona su nombre para el Premio Nobel, una y otra vez.  Y la expansión de su prestigio literario parece no conocer límites”.

Sabido es que en posición opuesta al grupo Martín Fierro también reconocido como “la línea de Florida”, estaban los integrantes del grupo de Boedo y Roger Pla advierte que “por un lado, se prolonga, pues, la tendencia al realismo y a la preocupación social de Boedo, por el otro, el europeísmo o el estetismo propios de Florida.  Aun cuando esta última actitud martinfierrista se convierta en una religiosidad acendrada, como ocurrió con Marechal, o en una metafísica personal, como  en el caso de Borges.  En los hombres de Boedo, la narrativa siguió desarrollando su línea inicial.  Leónidas Barleta, aunque en buena medida absorbido por la actividad política e ideológica expuesta desde su periódico Propósitos, siguió cultivando un tipo de literatura acentuadamente populista, conmovida siempre ante el espectáculo de los destinos humildes y las criaturas desamparadas.  Lo mismo cabe decir, cada uno en sus modalidades propias, de Álvaro Yunque, Elías Castelnuovo, o Luis Gudiño Krámer, este último aunque casi aislado en su confín provinciano (Santa Fe, emparentado en ciertos aspectos ideológicos con los hombres de Boedo”…  [2]

En esa colección, hay comentarios acerca de autores santafesinos: Carlos Aldao, Fernando Birri, Carlos Carlino, José Cibils, Miguel Ángel Correa –Mateo Booz-, Hugo Gola, José Pedroni, Juan José Saer, Fryda Schultz de Mantovani, David Viñas, Miguel Ángel y Rafael Virasoro…  Aluden también a Héctor P. Agosti, a Aníbal Ponce…

Gastón Gori con su pluma incesante, tampoco José Luis Víttori, aún no estaban registrados en aquellos apuntes que integraron la colección editada a fines de la década del ‘60.

Veinte años después, Gastón fue incorporado como Miembro Correspondiente de la Academia Argentina de Letras y luego, propuso y logró que designaran en tal carácter a su amigo José Luis Víttori, escritor que cuando comenzó su labor periodística trabajó junto al talentoso Gudiño Krämer, décadas después integrante del directorio del Diario “El Litoral” de Santa Fe.

1952: “La pampa sin gaucho” – Ensayo

Gastón Gori comentó que había comenzado ese estudio sobre la realidad argentina a partir de lo expresado sobre “el inmigrante en el ‘Martín Fierro’ y en la historia”.

En un interesante recorrido en torno a la vida en las primeras colonias agrícolas, logra una aproximación al “problema grave y fundamental: dar tierra al criollo y al inmigrante, en tranquilo disfrute de su propiedad”.   [3]

Destaca que “cuando llegaban inmigrantes para colonizar, lo común era que se hallaran en medio de la pampa sin refugio donde vivir o con los pocos ranchos que les construyeran y que debían pagar con el total del contrato”.

Desarrolla un interesante estudio y surge de una nota, que instaladas las primeras colonias, “dos años después aún había ranchos sin terminar y es tradición que algunos colonos vivieron en chozas improvisadas o en carretas.”  Poco a poco fueron levantando más ranchos junto a los trigales y “las primeras colonias fueron avanzadas de arados y fusiles en las regiones naturales del indio o del gaucho”.  [4]

En los trabajos de la cosecha, -según el cuadro trazado por Sarmiento-, el trigo se colocaba “en gavillas” y después “cuando la trilla comienza, se baja una parte del trigo al espacio que media entre el parapeto y el montón central.  Entonces se hace penetrar una recua de caballos y yeguas que a veces no bajan de doscientos, haciéndolas circular en torno del montón, estimulándolas con gritos y latigazos, de los jinetes que van atrás; las hacen correr sobre el trigo, hasta que han sido descompuestas las espigas, y el tallo picado por las uñas de los caballos, en paja menuda.”   Recién después de 1870 empiezan a avanzar las máquinas y en consecuencia, “la labor agrícola, por su misma complejidad, hizo indispensable el apoyo del trabajo industrial o artesanal que se concentraba en talleres de los pueblos cuyo desenvolvimiento demográfico ampliaba las unidades económicas domésticas donde el campesino hallaba el ambiente favorable a la colocación de sus productos de cosechas menores y de los derivados de la ganadería.  La vida social de campo tomó el rito previsto por los estadistas que gobernador poblando…  [5]

Interesado por las relaciones humanas, Gastón alude a “el tacuruzal del idioma”, reconociendo que “la rústica lengua de los criollos no era hablada sino ocasionalmente en la pampa donde se organizaron las colonias pues el hombre argentino iba por ellas, en términos generales, de tránsito.  Reducido número de peones y comerciantes del país convivían con los inmigrantes pobladores del desierto y los separaba la barrera espesa de los idiomas usuales, tanto en las faenas y en el trato diario”. Advierte que “la palabra rancho es la primera que figura en los documentos de colonización suscritos en el extranjero en la época que abarcaría hasta 1872”.  [6]

En aquel tiempo, resultó evidente la decadencia del chiripá, “indumentaria de exigencia pastoril”.  Según testimonio de William Mac Cann -citado por Gastón- después de recorrer “las provincias argentinas en 1847… ‘Ya el vestido a la europea se generaliza mucho, y cuando se le ve en el campo, llevado por un criollo, es señal de que en la comarca se va operando algún cambio en la manera de ser general.  A ningún extranjero que se respete se le habrá ocurrido adoptar el indumento nacional, y por cierto, que ello no halagaría a las clases cultas: todo lo contrario”.  [7]

Señala Gastón: “El sol del chiripá argentino se ponía irremediablemente, mientras avanzaba la época de la subdivisión de la tierra donde se creaban colonias de agricultores.  El cambio de vestido, pues, no transparentaba costumbres, sino un fenómeno social, de profundas consecuencias para la nación, que en definitiva daría validez a la aseveración de Sarmiento: ‘mientras haya chiripá, no habrá ciudadanos’, que, de apariencia formal, tenía, no obstante, significación de fondo”.

En el penúltimo párrafo de libro, Gastón manifiesta que aún a comienzos del siglo XX, “la supervivencia de problemas irresueltos permite aún que gaucho y enorme extensión del territorio bajo el dominio de unos pocos dueños sean ideas que se asocien, por fuerza de la naturaleza de ambas cosas.”

Concluye el libro diciendo: “En cuanto a las calidades de ese hombre argentino de ilógica permanencia excluyente en la teoría, es de rigor deducir que su neta configuración individualista contradice el concepto moderno del hombre en la sociedad y en los hechos ya producidos en nuestro corpus nacional…”  [8]

1954: “Familias Colonizadoras de San Carlos” – Ensayo

Gastón Gori estudió el proceso inmigratorio en la provincia de Santa Fe a partir de distintos documentos, algunos depositados en archivos oficiales y otros recopilados personalmente.  Con acertado criterio, el libro titulado Familias Colonizadoras -editado en Santa Fe, en la editorial Colmegna-, se inicia con una semblanza del autor escrita por su amigo, el periodista y escritor Emilio Alejandro Lamothe, reiteración de la publicada en Intermezzo de Las Rosas.

Este nuevo aporte de Gastón Gori se integra al conjunto de sus investigaciones históricas como una eficiente contribución al entendimiento del origen de las primeras colonias agrícolas en la provincia de Santa Fe para que la comprensión de ese proceso y su posterior desarrollo, sirvan a la correcta interpretación de su importancia socio-económica.  Una mirada sobre esas páginas, revela que Gastón Gori disponía en su archivo personal, de los apuntes manuscritos por don Carlos Beck, redactados en idioma alemán y traducidos por “don Enrique P. Denner en la ciudad de Esperanza”.  De tal lectura surge la nómina de las familias que visitaba quincenalmente don Carlos, los trabajos que iban realizando y las circunstancias que generaban mayores dificultades.  [9]

Ese interesante trabajo, ha servido –- servirá- para elaborar distintas aproximaciones a esa silenciosa epopeya, que congregó en la luminosa llanura santafesina, a distintas familias europeas y a pocos argentinos.  Hombres y mujeres de distintas latitudes, habían emigrado con la esperanza de lograr trabajo, pan y paz, en la nueva tierra.  Sabían que era imprescindible perseverar en el propósito de poblar el campo: construir, cultivar, vivir y convivir en armonía.

Nada sabían acerca de las luchas por el poder que ensangrentaban el suelo de los argentinos en la mayoría de las provincias…

Carlos Beck-Bernard…

Destaca Gastón Gori que: “En la historia de la colonización argentina, Carlos Beck Bernard es el hombre que pese a ser empresario interesado, ha comprendido con mayor generosidad nuestra política inmigratoria a mediados del siglo pasado y su objetivo fundamental, la población del campo mediante la fundación de colonias agrícolas.  Su labor en nuestro país tuvo como todos los trabajos de colonización, un propósito esencialmente especulativo y concluyó siendo la de un hombre ganado por la nación y por su suelo hasta convertirse después en el cónsul más famoso que tuvimos en el siglo XIX, luego de haber creado en una vasta zona del litoral las más florecientes colonias, y ayudado a formar y sostener el equipo de inmigrantes que fundaron a Esperanza.  Ni Brougnez, ni Aarón Castellanos, ni Lelong” -Le Long- “o Vailland, entre los precursores, resistirían el paralelo con Beck Bernard, por la magnitud de su obra de colonizador, por su apreciación de los problemas sociales y agrarios, que se creaban en las colonias y por último, por su cuidado de unir los intereses de la empresa a los objetivos de nuestra política inmigratoria y colonizadora.  La de Brougnez, la de Lelong y Vailland, fue empresa infructuosa socorrida por Urquiza y Peyret; la de Castellanos con la fundación de Esperanza queda oscurecida por la defensa en primer término de sus propios intereses y por la anarquía a que se dejó librada, mientras se empeñaba en resarcirse de su esfuerzo; el afán especulativo dejó demasiado rastro en la personalidad de Castellanos.  En la de Beck Bernard, se perdió por completo y su labor, teniendo no obstante una finalidad lucrativa, está signada por otros caracteres: su preocupación por el bien común concluyó por avasallar la vigilancia de su propio patrimonio hasta agotarlo y su obra quedó revestida de una mayor grandeza.  Vivió la creación de colonias, y esto le da a su personalidad progresista los mejores y más claros elementos para su definición.  Su dominio de cinco idiomas -nos quedan pruebas de que escribía cuatro- lo vinculó a todos los hombres que en su época, en nuestro país, se interesaron por las colonias; lo comunicó directamente con los inmigrantes que traía y establecía en las tierras de labranza.  Su cultura, entre los extranjeros colonizadores, puede ceder en amplitud sólo ante la de Alejo Peyret; la generosidad afectuosa de su carácter queda probada por documentos de la época.”   El 12 de abril de 1862, el general Bartolomé Mitre -gobernador de la provincia de Buenos Aires-, asumió como “Encargado del Ejecutivo Nacional” y “en la conducción de las relaciones exteriores ‘se limitará únicamente a mantenerlas con las naciones amigas, observando y haciendo observar los tratados públicos que obliguen o favorezcan a la nación en general y a cada provincia en particular’…”   [10]

Gastón Gori reitera que el general Mitre “por mediación de José María Cullen, reconoció los méritos de don Carlos Beck Bernard y lo nombró cónsul en Suiza”, un “cargo por el que se confiaban intereses argentinos a un extranjero” y que “fue honrado a tal punto por Beck Bernard que en un aspecto de sus facultades superó una atribución de apariencia modesta, nos hizo conocer en conferencias, en un folleto y en su libro ‘La República Argentina’, manteniéndose aún esta paradoja: mientras en Europa se conocieron tres ediciones del libro, en nuestro país aún no fue posible vencer los obstáculos editoriales para que se deje de ignorar la obra.  [11]

Tampoco se conoce en nuestro país su libro ‘La República Argentina como punto de emigración’ editado en Suiza, en idioma alemán, en 1868.”   [12]

Expresa Gastón que “Carlos Beck contrajo matrimonio con Lina Bernard y, según la legislación suiza en materia de nombres, adicionó al suyo el apellido de su esposa.  Firmaba Carlos Beck en Argentina, lo que demuestra su conocimiento de nuestra costumbre con respecto al nombre y firmaba Carlos Beck Bernard su correspondencia europea.  Nació el 15 de abril de 1819 en Armsterdam, donde residieron sus padres, Jerónimo Beck y Susana Bronner.  Ciudadano de Basilea, organiza allí la Sociedad Suiza de Colonización.  Su cultura múltiple, se extendió al orden artístico, literario y científico.  Tradujo para los europeos poemas de J. M. Gutiérrez y de Echeverría ubicando a nuestros escritores clásicos con certeza.  Conservó hasta su muerte su fama de pianista.  El piano que utilizó en Santa Fe se encuentra en el Museo Histórico de esta ciudad, con documentos esclarecedores donados en 1864, con el cargo de Agente de Inmigración, designado por el Gobierno Nacional.  En 1868 fue nombrado cónsul argentino en Suiza, cargo al que renunció en 1886 por motivos de salud.  Falleció en Lausana el 6 de abril de 1900, a los 81 años de edad.” Familias…, p. 15-16

“Gobernar es poblar”

Juan Bautista Alberdi insistía en que “gobernar es poblar” y Sarmiento decía que “gobernar es educar”.  Mientras tanto, en el gobierno de la provincia de Santa Fe prácticamente se producía una alternancia de familias de políticos y el 1º de diciembre de 1854, la asamblea legislativa eligió al destacado comerciante rosarino José María Cullen para ejercer el gobierno provincial, cargo que asumió recién el 13 de febrero de 1855 porque estuvo cumpliendo misiones de pacificación en la provincia de Buenos Aires.  El 1º de enero, en Santa Fe se había aprobado la convocatoria a una asamblea constituyente para adecuar las disposiciones de la constitución provincial vigente desde 1844, en concordancia con las normas establecidas en la constitución nacional.  En  tales circunstancias, se planteó el incumplimiento del gobernador Crespo en lo relativo a la rendición de cuentas sobre los movimientos financieros realizados durante su administración y don Domingo -tío político de José María Cullen-, respondió que no disponía de los medios necesarios, que el nuevo gobierno tenía los documentos pertinentes y en consecuencia, podrían elaborar la respectiva rendición.  Ante esa situación y debido a la intransigencia de los asambleístas, Cullen optó por “desensillar hasta que aclare” y por unos días, dejó al ministro de Gobierno Dr. Juan Francisco Seguí a cargo del poder ejecutivo.  Logró su objetivo, porque cuando regresó ya la asamblea tenía decidido “echar un velo sobre lo ocurrido”…

En tales circunstancias se estaba proyectando la instalación de la Colonia San Carlos y como es sabido, el 15 de octubre de 1856 el gobierno había firmado un contrato con don Augusto Gundluck, declarado “sin ningún efecto” y reemplazado por otro al mes siguiente.  [13]

Nada sabían los recién llegados acerca de tales revoluciones, pero por el contrato firmado que les autorizaba a armarse en defensa de la colonia, podrían imaginar que deberían soportar algunos riesgos…

Lineamientos precisos…

Destaca Gastón Gori que “Carlos Beck Bernard al fundar la colonia San Carlos en 1858 dio los lineamientos precisos para que en lo sucesivo las colonias que se fundaran -Humboldt, San Jerónimo, Grutly, Rivadavia, etc.- tuviesen en ella un modelo.  Aportó también su autocrítica al sistema creado, de modo que las características de casi todas las colonias creadas después, siguieron su tipo, complementadas con el aporte de experiencia recogido en Esperanza.  Sus juicios sobre las colonias y sobre los hombres responsables de su desarrollo, fueron los más certeros de su época y los adoptaron sin vacilar los que escribieron sobre ellas en el siglo XIX; de modo que con Alejo Peyret, resisten con fortuna toda confrontación documental… La documentación que dejó es vastísima. La forman correspondencia, libros de contabilidad, apuntes, sobre el desarrollo de los trabajos en la colonia, memorias de la empresa, borradores de contratos, de cartas, etc., asientos en el protocolo de la colonia, expedientes judiciales, censos, informes al gobierno, obligaciones de inmigrantes, firmadas en Europa, contratos impresos, etc.”

Advierte Gori, que “lo confió a personas que le sucedieron en los trabajos de colonización y es muy probable que al hacerlo configuró un mandato puesto que tanto Vollenweider como Santiago Denner lo conservaron con criterio de justa valoración de su importancia para los estudios que sobre ellos se realizarían en el futuro.  Beck Bernard dio pruebas de conocer ese significado trascendente de sus papeles; era un hombre de opiniones formadas sobre documentación”.

Comenta luego Gastón, que don Carlos Beck “ha gravitado mucho sobre Lina Beck Bernard y mientras él se documentaba para escribir libros de información ceñida a su especialidad y a la geografía e historia de nuestro país,  Lina escribió sobre costumbres en la Confederación Argentina y sobre el viaje a nuestro país”, abarcando el período 1857-1862.  Familias… p.18-20

Los apuntes de don Carlos Beck…

Como lo reconoce Gastón Gori, los apuntes correspondientes a la Colonia San Carlos, “fundada por Carlos Beck Bernard en noviembre de 1858, en la provincia de Santa Fe”, corresponden a “cada una de las familias que se establecieron, con designación del número de las concesiones que ocuparon y abarcan desde octubre de 1859 hasta marzo de 1861. Tuvieron por finalidad servir de base para los informes que elevaba a la Sociedad Suiza de Colonización con asiento en Basilea. Por lo menos eso es lo que surgiría después de la primera consideración de su estilo, pero es indudable que los ha tomado también para su propio gobierno en la dirección de la colonia; para orientarse en el trato administrativo con los colonos y subsidiariamente como constancias dejadas sobre la evolución del conjunto del grupo de inmigrantes en el desarrollo de los trabajos agrarios.  Comprenden un ámbito real inmediato de siete leguas cuadradas dentro de las cuales trabajaban los inmigrantes, pero también se extienden a un ámbito real mayor de 30 leguas cuadradas si se considera que dentro de esa superficie se produjeron luego hechos similares en colonias organizadas en representación de Beck-Herzog“.  Familias… p.21

Hay que tener en cuenta que “los inmigrantes fueron contratados en Europa por la Sociedad de Colonización Suiza o por sus agentes” y “se les proveía de todas las herramientas necesarias que no tuviesen, se les pagaba el pasaje cuando eran gente sin recursos suficientes, gastos ambos que se acreditaban a favor de la empresa y que debían ser pagados en la colonia con el producido de las cosechas”.

También “se entregaban animales, alimentos por un año y 20 cuadras cuadradas de tierra designadas con el nombre de concesión, que equivalían a 93 juharten suizos” -juckart-, “con rancho construido o su equivalente en trabajo de peones cuando lo construían los mismos colonos”.

En el contrato estaba establecido que “durante cinco años debían trabajar entregando un tercio de las cosechas a la empresa”, condición que generó frecuentes dificultades.  Además, “quedaban obligados a prestar servicios comunales gratuitos y a trabajar remunerados a requerimiento de la empresa, en el centro de la colonia.  Dentro de estos lineamientos generales, cada colono en su concesión trabajaba de acuerdo con su aptitud y sus intereses.”  Familias… p.22-23

El fenómeno inmigratorio en el país

Ha destacado Gastón Gori, que “cuando se estudia el origen de la modificación del los usos y costumbres en el campo argentino, como consecuencia de la inmigración agricultora, tenemos que recurrir a los documentos provenientes del litoral argentino, de manera especial de Santa Fe y de Entre Ríos.  La política inmigratoria con fines de colonización se inició prácticamente en estas dos provincias, y con menos eficacia en Corrientes.  Hasta 1872 sólo se pueden citar de Buenos Aires, Baradero y Chivilcoy, pero ambas colonias se originan en el municipio ya existente, no ‘irrumpen’ en el desierto ganadero y originan por sí mismas centros de poblaciones.  Las costumbres campesinas vienen allí a mecharse dentro del predominio de las pastoriles y de las ya definidas del municipio, de la población urbana. En las otras provincias, citadas, las colonias originan en un desierto de más de 100 leguas cuadradas, pueblos y ciudades con predominio de elementos de inmigración y las costumbres campesinas excluyen casi totalmente las de origen pastoril y las precipitan hacia su ocaso a medida que aumenta y se extiende la población agricultor, dedicada a la producción de cereales.  Posteriormente la subdivisión de la tierra en la provincia de Buenos Aires hará valederas en su mayor parte las conclusiones que se saquen del estudio de los documentos originados por hechos de otras provincias, por la corroboración fundada en papeles y observaciones directas en esa y otras regiones del país.”  Familias… p.29-30

Señala Gastón Gori que en San Carlos, “la vida en la colonia abarcaba mayor amplitud, pues funcionaba en el centro una chacra modelo, de propiedad de la empresa, dirigida personalmente por el agrónomo Enrique Vollenweider, y su extensión comprendía ocho concesiones.  En los ángulos centrales de cuatro de ellas estaba delineado el pueblo con ocho edificios de la empresa hasta 1860.  Familias… p.35

Era necesario que durante cinco años, los colonos cumplieran con lo establecido en el contrato, básicamente que entregaran el tercio de sus cosechas y que no generaran conflictos por intolerancia mutua.  Advierte Gastón que “posteriormente el sistema de la colonia varió.  Se recurrió a la venta de tierra al contado o a plazo, en este caso gravando con hipoteca la concesión.  El inmigrante que llegó en este segundo período, estuvo en peores condiciones, pues no se le entregaban en propiedad animales; no se les proveía de alimentos durante el primer año, ni se le facilitaban peones para la construcción de su rancho.  Prácticamente era un hombre sin tierra que a menudo trabajaba en calidad de peón o de arrendatario.”  Familias…  p.38

Cualidades de los inmigrantes agricultores…

Es necesario tener en cuenta que debido a la potente formación cultural de los europeos, “el rancho fue para el inmigrante una construcción de uso transitorio” y “muchos colonos tuvieron inclinación por el cultivo de plantas para adorno y hubo floricultores famosos. Guillermo Perkins y Guillermo Wilken, en sus libros sobre las colonias dejaron constancias de la preocupación de los colonos por cultivar jardines.  Este hecho es novedoso en la pampa y agrega un elemento más para apreciar las cualidades e inclinaciones de inmigrantes que fueron la base del hombre campesino de hoy en una región importante del país.”  Familias… p.40-41

Hay que entender que como advirtió Gastón Gori, tras la lectura de los apuntes sobre familias colonizadoras de San Carlos, “cuando Beck Bernard escribe por ejemplo ‘Aró tierra virgen’ no se refiere al hombre, jefe de familia, sino a toda ella.  Es la familia la que interesa en las tareas campesinas.  Así se comprendió desde antes de que llegaran al país.  En los contratos del gobierno sobre introducción de inmigrantes se dice: familias laboriosas y morales.  El establecimiento en las colonias de cierto número de familias era la condición indispensable que debían cumplir los empresarios, desde Castellanos en adelante.”  Hay que tener en cuenta también, que “cuando Beck Bernard dice: ‘rompió campo’ se refiere al hecho de arar por primera vez tierra virgen.  Y es suficiente la referencia para imaginarnos al hombre inmigrante en la función de hacer productivo el desierto.”  Familias… p. 31-32; 34

Hay que tener en cuenta que “el campesino inmigrante en medio del desierto se sentía amparado por las leyes y puso en ejercicio en gran cantidad de casos, su facultad de hacer valer sus derechos mediante decisiones judiciales.  Un nuevo panorama vemos en este aspecto en el campo argentino por influencia de la inmigración: la vida integrada dentro de las instituciones del derecho.  Si el poblador criollo tuvo motivos para protestar contra los despojos, éstos no pudieron revestir los caracteres propios del abuso ilimitado cuando los perjuicios recaían sobre colonos inmigrantes.  La defensa fue un derecho ejercido sin vacilaciones en las colonias donde hubo conflictos por la propiedad de la tierra o de los productos.  Allí sucumbió la clásica prepotencia que hizo célebres a los comandantes de campaña.”  Familias…  p.37

Primeras familias colonizadoras de San Carlos

Los apuntes de don Carlos Beck Bernard aportan datos significativos acerca de los inicios y la inmediata evolución de la colonia agrícola San Carlos: la familia Kappeler -primera en los apuntes-, ocupaba la concesión Nº 51 y consta que “desde que se encuentra en esta colonia, le han nacido dos hijos, una niña en diciembre de 1858 y un varoncito en estos últimos días”. Cinco meses después el jefe de familia sufrió “un ataque, especie de parálisis” y en esos días también “un hijo se quebró una pierna”.  Enseguida se observaron cambios sus actitudes hasta que el 13 de junio de 1860 quedó escrito: “Se ha vuelto grosero y perverso” y en consecuencia, el 10 de julio “por su mal comportamiento contra la administración… ha sido despedido de la colonia”.

Otro caso de abandono de la colonia pero por propia decisión y apenas llegaron, fue el de la familia Olivero- y recién el 10 de febrero de 1860, el colono Armando Buffaz se hizo cargo de esa concesión.

La trascripción de los apellidos de las familias colonizadoras de San Carlos, registradas entre el 12 de octubre de 1859 y el 15 de marzo de 1861 en “los apuntes de Carlos Beck-Bernard -según los datos en Familias Colonizadoras… de Gastón Gori-, están aquí en un orden alfabético con indicación de los números correspondientes a la concesión asignada -entre paréntesis, señalados los asociados o reemplazantes, a los fines de facilitar la identificación. [14]

 

1-Andliker (64, compartida con Suter)) 17- Guinand (32) 33-Ramseyer (54)
2-Baettig (27) 18-Hammerly (45) 34-Reale (22)
3-Barbero (15) 19-Hinni (26) 35-Reutlinger (77)
4-Bernardi (13) 20-Houriet (43) 36-Rey, Julián (41,Juan Mauricio)
5-Biederman (59) 21-Ineichen (76) 37-Rua (21)
6-Blank (51a) 22-Jacob (38) 38-Rupper–Johann                              Wollenweider– (49)
7-Blanche (6) 23-Kappeler (51-Blank) 39-Semon (34)
8-Bogner (37, hasta mayo 1860) 24-Kellerhals (68, compartida con Grosseiler h./02-1860.) 40-Siegel (60)
9-Buffaz, Armando (23a) 25-Lefebre – (33, Juan Magin) 41-Stettler (75)
10-Buffaz, Honoré (42) 26-Madoery (53) 42-Suter (64, compartida con Andliker.)
11-Charles (48) 27-Magin, Juan (33a) 43-Taverna (14)
12-Dayer (29) 28-Nicollier, Jean Louis (55) 44-Tschopp (37, desde julio de 1860)
13-Didier (30) 29-Nicollier, Samuel (44) 45-Voisin (7)
14-Goetschy (53a) 30-Olivero (23, compartida con Armando Buffaz) 46-Vogel (37a)
15-Grossweiler (68, comp. hasta febrero de 1860 con Kellerhals) 31-Place (s/n.) 47-Vollenweider, Johann (49a)
16-Gschwind (50) 32-Premat (31) 48-Vuagnouz (5)
    49-Wiss (67).

Entre las familias de agricultores que estaban en la colonia el 5 de agosto de 1859, hay que tener en cuenta a:

Familia Bourdin: (a principios de agosto de 1859 está anotado que “no se han observado referencias al contrato; el 18 de enero de 1860: “Dio principio a la trilla”, igual que la familia Dayer.)

“José Manuel Bourdin con su mujer y sus hijos eran los propietarios e interesados en la concesión”. José Manuel (35 años); Juana Dayer de Bourdin (35); hijos:  María Magdalena (10), María Catalina (8), María 19 meses; Bourdin Antonio Nicolás, 30 años, “enfermo, debía ser mantenido por ellos en compensación del poco trabajo que podía realizar.”

Prioridades en las familias colonizadoras…

Cuando llegaron las primeras familias colonizadoras de San Carlos, todo estaba por hacer: los ranchos, los pozos, las zanjas y era prioridad arar la tierra, plantar árboles y delinear jardines; había que pensar en la construcción de los corrales y de espacios protegidos para almacenar las cosechas.  Gustavo Peretti expresó que “la Sociedad Beck y Herzog firmaba un convenio con cada familia en el que resumían los derechos y obligaciones de los colonos… La empresa envió desde Europa instrumentos de trabajo, útiles, etc. y desde Boston se hicieron remitir arados, cultivadoras, sembradoras, semillas y otros artículos para los cultivos agrícolas.”  [15]

En tales circunstancias, hay que imaginar “al buey como animal uncido al arado; la guadaña para los cortes; la caballada para la trilla”.  Con la ayuda de peones, era necesario “cortar adobes para la construcción de habitaciones” y “el zanjeo consistía en cavar una zanja en torno a las concesiones para evitar que los animales penetraran en los sembrados, pues el cerco de alambre se generalizó casi quince años después.” F. p. 34

Desde el rancho a la trilla…

Las anotaciones en el Diario comenzaron el 12 de octubre de 1859 y aunque son breves, aportan datos que reflejan la situación en que se encontraban esas familias y algunas características insoslayables.  La familia Guinand ocupaba la concesión Nº 32, “no han terminado el rancho” pero tienen terreno arado y han sembrado.  “Aunque es una familia sin práctica en los trabajos, tienen mucha voluntad”.  Al 7 de diciembre, se observó que:  “Se empeñan más y ya se ponen más hábiles en el trabajo”.  A principios de abril trabajaron “en la construcción del rancho.  Guinard -Guinand-, hizo unos viajes fletando para la Administración. Compró dos cerdos” y a principios de mayo, “están ocupados en la edificación de su rancho. Adelantan despacio a pesar de que son gente buena, obediente, y que tienen voluntad”.  En julio de 1860, don Beck Bernard anotó que “esta familia va algo mejor”; la integraban “6 personas” y poseían “5 bueyes, 4 vacas, 2 terneros, 2 caballos, 2 cerdos”, continuaron arando pero con respecto al “jardín y huerta cero.”

Así se suceden las anotaciones que poco expresan sobre las íntimas emociones que oscilarían entre la incertidumbre, la nostalgia y la esperanza, aunque algunos datos insinúan la intensidad de sus vivencias.  Desde el 12 de octubre, en la concesión Nº 27 estaba instalada la familia Baettig y don Carlos anotó: “en agosto les nació un niño”, registró que eran “personas muy trabajadoras.  Ya han terminado su rancho, techado con paja, muy prolijo”.  Habían arado y sembrado.  Don Carlos anotó en enero de 1860, que “el soltero de los Baettig, Antonio, se retiró de la sociedad, pero trabaja bajo nuestras órdenes a fin de poder abonarnos lo que adeuda por gastos de pasaje que les fueron adelantados para llegar hasta aquí”.  Siguió el resto de la familia con los trabajos de roturación y siembra; a principios de marzo “se ocupó de carpir para jardín y huerta y mejorar su rancho” y al mes siguiente edificaron el “galpón para recoger el maíz.”

Algunas concesiones fueron cedidas en dos oportunidades, como sucedió con la Nº 37 que pertenecía originariamente a la familia Bogner.  Consta que esa familia, al 12 de octubre de 1859 “aún no principió su rancho, viven en lo de Kappeler“, pero como Bogner “es aplicado en el trabajo y lo hace continuamente”, lo empezó al mes siguiente y lo terminó a mediados de enero, cuando consta: “ya habita su rancho y continúa trabajando en el mismo”.  Al “10 de febrero de 1860: Tuvo la desgracia de perder por fallecimiento a su señora.  Trabajó activo en el rancho” y a principios del mes siguiente, “perdió por muerte sus dos bueyes, por lo que se atrasó más aún; pues ya estaba atrasado con el fallecimiento de su esposa.”  El 4 de abril, “continúa los trabajos en su rancho.  Ha hecho algo de zanja.  No adelanta pues con la muerte de su esposa tiene mucho trabajo con sus pequeños hijos.  Tiene demasiado que pensar y le resulta casi imposible seguir adelante. El 11 de mayo, don Carlos Beck anotó: “Bogner entrega la concesión.  Deja 3 hijos en lo de Gschwind y 2 en lo del Dr. Romang.  Sigue trabajando con nosotros de carpintero, así podrá amortizar su deuda.  De la concesión se hará cargo la Familia Vogel.  Siendo una familia recién llegada.”  Al 13 de junio, “Vogel se encuentra desde una semana bastante enfermo” y el 10 de julio, “Vogel y su socio Meyer abandonaron la Colonia.  El rancho quedó al cuidado del peón Bürgi” (Juan).

Como sucede en cualquier grupo social, en el conjunto de familias colonizadoras se destacaron algunas por sus conocimientos agrícolas y por la constante dedicación.  La familia Reale al 12 de octubre de 1859 tenía el rancho terminado en la concesión Nº 22; el terreno arado y parcialmente sembrado.  El 7 de diciembre se observó que “los trabajos son hechos con prolijidad y conocimiento” y se reitera esa calificación a mediados de enero: “Es la concesión que mejor se encuentra de todas, los trabajos se efectúan con conocimiento y activamente”.  Así continuaron; en los primeros días de febrero de 1860 “comenzaron a zanjear”; en marzo comenzó a agrandar “su rancho; cuida sus plantaciones y trabaja”, en abril y mayo “continúa edificando, cosechan bastante maíz y porotos.  Tienen algo de jardín y huerta.  Al 10 de agosto, “habitan el rancho 5 personas mayores y 4 menores.  Tienen 5 bueyes, 4 vacas, 5 terneros, 4 caballos, 2 cerdos” y sembrado trigo, cebada, alfalfa.  “El jardín y la huerta está arreglada.”  Don Beck lo visita el 14 de setiembre y anota: “En este día estuvo muy ocupado en edificar.  Su esposa está desde hace un tiempo bastante enferma”…

Surge de los apuntes, que en la concesión Nº 54, la familia Ramseyer había terminado “su rancho”, tenían tierra arada y sembrada, cuando don Carlos Beck inició sus anotaciones y registró que “la familia es ordenada y muy trabajadora”.

Algunas familias llegaron dos meses después, entre ellas la familia Vuagnouz:  “recién llegados” el 13 de enero de 1860.  En la primera semana de marzo consta: “En estos días irán a vivir en su concesión.  Los savoyardos edifican el rancho bastante sólido por lo tanto algo más despacio, pues lo hacen bien”.  Al 4 de abril “ya habitan el rancho, completaron el corral, araron”, siguieron en esa tarea en mayo, mientras “el rancho está próximo a terminarse”.

 

En todos los apuntes hay datos referidos al jardín.  En la concesión Nº 21, el 13 de enero la familia Rua está “cavando el pozo”, en febrero y marzo “edifican su rancho” y a principios de abril, “preparan el jardín”. Al 10 de agosto de 1860, “la familia la componen 4 personas mayores y 5 menores. Poseen 4 bueyes, 2 vacas, 2 terneros, 3 caballos, cuidan el trigo sembrado y “trabajan en el jardín”.  En los primeros días de septiembre plantaron “batata, están arando para maní.  Hace zanja alrededor del jardín.  En plena primavera, el 16 de noviembre de 1860, “en el jardín se observa muy hermosa plantación” y al mes siguiente, cosecharon el trigo, “pero aún le falta la trilla”, tarea que realizaron a mediados de febrero de 1861, mientras crecían los cultivos de maní, maní, papa y porotos.

 

En la concesión Nº 60, el 12 de octubre de 1859, el rancho de la familia Siegel está por terminarse”; tienen una parcela arada y parcialmente sembrada; “aparte de las vacas recibidas por la administración compró una”.  Destaca don Carlos Beck,  al mes siguiente, que “el hombre es muy trabajador”.  A pesar de la dedicación de los Siegel, el 10 de febrero de 1860 “las plantaciones están muy sufridas.  Son aplicados en el trabajo”, labraron más “campo virgen.  Se ocupa mucho en construcciones y mejoramiento de su rancho, tareas que continúa en los tres meses siguientes. Mientras tanto, desde principios de abril, “la señora Siegel atiende actualmente quehaceres domésticos en la administración” y al 11 de mayo, siguieron roturando el campo, “están rastreando lo arado muy aplicados.  Edificaron un establo para vacas, también siguen trabajando en la mejora del rancho, tienen un hermoso jardín.”  Al 10 de agosto de 1860, “habitan el rancho 4 personas mayores y 3 menores.  Poseen 4 bueyes, 4 vacas, 6 terneros, 4 caballos, 1 cerdo; tienen sembrado trigo y cebada; “el jardín está ordenado con plantaciones de árboles.”

 

Sobre la familia Taverna instalada en la concesión Nº 14, al 12 de octubre de 1859, es posible saber que: “el rancho está terminado”, tienen terreno arado y sembrado, labores que continúa en los meses siguientes. El 10 de febrero de 1860, don Carlos Beck anotó: “Este colono es muy aplicado y trabajador.  Las plantaciones están muy bien, las cuida; a la vez edifica.  Trajo semillas de viña de Europa, las que sembró y brotaron bien.” A principios de marzo “trabaja en zanjear, continúa aplicado en el trabajo; aró poco por haber perdido dos bueyes de los cuales encontró sólo uno.”  En los primeros días de mayo sigue edificando su rancho, “rompió campo… cosecha porotos y se observa un hermoso jardín”.  No hay anotaciones sobre labores durante el invierno y el 14 de septiembre se destaca que “comenzó a arar para sembrar maní.  Continúa activamente con el trabajo de zanjeo”.

Como lo ha expresado Gastón Gori, “en los apuntes de Beck Bernard compruébanse casos de abandono de la tierra.  Estos abandonos obedecían a diversos motivos: unos de orden privado, otros relacionados con el cumplimiento de obligaciones, es decir, motivados por el sistema de colonización.”  Advirtió Gastón que “cuando el colono se sentía abrumado por la magnitud de su deuda y no veía la posibilidad inmediata de cumplirla, cedía a otro inmigrante su derecho a la concesión.  Quien le sustituía se hacía cargo, ante la empresa, de la deuda pendiente.  Estos casos de cesión, se distinguen en los apuntes colocando al lado de la primera familia, el nombre de la que en segundo o tercer término se hace cargo de la concesión. Como la cesión comprendía todos los derechos, para el nuevo colono, los plazos corridos conservaban su efecto.  Así, cuando una familia cedía su derecho después de haber trabajado durante dos años, la otra familia sólo trabajaba tres para completar el plazo.  Todos los actos jurídicos en que eran parte los colonos, aún cuando su objeto fuera un bien mueble, se asentaban en un libro llamado protocolo de la colonia y se efectuaban con interventor del director Carlos Beck Bernard o del Administrador Enrique Vollenweider.”

 

En la concesión Nº 68, al 11 de noviembre de 1859 la familia Grossweiler sigue “cavando el pozo y edifican su rancho”, para instalarse a fines de ese mes. En los primeros días de diciembre, “ya viven en su concesión, construyen el corral” y siguen arando. A principios de enero ya han sembrado y al mes siguiente, “trabajan en la construcción mejorando el rancho”. El 10 de febrero de 1860, don Carlos Beck anotó: Son trabajadores y aplicados.  Salomón Grosweiler y señora se retiran de su socio.  Trabajan con nosotros en la administración; él como carpintero y ella en los quehaceres domésticos, (es encargada). Continúa la familia Kellerhals.”  El 7 de marzo, siguen arando; “tiene 2 peones, uno es sastre, el otro es zapatero, también trabajan en su profesión.”  Durante abril y mayo, siguen arando y “edificando el rancho”.  Al 10 de agosto de 1860, “habitan el rancho 5 personas.  Poseen 5 bueyes, 2 vacas, 2 terneros, 3 caballos; han sembrado trigo y cebada; “el jardín es insignificante.  El sastre y el zapatero abandonaron la colonia por su voluntad.  Estos no se atrasaron en el trabajo pero era para la Colonia un elemento poco deseable y continuamente molestaban con sus chismes y mentiras.”  En las primeras semanas de septiembre, “sigue Kellerhals a cargo de la concesión.  Mejora el corral y da comienzo a la plantación de batata, además ara para maní.  Tiene desde hace días empleado un peón.”  En octubre se destaca que “trabaja aplicado.  Es inteligente” y al mes siguiente, ya ha sembrado maíz, “algo de tabaco, trabaja el mismo con cuidado, así mismo el jardín”. A mediados de diciembre “ha cosechado el trigo pero aún no lo trilló”; en enero siguió arando y al 15 de febrero, también tiene sembrado batata, maní, maíz, porotos y papas.  Anotó don Carlos Beck: “Pronto termina la trilla del trigo.”

 

La familia Charles “comenzó el rancho” al 12 de octubre y ya tenía tierra arada y “parcialmente sembrado”. Al mes siguiente, ya habían terminado su rancho, “son prolijos y progresan”. A principios de enero “están trasplantando y reponiendo plantaciones”; siguieron arando y en febrero, “los sembrados se encuentran regular.  Las personas son bastante prolijas y trabajadoras.  El 7 de marzo, “están edificando el rancho”, tarea que continuaron en abril, “haciendo ladrillos de adobe crudo”.  El 11 de mayo, don Carlos Beck anotó que “labraron”, “rastrillaron tierra arada. Cortaron algo de ladrillos.  La señora Charles ha instalado un colegio de labores para niñas… habitan el rancho 3 personas mayores y 3 menores.  Tienen 4 bueyes, 3 vacas, 3 terneros (1 prestado), 3 caballos, 2 cerdos”; siguen creciendo el trigo y la cebada.  “Se notas un jardín insignificante”.

 

Al 12 de octubre de 1859, la familia Dayer ya había terminado “su rancho” en la concesión Nº 29; la tierra estaba arada y parcialmente sembrada. Al mes siguiente, consta que eran personas de “buen comportamiento en el trabajo aunque va algo despacio” y siguen “algo atrasado en su trabajo”. El 10 de febrero don Carlos Beck anotó: “En general sus sembrados se encuentran bastante mal… En cuanto al cuidado de su plantación son bastante negligentes” y quince días después, “carpió algo para jardín y huerta.  Está en sospecha que ha robado ganado repetidas veces.”  A principios de mayo construyó “un nuevo rancho” y “ha cosechado algo de maíz”.  En agosto de 1860, integraban esa familia: “4 personas mayores, 3 niños” y poseían: “4 bueyes, 3 vacas, 3 terneros, de estos últimos tiene 4 pues dice que uno lo tiene prestado, 2 caballos, 1 cerdo.. jardín y huerta sin importancia” pero al 12 de octubre ya había construido “otro rancho” y a principios de diciembre “principió la cosecha con Bourdin, siguiendo la trilla hasta febrero.

En algunas circunstancias, los apuntes  revelan actos de intolerancia y de violencia quizás resultantes de las tensiones emotivas generadas por el desarraigo.

 

En la concesión Nº 38, al 11 de noviembre de 1859, algunos integrantes de la familia Jacob “están cavando el pozo y edifican el rancho”.  En los primeros días de diciembre “viven en la concesión, no han hecho mayor trabajo.  No parecen prometer mucho de bueno” y así resultó, porque empezaron a arar en enero, “en lo demás están aún algo atrasados.  Jacob trató mal a su señora y a su cuñada, es en general un hombre sinvergüenza.  Nosotros no podemos comprender que se acepte esta clase de gente y tan luego con un adelanto tan grande, lo que dejará y nos hará pensar, con sólo mirarlo se conoce que debe ser un canalla.  Por su negligencia ha perdido sus bueyes y hasta hoy no fueron hallados.”  A principios de marzo, tenían más tierra arada, “están trabajando en la construcción del rancho, tarea que continúan en los meses siguientes, ya que al 11 de mayo de 1860, “rastrillaron aplicados lo arado para la siembra del trigo.  Se aplican algo más” y “también cortaron ladrillos (Adobe)”.  Dos meses después, “se los nota algo mejor en el trabajo.  Al 10 de agosto, “habitan el rancho 6 personas mayores y 2 menores. Tienen 4 bueyes, 2 vacas, 3 terneros, 2 caballos”, están sembrados el trigo y la cebada; siguieron arando; “jardín no tienen.  Esta familia sigue mejor ya no da lugar a quejas”.  En la primera quincena de septiembre, tienen plantado maní y han arado otra parcela de “campo virgen”.  Hasta diciembre alternaron siembra de maní y maíz, con trabajos de arado, se los observó “muy aplicados” y a mediados de ese mes comenzaron la cosecha del trigo, “se los nota adelantados”.

 

En la concesión Nº 67, se instaló la familia Wiss; al 11 de noviembre de 1859 “cavan el pozo y edifican su rancho”; dos semanas después “ya viven en la concesión.  Dieron principio a la arada, no terminaron el corral”, a principios de enero “sembraron algo” y el 10 de febrero don Carlos Beck anotó: “Son peleadores entre sí, negligentes en el trabajo.  Es esta una de las peores familias que tenemos, estamos realmente arrepentidos de haberla aceptado y tan luego con un adelanto respetable.” Al 7 de marzo de 1860, “trabajan en la construcción del rancho”, tarea que continúan el mes siguiente. “Son gente de carácter perverso y contestadores.  El 11 de mayo, “ya tienen todo arado y listo para sembrar el trigo pero aún no lo han hecho, son muy negligentes y protestadores”.  En junio “comenzaron la siembra del trigo”; al 10 de agosto “la familia la componen 5 personas mayores y 2 menores. Poseen 4 bueyes, 2 vacas, 2 terneros, 3 caballos”; sembraron trigo y cebada “y no tienen jardín”.  Don Carlos Beck dejó otra constancia: “Se trata de la peor familia que habita en esta colonia y si no se retiran por su voluntad tendremos que despedirla”.  En septiembre y octubre de 1860, prepararon la tierra para sembrar maní y plantaron batata.  El 16 de noviembre quedó anotado: “El hijo se retiró desde hace unos días, la familia está algo más tranquila”.

Tales son los frutos resultantes de la fecunda siembra de Gastón Gori al elaborar sus libros. Tras sus investigaciones logró reiterar información sobre las primeras familias colonizadoras de San Carlos y recordarlos es un acto de justicia.

   1955: en la historia de los argentinos.

En algunas crónicas, han marcado un hito en el rumbo de lo literario en función de los acontecimientos políticos del 16 de septiembre de 1955 y aluden a la generación del ‘55 incluyendo a autores que habían publicado sus obras durante la década anterior.

Ediciones “El Litoral”

Es oportuno tener en cuenta lo expresado treinta años después desde la comarca, por el poeta y periodista Alfredo Ariel Carrió:

“…Un episodio muy particular se concretó en nuestra capital, cuando… surgen de improvisto las denominadas EDICIONES ‘EL LITORAL’.

Un suelto aroma de provincia reunía a sus escritores en torno de vocaciones, que el mismo diario elegía como una de sus tantas normas de trabajo… Un valor, no precisamente simbólico, se acumula como servicio y es por ello que en 1955 nacen las denominadas y recordadas por muchos: ediciones ‘El Litoral’.  Por primera vez en la historia de la cultura litoralense, una iniciativa de gran importancia como la que representa la primera colección de volúmenes… se brinda al público, teniendo conciencia del logro de una beneficiosa adquisición.

La presencia de nuestro litoral en el desarrollo y en la identidad argentina, fundada en manifestar esta significativa presencia de la región, jerarquizó en el plano más vasto la actividad creada del espíritu argentino.

Es que el libro, creado por nuestros escritores e impreso por nuestras editoriales, es un índice elocuente de una aptitud y una calidad que trasciende únicamente las fronteras transitadas por la política y la economía.”

“El camino de las nutrias” – 2ª edición.

Una aproximación a la trayectoria literaria de Gastón Gori contribuye a facilitar la visión sobre hombres, hechos y homenajes que han caracterizado a la historia de los argentinos, a la historia hispanoamericana… universal.

En la colección auspiciada por el diario “El Litoral” de Santa Fe, en 1955 se dispuso la segunda edición de El camino de las nutrias, que seis años antes había publicado la conocida editorial Colmegna de Santa Fe.

Hasta entonces, habían publicado Historia de Santa Fe de Leoncio Gianello; Cenizas de Diego Oxley, Hacecillo de Elena de José Pedroni, Aleluyas del Brigadier de Mateo Booz, La antena hechizada de Luis Di Filippo; El caballo en la vida de Santa Fe de Agustín Zapata Gollán; Escritores y plásticos del litoral de Luis Gudiño Kramer, jefe de redacción del diario “El Litoral” y uno de los diez autores premiados en 1933 en el certamen hispanoamericano organizado por el diario “La Prensa” de Buenos Aires.

Es oportuno reiterar los títulos y autores que completaron colección, mencionados por Carrió, su libro El pájaro campanero; Hombres y hechos de Santa Fe de José Carmelo Busaniche; El ombú y la civilización de Amaro Villanueva; La arquitectura en las misiones jesuíticas guaraníes de Hernán Busaniche; Los pueblos y culturas indígenas del Litoral de Antonio Serrano; Cardos y estrellas de Julio Migno; Ensayo sobre el hombre y sus problemas de Rafael Virasoro.

En la siguiente etapa, publicaron: Oasis desapacible de Riobó Caputto, Caballos de Luis Gudiño Kramer; Estanislao López de Leoncio Gianello; Francisco Javier de Echagüe y Andía – José Bonifacio Redruello de Monseñor Dr. Nicolás Fasolino y Concierto en mi  de Luisa Mercedes Levinson.

Gastón rememora el camino de las nutrias…

Sabido es que para satisfacer algunas expectativas literarias de Silvia Braun de Borgato, al comenzar la última década del siglo veinte, Gastón Gori -bajo la bignonia-, habló sobre su obra y rememoró vivencias de su infancia y juventud.

Destacó que algunos de los cuentos que integran El camino de las nutrias, reflejan una parte de la vida de aquellos inmigrantes que formaron las primeras colonias agrícolas, en una época en que coexistían “el amor y el odio”, como ha sido desde que Caín mató a Abel y sigue siendo todavía, en cualquier lugar del planeta, con distintos protagonistas.  Esos sentimientos tanto podían tener su origen en “sus picardías y sus rivalidades”, como en los “problemas de vecindad”, debido a que los animales que no tenían un alambrado que los atajara se iban a los trigales vecinos y producían daños y esto estaba prohibido”.  [16]

“El lago imposible”

Se ha reiterado que en El camino de las nutrias, Gastón incluyó como último cuento El lago imposible y evidentemente, para él tiene un valor excepcional porque también es el penúltimo en El obsequio de los pájaros.

En consecuencia, será interesante reiterar lo expresado por Gastón acerca de la belleza de aquellas dos garzas: “…la blancura de su plumaje no corrompía ni una manchita de barro y se destacaban de cerca o de lejos, entre el verdor de los pastizales acuáticos, entre totoras y camalotes, y cuando entre los varillares se habrían flores celestes, más blancas aún, y hermosas se erguían.”  El obsequio… p. 96

Hay allí evidentemente, una alusión al mismo lugar donde Gastón sabía que “lo vieron crecer al camalote las garzas blancas a orilla del bañado…”  El obsequio… p. 17

Era también el mismo espacio donde “en un amanecer feliz de aire puro, tenue luz en el cielo claro alumbró al camalote embellecido de flores celestes.”  El obsequio… p. 18

Era un bello paisaje, un amplio bañado cuyas aguas provenían del recodo bajo que formaba el río San Javier… El obsequio… p. 97

 

“-¡Qué bello sitio para mirarlo! -ellas pensaban: ‘Una parte de esa belleza se la creamos nosotras con sólo vivir aquí, con andar por el agua, con volar sin ninguna prisa…’  Y tenían razón sin vanidad.

Pero las garzas que convinieron ser habitantes perpetuos de allí, no contaron con un enemigo solapado, de turbia alma terrible, perezosa y dominada por la envidia y el menosprecio: un yacaré.

Era éste un yacaré que viniera desde el norte, voluminoso, glotón de corderitos y de peces que devoraba y luego se tiraba a la orilla del río cerca del estero, y se quedaba al sol horas y horas dormitando la dificultad de sus digestiones enormes.

Sus ojos entornados pesadamente traslucían su desinterés por todo cuanto no fuera su propia barriga de incalculable capacidad.  En una loma pasaba las horas asoleadas del día y de cuando en cuando bostezada con sus fauces en ángulo terrible de dientes y se movía con pereza, arrastrando su cáscara por el barro o por la tierra.  Vivía indiferente a los encantos del lugar y eran para él enemigos cuantos bichos se acercaban, destrozaba brutalmente el crecimiento de las plantas y a cada comida suculenta, le sucedía en su rudo espíritu la esperanza de un nuevo día de festín y dormitaba su ilusión de comida aplastando la mandíbula en el suelo y cerrando sus abultados ojos que a fuerza de mirar el suelo no necesitaban ya abrirse mucho para ver la tierra que le circundaba.

Yacaré que vivía para abajo, nunca tuvo la preocupación del cielo; ignoraba todo cuanto admiraban los demás seres del estero, al que había llegado un día y del que si no pensaba salir era porque no le faltaba con qué aplacar su hambre.

Las garzas lo vieron una tarde de sol.  Venían ambas caminando por la orilla y se encontraron de pronto con el yacaré mas pensaron que era animal de agua y de la tierra como ellas mismas y tan amplio era el contorno anegado, que todos podían vivir tranquilos con sus propias costumbres, con sus propias afecciones.  Garzas hechas para las alturas, pensaron bien del yacaré y parándose a su lado, no muy próximas, hundían de cuando en cuando en el agua sus picos sonrosados y luego para observar mejor, levantaban una pata y quedaban absorbidas por la dulzura del ambiente y por el suave roce del aire.  El obsequio… p. 99

El yacaré se revolvió en esos momentos, mas no se inquietaron las garzas; abrió despacio sus ojos que se deslumbraron por la luz; los volvió a cerrar y abrir para acomodar su sensibilidad al resplandor.  Pero viendo las garzas les dijo: – Ya me parecía que algo molestaba más que los otros días a mis ojos… Son ustedes quienes ciegan con ese plumaje blanco.  Cuando hay mucho sol no se puede mirarlas.  ¡Garzas estúpidas!”

A pesar de ese agravio, “las garzas no se movieron y le miraban cautelosas” provocando otra reacción en el indignado yacaré: “-¡Me desprecian esas tontas!  Pero me vengaré, a mí no se me ofende por que sí no más…”  El obsequio,  p. 100-101

“Las garzas tenían por costumbre buscar el agua más transparente, donde era tranquila y se reflejaba en su fondo el cielo… Allí en la mejor pureza del agua, iban de aquí para allá, suaves, lentas, sin enturbiarla y picoteaban de tal manera que realzaban su elegancia y al alzar sus picos sonrosados algunas gotas de agua les caían mientras bandadas de cardenillas silbando les hacían coro y desaparecían en el totoral.

El yacaré acechaba en esos instantes escondido bajo el camalote y de pronto, saltaba con ímpetu y las espantaba.  Las garzas con breve vuelo se alejaban, y el yacaré impotente sacudía el agua y zangoloteaba en el barro para ensuciarles de tal modo que era imposible ya a las garzas volver allí…  El obsequio… p. 101-102

“El Yacaré no cejaba.  Íbase aprovechando recodos y totoras para acercarse a las garzas y otra vez, despechado al ser descubierto, se revolcaba y convertía en removido barro y agua los más encantadores refugios, despedazando hojas y espantando peces con su terrible cola sacudida con vigor.”  El obsequio… p. 103

“Y se propuso no darles más descanso, no dejarles ni un solo limpio lugar donde lucieran su hermosura: el estero debía convertirse en un enorme barrial inadecuado para la armonía de líneas y la apostura de las garzas.  Se dio a esa tarea con tesón… Ya no había más agua limpia donde pudiesen reflejarse y gozar del encanto del sol; no existía más para ellas la serenidad del ambiente.  Un punto no obstante le desesperaba, y era no verlas de inmediato dónde iban cuando alzaban vuelo espantadas por su revoltosa presencia.  Las veía sólo un instante cuando desplegaban las alas, y un poco de su vuelo, pero después desaparecían ante sus ojos porque él nunca había alzado la vista, nunca su mirada abarcó más que el charco, o el río en lo más próximo y en lo abundante de comida.

-Algún día sabré, se dijo, hacia donde van cuando alzan vuelo.  Las veo un poco nada más, y luego las vuelvo a ver cuando se asientan.  Es un misterio la zona donde se elevan por sobre mis ojos.”  El obsequio… p. 104

Por su naturaleza el yacaré “casi no dormía su pesada siesta por seguir enturbiando el estero” hasta que una mañana, “se le acercaron las garzas y le dijeron:

-Hoy nos vamos, ya puede usted, señor yacaré seguir si quiere estropeándonos cada embalsado, cada rinconcito que amábamos porque era bello y porque además se lucía con nuestra blancura.

-¡Presumidas! -dijo el yacaré-.  Como si todo esto no fuera mejor sin ustedes.  Aquí estoy yo que soy más del estero que los mamarrachos de sus figuras…

Las garzas desplegaron sus alas por no responderle y pronto se elevaron de modo que no pudo verlas el yacaré, que se solazaba viendo cómo toda la orilla del estero denotaba sus estropicios.

Mas como despedida, quiso ver por dónde desaparecían las garzas y haciendo un esfuerzo, levantó su cabeza para sostener su mirada hacia arriba, cosa que no había hecho nunca.

¡Quedó estupefacto! Vio un lago inmenso, un lago azul cristalino, majestuoso y de imponente serenidad, y en ese extraordinario lago, ambas garzas se sostenían y avanzaban con elegancia suprema, extendiendo pico y patas, y el plumaje luciendo en el contraste del sol y el azul por donde volaban.

El yacaré vio todo con asombro y comprendió que a ese lago no llegaría nunca para enturbiarles el agua a las garzas, porque en su tozudo empeño, pudo, no obstante, reconocer que por primera vez miraba el cielo.”

¡Cuántos yacarés siguen todavía sin poder mirar hacia lo alto porque viven acosando a sus víctimas!…

¡Cuántas garzas blancas han preferido emigrar antes de seguir soportando el acoso de esos torpes animalitos, envidiosos porque por su naturaleza nunca podrán volar… salvo que, como sucede entre fabuladores, puedan hacerlo con cierta imaginación…

Gastón Gori: 1er. Premio Concurso Nacional Sociedad Italiana

Una vez más, Gastón logró otra distinción: el primer premio por su novela La muerte de Antonini, en el concurso nacional organizado por el Círculo Italiano de Santa Fe y al año siguiente, se concretó la edición.  El narrador sorprende al lector porque el personaje hablante, conversa con el cadáver del hijo de un inmigrante italiano -ausente desde que decidió volver a Italia-; dialoga con el avaro Antonini…

Un año después -1957-, en el diario “La Capital” de Rosario comentaron esa publicación: “Lectores habrá que considerarán exagerada la visión de Antonini que nos da Gori a través de la narración de un asistente al velatorio; pero a nuestro entender no se aparta de la verosimilitud, de la verdad.  Pues seres como ése hemos conocido todos y no en las creaciones del arte sino en la realidad cruda de la vida cotidiana.”

Gastón Gori ha manifestado que escribió esa novela en menos de un mes y durante un diálogo con el escritor Pablo Guastavino -en 1988-, aclaró:

“…Fueron veinte días y veintiún años.  Porque la estuve pensando desde que concebí al personaje, Antonini, en el año 1935, hasta que encontré el estilo en 1955, adecuado para ella.  Casi un cuarto de siglo! Lo que corrobora mi lentitud.  Claro que no pensaba sólo en esa novela durante tanto tiempo, sino que elaboraba otros libros.”  [17]

1956: “La muerte de Antonini” – Novela

Sabido es que Gastón -como lo ha sido el titiritero poeta José Bartolomé Pedroni junto a don Agustín Zapata Gollán, y como lo seguimos haciendo millones de personas-; reflexiona y medita tras sucesivas lecturas de la Biblia.

En consecuencia, no sorprende hallar otra cita al comenzar la lectura de La muerte de Antonini: “No brote ya fruto de ti / por siempre jamás.  San Mateo“. [18]

 

Gastón cuando dialogaba solía referirse a la religión y a lo religioso.

Mientras los pájaros se acercaban al lugar donde él arrojaba los granos de mijo, decía que él había leído poco la Biblia.  Una tarde, pulsaron en la memoria algunas señales percibidas en la subsecretaría de cultura y aludí a otra anécdota porque José Pedroni -siendo director de Cultura- se reunía con Agustín Zapata Gollán y comentaban diversos textos bíblicos.

La Luz del Evangelio, facilita el reconocimiento de otras señales en el Camino:

“Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen.”  Mateo 5:44

“Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha”…

“Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto…”

“Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en granero”…

“¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo”…

“Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Mirad los lirios del campo, como crecen, no trabajan ni hilan”…  Mateo 6:3,6, 26, 27, 28

“No juzguéis para que no seáis juzgados.

Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.

¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?”  Mateo 7:1,2,3

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Gastón Gori dejaba que sus sentimientos en complicidad con las palabras, se expresaran sin absurdos prejuicios.

Si pudo hacerlo, es porque supo entrar “por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición”  Mateo 7:13

Si lo hizo, fue porque tenía la certeza de que “todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. / No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. / Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. / Así que, por sus frutos los conoceréis.” Mateo, 7:17-20

En diversas oportunidades ha expresado que sus escritos responden a sensaciones percibidas en diferentes circunstancias, que estimuladas por su imaginación van generando ambientes y personajes característicos de los lugares donde ha vivido y evidentemente, ha vibrado.

Sabido es que en 1935 estuvo en tierras de La Forestal -”un país dentro de otro país”, en el norte santafesino- y recién veinte años después, en su espíritu se produjo la tensión necesaria para empezar a escribir, escribir, escribir… que es como decir: trabajar, trabajar,  trabajar en la elaboración de una novela.

Durante aquel viaje lo había impresionado la conducta de una persona de origen itálico, que vivía sometida a los padecimientos de sus propias actitudes, porque era egoísta, exageradamente ambiciosa, más que mezquina ¡avarienta!

Ese perfil siguió latente en su memoria durante años y como suele suceder, demoraba en ser detectado el hilo conductor que minuto a minuto generaría la trama necesaria para elaborar una original narrativa.

Sabido es que Gastón Gori -poeta-, es Pedro Raúl Marangoni,, abogado, y que por esas cosas del amor al arte… tiene como alter ego a Dalmacio Gálvez; de modo que en tono risueño se puede decir que hay tres nombres distintos y un solo hombre verdadero.

Dotado de insuperable imaginación, seguramente no le habrá resultado difícil imaginar un patronímico, habiendo tantos “…nini” entre los descendientes de italianos.  Decidió que Antonini sería el apellido de ese huraño ¡miserable! personaje y a mediados del siglo XX, cuando trabajaba con don Agustín Zapata Gollán en el Departamento de Estudios Etnográficos, comenzó a cimentar la novela titulada La muerte de Antonini.

Con una sonrisa, Gastón ha recordado que la terminó de escribir en el vigésimo día y con la seguridad que otorga una amistad a perpetuidad, es posible celebrar ese resultado con otra sonrisa, advirtiendo que le dedicó sólo un día menos de las tres semanas que anida la gallina para que nazcan sus pollitos

 

Es sorprendente el primer párrafo de La muerte de Antonini:

“Haré el examen general de tu vida, aquí mismo, frente a tu cadáver. Nadie lo conocerá por ahora, pero lo he de escribir para que se conozca mejor tu vida sembradora de desventuras, tu vida ubicada en un mundo terrible, que te creaste al margen de los que viven concientes de los valores que ennoblecen al hombre con sus esperanzas, sus necesidades, su derecho a la justicia que no siempre se logra con la recta aplicación de las leyes, esas que tú conocías al dedillo en la parte que favorecían tu asombrosa avaricia.”

Emerge un lejano recuerdo: “Plantaste esa viña hace más de treinta años, un día de otoño, tu vecino podó la parra y arrojó a la calle los sarmientos desperdiciados, porque entonces no estaba pavimentada.  La tierra polvorosa se levantaba al paso de los carruajes, y cuando llovía, se formaban hoyos de barro… Por eso los vecinos arrojaban a la calle desperdicios, como esos sarmientos, para levantarla y mejorarla… Del parral cortabas las uvas ya marchitas que se pudrían agujereadas por las abejas o picoteadas por los pájaros, y no se las dabas a los niños de tus vecinos, que las codiciaban.  Las arrojabas a tus gallinas temeroso de ser un abusivo derrochador de esa riqueza que te venía de la tierra.”

“No te tengo odio; nunca te lo tuve, inclusive a veces creo descubrir ciertas virtudes dentro de tu miseria. Pero rechazaba tu vida.  Soy tan viejo como eras tú, con tus setenta años”…

“Por mi madre supe algo de tu infancia anterior a los años que pasaste con nosotros, en nuestra casa.  Fue cuando la peste de viruela negra echó su brote trágico en nuestra ciudad.  De ella murió tu madre, luego tu hermano menor, y a la semana siguiente, el otro… Los vecinos los dejaron solos; no se atrevían ni siquiera a trasponer los umbrales de vuestra puerta… La gente que no optara por éxodo, vivía angustiada por el tañer de las campanas tocando, lentas, a muerto… Tú no tenías ni una sola lágrima, se las había tragado todas tu miedo, crecido al amparo del silencio doloroso de tu padre.  El mundo fue para ti una calle larga por donde ambos regresaba.  No reparaste en los árboles del trayecto, ni en los pájaros, ni en las hierbas florecidas. No asociaste a tu angustia nada que te circundara; no sentiste que sobre la tierra hubiese otros seres más que tú y ese hombre agobiado que marchaba cejijunto a tu lado, esas cejas abundosas en los superciliares prominentes que tú heredaste de él.” p.2-3, 5-6,8

“Tu padre y el mío hablaron encerrados, solos, en nuestra cocina.  Recuerdo sus palabras finales dichas cuando regresaron al patio donde mi madre lavaba ropas.

-Parto mañana temprano.  Te mando hoy al chico, caro Pedro.

-Bueno Giuseppe, estate tranquilo -respondió mi padre-, cuando vuelvas de Italia seguro que encontrarás a tu hijo aquí.”

“Llegaste a casa al atardecer. Yo dejé de jugar con mi perro de caza, el Fido, chacotero y cariñoso, ese que murió misteriosamente envenado con vidrios molidos. Traías un atado de ropas en tu mano derecha, Vacilaste al entrar, pero mi madre te tomó del hombro y te dijo, con cariño: -Vení hijo… Pobrecito, vení.”

Era el comienzo de una historia donde confluían la tolerancia con la sospecha:  “…mi hermana y yo, te llamábamos ‘el viejo’.  Eras extraordinariamente obediente.  Sólo a ti podía mi madre mandar a cualquier parte con la certidumbre de que su orden no sería contrariada.  Parecías estar pagando con cada mandado la comida de cada día; parecías acatar todo para ir saldando deudas. Es seguro que tu padre instó al mío para que de inmediato te hiciese aprender un oficio.  Sin embargo, transcurrió mucho tiempo antes de que te buscara una colocación adecuada… probablemente tu padre había encargado que se te iniciara en el oficio de carpintero, porque de lo contrario no era difícil que se te buscara otro.  En el taller de don Juan Stuker hiciste tus primeras virutas.  Regresabas a casa silencioso.  Y cuando yo te invitaba a distraernos en cualquier cosa, me rechazabas.

Dejame -decías-, estoy pensando.

No sé cuáles misteriosos pensamientos te preocupaban, pensamientos acaracolados para adentro.  Ahora puedo afirmar que nos aborrecías.  La simplicidad de mi padre te fastidiaba, te repugnaba el vino que le veías tomar en la mesa, paladeándolo, haciendo buches con él para luego tragarlo con saludable exhalación de hombre satisfecho. Te molestaba la conversación ingenua de mi madre, despreciabas mis inocentes quehaceres no retribuidos; odiabas al perro nuestro que cuidábamos como a un niño.  Ese animal admirable para hallar el rastro de las perdices y al cual mi padre daba alimentos seleccionados.  Lo odiabas, sí; te repugnaba su angurria y el manso Fido te quería, sin embargo.  p. 11-12

El Fido, pagó con creces el atrevimiento de robarle a Antonini el trozo de carne estofada, fría… Varios días después ocurrió la muerte del perro.. p. 12

Y así poco a poco se fue revelando el perfil de Antonini.  Trabajaba y estaba pendiente de su “baúl de madera de roble, sin molduras, con cerrajes fuertes”, de “esa llave que era tan misteriosa como tu misma vida fuera de casa, que si alguien la conocía, no podría ser otro que mi padre y mi madre quizá, porque ellos, cuando estaban solos, o antes de dormirse, conversaban de todos nosotros y de los asuntos del hogar.” p.13

Así transcurrió la adolescencia de Antonini, entre el trabajo, la codicia, la mezquindad y el baúl, morada de sus ahorros y de sus sueños.

Sigue siendo un misterio, si ese ser sombrío alcanzó a enterarse de lo que se decía de él: “…con el correr de los años, lo único que dibujabas era tu firma, pero ¡ay! Después de cavilar lo que leías en el papel hasta agotar todas las posibilidades para asegurarte de que no cometías un error… Le temías a las páginas escritas donde estuviese tu itálico patronímico. Firmaste centenares de escrituras públicas, y sin embargo, temblabas ante ellas como si ocultaran manejos para causar tu ruina.  Desconfiabas hasta de ti mismo.  Para ti, no existían hombres honrados.” p.18

Hasta que llegó el momento esperado: “Te levantaste de la mesa; con tus pasitos ligeros fuiste a tu pieza y retornaste cargando tu baúl.  Mi padre se puso de pie abotagado el rostro por el vino de la indignación, dispuesto a castigarte.

¡Pedro! ¡Pedro! -clamó mi madre abrazándolo para impedirle que te pegara.  Mi hermana comenzó a llorar y yo temblaba como una hoja.  Huiste -es la palabra- por la puerta falsa que aún hoy chirria cuando alguien por ella entra al patio, y desde entonces, tuvimos de ti la imagen de un hombre despreciable.”  p.19

Antonini ya había delineado su camino: “Tu avaricia te encaminaba a poseer cosas por insignificantes que fueran… por el ahorro modesto te introdujiste en el dominio del mundo de los intereses que se mueve en los bancos… Le tenías terror a la hipoteca sobre tus bienes, porque ya conocías la poderosa fuerza coercitiva que puede desencadenar.. Fuiste al taller de Juan Stuker…” p. 20-22

“El mundo era para ti hileras de casas que se tasaban en tanto o cuanto dinero, casas que otros construían y que muchas veces debían ser hipotecadas… Pediste el desalojo y te encerraste en tu casa cuando viste venir a una mujer con dos criaturas, una en brazos.  Golpeó tu puerta.  Tú la espiaste al sesgo, desde la rejilla de tu ventana. Tenía los ojos hinchados, el pelo desordenado, el vestido gastado por demás.  Tras cada silencio tornaba a llamar con golpes más intensos, desconsolada ante la espera infructuosa… Veías a la mujer y a sus criaturas como a cosas, absolutamente ajenas a tu vida…   p. 24-25

Veías en cada hombre una amenaza ambiciosa de tu ruina.  Esa fue la desconfianza que irritara a mi padre y alarmara a la mujer, mi madre, que te prodigara cuidados cuando quedaste solo en el mundo”… p. 30

Gastón más que hablar sobre la muerte de Antonini ha logrado impactar sobre la trayectoria de un resentido, de un avaro que especuló hasta cuando conoció a “Guido Lombardi” -homónimo del padre de mi entrañable amiga Cándida; fabricante de mosaicos con sus hermanos-; “un colono dueño de diez concesiones de tierra y viudo responsable de dos hijas no del todo feas”. p. 32

“Te alimentabas bien en casa de Lombardi… y te complacías con las penurias que pasabas en la tuya donde no plantaste ni un árbol, porque pensabas alquilarla en el futuro y temías que otros aprovecharan de sus frutos. Le mentiste a Lombardi y le dijiste que ya habías colocado tu dinero, temeroso de que ese hombre pudiera necesitar de ti un servicio… Eras Antonini, el nieto del hombre que Lombardi conoció en Udine, el pretendiente de sus hijas, en plural impuesto por tu indecisión…  p. 39

Aún flota la imagen de un padre de familia ahorcado…  Miro tu sonrisa vaga en tu rostro amarillento, que transpira el sudor cadavérico y me parece que contigo desaparece una parte de la miseria moral que entristece al mundo”…   p. 41

Antonini había elegido por esposa a Elvira -mayor que él-, más hacendosa que Susana,  “responsable de la casa”… y la memoria revelaba más claves:

“Tu noche de boda fue dramática.  Abrazaste a tu mujer, después ella te confesó, con lágrimas en los ojos, que había sido madre de un hijo que nació muerto.  Te pusiste furioso como una rata…” p. 41

“Por otra parte, es posible que con esa sonrisita póstuma me estés recordando mi conversación casual con tu abogado después del asunto Stuker… Algo le dije de ti y me respondió: -Yo cumplo con mi deber: defiendo al que me trae sus problemas y si la ley le protege, mejor que mejor.  Mi oficio es hacer valer el derecho que la ley acuerda.  Las acciones del hombre que no están previstas en la ley permanecen fuera de mi interés… No soy un moralista. ¡Eso era el triunfo para ti!  El triunfo de la malicia, de la tacañería, de la falta de conmiseración por los demás, de tu insaciable apetencia de bienes raíces, de tu inmensa codicia, de tu condición de contribuyente máximo del fisco en impuestos inmobiliarios… No me derrota tu sonrisa póstuma, de ella tomo mi fuerza para seguir.  Y será con el recuerdo de una debilidad mía…”   p. 53-54

Continúa Gastón con sucesivos relatos sobre este personaje, hechos que abarcan evidentemente un período de crisis económica, ya que hay indicios suficientes:

“La inflación en constante aumento; los alquileres congelados; los impuestos elevados a alturas celestiales y en números multiplicados, fueron motivos suficientes para que mantuvieses las más agrias y ruines disputas y te aventurases en audaces pensamientos políticos…

-¡Éste es un gobierno de ladrones!

-No hable tan fuerte, que lo pueden oír… -aconsejaba la prudencia ciudadana de don Julio-.  A mucha gente ponen presa por decir esas cosas.”   p. 93

 

“…Nuestra casa paterna, la humilde casa de mi hermana, llegó a rentarte casi tanto como las mejores que tenías.  Extorsionaste a esa mujer, exprimiste dinero de su timidez.  Ella no tuvo valor para decírmelo; procedió con absurda nobleza.  p. 96

-Antonini -te dijo cuando por fin se creyó un poco amparada-, te voy a pagar con la rebaja de la nueva ley.

Pusiste el grito en el cielo:

-¿Así me agradece todos los favores que le hice? ¡Eso nunca!  Me paga todo o ese Dalmacio que se da ínfulas, sabrá que está viviendo casi de limosna en mi propia casa. ¡Qué se creen ustedes!”

 

En los últimos párrafos de la novela, se revela que quien estaba comunicándose con el espíritu de Antonini -con el alma de sus lectores…-, es ¡Dalmacio!… un personaje muy parecido a un hombre que supo vivir en la Poesía, el señor… que escribió:

“Nunca pensé que el oro / es metal de Sol, / de universo,

de corazón amado, / de mundo triste, / de amor hermoso.

Y nunca lo tuve / aunque pobló de sueños / mis amarguras.”

…………………………………………………………………………………………………..

Gastón estaba terminando su libro La muerte de Antonini y escribió:

“Cuando las campanadas se extiendan, lentas, solemnes, en el aire sereno de la ciudad tranquila, las gentes dirán:

-Es por el viejo Antonini…

El cortejo irá por la calle larga, hacia el sur, rumbo al sitio recogido en el silencio, donde se balancean los cipreses, donde los pájaros arrojan con inocencia el agravio de su estiércol sobre mármoles de nichos y panteones.  Detrás de las ventanas, se ubicarán las mujeres para verlo pasar y dirán:

– Las hijas no se casaron por su culpa.  No tiene descendencia.

– Era un miserable.

Y tornarán a sus quehaceres, insensibles a un fenómeno del mundo finiquitado con tu muerte…

Lo que de ti quede en el recuerdo creará imágenes cuyas formas serán las monstruosas de una pesadilla.”  p. 97.

 

Punto final para una historia de vida como tantas que no han quedado reflejadas con semejante armonía en el lenguaje; la historia de una vida escrita en veinte días y que merece ser leída una y otra vez…

Reedición en la “Biblioteca Fundamental Santafesina”

“La muerte de Antonini” es el título del primero de los diez volúmenes que integran la “Biblioteca Fundamental Santafesina” publicada en 1992 por “Ediciones Sudamérica Santa Fe”, empresa del destacado cooperativista Lic. Amílcar Damián Renna y en ese ejemplar, se incluyen reediciones de “Todo en un día” y “El moro Aracaiquín”.

En las palabras preliminares para esa propuesta, la profesora Graciela Fracchia de Cocco y el profesor Osvaldo Raúl Valli señalan que La muerte de Antonini, “posee desde el punto de vista narrativo la particularidad de estar escrita en segunda persona, desde la perspectiva de un narrador personaje que ‘conversa’ con el cadáver de Antonini, aquel hijo de inmigrante rico por fuera y miserable por dentro”.

En el primer párrafo destacaron: “Es sabido que Gastón Gori es uno de los escritores más prolíficos de la literatura nacional.  Su vasta obra abarca los campos ensayístico, narrativo y poético.  La problemática de la inmigración y las consecuencias político sociales de las diversas formas de apropiación y tenencia de la tierra, han centralizado sus indagaciones y están presentes en casi todos sus trabajos.”  [19]

Sabía Gastón que las sucesivas reflexiones acerca de la distribución de tierra repetidas año tras año por las sociedades rurales o por algunos legisladores, sólo habían significado el reconocimiento de un problema:  “Iremos a fondo en el secular problema de la subdivisión y colonización de la tierra.  Un país sin pequeños propietarios no es un país realmente agrícola.  La agricultura requiere estabilidad y amor a la tierra. Esto sólo se consigue ofreciendo la propiedad.  Hay que crear un mecanismo tal, que el agricultor, por el hecho de ser un simple trabajador, pueda capitalizando su esfuerzo, llegar a propietario de un pequeño lote capaz de asegurar el bienestar de su familia y promover una incesante inquietud económica.  El Poder Ejecutivo tiene terminado un meditado proyecto de ley en ese sentido…”, decía el ministro de Agricultura Miguel Ángel Cárcano -presidencia del Gral. Agustín P. Justo-, el 9 de agosto de 1936 durante la inauguración de la Exposición Nacional de Ganadería en Palermo (Buenos Aires).  [20]

 

Palabras, proyectos, sólo eso, porque tales dificultades no fueron solucionadas. Así lo revela en sus libros Gastón Gori, el entusiasta caminador y ávido conocedor de diferentes ámbitos del territorio provincial que supo interpretar los problemas del campesino, ubicando a sus personajes en distintas situaciones y reflejando en su vasta obra las vicisitudes de los argentinos, los avatares del hombre. [21]

1957: Convención Constituyente en Santa Fe…

Sabido es que la Constitución Nacional vigente desde 1949 fue reemplazada mediante un decreto firmado el 27 de abril de 1956 por el presidente de facto General Pedro Eugenio Aramburu. El 20 de junio, en Rosario inauguraron el Monumento a la Bandera Nacional.  Convocaron a elecciones para el domingo 28 de julio de 1957 a fin de integrar la Comisión Nacional Reformadora, con lo cual implícitamente se legalizaba aquella decisión. En la provincia de Santa Fe, sede de la Convención, el Dr. Clodomiro Carranza era el nuevo interventor a partir del 14 de abril de ese año. Votaron por la UCRP 218.824 ciudadanos; UCRI 149.713, Partido Demócrata Progresista 145.688, Partido Laborista 15.749 y en blanco: 333.385, evidente protesta del sector justicialista. Los convencionales se alojarían en el Hogar de Ancianos construido por la Fundación “Eva Perón” -ya despojado de cualquier señal sobre tal origen- y las sesiones se desarrollarían entre el 30 de agosto de 1957 y el 14 de noviembre de ese año, en el Paraninfo de la Universidad Nacional del Litoral, refaccionado el edificio con ese fin. Tiempo después, remataron bienes de uso y entre ellos, los retazos de la alfombra gris que en algunas casas de familia soportaron hasta las pisadas de las mascotas…)

 

Gastón Gori, en su libro El pan nuestro -reeditado en el dos mil dos por la Universidad de Quilmes-, incluyó un apéndice:

“Opiniones en la Convención Nacional Reformadora de 1957”.

 

Destacó que “fue como una caja de resonancia en la que repercutió el pensamiento de los partidos políticos con respecto al problema de la tierra y la naturaleza jurídica del derecho de propiedad, de tal manera que, conjuntamente con el tema del petróleo, agudizó las divergencias que llevaron a la ruptura definitiva del quórum cuando la minoría conservadora -la derecha dentro de la derecha- tuvo en sus manos el poder de decidirlo.  Ni esta tendencia política -que representa, más que otras, los intereses de la burguesía terrateniente… ni los diversos sectores de la Convención expresaron con amplitud, debido a la ruptura del quórum, su pensamiento. Pero al considerarse el plan de trabajo y el despacho de la mayoría, este asunto avasalló los estrictos límites del debate, y el conservadorismo, siquiera en parte, demostró su honda preocupación por la reforma agraria limitada, que contenía el despacho de la mayoría en la materia.”   [22]

Fue observado el despacho de la mayoría porque se establecía que “la tierra pública no podrá ser enajenada y se entregará en concesiones vitalicias hereditarias por unidades económicas en la forma que determine la ley mediante canon movible” y coincidía “con el artículo 8 de la Constitución de las Repúblicas Socialistas Soviéticas, donde dice que la tierra ocupada por los koljoses se les da en disfrute gratuito por tiempo indeterminado, es decir, a perpetuidad”.

En ese rumbo, es interesante tener en cuenta lo expresado por el convencional socialista Dr. Alfredo L. Palacios:

“…Queremos expropiar y dividir latifundios cuyos propietarios, zánganos de la colmena, se enriquecen con la renta de la tierra, que es debida al esfuerzo de todos y que, por eso, pertenece a sociedad.  Y cuando aparece la reforma, se dice que es de carácter soviético.”

El convencional Américo Ghioldi, rechazó cualquier argumento acerca de que el dictamen de la comisión era colectivista.  En representación del bloque de los Demócratas habló Pablo González Bergez y señaló: “El mayor valor es el valor que adquiere la propiedad por el progreso social, por el desarrollo general, por la construcción de obras públicas y eso hace tanto a los latifundios, sean improductivos o no, como a toda índole de propiedades.  Limitarlo al latifundio improductivo, es limitar en extremo la idea… limitarlo al latifundio improductivo es un concepto reaccionario, porque el concepto del mayor valor como perteneciente a la colectividad es ley en al República Argentina desde hace muchos años, sin limitación para los latifundios improductivos, sino para todo tipo de propiedad”.

El radical Arturo Mathov rememoró la época de Rivadavia cuando se impulsó la enfiteusis y dijo que “resulta sorprendente que, a esta altura de la vida de la República, vengamos a enterarnos de que Rivadavia debió ser un adepto de Stalin y de Kruschev, y debió haber vivido en Rusia y no en la Nación Argentina… Lo que ocurre es que, como esta reforma no puede ser atacada en el fondo de justicia que pueda tener, se la quiere desacreditar tratando que los incautos crean que está hecha con un sentido comunista; y ésta es la realidad y lo que nosotros tenemos que destacar en esta Asamblea…”

Otro radical, el convencional Ricardo Lavalle destacó que con el despacho de la comisión “se prohíbe su enajenación, determinándose que será entregada en condiciones vitalicias hereditarias… no significa otra cosa que sacar del comercio a la tierra pública nacional, poniendo coto a un sistema de adjudicaciones discrecionales…”

El convencional demócrata cristiano José Antonio Allende manifestó que “debe hacerse una profunda transformación agraria, que la tierra es para todos los argentinos; pero para todos los argentinos que la trabajen y que la puedan tener en propiedad”.  Reiteró la propuesta de ese sector político: “La tierra es un bien de trabajo y la ley promoverá la reforma agraria con arreglo a estos principios y a los siguientes: estimular la colonización para dar arraigo y bienestar a la familia campesina, vigorizar la economía agraria y contribuir a la dignificación del hombre de campo.”

Señaló Gastón Gori que “el convencional comunista Rodolfo Ghioldi, expuso con mayor coherencia y extensión, la posición de su partido en el problema de la tierra.  ‘Nosotros con la clase obrera, tenemos mucho interés en poner término a la estructura latifundista de la sociedad rural argentina” y destacó que “Carlos Marx decía, hace más de un siglo: ‘Los obreros saben que no pueden llegar a suprimir los modos burgueses de la propiedad manteniendo los modos feudales’.”  Rememoró la situación en Córdoba y dijo que los intentos del gobernador radical Amadeo Sabattini generaron “mucha resistencia”, “la gran prensa lo castigó muy duramente” y en consecuencia, “no se ha modificado para nada la esencia del sistema latifundista en la provincia de Córdoba”.  Recordó luego lo sucedido en la provincia de Buenos Aires cuando el gobernador Rodolfo Moreno tras “un mensaje famoso, suscitó la cuestión de las grandes propiedades latifundistas en esta provincia” y terminó “perdiendo la gobernación, y también la posibilidad de la candidatura presidencial” aunque “él no proponía la revolución agraria, ni mucho menos.”

Insistía el convencional Rodolfo Ghioldi en el análisis de los distintos factores que inciden en el problema del campo que “es más complejo que el simple problema de la tierra… hay un problema de caminos, de transportes, de irrigación, de muchas otras cuestiones; pero el problema básico del cual dependen todos los demás es, justamente, éste del régimen social de la tierra.”

Luego Ghioldi aludió a “un informe muy interesante de la Comisión Provincial de la Vivienda de la provincia de Santa Fe”, con datos del censo de 1947 referidos a la distribución de la propiedad: “…enfrenta un pequeño grupo de doscientas veinte mil personas, con un total de dos millones de hectáreas, contra 5.503 personas con ochenta millones de hectáreas.  Es conocido el dato del sociólogo rural Jorge Vicien sobre el peso de las sociedades comerciales de la tierra argentina.  En 1950 estas sociedades comerciales controlaban veintiséis millones de hectáreas. Esto es enorme. Dicho en Francia nadie lo creería.  La gente se preguntaría si estábamos en pleno siglo XIII o XIV.  Y aquí, en Santa Fe, estas sociedades comerciales poseen 2.100.000 hectáreas.  ‘Lo peor es que este proceso de gran concentración de la propiedad latifundista va de la mano con el proceso de la penetración del capital extranjero colonizador’.”

 

Reiteró Gastón otra recomendación del convencional Rodolfo Ghioldi durante las deliberaciones en el paraninfo de la universidad:

“Esto no debe ser descuidado, según nuestro criterio.  Por ejemplo, sin hablar de las sociedades anónimas extranjeras, es la situación de los monopolios.  Es el caso bien conocido de la política de concesiones para los ferrocarriles; poca cosa: ¡una legua de tierra a cada lado de la vía y a todo lo largo de ella!   Esto es, por sí, ya poner en el corazón del país la estructura plenamente latifundista.”

 

(Es oportuno tener en cuenta que Raúl Scalabrini Ortiz ya había explicado ese proceso de acumulación en su investigación sobre la penetración británica en el Río de la Plata.)

 

Finalmente, Ghioldi había analizado las variables crecientes en el valor comercial de las tierras, “la valoración artificial del suelo, de la que se apropian antisocialmente los grandes propietarios de la tierra… un hecho de significación usuraria” y en consecuencia, expresó: “¡Cómo no vamos a comprender los males de la sociedad argentina, las raíces de nuestras dificultades y de nuestras penurias.”  [23]

En ese tiempo, Gastón Gori ya había desarrollado varios estudios sobre la colonización y la tenencia de la tierra; tenía prácticamente terminado su libro “El pan nuestro”; título idéntico a un poemario de José Bartolomé Pedroni con un enfoque diferente porque no refleja una mirada lírica sobre la vida del campesino sino un despejado enfoque sobre las causas reales de ese continuo dilema.

Memoria insoslayable…

Gastón Gori seguía conmoviéndose tras sucesivos acontecimientos porque el diez de enero de 1957 informaron que había fallecido la talentosa chilena Gabriela Mistral…

La mujer que estuvo en Buenos Aires en 1926 sin preocuparse por “los trapos” porque insistía en que “es tan lindo vestir con toda sencillez”.

La “gran poetisa” que recibió el Premio Nobel de Literatura en 1945; el Premio Nacional de Literatura en su patria, en 1951, donado “para los niños de su pueblo natal”.

La artista que sonreía mientras expresaba: “Es interesante leer las biografías que a uno le adjudican y a veces, ante historias hermosas de las que no he sido protagonista, he exclamado -¡Qué lindo si me hubiera pasado eso!”.

La mujer que escribió acerca de… El placer de servir

Toda naturaleza es un anhelo de servicio.

Sirve la nube, sirve el viento, sirve el surco.

Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú.

Donde haya un error que enmendar,

enmiéndalo tú.

Donde haya un enfermo que todos esquiven,

acéptalo tú.

Sé el que se apartó de la piedra del camino,

                                             el odio entre los corazones

                                             y las dificultades del problema.

Hay alegría de ser sano y de ser justo,

pero hay, sobre todo, la hermosa,

                        la inmensa alegría de servir. /…/

Aquél es el que critica, éste es el que destruye.

Tú sé el que sirve.

El servir no es faena de seres inferiores.

Dios, que da el fruto y la luz, sirve.

Pudiera llamarse así: El que sirve.

………………………………………………………………………………………….

El 20 de junio de 1957, cerca del río Paraná, en Rosario, fue inaugurado el Monumento a la Bandera Nacional; proyecto de los arquitectos Alejandro Bustillo y Ángel Guido, con bajorrelieves y esculturas de Alfredo Bigatti y José Fioravanti.

El 4 de octubre de 1957 había comenzado la conquista del espacio con el lanzamiento del Sputnik 1, el primer satélite artificial soviético: “una esfera metálica de 58 centímetros de diámetro y 83,5 kilogramos de peso” que fue puesta en órbita “entre 226 y 950 kilómetros de altura”…

 

Más acá, en Santa Fe de la Vera Cruz, la Comisión Provincial de Cultura creada a principios de enero de 1957 recién se integró cuando el ministro de Educación Escribano Francisco Héctor Landó designó al presidente Sr. Horacio Caillet-Bois (1898-1968, destacado poeta y periodista nacido en Buenos Aires y residente en Santa Fe, director del Museo “Rosa Galisteo de Rodríguez” desde su inauguración) que se desempeñó hasta el 30 de abril del año siguiente.

Al comenzar el verano de 1957, ya estaba en marcha la campaña para las elecciones del 23 de febrero de 1958 y aumentaban los rumores en torno al Pacto Perón-Frondizi que habrían firmado John William Cooke y Rogelio Frigerio, respectivamente.

15-06-1957: “Los gringos cantores”.

Gastón Gori, el 15 de junio de 1957 –día del Libro-, pronunció un discurso en la Sala Mayor del Museo de Bellas Artes “Rosa Galisteo de Rodríguez” refiriéndose a “Los gringos cantores”.

Integra su libro La Pluma Incesante, editado veintisiete años después.

En sus últimos años, Gastón aludía a los libros que desde su punto de vista habría que reeditar y mencionaba a ese conjunto de ensayos breves y de textos de conferencias pronunciadas en distintas circunstancias.

Aquí, la reiteración de lo expresado por Gastón a mediados de junio de 1957 en el acto organizado por la comunidad de San Carlos:  [24]

 

“No se cargue en mi cuenta si en esta fiesta del arte, asoma el rostro científico de la historia; pero tampoco se cargue en cuenta ajena si soy breve, y si le practico un maquillaje tal que apenas quede reconocible su rigor austero; brevedad y revestimiento hecho en honor a las circunstancias y en obsequio a quienes aquí vinieron esta noche por la música y no por las investigaciones laboriosas…

No poseemos numerosos testimonios escritos para conocer la música y las canciones que cantaban los primitivos inmigrantes establecidos en nuestras colonias agrícolas clásicas: casi todo quedó librado a la tradición.  Tampoco poseemos láminas que nos ilustren con la riqueza de elementos con que fueron documentados los bailes y las costumbres del gaucho: apenas si una que otra fotografía, próxima no obstante a nuestra época, nos da testimonio de conjuntos orquestales o bandas de música compuestas por hombres que no hacían de ella y del canto una profesión, sino un motivo de responsabilidad personal frente a los valores culturales del hombre.  Sin embargo, canto, música y bailes europeos se introdujeron con el aluvión inmigratorio y se esparcieron en todo el litoral agrícola.  Animaban las fiestas hombres y mujeres que cantaban según un aprendizaje popular hecho en países de Europa.

Cuenta en su libro William Mac Cann, que en 1847 oyó cantar un himno de Wesleyen en la pampa bonaerense, cerca del río Samborombón, a un carpintero escocés.  ¡No lo dudamos!  Muchos fueron los escoceses e ingleses que mantuvieron en territorio argentino la tradición de sus países expresada en el canto, y aunque ello no alcanzase a determinar una situación colectiva de trascendencia social el hecho resultaba extraño tanto por los asuntos que cantaban, como por la música, entonada en regiones donde simultáneamente el gaucho creaba su propio estilo, entre ganado y ancha tierra, entre pastizales y alto cielo.

Dice Martín Fierro que un gringo con un órgano estaba haciéndolos reír en la pulpería donde los arriscaron.  ¡En pleno dominio del gaucho, en la pampa, y en la pulpería donde otras veces algún criollo cantara con su guitarra improvisando quizá, música nativa, un inmigrante tocaba el organito!  No había en Argentina una fábrica de instrumentos que construyera uno como aquél. El aparato, fabricado en Europa, reproducía cantos populares en países de aquel continente.  Esas canciones y esa música, se introdujeron de rondón en la pampa, y han influido en el espíritu de la gente.  No han sido efímeras y siempre fueron recordadas.  Las canciones que los organitos italianos llevaron al campo, fueron las que años después se cantaban en los pueblos donde hombres venidos de Italia los habían poblado, si es que no irrumpían los piamonteses -¡la viuletta, La Marianina!- con sus coros improvisados, rebosantes de vino, de salud y de armonía…

Todo ello denunciaba la presencia incontrovertible de fuertes corrientes culturales distintas de las aborígenes.  Si trece años después de publicado su libro William Mac Cann hubiera visitado las colonias de Santa Fe, en él hallaríamos constancia de colonos asociados para cultivar el canto en las tierras de San Carlos, así como su fundador Carlos Beck dejó escrito este párrafo sugestivo en un informe elevado a Suiza en 1863: ‘La sociedad de canto fue interrumpida en sus actividades por la salida de nuestro herrero Schnaneider, único tenor, y no revivirá hasta que se encuentre su reemplazante”.  De aquí se deduce que existía ya entonces una sociedad de canto, y por la composición del coro, sin lugar a dudas, vocalizaban música europea puesto que ignoraban en absoluto los asuntos americanos.  ¡Un herrero era el tenor!   ¡Desde el fondo de la  historia oímos el canto de la bigornia y el canto del herrero!

La organización de coros era una forma de cultura musical desconocida en el campo argentino hasta que llegaron los inmigrantes, y cuando se comprueba que en otras colonias existían conjuntos corales, puede imaginarse hasta qué punto la presencia de este elemento de cultura divergía de lo que era tradicional en nuestro territorio.  Por eso, cuando nos hablan enfáticamente de ‘mantener nuestro modo de vida y nuestras tradiciones’, no sabemos si se está manifestando una insuficiente elaboración de un juicio, o simplemente se está diciendo una tontería.

San Carlos y Esperanza, en grandes fiestas populares, mantuvieron el prestigio de los coros en las zonas campesinas.  La fuerte influencia del espíritu europeo no ha llegado a su ocaso, pero el hombre de nuestros pueblos y ciudades, está en contacto con lo que es expresión originaria de esta tierra.  La Sociedad de Canto ‘Harmonía’ que heredó en 1879 la riqueza artística de sus antecesores, es un símbolo: sus raíces se hunden en suelo labrado por inmigrantes, pero corona su apogeo el alma nacional que no empaña su fortaleza cuando canta la música creada por los genios del universo…

Váis a escuchar las voces del Coro de San Carlos, de esa colonia que pareciera haber nacido comprometida históricamente con la música.  Carlos Beck que la fundó, fue un hombre que hasta sus últimos años conservó su fama de pianista.  Nuestro Museo Histórico conserva el piano con que deleitaba en Santa Fe, sus días laboriosos y yo he donado a esa institución los documentos que prueban su procedencia.  Y a fuerza de estudiar papeles que dan noticias de la fundación de aquella colonia, se me ocurre que váis a escuchar voces que son una prolongación armoniosa de aquellas antiguas de los agricultores que en las llanuras recién roturadas se alzaban enérgicas, o suaves o temblorosas de patria lejana y se perdían en la inmensidad de la pampa como un punto de hermosura que era menester para suavizar tanta aspereza de vida labradora, tanta rudeza del destino en tierra extraña, tanta soledad en el desierto virgen que los circundaba.  Porque ofrecen esos papeles el testimonio de que en San Carlos, antes de que se cortara la segunda cosecha de trigo, había una sociedad de canto, y el 14 de octubre de 1860, se concertaron por primera vez las voces masculinas del coro, y no sería difícil que Carlos Beck,  con su noble frente levantada, con su espíritu tenso en la captación del primer acorde, los haya conducido a la conquista del arte musical así como antes los había dirigido en la conquista pacífica del desierto, en la roturación de la tierra, en la siembra dificultosa del trigo.  Y él, que les enseñó también a cavar, a construir ranchos, los instruía en asuntos valederos del alma.  Escueta es la noticia de este acontecimiento casi anónimo. Enrique Vollenweider nos la dejó anotada en su manuscrito.  ¿Dónde se reunieron aquellos hombres de 1860 para ensayar el coro?  Un solo rancho existía de grandes dimensiones en el centro de la colonia y allí se almacenaban cereales y se guardaban las herramientas para el trabajo en el agro; lo circundaba la vastedad salvaje de la llanura y parecía aplastarlo el cielo inmenso arrastrador de nubes desde el confín de la pampa. ¡Allí se congregarían los rudos campesinos, con sus botas que habían pisado los terrones del surco, con sus manos agrietadas en el hierro de la mancera, en la porfía con los bueyes, con sus largas melenas y sus barbas abundantes! Allí concertaron las armonías de sus voces y atrajeron hacia esos campos infinitos, las imágenes de aldeas remotas, de montañas nevadas, de pinos y manzanos fragantes en primavera.  ¡Y la música era con ellos, y con ellos era una partícula del arte universal traída hasta nuestras tierras desoladas.  Fundaron una tradición y cantaron para el futuro porque esas voces no han muerto.  ¡Polvo se han hecho sus cuerpos -cumplida la sentencia bíblica- y dificultoso su recuerdo y ya no están en ninguna parte determinada del mundo porque están en todas: en hombres y mujeres que de ellos aprendieron el amor al canto, el amor a la belleza que difunde el alma humana sin decaer jamás en su perpetuo ascenso, como que es lo único eterno lo que nace más allá de todas las cosas que se venden o se compran, más allá de ambición con precio, o con sueldo o con la vanidad de los honores.  Lo eterno está en lo hondo del ser humano: en lo que es sementera del arte y justificativo para la altanería de la inteligencia.

¡Aquellos ilustres muertos anónimos que cantaron en un rancho con un horizonte de trigales, existen en las imágenes de la evocación y se diría que esta noche los hemos convocado: que en el silencio de esta sala están llegando, uno a uno, invisibles y poderosos de historia; están llegando en el silencio de esta sala con el aspecto que tuvieron hace un siglo cuando iban hasta el rancho de sus canciones: con el pelo, las pestañas y la barba empolvoreada después de la cosecha; pausados, tímidos quizá ante la magnificencia del recinto… ¡Imágenes de colonos cantores se nos acercan!  La dulce de Carlos Beck, la rígida de Vollenweider, la del tenor Schneider; la imagen del que amansó una vaca horas antes de cantar, la del que volteó un árbol; la imagen del pastor protestante que hacía del canto una manera de alabar a Dios. Uno a uno se nos acercan, están con nosotros, silenciosos, expectantes, cargados de eternidad.  Han venido desde el infinito para oír las voces de los que recogieron la herencia de sus almas!  Silencio: los muertos también escuchan…”

1958: fecundidad y prédica…

Sabido es que el 1º de mayo de 1958 asumió el electo presidente de la Nación Dr. Arturo Frondizi y en su discurso ante la Asamblea Legislativa en el Congreso Nacional, expresó: [25]

“…Mientras dure nuestro gobierno, en la República Argentina nadie será perseguido por sus ideas, ni por su actuación política o gremial, ni habrá otras comisiones investigadoras que aquellas que propongan estudiar las inmensas posibilidades de progreso espiritual y material de la Nación”.

(Aludía el presidente a las comisiones integradas a partir de septiembre de 1955, al decreto Nº 4.161 del 5 de marzo de 1956 que prohibió hasta el uso de determinadas palabras…)

 

No había sido por casualidad que Gastón Gori, al rememorar sus vivencias durante la infancia haya necesitado escribir:

“Los pájaros encerrados se me ocurren poetas perseguidos”…

 

Sabido es que Gastón Gori no interrumpía su escritura y continuaba con sus ediciones mientras en Santa Fe de la Vera Cruz, su amigo José Luis Víttori, destacado cuentista de saga fluvial -al decir del crítico rosarino Eugenio Castelli-, continuaba su labor periodística en el diario fundado el 7 de agosto de 1918 por don Salvador Caputto, acompañado por su padre Pedro Víttori.

Ese año, en el local de calle San Martín entre Catamarca y La Rioja celebraron el cuadragésimo aniversario; asumió la dirección de la página literaria José Luis Víttori, hasta entonces integrante del equipo de Redacción[26]

Distintas crónicas anunciaban diferentes actividades de Gastón en la ineludible confluencia de lo literario y lo socio-político.

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“El desierto tiene dueño” – Novela

Gastón Gori en 1958, logró la publicación de El desierto tiene dueño en “Ediciones Doble P” de Buenos Aires y al año siguiente, la Asociación Santafesina de Escritores le otorgó un premio por ese ensayo.

Una mirada sobre Quién es Quién en la Argentina -1959-, permite leer los títulos de algunos libros publicados por Gastón Gori desde 1940, incluyendo los tres correspondientes al año anterior: “El desierto tiene dueño”, “Diario del Colonizador Enrique Vollenweider y “El pan nuestro”. Omitidos: Bajo en naranjo -poemas, 1940- y Sobre la tierra ensangrentada, ensayo, 1941.

Reedición…

Es oportuno tener en cuenta que concluido el trámite del Expediente Nº 369.906 y mediante Resolución Nº 247/95, desde noviembre de 1995, Gastón Gori es reconocido como “Profesor Honorario de la Universidad Nacional del Litoral”.

La Universidad Nacional del Litoral concretó en 1999 la reedición de El desierto tiene dueño. (Rector Arq. Hugo Storero, Secretario de Extensión Hugo Marcucci y Director del Centro de Publicaciones Luis Novara.)

En la tapa de esa edición, está impreso un armónico diseño de Guillermo Mondejar sobre la reproducción del cuadro Pastoreando de Pedro Fígari, colección particular, Montevideo.

“En función de prólogo” incluyeron el texto del discurso pronunciado por el doctor Raúl A. Castagnino, presidente de la Academia Argentina de Letras en el acto organizado por la Municipalidad de Esperanza en homenaje a Gastón Gori tras haber recibido el “Gran Premio de Honor de la SADE 1990”, Sociedad Argentina de Escritores, Buenos Aires.

Aproximación a “El desierto tiene dueño”…

En la primera parte del libro, Gastón logra describir los sucesos correspondientes al período de La lucha que se generó cuando “había comenzado la corriente inmigratoria a extenderse hacia el interior del país y vastas llanuras vírgenes eran destinadas a colonias de labradores.  Familias extranjeras hallaron ubicación en tierras subdivididas, atadas a compromisos legales.”   [27]

Sabido es que Gastón realizó sucesivos trabajos de investigación acerca de la fundación de las colonias y hasta logró la traducción de registros de la administración que también han sido editados. En esta novela, aunque hay coincidencia en algunos apellidos, no hay correspondencia en los nombres ni tampoco en los parentescos porque es un trabajo de creación literaria y en consecuencia, Gastón empezó contando que “Ernesto Bourdin que viajaba, río arriba, en la goleta Fautier, atiborrada de pasajeros que iban con el mismo destino: la colonia fundada por Carlos Beck.  Apoyados en la baranda de cubierta, él y su mujer, Magdalena Hoffer, miraban la densa neblina que se alzaba del agua y se extendía hacia ambas riberas prolongándose hasta cubrir los montes de espinillos crecidos cerca de las barrancas.  Estaban por llegar al paso de Santo Tomé, puerto natural aprovechado para el tráfico de mercancías y de gente, que desde dos años atrás, había comenzado a poblar las llanuras santafesinas. Sus tres hijos varones estaban en un compartimiento del barco, al cuidado del mayor, Teófilo, esperando reunirse con ellos cuando atracaran. Las familias que estaban cerca iban sobrecogidas de silencio.  Bourdin tomó una mano de su mujer, y le dijo:  [28]

-Magdalena, no es que me falten fuerzas, pero he sido siempre albañil y me siento como perdido cuando pienso que tendré que arar la tierra…”   [29]

Después, expresó su deseo:  “Lo que quisiera ahora es que Alejandro Premat esté en la colonia, por lo menos, tendremos un amigo…”  [30]

Los recién llegados, “hombres y mujeres, sobre cubierta, comenzaron a moverse con curiosidad: a poca distancia se divisaba un puente de madera y a la orilla del río, un grupo de personas miraba hacia la goleta; un poco más lejos, siete u ocho carretas tenían los bueyes uncidos.  Distinguíanse también las casuchas y ranchos de Santo Tomé y sus techumbres pajizas parecían exhalar aún la humedad de la noche y del amanecer.”

Gastón luego escribió: “La colonia era un rectángulo dividido en concesiones amojonadas, en muchas de las cuales ya se habían construido ranchos a poca distancia unos de otros, de modo que los campesinos vivirían independientes, pero en situación de prestarse ayuda en caso de necesidad.  El trazado del pueblo futuro sólo podría imaginarse por la ubicación de seis viviendas, gérmenes de expansión en torno.  Tres habitaban Carlos Beck, el administrador Enrique Vollenweider y José Kleinert, el capataz.  Otro rancho de grandes dimensiones sería depósito de cereales y herramientas, pero mientras tanto se alojaban allí las familias que arribaron. Por último, dos más, uno para el juzgado y otro, largo, chato, rodeado de alambres, para la iglesia protestante.  Y todos ellos se hallaban en medio de la llanura, donde se había desbrozado a guadaña cierta extensión y donde pocos árboles, de trasplante, daban su pequeña sombra.”  p. 17-19

 

En su relato sobre la llegada de los inmigrantes a la Colonia San Carlos, Gastón expresó:

“Ocho horas demoró la travesía de las carretas desde el Paso de Santo Tomé hasta la colonia. Cuando llegaron, una veintena de hombres y mujeres las rodearon ansiosos por descubrir rostros de familiares.

Ernesto Bourdin vio venir a un hombre de amplia barba que le cubría todo el cuello por delante, parte del chaleco y de las solapas del paletó.  Tenía el sombrero en una mano, y lo agitaba con alegría.  Al principio no lo reconoció, porque nunca había visto a Premat con semejante barba, pero le oyó exclamar:

-¡Ernesto Bourdin! -y lejos de extrañarle la presencia del amigo, todo le pareció lógico, sencillo, como si no pudiese ocurrirle otra cosa que encontrar allí al hombre que estimaba, y que, en cierta forma, había sido un ejemplo para él cuando emigró.  No se dejó vencer por el deseo de abrazarlo; caminó a su encuentro.  Se apretaron la mano con fuerza:

-Salud, Premat.  Es una suerte encontrarte…

Magdalena lo había seguido; con un paquete en los brazos y los hijos detrás de ella, hacía esfuerzo por sostenerlo y estrechar a la vez la mano de Alejandro.  Hubiera querido decir: -’¿Cómo está, señor Premat?’. Pero saludó callada, al lado de su marido.

-¡Bourdín!  ¡Qué embromar con Bourdin!  ¿Trajiste tu cuchara?  ¡Mirá qué viviendas!  Aquí te lucirás haciendo ranchos…

-No, Premat, no seré albañil.  Aunque parezca mentira, tengo contrato para trabajar la tierra. Seré agricultor. ¿Qué te parece?

-¡Lo más natural!  Si aquí todos manejan el arado. ¿Te acuerdas de José Vuagnaux?  ¡Ese también!  No cambió nada; siempre anda con su risita y con sus dichos, y se vino con toda la familia; hasta la abuela.  Vuagnaux está aquí… ¿Te acuerdas de ella?  ¡Tremenda la vieja!  Se quiere volver a Suiza”.  p. 19-20

 

Después, Gastón comentó que Vollenweider le dijo a Bourdin:

“-Usted, ocupará la concesión 22.  Tiene en el ángulo sur los materiales para construir.  Hará primero el cerco y llevará luego los animales.  [31]

Bourdin esperaba una manera menos directa de enfrentarlo con sus obligaciones, y, tal vez por la rigidez de Vollenweider, se le ocurrió que podía exigir más explicaciones.

-El contrato…

-Es lo que corresponde por contrato -se adelantó Vollenweider, con voz mesurada, natural-.  Son dos yuntas de bueyes, dos caballos, dos vacas lecheras, con sus terneros.  Luego tendrá lo demás.  ¿Usted conoce a Premat, verdad?  Bueno, él le guiará hasta su tierra.  Si necesita peón, se le dará uno por ahora. Lea, Bourdin, por favor, el artículo siete del contrato.

Ernesto puso el sombrero bajo un brazo, buscó un papel en el bolsillo y lo desplegó.  Demoró en hallar el artículo, y algo nervioso, leyó con la vista: ‘Cada familia deberá a la Administración tantos días de trabajo, que realizará donde ésta se lo indique, como jornadas se le haya provisto con sus peones para construir rancho, cavar pozo o arar la tierra’…  Levantó los ojos en silencio.”  [32]

Luego, Gastón relató:

“No se frecuentaban las familias de cultos distintos, porque en esa colonia incipiente, había apuntado ya con intransigencia la rivalidad religiosa.

Magdalena, sin embargo, era tolerante, porque amaba a un hombre laborioso, honrado, e indiferente al respecto.  Pero tenía su propia Biblia; y antes de acostarse, leía versículos a Teófilo, que escuchaban también sus otros hijos pequeños, sentados en la cama, y su voz, en el silencio del campo, era pausada.

Cerca de un mes había transcurrido desde que llegaran”. p. 25-26

Entre murmullos y silbos…

En los cuentos o novelas de Gastón, aparecen pájaros enjaulados o volando sobre la llanura luminosa.  Tras aludir a algunas actitudes de don Carlos Beck y al improvisado palenque para que atasen “allí las riendas de los caballos”, escribió:

“…En uno de los pinos cercanos, un pirincho, con el copete erizado, hacía estridentes gárgaras de sol. Por las calles se levantaba polvo al paso de carruajes construidos en la colonia o en Esperanza”…  p. 65

Por algo, Gastón destacó:

“Día a día llegaban al centro los que compraban martillos, tenazas, arpilleras, lonas, grasas, segures, rastrillos.  Ataban sus caballos en la varilla de hierro.  Todos ellos firmaban los libros, mensualmente, donde las deudas crecían como brazos de pulpos adhiriendo ventosas en el trigo, que maduraba.  Cada tentáculo partía desde la Administración y llegaba hasta el último palmo de la tierra cultivada.  ¡Trescientos mil francos suizos de empresa movían la sangre del pulpo!”    /…/

“El pulpo no tenía la culpa de la voracidad de sus tentáculos.  Nació pulpo y no podía hacer otra cosa que alimentarse insaciablemente”.    /…/

El pirincho, asustado de improviso, dejó de hacer gárgaras de luz.  Bajó el copete y huyó con torpe agitar de alas.  Desde el aire, su estiércol se estrelló sobre la casa de azotea.[33]

Trescientos mil francos no podían quedar a merced de las excusas ajenas a la vida de los accionistas. Se le adelantó viaje al inmigrante, alimento, vestidos, y eso era parte del capital invertido en la empresa.  El dieciocho por ciento de interés anual era corriente.  La tierra fértil y los hombres vigorosos, sus mujeres, abnegadas, sanos sus hijos.  ¡No hubieran comido por ayudar a conseguir la propiedad de la tierra!  Pero comían todos porque tenían que vivir… El alimento también costaba.  Era una mercadería que no se regalaba.  La empresa no se formó para regalarlo todo.  No hubiera funcionado mucho tiempo.  Se fundó para agrandarse, para abarcar más y más y más, de lo contrario hubiese entrado en agonía y muerto sin la gordura del beneficio.  Su remedio era la producción creciente, los buenos negocios.

Tenían pues que vigilar, controlar, y descontar el tercio de inmediato sobre las cosechas.”

 

Admirador de los pájaros, continuó Gastón su relato en torno al pirincho:

“Al principio fue a posarse en la techumbre de un rancho y miraba absorto el cielo, cansado de buscar una buena rama donde hacer su nido.  Los árboles -de pródigo crecimiento- eran jóvenes; todo era nuevo y sin apoyo para construir un nido que no cayera con las tormentas, que estuviese a resguardo de los gavilanes cuando aletearan por el alimento las crías.  Vino el pirincho porque vio árboles, pero eran aún demasiado nuevos.  Su misma vida estaba expuesta a la furia de los vendavales y a la persecución hambrienta de las alimañas.  Antes de volar otra vez, descansaba sobre el techo, abiertos sus ojos que dominaban la lejanía.

Vollenweider salió de la casa de Beck.  Fue hasta su escritorio y redactó una orden para los colonos que se leería el domingo, frente al templo de Dios: ‘Seis días antes de trillar, recuerde, deben informar a la Administración.  Esto exige el contrato.  Nadie dejará de cumplir el requisito’.

-Kleinert, usted se encarga de nuestra segadora y la caballada.  El mes que viene llegará de Coronda el yeguarizo para trillar.  Impida que los animales de los colonos pasten en la concesión segunda, que está liviana de pastos y la necesitaremos nosotros…

-Vigilar! ¡Impedir, cuidar!  El pirincho continuaba absorto mirando el sol que incendiaba las nubes de la colonia.  De pronto alzó el vuelo espantado por el carrito de David que cruzó levantando polvo.  David hacía restallar el látigo sobre el hombro del burro que, no obstante, no alteraba su trotecito suave, parejo”.    p. 65-68.

 

La creciente deuda…

Gastón describió distintas experiencias: la incertidumbre por la sequía, el acecho de la yarará, el temor por la tormenta cuando era necesario comenzar la cosecha, la rebeldía de algunos colonos…

Acerca del momento en que Ernesto Bourdin se acercó a la Administración para entregar la cosecha, Gastón destacó que “no estaban ocupadas las balanzas, de modo que lo pesaron sin demora.  Bourdin anotaba cifras simultáneamente con Vollenweider.

-Son cuarenta y ocho fanegas -dijo el administrador al concluir.   /…/

-Se pagan 6,5 pesos bolivianos por fanega, señor Bourdin.  Es un buen precio.  Su cosecha asciende a cuarenta y ocho.  Descontemos un tercio que debe entregar por la concesión.  Son dieciséis fanegas -hacía operaciones mientras hablaba-. Quedan pues treinta y dos fanegas de trigo que son las que venderá.  Suman doscientos ocho pesos bolivianos.  Ése es el valor que le acreditaremos en su cuenta.

Bourdin lo miraba en silencio, ni una palabra podía articular.  Todo le parecía inútil, monstruoso; y él estaba allí, indefenso y entregado a la dolorosa maravilla de ver multiplicar y sumar sobre asuntos de su vida.  ‘Enredado como un ternero’, se dijo, recordando palabras de Vuagnaux.  ‘Como un ternero atado con soga larga.’

-Aquí tiene sumada su deuda.  Son mil cuatrocientos ochenta pesos bolivianos incluyendo el pasaje de su familia, un crédito en francos suizos cotizados en ciento cincuenta pesos y el interés del dieciocho por ciento anual, que es lo que se cobra en cualquier país.  ¿Usted tiene la misma constancia?

-Sí -contestó Bourdin, mirando un papel que llevaba en sus manos.

-Quedarían entonces mil doscientos setenta y dos pesos bolivianos como deuda.

-Supóngase, señor Vollenweider -se aventuró a decir-, faltan años para cumplir el contrato.  ¿Y si me vuelve a ir mal?

-La empresa no puede preverlo todo.  Su concesión, Bourdin, no está en regla.  Allí deberían trabajar tres adultos… Hay otros en esa situación.  Usted solo está en desventaja.  ¿Por qué no incorpora otra familia?  Tenemos derecho a exigir el número de adultos.

Comenzaba el ataque directo, previsto.  Bourdin miró a Vollenweider  dudando si había oído una propuesta o una amenaza.  No vaciló sin embargo.

-No es posible trabajar con otra familia la misma tierra.  ¿Qué derecho tendría yo en ese caso?

-Se reparten los beneficios y la tierra, eso es todo.

-Nunca pensé en eso.  Pensé en tener mi propia tierra.  Es lo que quiero.  Voy a sembrar maíz para venderlo y disminuir la deuda.

-Claro, haga eso.  Usted sabe que nos corresponde un tercio de todas las cosechas sin distinción.  Pero cuando más siembre, mejor podrá seguir adelante.

-¡No deberían descontar el tercio cuando hay mala cosecha, eso creo! -exclamó Bourdin

Vollenweider, que hasta entonces lo había estimado, aunque sin excedente, lo miró con desconfianza, como si se tratara de uno de tantos colonos dispuestos a crear dificultades.  Bourdin firmó el libro y se despidió.

La cifra de la deuda se le figuraba un organismo destructor que se agrandaba, solapado, persistente.  Crecería con el tiempo como absurdo parásito de su sangre hasta cubrirlo todo.  Por su magnitud, tenía ya fuerza poderosa.  La deuda era entidad generadora de potencia que le podía derrumbar todo lo construido con su esfuerzo y atraer hacia su tierra la ambición ajena.

Regresó con la pesadumbre cruel de su soledad en la lucha difícil contra un enemigo implacable.  Veía ahora el efecto de un sistema que le hería.  La tierra no era de él.  No lo había sido nunca por más que las apariencias les hiciese trabajarla con fervor de propietario.  Había caído en el lazo de esa ilusión. Casi toda la colonia vivía aguijoneada por ella”…  p. 111-113

Relató Gastón el regreso de Bourdin hasta la concesión veintidós y el encuentro con su mujer, con Magdalena que estaba pensando: “Ha adelgazado mi marido, en este último tiempo”…  Dialogaron y “sintieron que la vida de ambos se detenía allí, en esa cifra infranqueable, dolorosa de ser imaginada.  Era superior a su energía, a todo esfuerzo por dominarla, dividirla y vencerla.  Su bloque compacto resistía el desmenuzamiento en etapas, en años, en cosechas, en soles y lluvias sobre los nuevos sembrados.  La cifra amenazaba con su potencia destructora.  A un toro se lo puede tomar pos las guampas, voltearlo y matarlo, y no dejar ni rastros de su vigor, de su empuje tremendo.  Un toro es algo bárbaro y concreto; si atropella al hombre, el hombre lo puede derrumbar de un golpe y sentirse poderoso.  Con la cifra de la deuda, era distinto para Ernesto.  Era más terrible el combate, se apoyaba en fuerzas invisibles que tenían detrás la ambición de otros que calculaban sin prisa porque manejaban las fuentes de esa energía.  Bourdin y Magdalena estaban atrapados; pensaban obsesionados por ella.  Su remoto mecanismo transformó hasta el aire que respiraron en días de labor confiada; ya era otro, pesado, ardiente, extraño a la alegría, extraño a la tierra trabajada, a los durazneros con frutos, al sol que los calentaba.  No era el aire de la colonia floreciente, sino uno de negación, de repulsa, ajeno a sus vidas; envolvía al rancho con su hálito semisilvestre y parecía un aire para la pobreza, el desaliento y el abandono.”p.114-115

Mientras aumentaban las dificultades, “cada vez que amanecía, luminoso de sol el horizonte, Bourdin observaba la desolación del campo, y Magdalena guardaba silencio, por él, y por ella, pues las palabras, siempre las mismas, ya no necesitaban ser dichas.  Inútiles eran para aliviar las penurias de la realidad y del pensamiento.

-Tanto luchar para tener esta tierra.  Aquí envejeceremos, decías. ¿Recuerdas?”

Después, “Magdalena leía la Biblia antes de acostarse, para hallar salida a su desorientación. ‘El hombre iracundo levanta contiendas; y el furioso muchas veces peca’, decía en Proverbios.  Magdalena no le encontraba ahora un sentido adecuado.  Trataba de imaginar la magnitud del reproche que contenía.  Mas le martillaba la frase en su memoria y en vez de rechazar su espíritu al iracundo, ella misma sentía una oleada de furia que la asustaba y enardecía a un tiempo.  Contra su naturaleza, cerraba su corazón a las palabras sagradas para solazarse y fortalecerse en la contradicción.

-No siempre -se decía- peca el iracundo y es la contienda la que hace vigoroso al hombre.

Temía obstinarse en el supuesto de que estuviese contra las leyes divinas y, desamparada como nunca, abandonaba la lectura, sin consuelo, pero aguerrida”.  p. 125-126

 “La mies”

Gastón en la segunda parte, titulada La mies, destaca que “la llanura desértica se extendía por el oeste hasta Córdoba. Uno que otro fortín rodeado de empalizada, con pocos soldados de custodia, guarnecía la frontera.  /…/

En la inmensidad del desierto, lo asombroso era el hombre transitándolo”…  p. 149.

Refiriéndose al momento en que don Carlos Beck hablaba con el “señor ministro” y extendía sobre el escritorio el plano que había trazado el agrimensor Wysbert, de la administración de la colonia donde “trabajan más de cincuenta familias”…

-El norte de la colonia limita con tierras de Ricardo Foster, el oeste con estancias de Saapereyra, el sur con la estancia de Nicasio Maciel.  Queda libre el este.  Allí calculamos dos leguas de tierras fiscales…

El secretario carraspeó.

-La colonia podría extenderse allí y subdividirían en veinticinco concesiones para los nuevos colonos que llegaran”.

Fue entonces cuando interrumpió el secretario, “funcionario de confianza, con profusa parentela vinculada a las tres ramas del gobierno”.  Después de tratamientos de cortesía, el secretario dijo:  “Esas tierras fueron denunciadas ya, y las gestiones están iniciadas como corresponde.  Lo sé, pues mi señora suegra, observe usted el plano, es propietaria de una estancia cuya prolongación abarcaría las tierras denunciadas por ella.  Me hago un deber decirlo”… p. 153-154   

(Tales han sido los continuos litigios por el reparto de la tierra, un tema interesó a Gastón Gori como defensor de la justicia, como abogado y maestro…)

 

Continuó Gastón el relato sobre los dueños del desierto imaginando el diálogo entre don Carlos Beck y su esposa Lina Bernard después de aquella entrevista en el Cabildo, situado al sureste de su residencia frente a la Plaza Mayor:

“-El jueves pasado visité a Mercedita Azcuénaga, que es prima del ministro y cuñada de Larrechea.  Conversando sobre la colonia, dije que se proyectaba fundar otras en las nuevas tierras ya señaladas en la mensura de Wysbert…”

Luego, don Carlos expresó:

“-Mañana regreso a la colonia.  Con la goleta del capitán Fautier llegarán inmigrantes”…  p. 157-158

Así fue como al día siguiente, “las familias que habían arribado en los anteriores creaban en el pueblo ambiente de fiesta.  Iban por las calles caminando con sus amigos, con sus parientes o aislados, observando los nuevos ranchos de adobes y los primitivos de paja embarrada, descascarados, misérrimos, y a lo lejos, veían maizales, tierra arada y vehículos levantando polvo”…

-En ése viene el abuelo -dijo Bourdin un poco avergonzado ante Premat porque no se sentía seguro de sí mismo.  /…/  Beck esperó con ellos.  Todos sabían que el abuelo Bourdin transportaba desde el cantón de Vaud, como reliquias de él, en una urna, las cenizas de su esposa fallecida al nacer Jules.  Fue inexplicable para Ernesto la empecinada decisión del padre, pero no quiso oponerse ni alentó tampoco, en su correspondencia, esa determinación.   En quince años, o más, no le había oído nombrar a la muerta.  Sus recuerdos sobre la vida del abuelo Bourdin no le explicaban gran cosa, pero era evidente que una cálida intimidad debió vivir este hombre de ardoroso temperamento que había tiranizado la juventud de él, y de Federico, su hermano, y que tantas complacencias tuvo para con Jules, el menor.

El carro dobló hacia la calle de la Administración.  Ni Bourdin ni Magdalena podían imaginarse qué ocurriría ahora.  Ma todo fue sencillo.

-¡Aquel es el abuelo” -dijo Bourdin.  Detrás vienen Jules y Federico.

-La mujer también -agregó Magdalena hablándole a Premat-. La mujer de Federico.

No se había detenido aún el carro y el abuelo se puso de pie.  Sonreía ampliamente, y su sonrisa obró en los que esperaban, con instantáneo fulgor; la alegría se apoderó de ellos y hasta Beck se sintió tocado por el entusiasmo del alborozo.  ¡El abuelo venía riendo!

-¡Abuelo! -fue Teófilo el primero en gritar y el hyolder tirolés del viejo hendió el aire puro de la colonia.”  /…/  “El carro se detuvo y bajó el abuelo, rozagante, ardorado el rostro, las barbas y el bigote blancos.  Estrechó a su hijo parpadeando para aclarar sus ojos.  Descendieron Federico y Jules y ayudaron a la mujer, Catalina Delachaux.  El abuelo prodigó sus abrazos y besó la cara avergonzada de los nietos, mientras Ernesto estrechaba a sus hermanos.  Catalina quedó un poco atrás, esperando.

-Es mi mujer –dijo Federico.

Ernesto y Magdalena la besaron, no la conocían aún, pues no eran de la misma aldea y el hermano se casó después que ellos emigraron.  El abuelo, en cuclillas, miraba sonriendo a los chicos reunidos en su abrazo.  Los hijos miraban callados el gozo del viejo Bourdin; Premat y Beck se excusaron para dejarlos en libertad de hablar sobre sus asuntos y penetraron en la Administración”.   p.159-161

 

Dialogaron las jóvenes mujeres que estaban embarazadas.  Mientras tanto, ya estaba todo preparado para la ceremonia en el cercano cementerio.

“Antes de llegar vieron carruajes y caballos, y cerca de ellos, al pastor y a campesinos que los esperaban

El abuelo abrió el baúl y con ambas manos extrajo una urna pequeña, cúbica, de roble, sin molduras. Los campesinos se descubrieron. Bajó del carro sin reparar que Ernesto se acercó para ayudarle, y al frente de todos, caminó hacia la tierra delineada.  No parecía un cementerio el que tenía por delante, mas él iba con la visión del otro, lejano, tupido de árboles, cercado de verjas, donde, cuando era joven aún, guardó los restos de Ernestina” que había fallecido durante el alumbramiento de Jules.

“Tomaron por angosto sendero despejado de hierbas.  Sólo había dos tumbas;  pasaron cerca de una y la miraron los campesinos y leyeron su inscripción: ‘Honoré Buffaz – 1805-1860’.  El resto era tierra llana sin tumbas, con yuyos, con salvajes matas florecidas. Se detuvieron donde el capataz Kleinert esperaba con el sombrero en la mano, y el abuelo, frente al hoyo abierto, pausado, sombrío, depositó la urna.  Beck estaba a su lado.  El pastor se adelantó y con monótona voz que sonaba extrañamente en el silencio del campo, habló según el rito protestante”…  [34]

“El abuelo estiraba sus labios mientras el viento le despeinaba porfiando en sus cabellos. Después que hubo callado Weigle, sepultaron la urna. Jules había permanecido entre sus hermanos y su mirada ausente se perdía en el infinito silencioso de la llanura.  Cuando la ceremonia concluyó, Federico se acercó a Ernesto como disculpándose:

-No hubiera venido el viejo sin traerla.  Se había empecinado en eso.  ¡Se puso terco como una mula.

-Claro -se limitó a decir Ernesto.

Atardecía en la colonia cuando el polvo de los carruajes en movimiento se levantó otra vez en los caminos”…  p. 163-165

 

Cuando el abuelo pudo observar la parte de la colonia donde estaban instalados, “miró las vacas, aspiró el saludable olor a tambo amanecido.

-Yo me daré la gran vida aquí.  Me mantendrán como a un rey.  No haré nada durante los santos días de Dios que me quedan.  Descansaré hasta aburrirme de holgazanear. ¡Qué animales! Beberé leche en lugar de vino si me ayuda la providencia… que no tiene por qué apurarse en esta ayuda.  ¡Qué vida me daré!  Nadie me hará levantar una pala nunca jamás de los jamases.”   p.169-170

 

Poco duró ese propósito porque cuando Ernesto dijo que bajarían las ruedas y empezarían a trabajar, “se arremangó brioso y antes de que bajaran otro cajón, el viejo hacía rodar una rueda en cada mano; así llevó las otras, luego amontonó los tirantillos protestando:

-¡Qué mala madera! ¿Qué puede hacerse con esta madera?

-La caja del carro -afirmó Federico, severo.

-¡Santo Dios! Pesará dos toneladas ese carro.  Me gustaría tener ganas de agarrar un hacha y romper toda esta madera!

A Ernesto le agradó oír al padre hablar así.  Era el hombre que había conocido renegando siempre por alguna cosa.  Por aquel entonces, existían quienes trabajaban cantando, pero el abuelo Bourdin se estimulaba con sus disgustos, los inventaba para sentirse fuerte. Federico no lo toleraba a veces, pero Ernesto aprendió a valorarlo a través del tiempo y la lejanía. ¡Cuántas veces, después de haber emigrado, recordó al padre vociferando.  El abuelo -como le llamaban- era el más famoso gritón de su aldea.  Mas su voz era la de un corazón de oro, rico en sentimientos desbordantes de generosidad.  Criticaba a sus hijos y los amaba entrañablemente, casi con orgullo.  Cuando se hicieron hombres, comprendió que no los dominaba ya, y recrudecieron sus expresiones de autoritario y tozudo. Quería sentirse fuerte en la contradicción, declinaba sin renunciar a la autoridad que ya había perdido”…   p.171-172

Mientras Jules seguía acostado en el galpón, casi sin hablar, sus hermanos intentaban armar el carro y el abuelo decía:

“-¿Qué necesidad hay de hacer un carro hoy?

-¡Tome! -exclamó Federico poniéndole el serrucho en las manos-.  Cada tirantillo debe medir tres varas y media…

-¡Válgale que estoy yo para construir un carro! -rezongó el abuelo, y después de medir las maderas, comenzó a serrucharlas vigorosamente.

-Tráiganme los bulones -mandaba-.  Dejen la lanza, la voy a hacer yo, que sé más que todos ustedes de estas cosas.  ¿Quién me sacó las tenazas?  ¡Nadie se meta con mis herramientas!

Así comenzaron ese trabajo, El carro que construyeron era de caja honda, con adrales de listones gruesos y recubiertos de tablas desde las aristas del plan. Un típico carro de agricultores europeos.”  p. 174-175

 

Durante los días siguientes, todos trabajaban mientras Jules estaba abatido, convencido de que no podía hacer nada; “sumergíase otra vez en sus propias tinieblas o quizá en su propia luz, y dijo:

-Vivir aquí es peor que morir.”

Después, su hermano logró que subiera al carro: “los cuatro caballos repechaban vigorosos y crujían las ruedas”.  Jules miraba la extensión de la llanura y su sobrino Teófilo le dijo:

“-Tío Jules, mirá esa lagartija, la cacé para vos!  ¡Cuidado! ¿eh? Porque está viva.

Apretada por el cuello la alzó con la altura de su brazo para que el tío la viera y Jules sonrió.  Luego participó como pudo en el trabajo.  Ernesto, en cambio, cumplió una ruda jornada bajo los rayos del sol, asentando, hilera tras hilera, una impresionante cantidad de adobes.”  p. 189-190

Avanzaron con la construcción y “Ernesto techaba la casa de adobes por ese tiempo.  Tirantillos de caña tacuara soportaban la techumbre de paja en declive…

Jules le ayudaba aún, pero su físico decaía visiblemente, por lo cual el hermano no le exigía mas que lo suficiente para no recargar la tarea de Teófilo, que seleccionaba los mazos de paja más fina para la techumbre”…

Terminada la vivienda trasladaron “todas las cosas que les pertenecían”.  Jules seguía postrado en el galpón, no comía, tampoco se levantó.  En vano intentaban estimularlo.  Era domingo y Federico fue a buscar al “doctor Stoefel”, el médico que acostumbraba a curar casi todo con una purga.

“El abuelo Bourdin entró en la cocina sonándose la nariz ruidosamente, contraía las cejas anchas, canosas, y caminaba como perdido entre las cuatro paredes.  Verónica guardó silencio respetuoso; Magdalena acercó un banco sin espaldar, y el abuelo se sentó.  Golpeábase un muslo con el puño, una y otra vez.

-Sí, sí, es el corazón -aseguró como si tuviese buenas razones reservadas en la cabeza-.  Sí, sí, santo Dios, es el corazón”… p. 203

Regresaron con el doctor Stoefel y una vez más, pidió un vaso y le dio a beber a Jules lo que trajo preparado en una botellita.

Jules “comenzó a tragar hasta que una violenta repugnancia le provocó un vómito de hiel y del emético bebido.  El abuelo salió del galpón, Ernesto sostuvo la cabeza de Jules, que, con los ojos desorbitados, se dejó caer hacia atrás alzando los brazos.  Como entre la nebulosidad de un sueño, Federico oyó la voz de Stoefel.

-Síncope, es un síncope… -dijo como si recién se hiciese cargo de la superficialidad de su procedimiento, como si recién descubriese la gravedad del caso”…p. 204-205

En la colonia los distintos trabajos continuaban mientras esperaban “no obstante, el momento de acompañar al hijo del abuelo Bourdin, porque además de la solidaridad en el infortunio acrecentada entre esos inmigrantes por el vínculo nacional que los unía, los Bourdin -con o sin razón- ya eran catalogados entre los futuros propietarios de tierra y ese anticipado ascendiente burgués les atraía manifestaciones de respeto”…

Se acercaron algunas familias hasta la concesión de los Bourdin.

“Hubo un movimiento de la gente hacia el galpón y se agrupó frente a la puerta.  Comenzaron luego a retroceder. Ernesto y Federico adelante, José Vuagnaux y Alejandro Premat detrás, sacaban el ataúd.  El abuelo permaneció en su sitio, ceñudo, mirando el  suelo.

En los durazneros, un cardenal cantaba con furiosa hidalguía desafiando la radiante luz del sol y su canto vibraba sobre las cabezas descubiertas de los campesinos, sobre los caballos y los carros numerosos congregados en los alrededores¸ sobre el dolor del abuelo, sobre la angustia de Ernesto, de Federico, de Catalina y de Magdalena.  No se interrumpía, insistente, nervioso, se exaltaba con su propia melodía, inoportuna para los hombres y hermosas en el mundo.  Alguien pensó arrojarle un cascotazo para que callara, mas el cardenal, de pronto, alzó el vuelo y su pechito y su copete rojo brillaron en el aire como punta de saeta ensangrentada.”   p.210-211

 

Relató Gastón que “desde que ocurrió la muerte de Jules, el abuelo Bourdin perdió su entereza. ¡Cómo andaría de desganado que ni siquiera una vez protestó por alguna cosa! Tácitamente renunció a la pretensión de tener aún ascendiente sobre Ernesto y Federico, esos dos hijos que tanto se le parecían.  Andaba de aquí para allá, lento, fumando su pipa y mirando todo como si todo en su espíritu penetrara sin moverle su admiración, más allá de la vida y la muerte, o como si hubiese hallado por fin la certeza de lo real de su vejez.  Cualquiera hubiera podido decirle:

-Abuelo, usted ya no sirve para nada…

Y él no hubiese respondido, hubiese mirado alzando sus cejas en vez de fruncirlas, en su seguridad de que nadie debía esperar algo de él.  Pero ninguno de su familia podía atreverse a decirle eso, porque todos comprendían que el abuelo servía para algo imposible de evitar: para revivir diariamente un dolor, y ante el dolor del abuelo Bourdin todos sabían que era necesario callar y dejarlo solo cuando ése era su deseo; darle la comida servida y la ropa, buscarle tabaco.  El abuelo Bourdin era ahora verdaderamente un abuelo consumado: una reliquia que se respeta o se tolera según las circunstancias.  No le movía ya su ambición el trigal cuyas cánulas florecientes cubrían una gran parte de las concesiones.  Pero esto no llamaba la atención de sus hijos; la que les asombraba era su pasividad absoluta en vísperas del alumbramiento de Magdalena, que ese mismo día, se negaba a guardar cama, pese a los anuncios de la maternidad”…p.227-228

Llegó el momento del alumbramiento y “la luz de la lámpara quedó encendida toda esa noche, que afuera del rancho se iluminaba esplendorosa de estrellas.

En el misterio de la noche, nadie sorprendía el instante en que la tierra blanda donde crecían las batatas, henchida de tubérculos, se agrietaba.  Todo parecía descansar profundamente, mas la fecundidad pujaba, irrefrenable, y alzaba los trigales; engordaba toda yema para lograr la apertura de las hojas y de las flores, para hacer que cuajasen luego los frutos y se abrieran y rompieran definitivos y multiplicados. /…/  Un dolor innominado y silencioso cubría la sombra que lloraba lágrimas de estrellas. /…/ ¡La mañana!  ¡Cuánto demoraba su luz y su paz!  No acababa esa noche de dolor, esa noche esperada y angustiosa; no concluía esa fatalidad sublime e improrrogable, cuajada de sufrimiento, fatídica, posesionada por un Dios inmisericorde”…

Amaneció y el abuelo se acercó al rancho de Ernesto. Empezaron a dialogar y el abuelo preguntó:

“-¿Varón?

-Sí, abuelo, un varón.”

Lo llamaron para que entrara a verlo “y no tenía más palabras en su boca, había vivido setenta y cuatro años hablando y las había agotado para ese momento”…

“Entraron Ernesto y sus hijos; Teófilo permaneció como avergonzado detrás del padre. La madre los miraba desde la cama con indefinida expresión de cariño y preocupación a la vez. Pero luego observó en el abuelo un levísimo brillo en los ojos pensativos.

-Abuelo -dijo-, le llamaremos Jules”…

Minutos después, “el aire fresco hizo llorar al niño; el abuelo lo cubrió y salió al patio a caminar solo”…  p. 233-235

 

Tiempo después, “convergía la gente hacia el pueblo en cuyas calles los arcos floridos se tendieron de costado a costado para que debajo de ellos pasaran vehículos, caballos y peatones.  Las banderas de sus países ondeaban al viento, y la música de armonías ignoradas por los aborígenes parecía aislar en el poblado, un retazo de la vastedad de la tierra de indios y criollos, para crear -aunque más no fuera por ese día- un clima total de fiesta de otras tierras del mundo.  Tremolaban sus banderas, y los jóvenes, los viejos, las mujeres y los rudos hombres labradores, cantaban.  /…/   p. 258

“La tierra yacía y el hombre cantaba.”

Diario del colonizador Enrique Vollenweider” – Ensayo

El Departamento de Extensión Universitaria de la Universidad Nacional del Litoral impulsó la edición de Diario del colonizador Enrique Vollenweider, Publicación Nº 91 terminada de imprimir en Santa Fe, el 31 de diciembre de 1958.

Destaca Gastón Gori al comenzar el libro:

“No existe ningún escrito sobre rasgos biográficos de Enrique Vollenweider; creo que sólo dos historiadores -Enrique de Gandía y Miguel A. Cárcano- han citado su nombre entre los colonizadores de nuestras pampas vírgenes del siglo XIX, sin contar libros de la época, que al reseñar el proceso de fundación de ciertas colonias le nombran por ser precisamente Vollenweider el propulsor de la empresa que les ha dado origen.  Pero desconocíamos hasta ahora aspectos de su vida, de su carácter, de su obra y de su trascendencia en el movimiento civilizador por el trabajo, que ha singularizado un importante período de nuestra historia.  De modo que, a semejanza de los primeros colonos inmigrantes ‘aramos en campo virgen’.

He buscado entre papeles que pertenecieron a Vollenweider las puntas del ovillo que nos permitieran trazar su semblanza y aportar datos sobre personaje de tan decisiva gravitación en el progreso de nuestro país, dentro de una zona del litoral.

Enrique Vollenweider nació el 6 de mayo de 1824 en Ofelden, Suiza.  Era hijo de Juan Enrique Vollenweider y de Elisabeth Stebli.  Cursó estudios superiores en Mettenestetten.  La muerte de su padre le impidió concluirlos.  Sus dos hermanos -uno de ellos, Juan, le acompañó desde Brasil a nuestro país- se encontraban en el extranjero, y debió hacerse cargo de la administración de la cabaña que pertenecía a su familia.  En 1845 casó con Luisa Funk.  Tuvo de este matrimonio dos hijas y enviudó cuando aún era un hombre joven.  Decidió emigrar al Brasil perfeccionándose primero en Lausana, en el dominio del idioma francés.  Tuvo allí conocimiento de los trabajos que realizaba la empresa dirigida y creada por Carlos Beck-Bernard relacionados con la emigración a América y Algeciras, y con la empresa de colonización suiza que obtuvo en Santa Fe una concesión de veinte leguas de tierras vírgenes con el objeto de poblarlas.  En 1858 resolvió hacerse cargo de la administración de la colonia San Carlos -aún no fundada- que proyectaba dicha sociedad en las proximidades de Esperanza.  En 1860, en nuestro país contrajo segundas nupcias con Barbarita Weidman, nacida en Dattlikon, Suiza.  Falleció en su país natal el 15 de setiembre de 1898.

Los manuscritos que dejó documentando su labor como colonizador están redactados en idioma alemán y componen el conjunto de papeles y anotaciones en el protocolo de la Colonia San Carlos, extensos apuntes sobre su administración, borradores de informes enviados a Suiza sobre los trabajos y sobre la situación principal del país”…

La lectura de esos párrafos ya orienta hacia la valoración de la responsable tarea de rastreador de datos y luego de traductor y de organizador de la información que realizó Gastón antes de la publicación de ese Diario…

En la parte quinta de las explicaciones preliminares, Gastón Gori expresó:

“Vollenweider era un agrónomo y un administrador de empresa que no tenía puesto su pensamiento en la posteridad cuando anotaba en su cuaderno el esquema de lo que había hecho durante la jornada.  Ocupó sus conocimientos y su experiencia en la enorme tarea de fundar colonias, lo que dejó escrito, no fue más que una manera de documentarse sobre el cumplimiento de su deber.”

En el último párrafo, anticipa lo que realmente es el contenido de ese Diario: “…no han de encontrarse sino los detalles de los trabajos realizados. ¿Cómo se realizaban?  No responden a este interrogante y es indispensable que nos imaginemos los medios primitivos con que ellos contaban, para trazarnos un panorama de trabajos agrícolas, de construcciones, etc., etc. No debe, en definitiva, esperar el lector la anécdota, ni una lectura que lleve a los lugares comunes en la tradición de las colonias”.

(Se destaca aún más el valor de ese trabajo de Gastón si se tiene en cuanta que en el siglo XXI, en la vasta red de información que es internet, sólo se lo nombra a “Enrique Vollenweider“ en el sitio donde con datos del CERIDE, se difunde lo relativo a la provincia de Santa Fe, en una clasificación por departamento, mencionando los pueblos, colonias y ciudades; sus fundadores…)

“El pan nuestro” – “El pan de los argentinos” – Ensayo

Es oportuno tener en cuenta que en 1958, Gastón Gori logró la primera edición de El pan nuestro en Buenos Aires, en los talleres de la Editorial Galatea Nueva Visión.  La segunda edición en la capital santafesina fue impresa en los talleres de Ediciones Lux, en 1987.

La reedición de 2002, en el Centro de Publicaciones de la Universidad Nacional del Litoral.

 

En la tapa de El pan de los argentinos -reedición del siglo veintiuno-, un libro que abarca el amplio el panorama social de las regiones cerealistas argentinas reprodujeron una fotografía de Georges Friedman y delante de una enorme máquina para agricultura se perciben los contrastes:  tres campesinos con camisas de mangas largas, uno con faja y sosteniendo su herramienta y en el ángulo opuesto, otro hombre con las manos tomando el saco a la altura de las solapas, luciendo su sombrero, el chaleco y la cadena del reloj de bolsillo; en un primer plano la bolsa de arpillera cargada con el cereal y ya cosida, preparada para el transporte y la comercialización…

En la solapa de edición de 1958, Sergio Bagú -director de la colección “Argentina inédita”-, comenta que “Gori parte del hombre cuyas manos cavan el surco en la gran cintura argentina del cereal.  Lo recibe en el puerto de entrada, cuando es inmigrante; lo mira en su historia familiar, cuando es criollo y nieto de criollos. Lo observa, colocado frente al horizonte y al latifundista, frente al Estado y a la empresa acopiadora.  Estudia cómo se adapta o se desadapta a su medio casi salvaje; como ordena su familia y sus energías, cómo lleva su contabilidad y defiende sus derechos.  Por qué no compra máquinas; por qué -en verdad- no puede comprarlas.  Por qué emigra de aquí, para pensar luego en emigrar de más allá.  Cómo son y qué piensan los hijos y los nietos; cómo se organizan y a qué aspiran.  Por qué un día muchos de esos hijos y nietos abandonan la tierra madre y no se detienen hasta la ciudad”.

Señaló Bagú en 1958: “Gastón Gori -hoy sin duda una de las principales autoridades con que cuenta la Argentina en la materia- es un pedazo de la historia que él estudia y recrea.  Quien lo visite en Santa Fe creerá encontrarse con un chacarero que se ha transformado en erudito a fuerza de vigilias”.  [35]

Destaca luego que esta obra -titulada El pan de los argentinos en la segunda edición-, “es la primera historia social del agricultor argentino y, como tal, la síntesis más completa y lúcida del problema de la tierra en nuestro país.”

Paciente lectura y fecunda labor…

Gastón Gori, en la introducción expresó: “En el año 1943 comenzamos a estudiar nuestro archivo personal de documentos procedentes de colonias agrícolas fundadas en la provincia de Santa Fe a mediados del siglo pasado.  Nuestro propósito era informarnos de los papeles autógrafos de protagonistas creadores de la riqueza agraria de la región del trigo, como la llamara Estanislao Zeballos; es decir, informarnos de la vida y los trabajos de los colonos inmigrantes, para utilizar ese estudio en creaciones literarias, cuentos y novelas.  La frondosa documentación -que comprende más de dos mil piezas entre cartas, libros copiadores, libros de contabilidad, informes enviados por la Sociedad de Colonización Suiza en Santa Fe al directorio radicado en Basilea- exigió una paciente clasificación y lectura, dificultada, en muchos casos, por el idioma en que están escritos esos papeles, especialmente el alemán.

Señala Gastón que “el vasto proceso que protagonizan los campesinos agricultores en la segunda mitad del siglo XIX difícilmente podrá ya estar cobijado bajo el nombre de colonización; la aureola de esta palabra no debe cegarnos”.

Advierte al final de la introducción que “la explicación de nuestra problemática campesina necesitó un enfoque alertado por la presencia actual de cuestiones fundamentales no resueltas”.  Insiste en “la existencia del importante factor determinado por la distribución de la tierra, porque el candente problema golpea con fuerza el interés de todos los argentinos que, apasionadamente, exigen soluciones inmediatas, ya que, intentadas durante medio siglo, están aún pendientes.”  [36]

Colonización… fenómeno desvirtuado

El primer capítulo comienza con este párrafo: “Caído Rosas, los terratenientes ganaderos originados por su política o consolidados en la posesión de latifundios, ¿a qué otra cosa aspirarían en el orden económico sino a mantener sus propiedades y privilegios?”  Idéntico propósito alentaría a “los estancieros confiscados”, de manera que “el país, con la sensación general de entrar en una nueva etapa abierta a la prosperidad, vuelve a ser el escenario de llanuras desérticas, donde la clase gobernante pone sus miras en la propiedad territorial como en grandes tajadas de riqueza a corto plazo, en garantía de su consolidación social y política.   El ‘aura liberal’ argentina nace bajo el signo de la gigantesca hambre de tierra pública y el mayor reconocimiento de gratitud política consiste en donar o favorecer la obtención en propiedad de numerosas leguas de tierra, exactamente cómo ocurrió durante la dictadura de Rosas, sin que faltase luego la similitud en la creación de premios a los militares, consistentes en la donación de tierra de propiedad del Estado.  La síntesis acabada de este tipo de gratitud política la configura en 1857 una ley del gobierno de Santa Fe, por la cual hace ‘donación al Excmo. Sr. Presidente de la República, Brigadier General D. Justo J. de Urquiza, de un área de terreno de cuatro leguas de frente y cinco de fondo, de los mejores campos de propiedad pública de la Provincia’.  Por supuesto que este acto administrativo no es casual ni aislado; está dentro de la técnica general sobre cuyas bases se organizan social, política y económicamente las nuevas estructuras nacionales”.[37]

Gastón Gori señaló que “la clase gobernante -oligarquía en desarrollo vertiginoso- que propició, no obstante, la fundación de colonias agrícolas, tuvo en su pensamiento, y así lo realizó, el lema de la subdivisión de las tierras públicas en grandes extensiones adjudicadas a pocas personas y, por otra parte, auspició la formación de colonias agrícolas con destino a pobladores inmigrantes, emplazadas en medio de estancias o rodeándolas de inmediato con ellas, después de denunciar las tierras fiscales limítrofes.  Esperanza, en este aspecto, es también un ejemplo que puede convertirse en clásico, dado el ascendiente histórico de esa colonia.  Porque fue emplazada en tierra concedida por el estado provincial a un empresario y en sus límites sur, este y noroeste tenían estancias tres hombres que integraron la comisión encargada del emplazamiento y de la recepción de los inmigrantes”.  Así fue, reitera Gastón, como “a su fundador, Aarón Castellanos, se le gratificaba con veinte leguas de campo por sus trabajos e inversiones, que, por otra parte, cargaba en la cuenta de los colonos…”  p.12 (UNL p.19-20)

Sabido es que el contrato firmado durante el gobierno de Crespo, en realidad se ejecutó mientras gobernaba José María Cullen, quien lo calificó de “leonino”,  destacando Gastón que “sin duda no se refería tanto a las ventajas que significaba para  Castellanos, con respecto a sus relaciones con los colonos, como a las cláusulas que obligaban al Gobierno.  Porque el mismo Cullen apoyó luego decididamente a la empresa Beck-Herzog y Cía.”, como surge del contrato “firmado el 25 de noviembre de 1857”-, autorizando a esa empresa para que “contratara inmigrantes bajo similares condiciones: pago de la deuda contraída, más el 18% de interés por gastos de viaje, alimentos, etc., y el tercio de la cosecha durante cinco años”.  Señala después que la primera colonia agrícola, “se fundó en tierra ubicada a la derecha del río Salado -por haberlo determinado así la comisión nombrada para organizar los trabajos preliminares anteriores a la llegada de los inmigrantes- y no cerca del río Paraná, como estaba establecido.”  [38]

Con respecto a “la colonia San Carlos, comenzó a poblarse en 1859, aunque ya existían en ella, desde un año antes, trabajadores europeos traídos por la administración de la sociedad de colonización para trabajar tierra reservada a la Granja Modelo; allí los colonos prestarían trabajos personales, en recompensa de préstamos de peones que les ayudaran a construir sus ranchos y a arar la tierra cuando fuere necesario.  Al mismo tiempo servía de enseñanza experimental para toda la colonia.  Las primeras familias llegaron con contratos de colonización suscriptos en sus países de origen”. [39]

Destacó Gastón en su libro El pan nuestro, que “la colonia San Carlos fundada por Carlos Beck-Bernard, consiguió por lo menos la trascendencia de una demanda judicial” dado que esa empresa, “obtuvo veinte leguas, que pasaron a ser de su propiedad con sólo la introducción y establecimiento de cincuenta familias inmigrantes, que le pagaron todos los gastos de viaje, las herramientas y le entregaron el tercio de la cosecha durante cinco años.  Pero quienes le adjudicaron tan suculenta concesión, en su afán de que se ubicara la colonia lindando con estancias de personajes vinculadas con el gobierno, se precipitaron y se fingió la mensura de las veinte leguas donde sólo existían ocho fiscales, con un solo límite de propiedad pública.  Bajo estos signos se inicia el ingreso en gran escala de inmigrante agricultores en busca de tierra propia para trabajar, lo cual explica en cierta forma, entre otros motivos, que la población del desierto, que agobiaba al país, se interrumpiera o disminuyera sensiblemente con respecto a los cálculos propuestos con enfáticas esperanzas.”  p. 12-13  (UNL, p.20)

Convivencia de diversos grupos sociales

Con la llegada de los inmigrantes, siguieron trabajando “jornaleros o arrendatarios que no tuvieron tierra propia”, pequeños grupos que “cambian de patrón con frecuencia, los que se alejan y retornan periódicamente a la actividad agraria.  Vivieron en condiciones precarias y, a pesar de que son trabajadores del campo, viven como marginados de él.  Más que proveer de arrendatarios o medieros, de esta falange de inmigrantes pobres se forman las peonadas de las  colonias; son, según la clasificación de una estadística, ‘personal de fatiga’…”  Después, “nómades del agro, sus rutas de trabajo se escalonan en las estaciones ferroviarias y recalan, en la vejez, en los pueblos pequeños donde tiene conocidos, parientes quizá.  /…/ Decantados hacia el fondo, constituyeron una poderosa fuerza aprovechada, pagada y abandonada. El sistema a que se sometieron no hizo de ellos hombres altaneros.  El aborigen, el gaucho, es casi su igual, pese a las diferencias de raza, de ocupaciones, de procedencia histórica y de temperamento.

En la sociedad ocupan el estrado inferior; están igualados ambos en el abandono y en las estadísticas de peones. Tanto uno como otro saben trabajar en chacras y en estancias, aunque por determinación de origen y de procesos históricos, el gaucho prefiere el trabajo ganaderil con el que estuvo consustanciado. Gaucho-estancia, forman una relación de sugerencias más reales que las que surgirían de un intento de relación estancia-inmigrante. Esta última no determina una característica nacional.  La primera nos retrotrae al estado de la economía pastoril y se prolonga abarcando el período de desarrollo extensivo de nuestra agricultura y la actualidad, como el gran reducto de las fuerzas sociales que se apoyan en el dominio de latifundios.

La estancia, donde encuentra su cabida natural el gaucho, bordea colonias y les impide su expansión divisoria de tierra.  /…/

Esa formidable figura que se construyó con el nombre de gaucho, indica, más que la presencia de un tipo nacional -avasallado y superado-, el triunfo de la burguesía ganadera en el dominio de la economía, de la política y de la orientación cultural del país.  Bajo la ancha sombra histórica del gacho, no pudieron cobijarse los campesinos sin derecho de propiedad sobre la tierra trabajada.  /…/

Durante medio siglo, la figura retórica del gaucho trastendó a la masa de inmigrantes e hijos de inmigrantes sin tierra, relegándosela hacia el desinterés por ella.  En cambio, se destacó la de campesinos propietarios, la de colonizadores acaudalados, de empresarios y hombres de negocios de origen extranjero, de modo que no se perdiera de vista la liberalidad del sistema que los favoreciera en el período de la formación de nuestra burguesía terrateniente…  p.43-44  (UNL,p.57-60)

(No ha sido por casualidad lo expresado por el doctor Carlos Pellegrini: “…tenemos el deber de procurar por todos los medios posibles hacer que en el porvenir no seamos solamente una nación de pastores, que seamos una nación de obreros”…)

Aislamiento de los europeos…

Sarmiento había expresado que “lo más atrasado de Europa, los campesinos y gente ligera de las ciudades, es lo primero que emigra.  Véanlos en el desembarcadero.”

Sin embargo, llegaron también al río de la Plata personas hábiles en los negocios, a quienes “no les resultaron desconocidos los manejos nefastos en la distribución de la tierra pública y, quizá en esta justicia, hallemos los factores que determinaron en millares de inmigrantes su resistencia a entregarse al sistema de arrendamiento, buscando mejores beneficios en las ciudades y en la práctica de industrias menores.”  p. 35 (UNL, p.48)

Comprobó Gastón Gori, en su investigación sobre la inmigración en la Argentina, que hubo “inmigrantes enriquecidos, que ignoraron nuestra historia, que vivieron al margen del desarrollo cultural del pueblo, que exaltaron constantemente la producción industrial europea, que se mantuvieron desdeñosos de la capacidad de los argentinos, fueron aliados naturales de nuestra oligarquía y padecieron, con el correr de los años, como industriales, los efectos de la estructura económica que contribuyeron a afianzar.” p.41 (UNL, p.55)

Ha señalado Gastón que “las colonias fueron centros de extranjería, corrientemente homogéneos en cuanto a la nacionalidad de sus pobladores.  Trasplantados desde Europa a las llanuras argentinas, sin estar contrarrestada su presencia por la de fuertes núcleos de aborígenes, obraron con sentido avasallante, destructor de lo presente autóctono  Impusieron, hasta donde ello fue posible, sus costumbres y crearon con eficacia un clima social diferenciado de la realidad que los circundaba a distancia de leguas por medio.  Lo que perdieron de sus usos y costumbres se computa como una imposición de la pampa que labraron, más que la inmediata influencia del nativo, del cual los separaron la raza, el idioma, la cultura, cuando no rivalidades artificiales o desconfianza de que dan prueba numerosos documentos.

La masa de inmigrantes incorporada al campo argentino transportó consigo, lógicamente, su calidad de europea y nos e despojó de ella fácilmente; por el contrario, procuró reafirmarla en la educación familiar y escolar de sus hijos, especialmente la de procedencia suiza y alemana.  Tuvo puesta sus miras más en el consulado de su país como agente de gravitación legal, que en los representantes de la autoridad provincial o nacional, de los cuales solía desconfiar y de quienes no pudo prescindir.

El idioma de que se sirvieron los inmigrantes les estrechaba vínculos nacionales y formaron colectividades que se agruparon en asociaciones mutuales con sede en los pueblos que ellos mismos, con su presencia y su trabajo, originaron.  Desconocían el pasado de nuestro país, y del presente, en el mejor de los casos, estaban informados por periódicos dirigidos y escritos por italianos, alemanes, franceses, etc.”p.46-47 (UNL, p.61-62)

Ha comprobado Gastón Gori, que “la característica, en cuanto a la ubicación del inmigrante, era la inestabilidad del mismo.  Llegaban desorientados, u orientados oficialmente, hacia colonias nuevas, donde la vida era sumamente difícil y los documentos nos prueban que la mayoría de los agricultores bisoños afluyen hacia el campo pero lo abandonan en el primero, o en el segundo, año en procura de ubicación más conveniente.   Los que afirmaron definitivamente no fueron sus primitivos pobladores; éstos abrieron el camino y sólo por excepción permanecieron algunos en la colonia.”  Esa inestabilidad resultaba “provechosa al principio para el propietario, pero perjudicial como fenómeno sistemático; de aquí que algunos terratenientes propietarios de colonias en zonas lejanas y de dificultoso acceso para al época, trazaron planes vendiendo tierra como forma de arraigarlos y obtener provechos con las enajenaciones a plazos.  p. 79 (UNL, p.100)

Los inmigrantes encontraban demasiadas dificultades, aunque seguían imaginándose que “Argentina es para ellos, durante muchos años, América.  Una entidad vasta, que supera límites geográficos, como un campo de conquista al cual debe extraérselo todo, mientras se añoran las excelencias del suelo donde nacieron”.p.47   (UNL,p.62)

Destacó Gastón que “en las zonas más densas de población campesina no se tomó ni una medida práctica para facilitar la naturalización de los extranjeros, con lo cual, indirectamente, se estimuló su apartamiento de las luchas electorales”.   Las gestiones pertinentes sólo podían hacerse ante el Juzgado Federal que tenía la sede en Rosario, de modo que “quedaba bloqueado el acceso a la ciudadanía por la distancia enorme que separaba a esa ciudad de los centros agrícolas más florecientes y por los gastos que ocasionaría.  Muchos años después se utilizó la práctica de otorgar poder para realizar las gestiones”.  p. 51 (UNL, p.66-67)

Mitines contra el oficialismo

Sin embargo, “los mitines políticos de los opositores al oficialismo contaron con su concurso y su presencia en ellos fue, en ocasiones, fustigada desde la prensa oficiosa. Esa presión política por acto de presencia trasuntaba un hondo disconformismo social de los agricultores. Encauzado hacia la conquista del pago de sus cosechas en oro, la resistencia al impuesto sobre la venta de cereales, que adquirió contornos violentos en la provincia de Santa Fe, del derecho al voto en el orden municipal y, con menos fuerza combativa, la exaltación del principio de ‘subdivisión de la propiedad’, que era decir subdivisión de los latifundios.”   p. 53 (UNL, p.70)

Hay que tener en cuenta que “la libertad y prosperidad preconizada para el inmigrante, con el pensamiento puesto en los agricultores, estuvieron limitadas… Pero aun con las limitaciones a su prosperidad inmediata que los mantuvo puesteros, arrendatarios o peones, propia del sistema de la propiedad privada y de la explotación semifeudal de la tierra, las ventajas para los extranjeros fueron muy superiores a las de la situación social en que se hallaban sumergidos en sus países de origen”…

Advierte Gastón que “los judíos, que se agruparon aquí en colonias y dieron prueba de su aptitud como trabajadores de la tierra, vinieron huyendo de brutales persecuciones, agravadas en 1891”.  Reproduce una crónica de Alberto Gerchunoff:

“…Filas de judíos, compactas, con sus mujeres y sus criaturas llenaban los caminos hacia el oeste.  Huían de las llanuras polacas, de Hungría, de Austria en apretadas caravanas, con sus bultos, sus andrajos, agobiados, anhelantes.”  p. 62-63 (UNL, 81–83)

Aún a principios del siglo XX, “constreñido al término mínimo, el campesino fue convertido, en virtud de la dependencia absoluta de la voluntad del propietario, en una especie de nómade en potencia, cuando no en trashumante de hecho.  Su desvalimiento no tuvo el menor amparo en la ley.  Este tremendo signo histórico, en un país que cifraba mucho su porvenir en la agricultura, nos da una idea del menosprecio real que se tuvo por el trabajador de la tierra, por oposición a las fantasías teóricas que exaltaron la prosperidad de los inmigrantes agricultores.”  p. 68 (UNL, p. 88)

Estos párrafos, son apenas una aproximación al extenso estudio publicado por Gastón Gori, que se extiende hasta analizar diversos hechos vinculados al dilema de las actividades rurales, siendo ellos de tanta gravitación social y económica, que lo han impulsado a expresar: “El pan nuestro se amasa con el trabajo de 260.000 agricultores arrendatarios o apareceros, es decir, agricultores que pueden ser expulsados de los campos que trabajan, y un millón de hombres que no tiene tierra para trabajar… ¡Un millón de argentinos, de los cuales 500.000 son jóvenes, hijos de campesinos, reclama tierra en un país donde, de 160.000.000 de hectáreas cultivables, se trabaja un promedio aproximado de 20.000.000, vale decir, casi la décima parte!  Y sobre esa pequeña parte que se cultiva, ejercitan su presión, hambrienta de renta, los propietarios terratenientes, que son dueños del 73,9% de la tierra ocupada.  A su especulación múltiple -en ella el trabajo del agricultor es un elemento primordial- se une la especulación de los consorcios cerealistas, la de importadores de maquinarias y sus intermediarios, la de la burocracia que vive a expensas del campo, etc. etc.  El pan nuestro es un pan sucio de especulación capitalista.  El trigo de donde proviene encierra la amarga historia de nuestro régimen agrario.  Es un trigo sin la iluminación de los tiempos nuevos…

Santa Fe, 1º de marzo de 1958.” 149-150 (UNL, p.185)

1958: “Aníbal Ponce” – Ensayo breve

Cuando comienza mayo, se conmemora el día de los trabajadores y de la Constitución Nacional y como Gastón lo ha expresado al recordar a su amigo -nuestro distinguido profesor- doctor José Carmelo Busaniche, “cuando cada año el almanaque indique como fecha el 4 de mayo será día muy sensible para nuestra vida cultural, pues será para el historiador y escritor aniversario de su nacimiento…[40]

Gastón Gori evidentemente, fue un discípulo de Aníbal Ponce y ha destacado que “de su plan de investigador de la psicología de las edades… los maestros argentinos aprenden en él a ilustrarse sobre el carácter propio del psiquismo infantil, tomando como índice la noción de inteligencia para seguir las etapas del desarrollo mental”.

No ha sido por casualidad que décadas después, a Gastón Gori le otorgaran el Premio “Aníbal Ponce”.

Es oportuno reiterar lo publicado en su libro La pluma incesante:  [41]

“…en la mañana fatal del 18 de mayo de 1938, se produjo el hecho increíble de su muerte.”

Fecha memorable porque entre los argentinos, en distintos ámbitos comienzan los actos evocativos de la Semana de Mayo de 1810

Los cimientos de la Revolución de Mayo.

Gastón Gori en un discurso referido a Aníbal Ponce, destacó: [42]

“La construcción de la República Argentina, tiene su cimiento firme, y éste se llama Revolución de Mayo. Pero es un edificio incompleto, no sólo porque su levantamiento será permanente a través de las generaciones, sino porque una pala adversa, a lo largo de su historia, ha insistido en remover los cimientos para desvirtuarlos, y para torcer las líneas mayúsculas de su arquitectura.   Es una marcha a contramano de la construcción, y no por audacia razonada a favor de la obra, sino por una forma de irresponsabilidad ante el pueblo que en ella habita.  Y para que esa contramarcha sea específica en lo político, en lo social, y en lo económico, se han buscado -como enseña la historia- los más diversos caminos por donde alejar al pueblo de la directa observación de los hechos, así como se buscara apartar a un juez para que no sea cumplida su faena de justicia, su quehacer de juzgamiento.  /…/ Quienes retoman la herencia de Mayo, la robustecen con el patrimonio del esfuerzo nuevo, mientras en la vigilia del estudio, abren sus ventanas a los hechos y las ideas que confirman el convencimiento de que en una sociedad, avanzar, es la manera de su movimiento.  El movimiento es un fenómeno de lucha contra la resistencia, y esto es singularmente valedero para el desarrollo de la sociedad.”  [43]

 

Luego, Gastón dijo:

“…Consciente de los mojones entre los cuales debo moverme, no concluiría mi tarea, si al rendir homenaje a Aníbal Ponce, no me ubicara, aunque sea brevemente, en la palpitante realidad del presente, y si olvidara decir que aquellos fundamentos de Mayo, invocados como base y punto de partida para el pensamiento argentino, tuvieron en Ponce el desarrollo impuesto por las ideas revolucionarias del marxismo”…  [44]

Patriotismo y exilio…

“El destino de los hombres que personifican este fenómeno, es cruento y es magnífico. Entre nosotros, la lucha en Mayo, y la lucha por la aplicación y desenvolvimiento del pensamiento de Mayo, confirma esa crueldad y esa magnificencia en el destino de sus hombres representativos.  La talla de sus valores como próceres da la medida de la grandeza histórica, y es un síntoma de la reciedumbre de la lucha, el hecho reiterado de la muerte en el exilio.  Moreno muere alejado del escenario donde gestó su pensamiento directriz, donde luchó contra lo que llamaríamos el miedo a la soberanía total; Monteagudo muere donde lo llevó la fuerza revolucionaria de Mayo; Rivadavia, de hipocondría en el ostracismo; Florencio Varela cae bajo el puñal movido por el pensamiento colonialista en Montevideo; Echeverría muere en el exilio donde su ideario se robusteció con los ideales de la revolución francesa en 1848; San Martín conservó su gloria de libertador en su retiro de Francia, y desde allá nos llegaron, también, los restos mortales de Juan Bautista Alberdi.   En nuestro siglo, cuando el desarrollo político y social exige retomar lúcidamente el pensamiento de mayo enriquecido por experiencias mundiales, cuando se agudiza el ataque a los basamentos y a las fuerzas progresistas que lo sostienen, víctima de la persecución ideológica, Aníbal Ponce se aleja del país -pareciera un signo de nuestra historia- y muere en México.  ¡Esto denuncia un hecho cruento, pero lógico en los riesgos de la lucha, mas nos queda la magnífica envergadura de su personalidad y la lucidez maravillosa de su pensamiento.  Fue fortuito el accidente que le costó la vida en tierra mexicana, pero tiene su explicación el accidente que lo despojara de la cátedra de Psicología al estudioso más ilustre de su disciplina entre nosotros, y culminara con ello la represión ideológica al ensayista que ya era llamado con justicia el maestro de la juventud argentina.  Para explicarnos esa represión, y para rendirle homenaje a Ponce, ‘replegándonos en nosotros mismos’ hagamos aunque más no fuera, un breve ‘examen de conciencia’.  El general que gobernaba, el ministro del decreto de cesantía, y el clima de regresión institucional, tenían su fuente histórica.  Y no es necesario buscarla en su manantial más profundo del siglo XX, porque es a partir de 1880 cuando consolida sus bases poderosas, con la burguesía terrateniente aristocratizante, con Roca, que si forma su equipo con hombres liberales, por otra parte es proclive a la entrega de las riquezas nacionales a esa misma burguesía que tiene desconfianza hacia el pueblo.” [45]

Después, Gastón destacó que “nuestra actividad cultural debe ser replanteada con el ánimo dispuesto a encontrar las causas reales que limitan su eficacia en el seno de nuestro pueblo.  Porque es vano todo intento de prosperidad en ese aspecto, si seguimos el criterio de que la cultura es de posible florecimiento sólo en nuestros grupos reducidos de intelectuales y de diletantes; si la encerramos en círculos así como se levantan murallas para contener el empuje de las aguas del mar.”  [46]

Mientras dialogaba con la escritora Silvia Braun de Borgato -bajo la bignonia-,  Gastón Gori comentó que no lo había conocido personalmente a Aníbal Ponce, porque “estaba en Esperanza cuando él vino a Santa Fe a dar una conferencia en la Facultad de Química”. Destacó que “fue un expositor brillante y un gran lector. ¡Es maravilloso leerlo!

Su muerte fue trágica.  En México era reconocido por su gran capacidad, tanto es así, que se le encargó la organización de la Universidad de Morelo” -Morelos- “y no había pasado más de un año cuando hace un viaje para dar una conferencia. El ómnibus que lo llevaba tuvo un accidente en un sitio montañoso y bastante alejado de las poblaciones. Sufre un golpe, una quebradura de clavícula, aparentemente nada importante.  Pasaron algunos días hasta que pudo llegar a un hospital.  Murió como consecuencia de los golpes internos.  Lo impresionante -según cuentan sus amigos- es que, mirándose las uñas, predijo día y hora de su muerte. ‘A las 20:30 voy a morir’.  Se equivocó por minutos.  Él mismo se estudiaba y calculó el tiempo de su vida. ¡Qué capacidad de dominio racional de la situación! ¡Impresionante!

A Ponce se lo quería muchísimo.”  [47]

Otra mirada hacia la historia de los argentinos…

Gastón Gori refiriéndose Aníbal Ponce y a las circunstancias políticas que confluyeron en su trayectoria, señaló:

“La línea que la une con 1937 -fecha del exilio de Ponce- atraviesa una múltiple problemática que se informa en lo político, social y económica, pero el sustratum permanente de la trayectoria lleva los nombres de agricultura y ganadería, de tierra y vacas, que podrán en su momento transformarse en los nombres de cereales y frigoríficos, o en la antítesis política de oligarquía y democracia si se le opone este último término como una expresión de lucha, y no como de realidad.”

Analiza luego Gastón Gori cómo “desde 1880, el patrimonio territorial que aún posee la nación se dilapida vertiginosamente, y la tierra, repartida en gran escala entre favoritos y partidarios -según la expresión de Miguel A. Cárcano- en concesiones, donaciones, reconocimientos de derechos posesorios, en premios militares, es objeto de dominios privados tan fabulosos que alcanzan extensiones evocadoras de los feudos legendarios. /…/

Mientras Eduardo Wilde, ministro de Instrucción Pública y Culto, proyecta y defiende la ley de enseñanza gratuita, obligatoria y laica, Eduardo Wilde ministro del interior, suscribe los decretos que prolongan la política de entrega de la tierra pública a manos privilegiadas, las pingües concesiones ferroviarias, las poderosas sociedades comerciales argentinas y extranjeras que se ramifican en la agricultura y la ganadería, y que consultaban en último término el interés de la nación.  /…/  ¿Qué tiene de extraño pues que esa misma fuerza dictara las leyes de prensa para limitar la expresión pública del pensamiento, y la llamada de Defensa Social para contener la protesta del pueblo sobre cuya espalda, como siempre, cayó el peso de la crisis?  Y el aluvión de obreros y agricultores inmigrantes que se había incorporado en parte a las filas de los que luchaban por los derechos y garantías constitucionales ¿qué tiene de extraño que se descargara contra los más combativos la represión que se concreta en la ley 4144” -ley de residencia-, “tanto como una amenaza contra las personas como para integrar el clima adverso a la democracia y al voto universal?”

Advierte Gastón Gori: “Ésta sería la síntesis de la primera parte de la trayectoria que arrancaría desde antes de 1880, apretada, ceñida, incompleta, pero suficientes para identificar una corriente en la vida del país, que se interrumpe en lo político en 1916, para reaparecer, vigorizada, teorizada de antidemocracia, en 1930, cuando los mercaderes del imperialismo, desde los frigoríficos del Plata, enviaban a su metrópolis, a través del océano, las cuentas fraguadas de su negocios en tierra de los argentinos… Y aquel presidencialismo a dedo de príncipe, apenas disimulado, reaparece con una cohorte que confirma, de palabra y hecho, la triste inteligencia del ministro de Roca y de Juárez Celman, sobre las cualidades de nuestro pueblo.  Y en nombre del ‘libre juego de las instituciones’, el escamoteo de la voluntad popular sienta en las cámaras una mayoría que -en momento cumbre de los debates parlamentarios- sirve a los intereses de los grandes monopolios, sorda, obstinada, hasta que el desatino criminal revienta un tiro de revólver en el recinto del senado, y cae Bordabehere…

¿Qué tiene pues de extraño que un decreto represivo alcanzara a un hombre como Aníbal Ponce, que había ‘divulgado los conceptos científicos, filosóficos, políticos y sociales que la reacción ultramontana condena?’

‘Poco importaba entonces -dijo de la Torre- que el escritor magnífico, modelo de limpidez y de elegancia, no fuera un agitador virulento ni un orador inflamado.

Era suficiente la independencia de su carácter para expulsarlo de la cátedra que su sabiduría honraba.”  [48]

Cátedra de Aníbal Ponce…

Señaló Gastón Gori que Aníbal Ponce, “en junio de 1930 había dicho en la Facultad de Ciencias Económicas de Buenos Aires: ‘La inteligencia de hoy, justo es decirlo, no siente como antes la brutal tutela de quien manda.  Pero no ha perdido del todo su vieja servidumbre. Muchas ligaduras le quedan todavía por romper, y mientras el intelectual aguarde una dádiva, cuide una prebenda, seguirá revelando todavía en la marcha insegura y en la voz cortesana, el rastro profundo de la antigua humillación’. /…/

La inteligencia -ha dicho- no podrá alcanzar la posesión completa sino después de haber conseguido su absoluta independencia.  La obediencia del hombre a sí mismo, que es el fundamento de la razón sin trabas, exige a su vez la única virtud que puede darle la vida: el culto de la dignidad personal como norma directriz de la conducta.  Nada que pueda merecer un reproche, nada que pueda significar una obsecuencia.  Ahogar para eso las ambiciones mezquinas, los anhelos pequeños, el apetito de tantas cosas sin corazón y ni belleza.  Vigilarse por eso sin piedad, hacha en mano como quien cruza una selva”.   p. 62

Luego Gastón expresó: “También France postuló los deberes para con los demás, rechazando el sofisma ‘del intelectual como un ser aislado y sin partido, extraño por completo a las luchas de la política; ajeno en absoluto a la vida de su mundo.  Mezcla de soledad aparente y de logrería efectiva, la soledad del intelectual no beneficia al pueblo.  Por lo que tiene de cálculo -dijo Ponce- y por lo que tiene de miedo, la teoría del intelectual ajeno a los partidos muestra, apenas se la estruja, la mezquindad inherente a la media alma burguesa.”

“El conflicto de la inteligencia y de la sociedad ¿no es por ventura la antinomia de la negación y el orden?  El orden es lo fijo, lo aceptado, lo reverenciable; la negación es la reacción contra ese orden en la esperanza de construir uno mejor’.”  p. 63

Destacó Gastón que Aníbal Ponce, “lejos de los honores, de las recompensas con cátedras, del servilismo áulico, mantuvo incorruptible la independencia moral y la rectitud civil.  Por eso la totalidad de las fuerzas morales de la República estuvieron junto a él.  Lisandro de la Torre, que había levantado su voz más que en defensa precisa de la cátedra de Ponce, en salvaguardia de la rectitud moral de un sabio, cuando al año siguiente nos llegó la noticia consternadora de su muerte dijo: ‘La vida nada vale para los que pueden contemplarla desde la altura en que se cernía el pensamiento de Aníbal Ponce.  Él no ha perdido bien alguno con su injusta desaparición; es la Argentina, tan desprovista de valores intelectuales, la que expiará su ausencia, y los que sean capaces de aprender lo que ella representa en una hora de descenso mental, salvarán el honor de la cultura argentina llevando en el corazón el luto de tan gran desgracia’.”  p. 60-61

 

En sucesivos párrafos, Gastón reitera los títulos de algunos libros publicados por Aníbal Ponce (1898-1938, escritor de la Generación de 1925, en 1930 creador y animador del Colegio Libre de Estudios Superiores): La Gramática de los sentimientos (1929); Problemas de psicología infantil (1931), de “su plan de investigador de la psicología de las edades”; Educación y lucha de clases (1936), “única en la bibliografía sobre el tema, como obra orgánica, es su labor máxima, a mi modo de ver” -reconoce Gastón- en cuanto a la aplicación del marxismo en el estudio de una actividad social en el orden de la cultura y guarda correlación estrecha con su libro De Erasmo a Romain Rolland“; Estudios de la radiología -reúne trabajos publicados en la Revista de Filosofía cuya dirección compartió-; Apuntes de viajes; El viento en el mundo… y alude a “un ensayo sobre Fourier, escrito en México, y el alto optimismo de sus  páginas finales, si sabemos que los últimos meses en la vida de Ponce están próximos, eleva su imagen de serenidad confiada a la altura en que los pueblos colocan a los que han pensado y han actuado auscultando el corazón ardiente de la humanidad, que, para decirlo con palabras de Anatole France, ‘lentamente, pero siempre, realiza los sueños de los sabios’.”p.67

Sabido es que Aníbal Ponce publicó otros libros, entre ellos: La vejez de Sarmiento; Ambición y angustia de los adolescentes y Diario íntimo de un adolescente (1936)… y será un merecido homenaje, intentar completar esta bibliografía y leer su excelente obra con interesantes conclusiones acerca de lo filosófico, lo educativo y lo sociológico.

Es oportuno destacar que Gastón Gori, dedicó a Aníbal Ponce su ensayo sobre Eduardo Wilde (edición de la Municipalidad de Santa Fe en mayo de 1962); dato omitido en la edición de septiembre de 1993 en el Centro de Publicaciones de la Universidad Nacional del Litoral.

1959: “Universalidad de todos los pueblos…”

Al observar la trayectoria de Gastón Gori se percibe su fraternal actitud frente al hombre y a la humanidad.  Siguen siendo significativos sus vínculos con la Asociación Israelita “I. L. Peretz” con sede en la capital de su provincia natal, lugar donde ha sido posible escuchar sus interesantes reflexiones acerca de diversas acontecimientos históricos.  En distintas oportunidades, ha recordado que esa relación perdurable se inició en la década del ‘50, como expresión de solidaridad ante absurdos actos de discriminación religiosa.

En ese rumbo, es oportuno reiterar lo expresado el 2 de agosto de 1959 con motivo del centenario del nacimiento del talentoso Scholem Aleijem, que “traducido, quiere decir: la paz sea con vos…”

Gastón advirtió que ha sido un “escritor ‘que dio forma artística a una realidad humorística existente fuera e independientemente de él’… animado por un “espíritu liberado de toda atadura circunstancial para observar con profunda agudeza -y admirable sencillez de medios- los conflictos esenciales en el seno de la sociedad”.  Con singular agudeza expresa cierto paralelismo entre sus escritos y los de Mateo Booz o Alejandro Payró y destacó que Scholem Aleijem “convivió con sus personajes reales vinculándose a ellos y penetrando en su psicología, recordando detalles sugerentes del lenguaje, de sus dichos, de sus hechos”.  Comprendió Gastón que “esta vinculación fue posible porque ejerció los más variados oficios, desde rabino oficial hasta empleado, comerciante, corredor, periodista, etc. luego de cursar estudios secundarios y de dedicarse a la docencia privada.  En sus libros desfilan los caracteres más distintos, el laborioso, tesonero, ingenuo, sacrificado; el que vive en la holganza imaginativa, fecundo de proyectos y escaso de labores, y, naturalmente, de fortuna; el de los triunfos nunca alcanzados; el honesto, el que aprovecha su trabajo único y el que anda a saltos de mata; hombres y mujeres, ricos y pobres, viejos y jóvenes; ignorantes e ilustrados y los que enriquecen sus luces escasas con reminiscencias deformadas de sentencias talmúdicas.”  Destacó Gastón que “su pensamiento tiene un fondo de sonriente tristeza o de tristeza que sonríe… pero que no le domina, sino que Scholem Aleijem sabe en el momento oportuno elegir el mejor camino para que la tristeza nos se convierta en predominante y para que deje su sitio a una alegría fecunda, constructiva.  Nada en él hace que se mire para atrás con melancolía; ni siquiera el dolor pasado es suficiente para desviarlo de su creyente optimismo, que se funda en su confianza en el hombre, en su amor por la humanidad.  Los hombres deben sonreír en un mundo de paz; sonreír de los defectos, de las ocurrencias, de los hechos graciosos, y también, sonreír al porvenir.”

“La vida del escritor ha influido notablemente en su labor y la vasta arquitectura de su obra lleva implícito su propio tránsito por la vida, nunca desencajada del medio ni de la gente que trató y amó, o que observó con agudeza, incorporándola a sus personajes con amable espíritu de justicia.  No es la piedad ni la ironía la que eleva su personalidad luego de comprender con hondura a los hombres, sino un entrañable amor que no lo da ingenuamente a todos, sino a aquellos que verdaderamente son capaces de suscitarlo, independientemente de sus actos.  No es un moralista; es, cuanto más, un censor que eligió el camino del humorismo aun para señalar los defectos de aquellos a quienes evidentemente no ama.”  [49]

Es coherente expresar que tras la lectura de las obras de Gastón Gori -el gigante de las letras, el Patriarca de los pájaros…-, se logra percibir e interpretar que también su luminosa trayectoria, se proyecta en esa dirección trascendente.

“El milagro de San Isidro Labrador” – Cuento

La escritora Rosa Troiani seleccionó uno de los cuentos que Gastón Gori publicó en El camino de las nutrias, editado en 1959 y reeditado en 1955, fecha consignada en la página cuarenta y cinco de Cuentos del Litoral; interesante obra que desde Buenos Aires fue difundida por Ediciones Culturales Argentinas por iniciativa del Ministerio de Educación, que como se lee en la penúltima página: respeta las opiniones de los autores.

Insólito prodigio…

No hace falta demasiado esfuerzo para imaginar la sonrisa de Gastón cuando vio que por un error seguramente tipográfico, se consignó como año de su nacimiento 1935 y así, ingenuamente se podría creer que tenía siete años cuando escribió sus  primeros poemas; ocho y diez años cuando publicó sus dos primeros libros de cuentos y mejor no intentar dilucidar, cómo podría haber escrito y editado dos ensayos antes de los dieciocho años.  Son las sorpresas que suelen pasar inadvertidas para los autores y también para los correctores, tal vez también para algún estudiante apurado por transcribir lo que va leyendo para poder terminar el informe que aspira sirva para una excelente calificación.

La Fe de Ulrica…

Desde la revista El Hogar editada en Buenos Aires, difundieron cuentos escritos por Gastón a fines de la década del cuarenta y algunos integraron los libros editados en aquel tiempo.

Como ha sucedido durante más de medio siglo, Gastón ubica a sus  lectores en un espacio determinado:

“En un campo de hermosa apariencia por el constante verdor de los pastizales en época de receso, y por la lozanía de los cultivos cuando a ellos lo dedicaban sus dueños, puede verse aún, desde el camino que lo rodea, emplazado en el centro un monolito que por ser único en la colonia, se hace más sorprendente y despierta curiosidad en todo viajero que desconozca la zona y la historia de esa construcción solitaria que, de inmediato, hace suponer fue concebida por inspiración divina.  Remata su extremo una cruz.  No es el frecuente recordatorio que se erige en campos o caminos en el lugar donde alguien fuera asesinado o simplemente hubiera fallecido en circunstancias accidentales; ni tampoco pareciera sitio de peregrinación por lo descampado del contorno. Misiones hubo que culminaron su acción colocando una cruz, sobre escaso pedestal, junto a un camino en el sitio donde llegaran en peregrinación.  Una así existe en los alrededores de Esperanza.

Pero no tuvo ese origen el monolito y el símbolo que se levantara en el centro del campo que os digo.  Éste, hace perdurable un milagro de San Isidro Labrador, un verdadero milagro que tornó visibles las alas de los ángeles”.

Mitad realidad, mitad imaginación, el cuento de Gastón habla de Ulrica, que “era tan laboriosa como su marido y más creyente aún, de manera que a todos los trabajos fundamentales de su campo, precedían fervientes rogativas a San Isidro.  Su prosperidad era mucha en los años favorables y la atribuía a los rezos frecuentes entre los que nunca dejaba de recordar la esplendidez de sus mieses…”  Alguna vez el campo de Ulrica era soportó la invasión de determinadas plagas, pero ella seguía entusiasmada con su trabajo y jamás dejó “de sentirse sostenida por su fe”.  [50]

Al mediodía parecía que se estaba nublando cuando apareció “una terrible manga de langostas”, malditos acridios que devoraban hojas, flores y frutos hasta que “ni un árbol se salvaba… pocas horas de langosta trajeron muchos días de pesar.  Ulrica enriqueció con penitencias los tesoros de su fe.  Buscóse empeñosamente culpas y desprendióse de nuevas limosnas, lo cual alivió mucho su alma e hizo que viviera serenos días en medio del infortunio…”  Días después, Dios aparentemente “le envió también el granizo, un bárbaro granizo que la postró de hinojos ante San Isidro rogando por la salvación de su sembrado.

Las dos calamidades -langosta y granizo- la acercaron más al Señor y Ulrica se preguntaba a veces si su culpa no residiría en el exceso de oraciones, pero temerosa de su pensamiento, purificábase con el signo de la cruz y llevaba limosna a la iglesia como convenía a su devoción.”  Día tras día, la mujer miraba su campo cultivado y seguía con sus palabras rogando hasta que “un día se cruzó con el colono lindero de sus tierras que le dijo:

-Ulrica, otra vez perdemos la cosecha.  Todo mi campo está invadido por terribles gusanos y ya comieron que da dolor mirar eso…

-A mi campo no vendrán, le respondió segura la mujer, no serán vanos mis rezos.  Anda, reza tú y tu familia a San Isidro Labrador, porque se vayan de la colonia esos bichos que dices.”

Mientras tanto, los gusanos seguían completando su ciclo: eran “orugas en pleno desarrollo que antes de ser crisálidas devoran los sembrados con rapidez y aunque no causan estragos como las langostas, dañan las cosechas cuando invaden mucha extensión, con el agravante que prefieren comer el extremo superior de las plantas lo cual perjudica al trigo cuando está espigando.”  p. 42-44

Como lo ha destacado Gastón, en aquel lugar las únicas gatas conocidas por esos campesinos, eran las inquietas e inquietantes cuadrúpedas que maullaban, maullaban y maullaban… para atraer a los ronroneantes gatos que enseguida se aproximaban, saltando de tapial en tapial.  Nunca habían imaginado que esos horribles gusanos verdes eran las temibles gatas que devoraban los cultivos y simultáneamente lograban disipar las esperanzas de los agricultores, excepto las de Ulrica porque ella había logrado mantenerla vigorosa con la potencia de su Fe.

Gastón ha contado que “las orugas, henchidas, con desarrollo completo, comiendo aún, comenzaron a abandonar las plantas, pero para tribulación de Ulrica las veía salir del campo ajeno y arrastrarse hasta el suyo, como si fuera un ejército avanzando para tomar posiciones nuevas después de obtenida una victoria parcial.  Las orugas atravesaban el camino de tierra y se metían en el trigal de la campesina.  Miles y miles se veían arrastrarse, henchidas, lentas, seguras y lo invadían desapareciendo en el verdor y metiéndose quizá hasta qué profundidad del campo.  Así ocurrió durante todo un atardecer y recrudecieron los actos de fe en la casa de Ulrica tanto como la alegría en la del vecino que veía libre su tierra de amenaza.

Por la noche San Isidro fue sahumado con incienso y un perfume de santidad, llevado por el viento, se dispersó por la llanura…  Los rezos convertíanse ya en acción de gracia cuando una noche extraordinaria para su vida humilde, soñó que los ángeles volaban sobre su campo.  Despertó llena de ansiedad pues creyó ver en el sueño el anuncio del milagro que presentía.  Se vistió apresurada pues el sol de la mañana ya calentaba la tierra y cuando fue hacia el trigal, cayó de rodillas ante el cielo: sobre su campo revoloteaban millares de mariposas blancas, amarillas, irisadas, e iban de uno a otro lado salpicando de color y de alegría la brillante luz del sol… y su trigal, limpio como siempre, pletórico de sustancias y fecundo en sus espigas, se mecía al suave viento. Las mariposas salían de él y remontaban rumbo a los alfalfares de celestes flores, exactamente como en su sueño San Isidro le envió ángeles que desde el verdor del campo, iban en alegre camaradería a llevar al cielo la nueva de las plantas de Ulrica limpias de todo mal…

Y en acción de gracia y para que no volviese jamás a faltar su protección en la colonia, la devota Ulrica hizo construir el monolito elevando sobre él una cruz.  Es una pirámide truncada y en una de sus caras puede leerse una leyenda grabada en septiembre de 1884, que con parquedad razonable consigna el milagro de los insectos destruidos y de las mariposas del cielo.”  p. 44-45

1960-61: cargos públicos y trabajo en instituciones.

La publicación de Quién es Quién en la Argentina, una recopilación de antecedentes de distintas personalidades -hasta 1959-, señala parte de la trayectoria de Gastón Gori -maestro, abogado y escritor-; Secretario Técnico de la Inspección General de Escuelas (1944/46);  Director del Boletín de Educación de la Provincia de Santa Fe (1946/50), Auxiliar Principal de la Dirección General de Cultura (1950/59); Profesor de Historia en el Colegio Nacional de Venado Tuerto; fundador de la Asociación Santafesina de Escritores (1955); en 1956 promovió el movimiento que culminó con la creación de la Federación Popular de Cultura en la ciudad de Santa Fe; Vocal de la Comisión de Cultura de Santa Fe en representación de los escritores (1956/57); presidente de la Asociación Santafesina de Escritores (1959/61).

Generosamente Mónica cedió para revisar estos apuntes, algunos datos registrados en su computadora hasta el ocaso del siglo veinte y con emoción observo que han sido completados hasta diciembre de 2001, con la letra inconfundible de Gastón en la última página.

En consecuencia, es posible saber que por su iniciativa, el Consejo General de Educación de Santa Fe creó en las Escuelas Normales Provinciales la cátedra de Legislación Escolar.

Vinculado a la Asociación Cultural Israelita Argentina ‘I. L. Peretz’ desde 1950 en razón de la participación en las luchas contra el racismo y antisemitismo.

1962: “Eduardo Wilde” – Ensayo

El Fondo Editorial de la Municipalidad de Santa Fe, premió el ensayo de Gastón Gori titulado Eduardo Wilde con la impresión concluida el 22 de mayo de 1962.  Integraban el directorio del citado Fondo: José María Paolantonio – Secretario de Cultura y Acción Social; representantes del H. Concejo Deliberante Dr. Luis Mario Espina y Humberto Salomone; representantes de la ASDE (Asoc. Santafesina de Escritores) Julio A. Caminos y Emilio Alejandro Lamothe.

Gastón destaca que esa obra es un Homenaje a Aníbal Ponce y comienza el libro con este párrafo:

“Que un maestro y estudiante de medicina sumamente culto e informado, pregunte, con seriedad, a Florencio Escardó, si ‘El Hipo’ es un libro humorístico, no nos asombra puesto que muchos lectores -sí no todos neófitos- que conocieron de Wilde sus páginas más divulgadas han caído en ese error.  Nosotros mismos cuando éramos jóvenes estudiantes -y quizá no menos cultos e informados- adquirimos ‘El Hipo a libro cerrado y sufrimos la desilusión de encontrarnos con que eran páginas científicas. La tradición, más que el conocimiento, había creado el campo propicio para esos errores de ‘los informados’ con respecto a Wilde y a su tesis, sin excluir la responsabilidad de los que -como Ricardo Rojas- dijeran que ‘El Hipo’ ‘está escrito en prosa familiar y a ratos zumbona’, sin aclarar nada sobre su contenido específicamente científico”.  [51]

“El juicio actual sobre ‘El Hipo’ como libro científico fue precisado por Florencio Escardó“ -médico, “revestido de autoridad en la materia”; escritor que décadas después ejerció la presidencia de la Sociedad Argentina de Escritores, SADE de la ciudad de Buenos Aires-, quien lo consideró como “un modelo de rigor lógico, de seriedad en la información, de juicio clínico y capacidad científica” afirmando que “Wilde pone en su punto exacto -agrega- y no movido desde entonces, al hipo como accidente respiratorio y no digestivo como se creía”.

En el rumbo literario…

Comenta Gastón Gori que Wilde había cursado estudios secundarios en el Colegio Nacional de Concepción del Uruguay y ya a los “diecisiete años de edad, demostró la gravedad de sus juicios.”  p.11-13

Destaca luego que “esa mezcla de gravedad en sus análisis de las cuestiones sometidas a su examen, con sus felices ironías, epigramas y burlas… hicieron de Wilde el hombre más original de su época, sí por una parte le atrajeron simpatías y respeto, por otra le erigieron en hombre de apariencias contradictorias que no todos aceptaron y en algunos casos, desde el comienzo de sus actividades públicas le atrajeron el recelo y la inquina.” p.18

Para él, reitera Gastón:  “Lo natural es que se piense en prosa, pero la prosa torturada, añadida, estirada, sorprendida, trastornada, revuelta y desglosada, puede dar lugar a la poesía.  Para ser poeta es necesario conseguir expresar con la mayor dificultad posible, exactamente todo aquello que no se tiene la intención de decir”.

“Es el modo de expresar mal una mínima parte de un todo que pudiera haber dicho perfectamente bien”.

Señala Gori que “esto se leía donde Juan María Gutiérrez había escrito con respeto de docto, páginas sobre escritores y poetas”… donde Pedro Goyena y Aristóbulo del Valle también ponderaban a literatos ilustrados.

“En medio de esas ilustradas cabezas, respetadas, y tomadas con la debida seriedad las nobles actividades del espíritu, cayeron, incisivas, inquietantes e irreverentes, las observaciones risueñas del joven médico que, seguro de sí mismo, no le temía al talento ajeno”.

Por eso afirmaba: “Para un verso que sale espontáneamente, hay mil que han sufrido todas las torturas del pensamiento en una cárcel de palabras”.

Expresa Gastón: “¡Esto era como dejar caer un chorro de agua fría en el hierro candente de los que a pie juntillo creían y se embelesaban hasta con los versos ocasionales de álbumes!, o que, por lo menos, se conformaban con creer en las bellezas poéticas al uso corriente, así como hoy existen aún almas bondadosas que creen que el poeta es un pájaro milagroso -o algo por el estilo-, dulce, imparcial y bueno, y que de cualquier manera, y con cualquier poesía, es necesario que exista…”  p. 20

Wilde, promotor de polémicas.

A lo expresado anteriormente, es concordante con lo escrito por Gastón Gori quien lo ha “reconocido como hombre escéptico en materia de religión y era para él verdad la demostración de Darwin sobre nuestro parentesco con el mono”, siendo por todo ello un constante promotor de polémicas.

Gastón advierte que “hablar de un Wilde excesivamente adornado de bondad, de piedad, -como hizo Ponce- es aventurarse mucho más que afirmar que era un temperamento belicoso, que se apasionaba en la contienda, que en ella se movía como pez en el agua, y que -si no la buscaba- cuando se presentaba guerra, se armaba con todas las armas nobles, pero no con todas las bondadosas.  Sus ideas no fueron suaves, ni se apagaron en un clima de comprensión de sus adversarios rendidos por su bondad, sino avasallados por la energía de su lógica, por la destreza de su lenguaje, y por su alusión implacable cuando fue necesaria.  Sembró vientos y recogió tempestades; y el viento que ya se insinuaba en su polémica con Goyena, fue rozando los límites de un campo, el de la religión, donde, más tarde combatirían admirablemente.  No pudo desconocer Wilde que sus opiniones sobre poesía eran arbitrarias, y que, por eso mismo, si ellas eran leídas por Goyena, le caerían en su formación sistemática como pedradas, sacudiéndole la rigidez de sus conceptos.”

Observa Gori que “la inteligencia humorística no se avenía con el temperamento serio, formal, del amigo didáctico y religioso.  Y tan lo conocería Wilde, que años después, en el Congreso, ha de desarmarlo de entrada con el mismo recurso: la ironía, que en la polémica sobre poesía empleara sabiendo que tocaría su sensibilidad… Para Goyena, lo de Wilde eran ‘atrocidades’, y para Wilde, Goyena era el hombre normal y reglamentario, talentoso a su manera, pero vacía. ¿Cómo no sabría Wilde que su ‘querido Pedro‘, maestro de filosofía y crítico de poetas, tendría forzosamente, que acusar una pedrada?, aunque fuese en lo íntimo cuando escribió: ‘La fabricación de poemas se ha hecho muy difícil ¡y apenas si se encuentra en el mundo que otro filósofo descarriado que se dedique a esa especie de comercio!’  Y para más, dándole el blanco con arbitrariedades, de las que no estaba convencido, a las que podía oponerle Goyena la autoridad de clásicos y modernos.  Todo pudo ser previsto por Wilde y lo único raro, en ese momento de abundantes polémicas, era la materia nueva lanzada a la lid: la poesía.  Por lo demás, hemos observado que la actitud de Wilde, no era exclusivamente personal al juzgar la poesía como inútil en una sociedad afiebrada por el crecimiento material, por el comercio, la industria naciente, la actividad agraria.  Su voz culta, dijo, sin duda, lo que estaba en la conciencia de su círculo intelectual -con la audacia de manifestarlo públicamente- así como hoy en el nuestro no se acierta siempre a saber para qué se escriben ciertos poemas y menos aun por qué se nos apabulla con tanta mala poesía que no sirve para nada.

Decir que la poesía resulta -como dijo Wilde- de un desarreglo intelectual, es una vulgaridad metaforizada, y responde a un viejo criterio.  Y si para concordar con el público que así piensa, Wilde no tuvo más que decirlo, para concordar con los caracteres generales del ambiente de su época, no tuvo más que agregar, que ‘los ferrocarriles y las fábricas manufactureras, han reemplazado con ventaja a los idilios y sonetos.  Porque Wilde no pensaba en la poesía popular combativa de un Hernández, sino en aquella meliflua que encantaba a la sensibilidad sin plantear problemas o en la que él mismo cultivara en su juventud…”  p.21-23

En las páginas siguientes, Gastón Gori se aproxima de la generación de 1837 y alude a distintas polémicas en torno a diversos criterios literarios; cuando “la poesía nacional ya estaba elaborada como fenómeno de cultura de nuestro pueblo y fue necesario que José Hernández apareciera, para que comprendiéramos cuál era la distancia que separaba a la clase dirigente -a la que pertenecían Goyena, Wilde y Mitre- de la masa popular.  La verdad era que esa distancia tenía una realidad social y política y que el ‘Martín Fierro’…” cuya primera parte del poema se publicó en 1872.  p.35

 

Esta lectura sugiere diferentes análisis y en otra revisión de datos referidos a hombres y hechos de la historia de los argentinos, es ineludible anotar una percepción porque aparentemente los hombres de Buenos Aires -algunos nacidos en distintas provincias y otros viviendo en el exterior-, a juzgar por esas polémicas parecían estar bastante alejados de la realidad, de una agobiante situación que demandaba enormes esfuerzos a los colonos inmigrantes y a los campesinos, a la vez que provocaba el acoso persistente contra los primeros pobladores de estas tierras, que estaban obligados a retroceder, a ocultarse en montes o a huir hacia las montañas para que ese espacio vital fuera repoblado.

Parafraseando a Wilde, me permito decir que con tales actitudes, se creaba “la mayor dificultad posible” para lograr “aquello que no se tiene la intención de decir”…

Wilde,  médico gremialista.

Destaca Gastón Gori que “la conducta de Wilde como médico es admirable, pues tuvo honda conciencia de su misión haciéndola trascender, desde su consultorio, a la defensa pública de los intereses sanitarios de la población.  Estamos ante un Wilde de veintisiete años de edad, de frente amplia, despejada.  Su pelo largo, echado hacia atrás, acentúa el lirismo de su rostro donde la barba recortada y los bigotes exangües, más su mirada serena, completan la figura de una bella cabeza de poeta, y por eso mismo, alarmante para él y para los demás…  Su origen no es de holgura económica y conoce el tesón del estudio sin mayores ventajas de ese tipo.  Pertenece a una generación que ha de ser brillante y tiene cerca grandes figuras nacionales que, si la proximidad de la convivencia en una pequeña ciudad como era Buenos Aires, desmejoraba con la puja diaria y menuda, traían por otra parte, una perspectiva de luchas que las salvaba en sus valores esenciales, esos que los contemporáneos enemigos no confiesan reconocer pero que están en la conciencia de todos.” p. 42

“La intervención de Wilde como médico, trabajando incansablemente para salvar vidas, tuvo caracteres heroicos. Su ejemplo, y el de sus colegas que permanecieron en Buenos Aires, luchando contra la epidemia, era, prácticamente, un motivo para hacer que se avergonzaran los médicos que desertaron.” p. 44

“Pasada ya la epidemia”, había descendido un enfermo desde “la barca norteamericana ‘Charles Forbers’… murió a las seis horas en el hospital inglés de supuesta fiebre amarilla, negada por Wilde y el doctor Pedro Mallo, médicos de sanidad de la zona del puerto.  Este hecho intrascendente para Wilde, tomó estado público y el Consejo de Higiene, compuesto también por hombres que se deslucieron durante la epidemia anterior huyendo a la campaña, consideró probable la existencia de la enfermedad en el marino muerto”.

Así fue como “su radiante apasionamiento no para en la destrucción completa y minuciosa de cada frase, de cada juicio errado, y esta vez su lógica de hierro, descubre el ridículo y la falsía.  Mientras escribía, robándole horas al descanso de la noche, echaba concientemente en la balanza de sus servicios a la comunidad, su desvelo por la tranquilidad del pueblo al destruir una falsa alarma que tenía por antecedente, las trágicas escenas de un año atrás.”

En aquel tiempo -como sucedió en el siglo siguiente utilizando objetos nauseabundos que no amedrentaron a quien promovía la cultura del trabajo… y como tal vez siga sucediendo-, “desde el anónimo le regalaron un tintero a Wilde para que no interrumpiera, por falta de tinta, sus artículos, pero al regalo le habían precedido cinco tinteros obsequiados con el mismo fin…  [52]

La conciencia pública estuvo con Wilde y la fiebre amarilla inventada -según él lo demostrara- no provocó más estragos que los que dio oportunidad de causar una pluma diestra y terrible manejada por un hombre que defendía la tranquilidad del pueblo.”   p. 45

Aquella trayectoria, indujo a Gastón a escribir: “sus antecedentes como médico gremialista, sobresalían de las contingencias inmediatas, para colocarlo en el plano de un defensor, en general, de los médicos y sus derechos”, de modo que “los médicos tuvieron en Wilde al argumentista sagaz, al hombre que los exaltaba no sólo con su criterio sobre ciencia médica, sino con su penetración en la ciencia del Derecho que había estudiado para dictar su cátedra de medicina legal…

Si algo lo caracteriza hasta ese entonces como escritor, es su sagacidad de crítico, su talento, su estilo, pero todo ello disperso en la prensa periódica, en el tema ocasional, en la observación de hechos políticos, sin que faltaran quienes le pidieran más cordura… y menos humor.

Por otra parte, hasta en sus escritos militantes, conserva Wilde su sentido de justicia, y cierto apartamiento que le permite ver, como si fuera espectador, frío, analítico, los hombres y los hechos despojados de las pasiones inmediatas…  Ignoraba por naturaleza lo pequeño y mezquino, y hoy es difícil imaginar por qué se le negaba que poseyera sentimientos, si es que olvidamos que generalmente no se ven los grandes sentimientos…”p.47

Afirma Gastón Gori que a Eduardo Wilde, “le asistía la ventaja de sus dotes de escritor, de su rápida observación del ridículo, de modo que al argumento decisivo en materia científica, agregaba el golpe de lanceta de una ironía que lo hacía temible…

Por buen gusto y por ilustración, no descendía a terrenos agraviantes -era un noble de espíritu- pero no desdeñaba la acusación oportuna, aunque ella estuviese revestida de una forma insinuante.  Si fue implacable alguna vez, quizá no sea otra que aquella en que debió decir una frase dura para sus colegas insensibles a la verdad: detrás de ello, estaba el cuidado de la salud ajena, hasta donde era posible tenerlo con los medios de que dispone un médico de sanidad.

En su polémica contra el Consejo de Higiene, en 1871, pareciera más que un defensor oficioso de un caso clínico, un parlamentario en la calle.  Quisiéralo o no, se abrían las puertas del recinto legislativo…”

Afirma Gastón: “La epidemia de fiebre amarilla, negada por ‘La República’, lo sacó otra vez a la palestra, y si hemos visto un Wilde de argumentos retozones frente a Goyena, ahora aparecerá un Wilde alarmado por la falsa conciencia pública creada por un periódico en torno a la grave enfermedad.”  p. 43

Wilde y la inmortalidad del alma.

Dando vuelta la página, Gastón expresa: “Pero no nos engañemos concientemente con los pensamientos democráticos de Wilde, porque no es posible hallarlo de cuerpo entero en un medio popular, a no ser para curar enfermos.  Su tesitura se mueve en otro plano, y su inclinación más pronunciada, no irá acercándolo, sino alejándolo cada vez más de lo popular, aunque hasta ese entonces es fácil advertir que le acompaña un sentimiento público favorable, y que él mismo sentía en sus fuerzas, las que le venían desde abajo, desde donde se trabaja para ganar el pan diario.  Su escepticismo con respecto a la capacidad del pueblo para comprender, y para gobernar, ya tiene sus primeras raíces en su desconfianza hacia la credulidad de la gente, hacia su debilidad de juicio.  Y con respecto a la finalidad de la vida del hombre en el mundo, él no dirá que es el poder, ni la gloria, ni el dinero, porque su inteligencia abarca otros panoramas.  Sobre la inmortalidad del alma dirá: ‘El conjunto de átomos (después de las transformaciones en la descomposición de la materia) carbón, hidrógeno, oxígeno, ázoe, etc., es sólo elemento inmortal del organismo… Así la subsistencia de esos átomos en la duración infinita, es la sola inmortalidad en que yo creo.”   p. 47

Wilde, político y legislador.

Advierte Gastón Gori que “Wilde, es, en su juventud, el hombre de las amistades con personajes de la política y las letras.  Sin embargo, en este último aspecto, parecieran menos intensas, como si ya vislumbrara la órbita intelectual en que se movería con preferencia… Wilde conoció perfectamente las ventajas de crear vínculos en ciertas edades de la vida; poseyó un exacto sentido del valor de las relaciones personales, no sólo porque son las que resuelven las más espinosas cuestiones, sino por lo que no confesó nunca: son el peldaño en la carrera de las posiciones públicas encumbradas cuando en ello no decide el pueblo con su voto.  Y si eso lo sabía en su juventud, en su madurez dominó el arte de no mortificar con la verdad a los amigos… “  p. 50-51

Señala Gori que en aquel tiempo, “la nación arrojaba a la política diaria a sus hombres más capaces, los atraía, los metía en el vértigo de sus entretelones y de sus francas luchas.  La ambición, cuando abría sus ojos, veía demasiado cerca brillando los fanales de las posiciones públicas, las amistades hacían lo demás.  Wilde no supo o no quiso o no pudo sustraerle a esa atracción la parte más rica de su temperamento, o quizá no tuvo la total conciencia de que pudo realizar en literatura.  Se dejó llevar, él, que tanto sabía dominarse, y su envergadura de escritor en el sentido que hoy lo entendemos, fue entregándose, paso a paso, pero sin pausa, a los engranajes de la administración pública, al clima de una política que naturalmente, buscaba las posiciones del poder.”  p. 49

Expresa Gastón Gori que “antes de ser elegido diputado en la provincia de Buenos Aires desde los 23 a los 31 años de edad, había desempeñado diecisiete funciones públicas, casi todas vinculadas a su condición de médico, y por lo demás, sin o con escasa remuneración; agregaba a ello cinco diplomas y cinco recompensas honoríficas que se sumarían después a su frondosa lista de empleos y distinciones, y preceden a su primer cargo de legislador obtenidas cuando estaba en la edad que es apenas la mitad del camino de la vida.”

“Ante la inminencia de ser legislador, Wilde pareciera tener la concepción general de las necesidades populares que harían un programa de gobierno para un político.  Sí excluimos su autoridad en materia de salubridad pública, que ha de ser una de sus preocupaciones permanentes, no hallamos, como hallaríamos en Mitre, en Sarmiento, en Avellaneda, en Alsina, una tesitura de los asuntos nacionales.  Su irreligiosidad, su ateísmo, o su liberalismo según entendía por liberalismo no ser clerical, no es el factor determinante de una política que lo tendrá como uno de sus voceros después.   p. 51

Advierte luego que “Wilde, con vocación de funcionario, ya camina hacia los ministerios, con otros pasos. “ p. 52

Wilde “como político, en el sentido de militancia, no es un hombre significativo, no tiene detrás de sí un caudal electoral propio, ni lo buscó, ni le interesó tenerlo por los medios comunes al electoralismo.  No es un hombre popular en política -antes de 1882- aunque es muy conocido como médico, como periodista y como poseedor de una inteligencia sobresaliente. Su papel en la legislatura no tuvo brillo, como tampoco sombras.  Es simplemente, Wilde en una banca…”  p. 62

Wilde y el reparto de la tierra pública.

Señala Gastón Gori que: “Quien más, quien menos, en ese período de la vida nacional, tuvo su posición tomada con respecto a un problema fundamental: la creación de la industria agraria, el desarrollo de la agricultura, la inmigración, el destino de la tierra pública.  Estos son los tópicos más corrientes entre los hombres de gobierno, de la política, del periodismo, y sin embargo, Wilde parece apartado de todo ello cuando es nombrado diputado, y así le veremos después pasar -siendo ministro del Interior- por el período del despilfarro de la tierra pública, firmando decretos con una casi inconciencia de lo trascendental que pasaba por sus manos”.  p. 51

“Wilde, como hombre notable, estaba en la altura desde donde es posible medir el tamaño de sus amigos presidentes o futuros presidentes de la república.  En ella permaneció casi siempre, con lo cual queda dicho que si conoció quizá como nadie la íntima trabazón de la política y la psicología de sus protagonistas, ignoró la realidad viviente del país y de su pueblo, si se exceptúan dos grandes momentos de su vida, que no dependieron enteramente de él, ni mucho menos.  Y si ignoró la situación de la masa campesina y del proletariado naciente, no quiso colocarse en ubicación adecuada para ver desde abajo, esa realidad, y para compartir las pasiones del pueblo que, por otra parte, desdeñaba o condenaba acerbamente.  Él estaba en el plano de propincuidad aristocratizante, aunque con ello contradijera un pasado de pobreza y una indudable simpatía por la vida sencilla.  Algo de irreconciliable se observa en él a menudo entre la posición que ocupa en el gobierno y su personalidad: por lo cual nos explicamos su fracaso definitivo en política a los cincuenta y cuatro años de edad y nos explicamos también, que su obra literaria, en el bloque de todos sus escritos, tenga caracteres de subsidiaria”.  p. 53

Wilde, embajador.

Señala Gastón Gori: “es evidente que estando en Europa, a juzgar por su correspondencia, cuidaba que su prestigio se mantuviera salvando detalles que pudiesen hacerlo aparecer como desairado por algún personaje altamente encumbrado.  En realidad, contaba con el respeto de todos por su talento, pero ese respeto se exteriorizaba sinceramente en unos, con reticencias en otros, y aún entre estos últimos, con deliberados silencios.  Él lo advertía a la distancia, y tenía conciencia de que no siempre sus palabras fueron las más convenientes en los medios políticos afines, para su carrera.  Por otra parte, comprendía bien que después de haber dejado de ser ministro, por su renuncia, lo natural era perder amigos, por lo menos momentáneamente, o por algunos años.”   Interpreta Gastón, que “los años europeos de su vida, son quizá más que todos los otros, los que nos harán surgir un Wilde que iba a trascender como minado de tristeza, de pesimismo.  Siempre tuvo un fondo de escepticismo, aunque los hechos y la acción en que estuvo envuelto desde 1880 hasta 1890, desdigan este contenido de su pensamiento, de su manera de juzgar al hombre y a la sociedad.  Pero es en sus últimos años, cuando ya no tenía ni una posibilidad de retornar al país ocupando posición pública inminente, cuando sabe que sus juicios y sus escritos no le atrajeron, ni mucho menos, el favor popular, cuando avanza la lucha por el establecimiento de una democracia más efectiva, esos últimos veinte años, son los que le harían sentir el vacío de ambiciones realizables definidas.  p. 93

Gastón termina ese interesante libro, diciendo: “Iba, por esas aguas, que es el vivir, hacia la mar -y le cuadra a este escéptico la cita manriqueana- que es el morir; la desembocadura estaba casi a la vista, serena, explayada, y quizá vislumbrara, al acomodar y clasificar sus papeles recogidos luego en volúmenes, el brillo de las aguas más amplias por donde se penetra en la posteridad, donde ya estaban, exaltados por él, en precisas líneas de retratos físicos y morales, en páginas perdurables, los amigos que le precedieron… Falleció en Bruselas, en 1913, había nacido en Tupiza, en 1844.”

Jean Paul ha recordado que en Aguas abajo, “su obra póstuma, especie de biografía inconclusa”.

“En alguna parte había dicho antes con inusitada melancolía: ‘Es mi vida como una balsa de mimbres que la corriente se lleva aguas abajo…  Así es de dócil al caprichoso fluir de la existencia, aquel Boris a quien desde los cinco años de edad seguimos con interés creciente a lo largo de páginas demasiado breves, pues debemos abandonarlo en la adolescencia, no habiendo alcanzado Wilde a relatarnos el resto de su historia.  Aguas abajo, la corriente lo condujo a la muerte antes de terminar el libro…” [53]

(Ese libro de Gastón Gori, fue reeditado por el Centro de Publicaciones de la Universidad Nacional del Litoral en septiembre de 1993, conjuntamente con Vagos y mal entretenidos.

¡Qué grato sería que la mayoría de los lectores interesados en la obra de Gastón, pudieran acceder a su escritura en sucesivas ediciones, no mediante fotocopias aisladas sino leyendo los textos completos!

No es una expresión utópica, sino un propósito al que hasta ahora sólo se ha podido llegar con escasos recursos.

Aunque tal vez con sutil ironía tendría que decir que ha sido el resultado de la escasa influencia mientras se decidía sobre los medios para alcanzar algunas metas, anunciadas en reiterados programas de Educación y de promoción de la lectura…)

1963: cambio de gobierno…

El 28 de marzo de 1962, alas 19, el presidente Frondizi se comunicó con el comandante de la guarnición de Campo de Mayo y el General Juan Carlos Onganía le respondió que acataban las órdenes de sus mandos naturales que era decir al General Raúl Poggi, conductor del movimiento cívico-militar preparado para destituirlo.

Insistió Frondizi en que no renunciaría y el 29 de marzo de 1962 antes de las 8, detuvieron al presidente Frondizi y lo trasladaron en un avión a la Isla Martín García.  Asumieron funciones militares y civiles en distintas jurisdicciones anulándose la toma de posesión de las autoridades electas en los últimos comicios.  En la provincia de Santa Fe fue Interventor Federal el Gral. de Brigada Ernesto V. Cordes, desde el 24 de abril al 12 de junio de 1962 quien un mes antes, el 31 de mayo, firmó un decreto relacionado con la Compañía “La Forestal” que como destaca Gastón, fue “un  notable caso de improvisación gubernativa” y en consecuencia, se dispuso “su rápida anulación”.

El 13 de junio –día del escritor-, asumió el interventor Gral. (R) Jorge G. Nocetti Campos. Sabido era el poeta, docente e historiador Doctor Leoncio Gianello fue diputado provincial (1936-1943), presidente de la Cámara de Diputados, también del Consejo General de Educación y que también apoyaba ese golpe de estado; fue nombrado Ministro de Educación y Cultura, asumiendo tales funciones desde el 19 de junio de 1962 al 20 de junio de 1963, momento del reemplazo por el Dr. Antonio Vivanco hasta el cambio de gobierno tras las elecciones.

 

El 12 de octubre de 1963 asumió el electo gobernador Dr. Aldo Tessio -ex legislador nacional, amigo de Gastón Gori-, perteneciente a la Unión Cívica Radical del Pueblo.

En los comicios obtuvo el 22,1% de los votos emitidos y estaba proscrito el Partido Peronista; los votos en blanco representaron el  24,1% de los emitidos; el Partido Demócrata Progresista (PDP) y el Movimiento de Integración y Desarrollo (MID) aliados, obtuvieron el 15,5% de los votos.

Durante la campaña reiteraron el lema “Paz y transformación social”.

El titiritero-poeta José Bartolomé Pedroni, también vinculado a la ciudad de Esperanza, fue designado Director General de Cultura, desempeñándose desde el 20 de enero de 1963 al 30 de junio de 1966, destacándose la eficiente administración ejercida por el habilitado D. Vicente Mastronardi en la subsecretaría de Cultura, luego con tales funciones siendo integrante de la “Comisión Administradora de Recursos Extrapresupuestarios” creada por el gobernador Tessio mediante el Decreto Nº 210/64.  [54]

 

El gobernador Dr. Aldo Tessio impulsó obras públicas, entre ellas la construcción del Túnel Subfluvial para facilitar la comunicación entre la capital santafesina y la ciudad de Paraná, capital entrerriana. También promovió la construcción de la autopista Santa Fe-Rosario; la terminación de las obras comenzadas por el gobernador Sylvestre Begnis en la ruta Nelson-Tostado, tramo inaugurado con la presencia del ex gobernador del Chaco Dr.  Deolindo Felipe Bittel, bachiller egresado del Colegio Nacional “Simón de Iriondo” de Santa Fe, de reconocida trayectoria en el seno del Justicialismo.

El historiador santafesino Alejandro Damianovich, destacó:

“Si bien esta obra favoreció en buena medida al noroeste provincial, el Norte en general sufrió por esos años una irreversible decadencia frente al cierre de las fábricas de tanino de ‘La Forestal’, proceso que habíase iniciado en 1948 y culminaría en 1963.  Tartagal en 1948, Villa Guillermina en 1952, Villa Ana en 1960 y La Gallareta en 1963, fueron hitos en el camino del empobrecimiento de la región.

Tessio intentó una reforma agraria encaminada primero a la expropiación de parte del latifundio de la empresa extranjera, pero que luego fue reemplazado por un convenio de compra en el que el gobierno se comprometía a promover la colonización.”  [55]

Conferencia de Gastón Gori…

Durante la gestión del Director de Cultura José B. Pedroni, se desempeñaba como Secretario Coordinador Jorge Campana, con antecedentes en la administración pública desde 1951 y luego en el área de Cultura mediante concurso.

A fines del siglo veinte, después de su jubilación logró en 1999 la publicación de sucesivas crónicas sobre diversos planes y programas culturales desarrollados en la jurisdicción provincial.   [56]

Sabido es que Jorge es uno de los hermanos de Elda Rosaura, más conocida como Charito, esposa de Gastón…

 

Campana destacó que “Pedroni convocó a un ciclo de conferencias que comenzaría el 17 de julio de 1964 y se extendería hasta el 10 de septiembre de ese año.  Se dictaron en total 21 conferencias que tuvieron lugar en Santa Fe, Rosario, Esperanza y Rafaela.  Más de cinco mil personas concurrieron a esos actos.  El ciclo se tituló ‘La tierra, sus vivencias, sus problemas”.  En ese párrafo, Campana reiteró lo expresado por el director Pedroni en “el prólogo del fascículo impreso que contenía todo el programa… recordando a aquel aborigen que se llamó Epumer I, cuyas son éstas palabras dictadas al Coronel García:  [57]

‘Esta tierra no es tuya.  Esta tierra es de todos y ha sido hecha para todos’.

La fe, la poesía, el arte, tienen también sus altos representantes en este curso que llamaremos de la Esperanza”.

Gastón Gori participó en ese ciclo de conferencias en la ciudad de Rosario refiriéndose a “Proceso de la colonización en el siglo XIX”.

Con precisión, el Director de Cultura José Pedroni en el párrafo final del citado fascículo, escribió: “Esta es la nómina de autorizados hombres del pensamiento argentino a quienes se sabe preocupados por la emergencia económica del país y dedicados a hallarle solución a sus problemas, en especial al de la tierra, por ser ésta nuestra principal fuente de recursos, en la que tiene puesta su esperanza una gran parte de nuestro pueblo”.

Gastón ilumina el Camino…

Gastón Gori es notable historiador y ¡maestro!…

Sus señales son como lumbre perenne que ilumina el camino hacia el encuentro con sucesivas claves sobre la historia de la humanidad donde confluyen los datos pertinentes a Latinoamérica, a la Argentina, a Santa Fe, nuestra provincia.

Gastón en diversos textos aludió a la ley Avellaneda sancionada en 1876, sobre inmigración y colonización y destacó que hasta entonces, Santa Fe “con veinte años de experiencias provechosas” había logrado establecer “sesenta y una colonias en plena producción, de modo que la ganadería había abierto paso a la agricultura, que predominaba como orientación del trabajo campesino”.  Entre Ríos, “con menos empuje y sin una continuidad ordenada como en Santa Fe, había formado hasta 1879 catorce colonias, demorado su mayor desarrollo por acontecimientos políticos que influyeron en el régimen de la tierra pública, no siempre distribuida con equidad por pasiones circunstanciales y en perjuicio de los intereses generales.

Buenos Aires, con rico suelo y en una situación geográfica que le permitía con facilidad la internación de inmigrantes, estaba rezagada en cuanto a colonización…”  [58]

Doce años después de sancionada la ley Avellaneda, existían seis colonias en los territorios nacionales y dos en Córdoba, pertenecientes a la nación, habiéndose enajenado con arreglo a la ley, 161.513 hectáreas”…  [59]

Epumer…

En septiembre de 1875, el cacique Namuncurá había negado el permiso de tránsito a las tropas enviadas por el ministro Adolfo Alsina: “He soñado que los cristianos me quitaban el campo.  Si en caso estos campos que defiendo, me los sacan, entonces me meteré entre cristianos y haré grandes daños, y sabremos quién podrá más”. 

Dos meses después, estaban intentando un acuerdo cuando se sublevó la tribu de Juan José Catriel apoyada por Namuncurá.  Asolaron los campos con esas “invasiones grandes… dejando tras de sí, como siempre, la miseria, la orfandad y la muerte” porque el gobierno no cumplía con las prestaciones y la carencia de medios de subsistencia los impulsaban a otra lucha atroz.

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El 24 de julio de 1878 las tribus encabezadas por los caciques principales Epumer Rosas de Leubucó -que sustituía a su hermano Mariano Rosas- y Manuel Baigorria de Poita, acordaron un Tratado de Paz con el gobierno nacional y firmaron en representación de ellos, los caciques Huenchugner -alias Chaucalito- y Cayupan -o Callupan, uno de los hijos de Calfucurá- respectivamente y por el gobierno el Teniente Coronel Manuel J. Oloscoaga. En el primer artículo acordaron que “habrá siempre paz y amistad entre los pueblos cristianos de la República Argentina y las tribus Ranquelinas que por este gobierno prometen fiel obediencia al Gobierno y fidelidad a la Nación de que hacen parte y el gobierno por su parte les concede protección fraternal”.  En los artículos siguientes establecieron la cantidad de pesos bolivianos que el gobierno entregaría mensualmente a los caciques principales y a otros, a lenguaraces… y el suministro trimestral de jabón, yerba, azúcar, aguardiente…

Después, continuaron las luchas para desplazar a quienes hasta entonces habitaban aquellas regiones; logrados los últimos acuerdos se repartieron enormes extensiones entre Adolfo Alsina y Bartolomé Mitra y pequeñas parcelas entre jefes y soldados del ejército que también estaba integrado por indígenas.

Por algo, el cacique principal Epumer había expresado:

“Esta tierra no es tuya.  Esta tierra es de todos y ha sido hecha para todos”.

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Por algo, Gastón Gori tiempo después, reiteró lo expresado por Nicasio Oroño en el Senado, durante la sesión del 8 de octubre de 1869, párrafo reproducido en la 1ª edición del ‘Martín Fierro’, por José Hernández”.  [60]

“Parece que el despotismo y crueldad con que tratamos a los pobres paisanos estuviese en la sangre y en la educación que hemos recibido.  Cuando ven al hombre de nuestros campos, al modesto agricultor, envuelto en su manta de lana, o con su poncho a la espalda, les parece que ven al indio de nuestras Pampas, a quienes se creen autorizados para tratar con la misma dureza e injusticia, que los conquistadores empleaban con los primitivos habitantes de la América”.

Amigo a perpetuidad…

Entre los amigos de Gastón desde la juventud hasta los últimos años, es pertinente nombrar aquí al doctor Aldo Emilio Tessio, también nacido en Esperanza, madre de colonias, cuna de trabajadores: de poetas, de políticos…

Dos datos confirman ese vínculo fraternal entre ellos hasta el ocaso del siglo veinte.  No fue por casualidad la presencia del Dr. Tessio y su discurso durante el acto del 28 de mayo de 1982 -tiempo de la Gesta de las Malvinas-, cuando Gastón recibió el Premio Aníbal Ponce correspondiente a ese año:

“… Ahora que parece estar produciéndose el parto de un nuevo país, un país al que chicos de 18 años, con su sangre vertida, están haciendo madurar de golpe, las ideas de Gastón Gori son las banderas con las cuales tenemos que marchar, porque cuando se cumplan los sueños de Gori se habrá cumplido el destino de grandeza de los hombres y mujeres de este país”.

(Fue entonces cuando otro amigo, Héctor P. Agosti, presidente de la Asociación Amigos de Aníbal Ponce, rememoró “un lema de Artigas… el que ahora resume nuestros sentimientos”… y dijo:

“El pueblo unido jamás será vencido”.)

 

Ocho años después, en la última semana de junio de 1990, el doctor Aldo Emilio Tessio llegó con paso lento acompañado por su hija Griselda hasta la sede del Banco Nordecoop Coop. Ltdo. de la capital santafesina -Primera Junta 2661-, para compartir otra celebración por el otorgamiento del “Gran Premio de Honor” de la SADE (Sociedad Argentina de Escritores, Buenos Aires) como reconocimiento a la vasta obra literaria de Gastón Gori.

1964: Medalla de oro entregada en AMEP (Santa Fe)

A fines de enero de 1964 se creó la Biblioteca “Marcos Sastre” de la Asociación Mutualista de Empleados Públicos de la provincia de Santa Fe, por iniciativa del C.P.N. Miguel Ángel Roverano, César Enría, Edison Krusse, Hugo Monti entre otros integrantes del Consejo Directivo de esa entidad.  Los procesos técnicos estuvieron a cargo de la bibliotecóloga Alcira Zavalla de Beney (también en la conducción de la biblioteca de la Facultad de Ingeniería Química y directora de la Biblioteca de la Legislatura de Santa Fe desde el 1º de agosto de 1961 al 30 de agosto de 1973.  [61]

El 9 de febrero de 1964 la citada asociación convocó al acto de entrega del premio “Medalla de oro” a Gastón Gori, teniendo en cuenta la totalidad de su obra.

Gastón al comenzar su discurso expresó: “En nuestra ciudad, como si fuese una expresión de confianza en la eficacia del pensamiento creador, y en un tiempo en que el público lector pareciera retraerse en la medida de los diversos problemas que aquejan a la difusión del libro en la masa popular, se ha creado una nueva biblioteca, dependiente de la Asociación Mutualista de Empleados Públicos.  Al inaugurársela, se la colocó, con palabras del vicepresidente de esa institución, en la línea histórica del gran Sarmiento: ‘Hay que educar al soberano’.  [62]

El libro, como medio de formación cultural, científica o técnica, no podrá jamás ser sustituido por otros medios complementarios.  Ni la radio, ni la televisión, ni las revistas constituyen vehículos fundamentales para la formación del pensamiento, y por más dificultosa que se presente la época actual, el libro, de una u otra manera, debe llegar a las manos del público.”

En una interesante secuencia histórica, Gastón logró otra aproximación de la trayectoria de Marcos Sastre: “El autor del ‘Tempe Argentino’ -como se simplificara después el título originario- vivió años de su infancia en Santa Fe- donde ahora se honra con su nombre la nueva biblioteca.  Hijo de Antonio Sastre y de Jerónima Rodríguez, en los momentos en que el ejército del rey de Portugal ocupaba la Banda Oriental, la familia se refugió en el Arroyo de la China (Concepción del Uruguay) y desde allí partió para establecerse en nuestra ciudad.

Marcos Sastre tenía ocho años de edad en ese entonces, y volvió a Santa Fe cuando contaba treinta y nueve, perseguido por ‘la ojeriza de un mandarín de Rosas‘.  El doctor Echagüe le confió la dirección de la enseñanza primaria y Sastre publicó en Santa Fe la primera edición de su célebre ‘Anagnosia’.  A pesar de todo lo que se le debió como maestro renovador de la enseñanza de la lectura y de que su influencia en este aspecto gravitó hasta el primer cuarto del siglo XX -él falleció en 1887- la fama de su Salón Literario y la resonancia de su ‘Tempe Argentino’ cimentaron la permanencia de su personalidad en nuestra literatura.  Su renombre de educador fue rezagado por sus ideales políticos y por la perennidad de una de sus obras: el viejo libro del delta…

Al darse ahora su nombre a una biblioteca no sólo se rinde un homenaje permanente al escritor y al maestro, sino que se entronca su memoria con la tradición cultural de Santa Fe, elaborada en las aulas escolares donde los maestros adoptaron su método de lectura con sus tres sencillas reglas: no empezar por el abecedario; no deletrear ni nombrar las consonantes, no pasar de una lección a otra mientras no esté bien aprendida… Lo que constituía una modificación al clásico silabeo.”  [63]

“Inmigración y colonización en la Argentina” – Ensayo

En 1947 Gastón Gori publicó su primer libro sobre Colonización suiza en la Argentina y luego, sucesivos trabajos han reflejado el vasto proceso de gobernar poblando, que significó el “establecimiento de campesinos agricultores en tierras públicas destinadas a ese objeto”. [64]

En 1964, la Editorial de la Universidad de Buenos Aires concretó la edición de Inmigración y Colonización en la Argentina, tercera edición en abril de 1977, colección “Libros del tiempo nuevo”.

Sabido es que a partir de la sanción de la Constitución Nacional en 1853, la colonización estuvo directamente vinculada a la promoción de la inmigración, y en consecuencia corresponde tener en cuenta que “el régimen jurídico de la tierra pública” en ese tiempo abarcaba “el desierto -inmensa extensión de territorio-” y “era del dominio del Estado”.

Cuando se sancionó la Constitución Nacional en 1853, el gobierno de la provincia de Buenos Aires no estuvo representado y se acentuó la separación existente con otras provincias. Aunque con esa promulgación se ordenó jurídicamente la Nación, continuaron las luchas internas mientras se intentaba avanzar lentamente hacia el camino de la democracia.  La inmigración empezó a promover cambios en algunos hábitos entre la población nativa, ya que a la par de una imprescindible comunicación en las diarias interrelaciones humanas se fue estimulando la aceptación o el rechazo de determinados valores: creencias, costumbres, conductas individuales y comportamiento colectivo…

 

“Tanteando el terreno”, Gastón expresa en el primer párrafo:

“Cuando en la Argentina hablamos de colonización, nos estamos refiriendo al establecimiento de campesinos agricultores en tierras públicas destinadas a ese objeto, y como complemento necesario, si nos referimos al siglo XIX, debe unirse a éste el tema de la inmigración.  Ambos son la consecuencia de un mismo problema: el desierto, la falta de habitantes en nuestro país para desarrollarlo en todos sus aspectos.  En otros términos, tomados de los hombres de Estado y publicistas argentinos de este siglo, sin inmigración y sin desarrollo masivo del trabajo agrícola y de las industrias, los pueblos sudamericanos estaban condenados al atraso, a la pobreza y quizá, como lo sugirieron en su tiempo, a la tentación de conquista por otras naciones poderosas”.  [65]

(Algún paisano diría: “Si lo querés más claro, echale agua”…)

 

Ese interesante ensayo, analiza el problema desde antes de la revolución del 25 de Mayo de 1810; partiendo del acta del Cabildo de Buenos Aires, “del 14 de noviembre de 1788, dice: ‘Que siendo evidente el mucho trabajo que padecen los labradores en tiempo de la recogida de las mieses, lo insolentes y necesarios que se hacen los peones, no obstante el crecido salario, y la abundancia con que se les trata; la facilidad con que al menor descuido sea en la sazón de la comida, sea en el servicio de un mate, o sea porque el triste cosechero aburrido de lo poco y mal que trabajan, les exhorta a su obligación, lo abandonan y se van, dejándolo muchas veces en la situación más crítica, en que pierde su cosecha conducida a aquel estado con mucho sudor de su frente, y gastos, que la causa de todo esto es la multitud de haraganes ociosos y vagos que hay en la campaña empleados en jugar, robar, y hacer muchos excesos, por el abrigo que hallan en cualquier parte, donde no se les niega un pedazo de carne, y no les falta un caballo en que vagar…’

Con el traslado de las chacras a sitios más cercanos a la ciudad -si es que se disponía de tierra- no se remediarían estos males, ni los derivados de la libertad con que el ganado destruía las sementeras, libertad que condenaba a los agricultores al zanjeo y a la vigilancia nocturna, duro trabajo que se prolongó hasta después de mediados del siglo XIX.”  p. 21-22

Tras otra mirada de Gastón, su escritura, permite saber que “hasta el comienzo de la acción revolucionaria de los patriotas de Mayo, los extranjeros sufrían la repulsa que de antiguo dominaba en el espíritu la letra de las leyes indianas, y si algún cabildante se permitía no ser del todo estricto en su cumplimiento, no faltaba algún regidor que, como Abaroa Barrena, en el ocaso del siglo XVIII, recordara que ‘no solo los mercachifles extranjeros, pero todo extranjero debe tener prohibida su residencia en Puertos de Mar como previenen las leyes’.  Las marcadas diferencias sociales entre españoles, criollos, indios, negros, escalonaban las gradaciones, que iban desde el ejercicio del poder hasta el desvalimiento del origen y las desventuras de la pobreza, la holganza y el delito frecuente, de no tener oficio estable, ni domicilio, o de no habitar con la familia, o simplemente, de no poder justificar su estado.  Donde por lo general, no tenían ocupación permanente en la campaña los hombres nacidos en el país, no podían tenerla sino en forma muy limitada los extranjeros.

La xenofobia colonial formó tal estado de conciencia contra los extranjeros, que a pesar de la legislación posterior, se hizo sentir con frecuencia en la desconsideración con que fueran tratados, en ciertas regiones, los que vinieron animados por el nuevo aliento que inspiraran nuevos estatutos políticos posteriores a Mayo.” p. 23-24

Tanto fue así, que Gastón alude a un decreto “inspirado por Rivadavia“ del 4 de septiembre de 1812, que “circunstancias históricas conocidas hicieron que no prosperara” y por el cual se “estableció: ‘Siendo la población el principio de la industria y el fundamento de la felicidad de los Estados, y conviniendo promoverla en estos países por todos los medios posibles… el gobierno ofrece su inmediata protección a los individuos de todas las naciones y a sus familiares que quieran fijar su domicilio en el territorio del Estado, asegurándoles el pleno goce de todos los derechos del hombre en sociedad, con tal que no perturben la tranquilidad pública y respeten las leyes del país.  Art. 2º.  A los extranjeros que se dediquen al cultivo de los campos, se les dará terreno suficiente y se les auxiliará para sus primeros establecimientos rurales, y en el comercio de sus producciones gozarán de los mismos privilegios que los naturales del país’.”p.24-25

Una ley del 22 de agosto de 1821, complementó ese decreto “sobre transporte de familias europeas a nuestro país”, pero es insoslayable lo resuelto por la Asamblea de 1813: “…’la remoción de todos los españoles europeos de todos los empleos civiles, eclesiásticos  y militares, exceptuando solo a aquellos que obtuvieran títulos de ciudadanos en el término prefijado’ y el Redactor agregaba: ‘Los que miran con observación este decreto, conocerán la necesidad en que se funda, la justicia que lo ha inspirado; pero la posteridad encontrará en él la prueba más relevante de la moderación americana cuando vea que después de tres años de revolución aún se expide un decreto para remover de los empleos a los mandatarios españoles, y alejar de sus manos toda la influencia en la administración”, como consta en el acta de la sesión del 3 de febrero de 1813.  p. 25-26

Tiene en cuenta Gastón, “el Estatuto provisional para dirección y administración del Estado, dado por la Junta de Observación, 5 de mayo de 1815, que “en su capítulo I, artículo 1º estatuía: ‘Los derechos de los habitantes del Estado son, la vida, la honra, la libertad, la igualdad, la propiedad y la seguridad.  Y en su apartado II: ‘Todo hombre gozará de estos seis derechos en el territorio del Estado, sea americano o extranjero, sea ciudadano o no’. Esta disposición fue aprobada por el Congreso de Tucumán, incorporándose al Reglamento Provisorio para las Provincias Unidas de Sudamérica.  En la Constitución de 1819, los legisladores estudiaron con mayor detenimiento los derechos y garantías de los habitantes y, aunque no tiene disposiciones específicas sobre la inmigración de extranjeros, se avanzó lo suficiente como para que éstos estuviesen protegidos en el goce de los derechos esenciales, ‘la vida, la reputación, la libertad, la seguridad y la propiedad’.

En la Constitución de 1826 se estableció que eran ciudadanos argentinos los extranjeros que habían combatido o combatieren en los ejércitos de mar o tierra, los establecidos en el país antes de la declaración de la Independencia, y los que, establecidos con posterioridad obtuvieran la carta de ciudadanía.  Basta el enunciado de estas disposiciones constitucionales para formarnos criterio sobre el panorama institucional fundamentalmente distinto que se creaba en el país con respecto a los extranjeros.  Y si bien las leyes fundamentales mencionadas aún conservan algún artículo -como el referente a la religión- que pudiese limitar el interés de los inmigrantes, por otra parte, la libertad de conciencia quedaba garantizada.

Estos antecedentes prepararon el terreno para comprender después otros problemas fundamentales, vinculados a la necesidad de poblar el territorio argentino, problemas a los que se les dio preeminencia cuando la paz interna permitió que los hombres de gobierno y las fuerzas del trabajo destinaran sus esfuerzos principales a crear las fuentes de una economía más desarrollada.”  p. 26-27

Considera Gastón que “caídos Rivadavia y los hombres que lo rodearon, las luchas internas llevaron al gobierno a quienes, a corto plazo -1838- prepararon nuevos caminos de abusos y arbitrariedades, y la derrota del pensamiento que inspiró la sanción de la ley de enfiteusis.  Esta derrota se consuma en 1839 y luego la llamada ley de los premios, se convierte en una forma de persecución política que alcanza a los enfiteutas adversarios del gobernante.  El país volvía a caer en la crisis institucional y los grandes problemas derivados de la falta de población y de fuentes de recursos capaces de forzar el cambio de estructura económica, sufrirían nueva postergación.  El esfuerzo rivadaviano había dejado, no obstante, un antecedente de fecundas inspiraciones.” p.30-31

Estas conclusiones de Gastón, tanto pueden provocar en el lector otra rotunda convicción, como tal vez generen cierto propósito investigativo y estimulen otras lecturas.

En torno a “Vagos y mal entretenidos”

En 1951 se había editado ese interesante ensayo elaborado por Gastón Gori, con tapa ilustrada por el doctor Agustín Zapata Gollán, en los amplios talleres que hacía poco tiempo había inaugurado la Librería y Editorial Colmegna, situados en la parte posterior del salón de ventas de calle San Martín 2546, con salida por calle 25 de Mayo.

Agotada la edición era necesario reimprimirla.  El artista Juan Arancio preparó una serie de ilustraciones para tapa y hojas interiores, de manera que en 1964, ya estaba circulando esa segunda y última  impresión de Colmegna para difundir las obras de Gastón Gori, culminando así una relación comercial iniciada en 1943, veintiún años antes, cuando se presentaron los cuentos de Vidas sin rumbo.

Gastón junto a niños y jóvenes pintores…

El talentoso José Pedroni siendo Director de Cultura de la Provincia proyectó la realización de concursos de pintura para alumnos del nivel primario y el tema propuesto fue “La tierra”. Integraron jurados en distintas localidades y los trabajos fueron expuestos en vidrieras de diversos locales.

También se desarrolló un concurso de murales entre alumnos de las Escuelas de Bellas Artes de Santa Fe y de Rosario; también de la otra orilla del río Paraná, en la capital entrerriana. Una vez más la empresa Alba S. A. donó la pintura; participaron también alumnos de talleres dependientes de Municipalidades y tales autoridades cooperaron en la adecuada preparación de los tapiales.

Previamente, los jóvenes esperancinos dialogaron con Gastón Gori quien comentó diversos aspectos relacionados con la importancia de la tierra; de su tenencia y uso racional. En Coronda, el docente y cuentista Leopoldo Chizzini Melo participó en un encuentro para motivación de los estudiantes.

1964-1965: ¡Libros!… Exposición y venta.

Sabido es que en 1964 con auspicios de la “la Secretaría de Guerra -se instalaron dos enormes pabellones con exposición de libros, en un proyecto compartido por la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, la Cámara Argentina del Libro” -CAL- “y la Sociedad Argentina de Escritores” – SADE-.  Ejercía la presidencia de la Nación el Dr. Arturo Umberto Illia -radical, residente en Cruz del Eje, provincia de Córdoba- y en esa oportunidad, el público pudo observar ediciones de la “Imprenta de los Niños Expósitos”, periódicos que difundían algunos acontecimientos referidos a la Revolución de Mayo de 1810, entre ellos la difundida Gazeta de Buenos Ayres, luego las sesiones de la Asamblea de 1813

 

En 1965, los libros que hasta entonces en las Exposiciones sólo se podían mirar y tal vez tocar¸ ya se podrían comprar si se dispusiera del dinero necesario.

El 16 de junio –semana del escritor y del libro– inauguraron la Primera Exposición y Venta del Libro de Autor Argentino, en la sede del Concejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires -Perú 190-,  organizada por la Cámara Argentina del Libro y la Sociedad Argentina de Escritores (SADE Buenos Aires), con la adhesión de las filiales en distintas provincias.

Datos significativos…

La Cámara Argentina del Libro a principios de la década del ‘60 evaluaba la evolución del mercado consumidor de libros argentinos.

En 1962, el Centro Editor de América Latina difundió un “cuadro sobre el mercado consumidor en el mundo hispano parlante”, con los correspondientes índices de población rural y analfabetismo.  Hay que tener en cuenta que en los Estados Unidos, Filipinas y Portugal también hay “gran circulación de libros en castellano”.

Aquí, la reproducción parcial de esa tabla:

País Población % Pobl. Rural % Analfabetismo
Argentina 20.200.000 37,5 10-15
Bolivia 3.500.000 66,4 75-80
Brasil 73.000.000 63,8 50-55
Chile 8.000.000 40,1 25-30
Cuba 7.203.000 43 20-25
España 32.000.000 No hay datos. No hay datos.
México 38.420.000 27,4 40-45
Paraguay 1.820.000 65,4 40-45
Perú 11.000.000 64,6 55-60
Uruguay 3.334.000 No hay datos. 15-20
Venezuela 8.145.000 46,2 55-60

En 1962, el mayor índice de analfabetismo lo registraba Haití: 95%, sin datos acerca del porcentaje de población rural. Hay que tener en cuenta que allí, en Brasil, Jamaica y Trinidad y Togabo, el idioma oficial no es el castellano.

1965: “La Forestal – La tragedia del quebracho colorado”

Sabido es que por distintos medios, sucesivos gobiernos habían aludido a los riesgos económicos derivados de la irresponsable explotación de los bienes forestales.

Es interesante tener en cuenta lo expresado el 9 de agosto de 1936 -presidencia del general Agustín P. Justo-, por el ministro de Agricultura Miguel Ángel Cárcano en el acto de inauguración de la 36ª Exposición de Ganadería e Industrias en Rosario: “Santa Fe es una región privilegiada para las industrias rurales. /…/ Acabamos de nombrar una comisión de especialistas para que estudie una legislación apropiada para proteger los bosques, defender la inestimable riqueza de quebracho y desarrollar un programa de reforestación.”  Una vez más, la expresión de tales propósitos, resultó insuficiente para preservar los bosques explotados por las voraces compañías.  [66]

Hay que analizar lo expresado por Lorenzo Cocchia, obrero de “La Forestal” en 1921:  “Lo que levanta la mano del hombre, no debe destruirlo el hombre.”

Tener en cuenta una señal dejada por Arnold Wright:

“La iniciación y progreso del tráfico en quebracho, forma uno de los capítulos más notables de la historia industrial de Sud América.”

 

Hay que leer y releer el libro publicado por Gastón Gori, para comprender una vez más que en nuestra amada Argentina, sigue habiendo “latifundios tragándose el territorio de provincias pobres; latifundios en los valles cordilleranos, desde las regiones norteñas hasta las frías australes.  En la mesopotamia criolla, latifundios increíbles acaparados por unos pocos, latifundios en el centro rico y pintoresco del país.  ¡Inmensas tierras fértiles que repulsan al hombre de trabajo!”…  [67]

Cualquiera inquietud en torno al desarrollo de las curtiembres, vincula con esta compañía de explotación forestal, porque también algunos rollizos eran destinados a la industria taninera que era básica para otras empresas, tales como la curtiembre de Federico Meiners, en Esperanza.

Gastón estuvo en 1935 en algunos campos de “La Forestal” y no posó frente a un quebracho, lo hizo junto a una enorme cactácea con un gesto sugerente: flexionado el brazo derecho, apoyada una mano sobre la cintura, en alto la mano izquierda; abierto el saco para mayor comodidad, luciendo su blanca camisa y el grande moño que décadas después fue reemplazado por el distinguido moñito, como lo usaba don Alfredo Palacios, el socialista insoslayable en la historia de los argentinos, el único que se conmovió por otra postergación en el reconocimiento de los derechos de la ancianidad, cuando le indicaron dónde se alojaría como convencional constituyente de 1957.

Otros abusos…

En aquellas circunstancias, habiendo sido derogada por un simple decreto la Constitución Nacional sancionada en 1949 en el Congreso Nacional; implícitamente los convencionales al aceptar la misión de ser co-redactores de la nueva Constitución, convalidaban aquel acto inadmisible por ser esencialmente inconstitucional.

Habían decidido que los convencionales serían alojados en el amplio solar de Recreo, al noroeste de la capital santafesina, construido y equipado por la Fundación Eva Perón para que fuera un Hogar de Ancianos.

Cuando el doctor Alfredo Palacios ingresó a esas dependencias, expresó que empezaba mal esa convención si ellos, los convencionales, tenían que alojarse en modernas construcciones destinadas a personas mayores sin recursos…

(Todos sabían que habían sucedido otras atrocidades, como los fusilamientos sin juicio previo, el 9 y el 12 de junio de 1956 en la provincia de Buenos Aires…

El doctor Alfredo Palacios fue el único que se animó a expresar lo que luego reiteraron los cronistas por diferentes medios de comunicación. Imagino que José Ingenieros le hubiera tendido fraternalmente la mano, como simbólicamente lo hago…)

En la trama generada en la memoria, hay otras señales significativas acerca de Alfredo Palacios porque fue un tenaz parlamentario, un observador responsable de lo que sucedía en “La Forestal” y para comprobarlo, es suficiente verificar su participación en los debates legislativos, registrados en los diarios de sesiones que en nuestra provincia, están disponibles en la Biblioteca de la Legislatura de Santa Fe.

31-05-1962: improvisación del Interventor Federal…

Ha reiterado Gastón Gori que “en 1923, el Superior Tribunal de Justicia dictaba un fallo confirmando la imposición de multa a La Forestal por no haber abonado la patente correspondiente a ferrocarriles de explotación comercial…

La Forestal negó que la utilización de sus líneas férreas estuviese afectada a un servicio lucrativo, arguyendo que el producido de los pasajes se destinaba a fines educativos”…

“…Cuando dejaron de necesitarlos para su industria levantaron todas las líneas, desmontaron todas las instalaciones, inclusive las portuarias, sin importarles poco ni mucho lo que quedara detrás de ese arrasamiento de materiales ferroviarios que, así como los plantaron en sus tierras, se los llevaron.”  [68]

 

Sabido es que tras el movimiento cívico-militar que destituyó al presidente Dr. Arturo Frondizi -detenido y trasladado a la isla Martín García- el 29 de marzo de 1962 antes de las 8, asumieron quienes detentaron el poder en distintas jurisdicciones, entre ellos el interventor federal en la provincia de Santa Fe Gral. de Brigada Ernesto V. Cordes a partir del 24 de abril al 12 de junio de 1962, cincuenta días con facultades para firmar decretos y así fue como el 31 de mayo de 1962, en un “notable caso de improvisación gubernativa” firmó uno relacionado con “La Forestal” que fue rápidamente anulado, tal como consta en el Informe de la Comisión Especial de Investigación a la Forestal Argentina S. A., que incluye testimonios del diputado Anacarsis Leopoldo Acevedo y  del diputado Vecchietti.

Destacó Gastón que “La Forestal iba a retirar las vías y el material rodante del ferrocarril que unía a Km. 366 con Puerto Ocampo y sus respectivos ramales; considerando la intervención federal que el retiro ‘causaría un inmediato y grave perjuicio a los pobladores de la zona’, lo declara de utilidad y sujeto a expropiación, correspondiendo a la Fiscalía de Estado iniciar la acción de no innovar.  Pero seis días después, incluidos feriados, por otro decreto-ley declara sin efecto el anterior, para convenir directamente con la empresa la solución… que consistió, en definitiva, en el levantamiento de las vías en toda su extensión, como lo quería La Forestal, dejando en donación el terraplén donde se asentaran los durmientes y los puentes inservibles para los fines actuales.  El camino desde el puerto a Villa Ocampo fue construido por Vialidad Provincial, aportando la nación la suma de $ 4.003.300 para la construcción de un puente sobre el Paraná Miní, eximiéndose de gastos a La Forestal, que vendió el material levantado.  La obra a realizar por la provincia ‘tiene por base la infraestructura que sirvió como base para el paso de los trenes de un metro de trocha de La Forestal Argentina.  Parte de esa infraestructura fue colocada a principio de siglo y sus materiales, maderas, herrajes y sus características no permiten garantizar su estabilidad para grandes cargas ni su eficacia desde el punto de vista hidráulico, en épocas de grandes crecientes.  En este camino, donde ha sido necesario construir 1.700 metros de puentes, los regalos de La Forestal carecen de valor intrínseco porque nada es ni puede ser de utilidad para una obra en la que debió tener activa participación en los gastos o en su defecto dejar las vías como acertadamente lo había resuelto por un rato el general Cordes”.

Gastón Gori aporta más información: “Escuelas que en 1957 tuvieron 612 alumnos, descendieron a 264; de 1871, a 8 alumnos… ¡Lejos están aquellos tiempos de legisladores que para remediar el mal social pensaban sólo en crear escuelas!  Muchas de las que se establecieron fueron a parar en la clausura, mientras los trabajadores de los obrajes continuaban en el mismo estado social de miseria e ignorancia. Apenas si laboriosamente se había logrado que el semianalfabeto cubriera de apariencia -con el saber firmar- el grave problema cultural mantenido en su posición de cero (en más de 2.000.000 de hectáreas no existe ni una sola biblioteca y un censo de lectores daría un índice cultural prácticamente nulo).  Hombres que habían padecido el sacrificio de toda su vida, se dispersaron con o sin sus familias, engrosando a veces, en poblaciones sin riquezas,  una especie de villas miseria dentro de esas villas pobreza.  O permanecían en parajes donde no los alcanzan ya ni las mentadas limosnas de La Forestal y a los viejos obreros sin jubilación ni las raras pensiones graciables que nunca excedieron la categoría de paliativos o de limosnas jerarquizadas con otras palabras del idioma. /…/

Destacó Gastón que “si en su conjunto todo el pueblo argentino no impone su ideal de liberación nacional eliminando la presencia del imperialismo en nuestro suelo, entonces nuestra patria continuará siendo el escenario donde los grandes explotadores extranjeros, con la cooperación de argentinos increíbles, manejarán los hilos fundamentales de nuestra economía y, con ello, cargarán siempre sobre la espalda del pueblo las consecuencias de los beneficios que se exportan”.  [69]

Conclusiones de Luis Gudiño Krämer…

En Rosario (provincia de Santa Fe), fue presentado el ensayo elaborado por Gastón Gori en torno a “La Forestal” y sus explotaciones, no sólo forestales.

El destacado periodista y escritor Luis Gudiño Kramer expresó:   [70]

“Dos son las causas que podrían justificar mi presencia en este acto de singular importancia. Una de ellas es mi edad, que por suerte para mí y para la necesaria continuidad literaria e histórica, tiene aún vigencia entre nosotros; y otra es la de pertenecer, como el autor, a la zona norte de esta agobiadamente hermosa, de esta esquilmadamente rica provincia de Santa Fe.  Agobiadamente hermosa por la carga de conflictos sociales que no alcanzan a deformar la unidad de su gente progresista ni a empañar el esplendor de su fecunda naturaleza, esquilmada por algunos consorcios extranjeros que le han mutilado, como en su zona norte, como es el caso de la Forestal, los arrogantes quebrachos, extendiendo su invasión y problema social; deteniendo el desarrollo del progreso en millones de hectáreas; creando proveedurías y cacicazgos en minúsculas aldehuelas y en prósperas poblaciones, sometiendo al hombre nativo a la peor de las esclavitudes por decenas de años.  p. 3

Conciente soy del privilegio que significa para mí la presentación de este acusador testimonio de Gastón Gori contra el sistema que encarna La Forestal, monstruo económico que aún está en el apogeo de su poderío, aunque pareciera que estos nuevos tiempos quitan razón de ser a su dominio, que tampoco es el poderío de una razón social sino el tentacular poder de un sistema económico que crea el atraso social.  p. 4

Destruida la riqueza natural que dio materia a su política de despojo, con escasos beneficios para el trabajador nacional y para la economía del país, talada la selva, va dejando el rastro de su irracionalidad, de su antipatriótica maniobra depredatoria y sigue el camino que el atraso social de otras regiones le señala para continuar su empresa.

A esta altura de su política colonialista, madura una conciencia general, aparece el escritor sagaz, objetivo, documentado y con suficiente entrenamiento literario como para realizar en buena prosa un análisis serio de las condiciones en que este libertinaje pudo llevarse a cabo y de sus consecuencias para el futuro de nuestro desarrollo nacional.

El autor de este magnífico testimonio que hoy se presenta al público, es un hombre joven, en la plenitud de su capacidad creadora.  Es un literato brillante.  Es un hombre que a través de veinticinco años de producción constante y apasionada, ha venido puliendo su instrumento expresivo y continúa perfeccionándolo hasta hacer, no solo comunicativo su lenguaje, sino riguroso y metódico.  Esta constante evolución en el pensamiento de Gori le convierte en uno de los pocos escritores nacionales atentos a lo que ocurre en el país, dentro del país, como consecuencia de habernos convertido en país; él no se detiene solamente en la búsqueda ni el análisis del pasado; no se conforma con inventariar los hechos que han ocurrido.  Él está preocupado por encontrar, por descubrir la razón, el mecanismo que lleva a un desenlace o a un trance determinado por la dinámica del proceso a que está sujeto, y esta explicación, que surge del propio desarrollo de los hechos, está impregnada de confianza en el esfuerzo humano, que rompe continuamente los esquemas económicos del capitalismo.  Hay visión de futuro, existe perspectiva histórica en el trabajo de Gori.  p. 4

Antes de entrar en el análisis del libro La Forestal, es conveniente decir algo sobre la personalidad de su autor.  Es lo consagrado y al mismo tiempo parece lo conveniente.  Si pudiéramos hablar de estilo diríamos que acá se confirma que el estilo es el hombre.  Pero no es estilo lo que buscaremos en este documento, sino razones, hechos, relación coherente de circunstancias diferentes pero concurrentes a la misma consolidación de ese enorme tentáculo que se llama La Forestal, y además, buscaremos en él una justificación de nuestras teorías, de nuestras esperanzas, de nuestras aspiraciones de justicia, de nuestra fe en el cambio social que devolverá al hombre lo que él tiene por más preciado, que son sus derechos al trabajo, al techo, a la cultura, libre de la explotación y de la inseguridad.”  p.  5-6

Rememoró Gudiño Krämer la semblanza de Emilio Alejandro Lamothe y después, dijo: “Apenas podemos reconocer en el actual Gori aquella estampa del escritor primerizo, comunicativo, con su gran dosis de buen sentido campesino en una tertulia de pueblo.  Este Gori actual parece templado en el yunque del trabajo y la meditación y solamente a través de su mirada, un tanto triste, advertimos que la vieja sabiduría campesina se asoma, no tanto asombrada como reflexiva y reprobatoria ante los equívocos de una generalizada y desaprensiva manera de juzgar, especialmente nuestros problemas nacionales.

Gori pertenece a la estirpe de los sociólogos, aunque haya cultivado en sus veinticinco años de labor literaria todos los géneros, desde el cuento, al poema, la novela y el ensayo.  Su conocimiento de los problemas históricos referentes a las formas de apropiación o tenencia de la tierra en el país, ya sea en las colonizaciones con extranjeros o en el disfrute de los grandes latifundios por mercedes de gobierno, es tal vez, su característica más acentuada.  Siempre le ha preocupado el problema de la tierra y del hombre que sobre ella lucha”… p. 6-7

“Como en la cronología de su veintena de títulos podemos apreciarlo, el autor va del impresionismo romántico a una prosa ceñida y concreta y ya podemos ubicarlo en la galería de los escritores preocupados por el país, como es el caso de Canal Feijóo, Gino Germani, Sergio Bagú, Mauricio Lededinsky y algunos otros, que han dejado el camino del ensueño y de la ilusión para quienes se inician con la visión generosa pero limitada de la vida.  En su madurez henchida de saludables experiencias, la conciencia de Gori nos ofrece este drama de La Forestal, la que ahora vamos a referirnos, mencionando de paso, que nuestro autor, como frutos al parecer inagotables de su fecundidad, tiene sin publicar un libro de relatos, premio de la Asociación Santafesina de Escritores, un volumen de cuentos para niños: El obsequio de los pájaros y un volumen de relatos: Pase, señor fantasma.  [71] / p. 8

“La Forestal” estudia el desarrollo de esa compañía, inmenso latifundio de más de dos millones de hectáreas, en su mayoría cubiertas de quebrachos colorados, que en la actualidad han sido casi totalmente talados.  Esos dos millones de hectáreas no aportaron ningún beneficio económico al país, pues fueron objeto de un mal negocio, para decirlo de algún modo, y cuando la Forestal recibió como indemnización en algunos juicios más dinero que todo lo que ella pagó, a razón de 1.500 pesos la legua, por los 668 que adquirió como pago de un empréstito hecho al gobierno.  Se salvaguarda así el honor y el crédito de la provincia y se entrega al capital inglés más de dos millones de hectáreas donde la Forestal esclavizó, embruteció, envileció, en una palabra, a todo el norte de la provincia, desde gobiernos a pobres obrajeros, para concluir, por estos días, desmantelando sus poblaciones, desarmando sus fábricas de tanino, creando al desocupación y la miseria de grandes territorios ante la pasiva aceptación de los gobiernos que, servidores del sistema económico que nos oprime, cerraban los ojos y se hacían cómplices de la Forestal, que pagaba policías, jueces de paz, administraba justicia y todavía se daba el lujo de ejercer la beneficencia en los departamentos de la provincia donde actuaba como en territorio propio, hasta su propia bandera utilizaba, como utilizaba vales, fichas, proveedurías, despachos de bebidas y hasta casas de baile y de prostitución.

Este proceso de desmantelamiento ocurre cuando La Forestal traslada parte de sus capitales a Rodhesia, Kenya y Sudáfrica, para explotar la mimosa con la mano esclava, dentro del régimen de apartheid creado por la civilización sajona.”

Insistió Gudiño Krämer en que “mientras la provincia cobra menos de 220.000 pesos de impuestos, la Forestal abona al gobierno inglés, en el año 1916, 768.036 libras esterlinas incluidos el por ciento sobre exceso de beneficios.  Estas libras representaban 8.797.036 pesos, impuestos pagados a Inglaterra por su explotación originada en nuestro norte.  No es de extrañarse, dice Gori, que la Forestal impusiera el nombre del gobernador en ejercicio a una calle de Villa Guillermina en memoria de su visita. En la actualidad, el gobierno de Santa Fe convino en pagar a La Forestal dos millones y medio la legua cuadrada de mala calidad y tres millones setecientos mil pesos la legua de estancia.  De este modo la compañía agrega un negocio más al realizado durante ochenta años, en que pagó mil quinientos pesos la legua y eludió impuestos y defraudó el fisco en millones de pesos. Hay que recordar que no sólo la provincia devolvió el dinero cobrado por la tierra sino que entregó además dos millones a cuenta de reivindicaciones interpuestas. La Forestal no se ha manejado, pues con dinero extranjero, sino con plata argentina, como ocurre en otras empresas que vemos por estos días acrecentar enormemente su capital, formado por el aporte nacional, como en el caso de la Kaiser, y que sin embargo de esta impunidad para explotar y embrutecer al trabajador nacional, parecen haberse hecho acreedores al reconocimiento público. p. 9-10

Hubo en su época voces que denunciaron con patriotismo este orden de abusos, como las de los diputados José Gustavo Doldán, el Dr. José Gervasoni, el diputado Salvadores, y los actuales Acevedo y Vecchietti, sin ningún resultado práctico.  Vemos así que no se trata de los señores de la Forestal, ni los de la Brovil ni los del King Ranch. Está mezclado el sistema con sus slogans de libre empresa, libertad de comercio, defensa de la propiedad, ACIEL, dirigentes venales y empresarios apresurados, con las directivas del imperialismo internacional y en nuestro caso directamente con las órdenes del Pentágono, que comprendemos que sin soluciones valientes y posibles, declara autenticidad nacional, el país deberá aguantar durante muchos años la injusta férula de empresas como La Forestal.” [72]

Destacó Gudiño Krämer que “El proceso a la Forestal que queda abierto con este libro de Gori, es en gran medida el proceso al latifundio.  Los latifundios paralizando y ahogando toda posibilidad de expansión al progreso nacional, amparados en una mentirosa legislación que defiende el abuso del fuerte y la complicidad de algunos caudillos con la empresa de arruinar al país, que en definitiva debe ser de sus hombres que lo trabajan y lo riegan con el sudor de su esfuerzo.  Bien dice Gori: El país está enfermo de latifundios y La Forestal es un ejemplo de sus males, agravados, por su parte, por su visible conexión con los intereses colonialistas que mantuvo a nuestro país sujeto a sus intereses; que lo mantienen, debemos decir, para asumir parte de la responsabilidad que nos cabe.”  p. 11

(Es oportuno rememorar que desde 1955, el Partido Peronista estaba proscrito y diversos grupos integraban el Partido Laborista y otros impulsaron la creación de “partidos neo-peronistas”.

En las elecciones del 23 de febrero de 1958, siguiendo las instrucciones de Perón desde el exilio, parte del sector peronista apoyó la fórmula de la UCRI -Unión Cívica Radical Intransigente- liderada por el doctor Arturo Frondizi, opositora a la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP conducida por el doctor Ricardo Balbín.  En Santa Fe, la UCRI oficializó las candidaturas de Carlos Sylvestre Begnis-Álvaro González: obtuvieron 400.991 votos; la UCRP 247.562 y en blanco registraron 83.693 votos. En las elecciones legislativas de 1960, sin apoyo de los ciudadanos “justicialistas”, la UCRI obtuvo 235.370 votos, la UCRP 218.421 votos y en blanco, como expresión de protesta y rechazo: 264.498 votos. En los comicios del 17 de diciembre de 1961, en la provincia de Santa Fe se impuso la fórmula de la UCRI (Carballo-Cisera) por 295.973 votos; la UCRP obtuvo 138.191 votos, el partido Laborista 241.304 votos y “Tres Banderas” 45.391 votos.  El Partido Peronista aún estaba proscrito.

El doctor Carlos Silvestre Begnis fue gobernador de la Provincia de Santa Fe durante el período 01-05-1958 al 24-04-1962, tiempo de la sanción del nuevo texto constitucional.  El interventor federal General Jorge  Nocetti Campos se desempeñó entre el 12 de junio de 1963 al 12 de octubre de ese año.

El 7 de julio de 1963 se realizaron las elecciones y en la provincia de Santa Fe, se organizó el “Partido Unión Popular” mientras en la capital federal el general Pedro Eugenio Aramburu había impulsado “UDELPA” – Unión del Pueblo Argentino. Desde algunas organizaciones gremiales se impulsaba la abstención.

El 12 de octubre de 1962 asumió el Dr. Aldo Emilio Tessio -amigo de Gastón- desempeñándose hasta el 28 de junio de 1966 cuando asumieron las autoridades del gobierno de facto.

El Dr. Tessio intentó promover una reforma agraria mediante la expropiación de parte del latifundio y luego se aprobó un convenio de compra, comprometiéndose el gobierno a la colonización…

Noviembre de 1965: comentario de Leónidas Barletta…

El 18 de noviembre de 1965, Leónidas Barletta publicó en Propósitos un comentario sobre La Forestal.  Consideró que “no es momento de hablar de la hermosa obra literaria de Gastón Gori, ni de ponderar su personalidad, ni su actitud permanente frente al acontecer argentino y mundial, porque fue excepcional siempre y un gran ejemplo para los más jóvenes.  Pero su libro ‘La Forestal’, la tragedia del quebracho colorado, que pronto estará en las manos de todos los que han sido llamados al honor de dirigir los destinos del país, es un altísimo ejemplo para tanto escritor aburrido de metáforas, independientemente de su valor como obra social, política y económica.

El libro es una acusación ilevantable para esa compañía extranjera de ‘tierras, maderas y ferrocarriles’, que se nombró ‘La Forestal’, que clavó sus garras en Santa Fe, Chaco y parte de Formosa, devastando el lugar y devorando a sus hombres como en el resto de América Latina lo han hecho las empresas norteamericanas e ingleses del cobre, del plomo, del petróleo, de la fruta…

Rastreando en sus orígenes Gastón Gori muestra con abundancia probatoria, cómo el imperialismo va introduciéndose en nuestra patria, haciéndose dueño de enormes latifundios, y la forma en que La Forestal se apropia de la más grande existencia de quebracho colorado en el país, para explotar la riqueza del tanino y manejar como esclavos a las masas de obreros que hacía reclutar por contratistas para no asumir la responsabilidad directa del despojo al que el trabajador era sometido.

El libro de Gastón Gori se lee con angustia, como si fuera un relato dramático que no pudo haber sucedido en el país.” [73]

Reconocimiento de Emilio Alejandro Lamothe

Una crónica difundida en el periódico Propósitos de Buenos Aires, el 2 de diciembre de 1965, está referida al acto de presentación de La Forestal en la ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz, realizado a fines de octubre en la sala de conferencias del Teatro “Cincel”, con la asistencia del vicegobernador de la provincia Dr. Eugenio Malaponte, el presidente pro-témpore del Senado Dr. Jorge Viale; el Director de Cultura de la provincia el poeta José Bartolomé Pedroni; el presidente de la ASDE Dr. Virasoro, el ex presidente del Consejo de Educación don Luis Ravera y otras personas vinculadas a actividades culturales y administrativas del medio.  Habló el periodista y escritor Emilio Alejandro Lamothe, advirtiendo que “si antes Gastón Gori no se dejó tentar por la leyenda, ahora supo soslayar el sensacionalismo, el ‘tremendismo epidémico’ a que invita el tema, claro está que para un espíritu menos avisado, menos responsable, y menos seguro de lo que se tenía entre manos, manos a las que llegara no por casualidad ni por afán de ser noticia, sino como consecuencia lógica de un largo proceso de estudio y de gestación.  Entre crónica, historia y ensayo, este libro difícil de encasillar irremediablemente en un género, descubre gran parte de un mito, del mito La Forestal, en el que sobriamente se mezclan los conceptos del progreso y miseria, industrialización y devastación, nacimiento y muerte de pueblos, confundidos en una maraña de selva y vidas que sangran bajo el hacha y leyes que se gestan, en el mejor de los casos, en visión de independencia económica, de Patria Grande.”

Hablo luego el senador Ladislao Miranda (del Partido Demócrata Progresista), que integró la Comisión Bicameral creada en 1963 para investigar sobre La Forestal; reseñó algunas “luchas obreras posteriores a la revolución industrial del siglo XIX en cuyas postrimerías se entregaron en nuestro país cerca de dos millones de hectáreas a una compañía que luego se fusionaría en La Forestal formando un inmenso feudo”.

Después habló Gastón, y “abogó por la más absoluta libertad de los investigadores, sin presiones sociales ni políticas, que los desvíen de su deber de expresar su verdad. ‘Pobre del investigador -dijo- que al acercar su ojo a la lente del microscopio, sienta que el corazón le tiembla porque afuera o detrás de sus puertas, lo vigila el que ha de perseguirlo por las consecuencias de sus descubrimientos!’.”

Una crónica publicada en el diario El Colono de Esperanza, aludió al discurso del senador Ladislao Miranda, “el cual con acopio de datos aludió a la obra negativa que La Forestal desarrolló en el norte santafesino. Citó guarismos redactados por ambas cámaras legislativas y aludiendo al problema de la tierra, manifestó que su mala distribución ha promovido conflictos que es menester solucionarlos a la brevedad posible.  Después que la señora de Gastón Gori recibiera ante el aplauso del público un presente floral”, el autor manifestó “que si debiera señalar el motivo de su obra, ésta se resumiría en el deseo de servir a la Patria.

Cuando Gori expuso la necesidad de que los investigadores realizaran su tarea con absoluta independencia, sin presiones ni temores, la sala se estremeció con el cálido aplauso que se le brindó’.”  [74]

La Forestal y criterio de Aldo Tessio…

Es interesante tener en cuenta que el 28 de mayo de 1982, en el acto de entrega del Premio “Aníbal Ponce” a Gastón Gori, su amigo y colega Dr. Aldo Emilio Tessio destacó la importancia de sus estudios acerca de la tenencia de la tierra y recordó emocionado: “…cuando en mi gobierno en la provincia de Santa Fe, tuve que afrontar el problema que constituía el inmenso latifundio de La Forestal, nuestra política consistió en adquirir la tierra a precio módico a la compañía y trazar los grandes planes de estudio y prospección, que finalizarían con la entrega de la tierra a trabajadores ex-obreros de La Forestal y a colonos que la obtuvieron por concurso.

Aquella fue una experiencia que aplicó una política de subdivisión de las grandes extensiones de tierra no labrada, para entregarlas a la producción y arraigar a nuestros trabajadores al campo de modo que disminuya el constante emigrar hacia las ciudades.”

En 1983 Gastón logró otra reedición de La Forestal a cargo de la Distribuidora Litar S. A. de la capital santafesina.

Tiempo después, durante un diálogo con jóvenes santafesinos, mientras analizaban las dificultades existentes para las ediciones, expresó:  “Fíjate que yo acabo de firmar un contrato para la reedición de ‘La Forestal’ y la editorial me exige por contrato que todo libro nuevo que yo escriba, debo ofrecerlo a ellos como primera alternativa, ojalá hubiera tenido esa cláusula antes, me llega cuando no soy tan joven, pero mejor tarde que nunca”.  [75]

Impresiones tras un incendio…

Leo lo publicado el viernes 26 de junio de 1981 en el Diario “El Litoral” de la capital santafesina:  Julio A. Caminos -uno de los amigos de Gastón- rememoró vivencias de su infancia, cuando “vivían en pleno centro, a escasa distancia de la parroquia de N. S. del Carmen.  La zona era bulliciosa, con un intenso movimiento mercantil, y en ciertos días del año singularmente agitada por las concentraciones obreras, cuyos sindicatos funcionaban en las cercanías del puerto y en las calles adyacentes a la plaza Colón, abandonada y pobre, con yuyales en casi toda su extensión, que apenas dejaban percibir el modesto monumento conmemorativo del cuarto centenario del descubrimiento de América, hoy emplazado en la Avenida Alem.

En la ciudad de entonces los ruidos no eran muy intensos…

 

Un suceso que me impresionó hondamente fue un horrible incendio que se había producido en un barco surto en la zona portuaria.  Era una fría y gris mañana de invierno, allá por 1920.  Uno de mis tíos me llevó hasta las cercanías del siniestro.  El fuerte viento agitaba las llamas que se elevaban varios metros, produciendo un ruido característico de hierros y maderas que se destruían, retorciéndose entre el fuego abrasador.  Hace muchos años localicé en los libros de entrada del Juzgado Federal el sumario instruido entonces por la Subprefectura Marítima.  En los últimos días, he tenido oportunidad de leer una interesantísima nota relacionada con aquel acontecimiento.  El pavoroso incendio, en efecto, se produjo el 1º de junio de 1921 y duró tres días.  Un hermoso velero -el ‘Mount Rainer- que iba a partir con una carga de 3.500 toneladas de rollizos de quebracho colorado, se hundió en las aguas del canal de derivación; y setenta años después, en época de bajante, pueden verse todavía algunos restos de la airosa nave, devorada totalmente por el incendio que mis ojos contemplaron en aquellos días ya lejanos de mi infancia.”  [76]

Así como Julio Caminos niño, se impresionó por aquella tragedia del quebracho colorado ardiendo sobre una nave, sobre el río… décadas después, adulto, se interesó por la historia de la Historia de los argentinos…

Integró en el ‘55 la ASDE y fue uno de los miembros del Jurado que otorgó el Premio de la Municipalidad de Santa Fe al ensayo titulado “Eduardo Wilde” de Gastón Gori, su amigo, escrito en homenaje a Aníbal Ponce.

El joven escritor esperancino, santafesino, latinoamericano hacía tiempo que estaba bastante impresionado con otras catástrofes, las que se originaron en los quebrachales del norte santafesino y con perseverancia, avanzaba en su investigación sobre ese asombroso país dentro de nuestro país y escribía en sus cuadernos lo que luego mecanografiaba y corregía. Fueron ciento ochenta páginas impresas en la edición de 1965 y reproducidas en nueve reediciones en treinta años.

Gastón revela más claves…

Con respecto a La Forestal, Gastón Gori ha expresado:

“…Su elaboración en el pensamiento fue a paso de tortuga cansada.  Desde 1943, cuando escribí el primer cuento con un hachero de La Forestal, hasta 1956 en que intenté los primeros estudios, el tema me subyugó.  Pero lo abandoné por difícil  Yo no estaba preparado en ese entonces para un estudio de esa envergadura.”

“En 1964, una propuesta de Editorial Platina para escribir una novela sobre la explotación del quebracho, sirvió para que Gastón Gori propusiera un estudio sobre La Forestal, ‘pues tenía ya experiencia investigadora, estudios de derecho, investigaciones históricas y fundamentos sociológicos como para emprender el trabajo.  Demoré seis meses para escribir el libro, ocho comprendidos viajes de más de 3000 kilómetros en total, por los montes, poblaciones, restos de explotaciones, parajes, etc.  Pero trabajaba investigando, estudiando la documentación lograda y redactando, hasta dieciséis horas diarias, y a veces más, pues iniciaba la labor de mañana temprano; he visto salir el sol, sentado, con la puerta del balcón abierta, del día siguiente…

Cualquier obrero se ganaba el pan con tantas horas de labor, yo no gané un solo centavo con la primera edición.  Lo poco que me pagaron no cubría los gastos de viaje’.”

Exploración juvenil…

Ha reiterado Gastón Gori:

“Estuve en La Forestal cuando tenía veinte años, paraba en el campo de un tío mío en el que viví por dos meses, que lindaba con los campos de la empresa desmontadora.

En el pueblo de La Forestal pasé unos días porque tenía un amigo de Esperanza que trabajaba allí como técnico en ella.  Todo lo que vi me llamó mucho la atención, pero en esos momentos no pensé en escribir un ensayo histórico sobre el tema.  Lo que sí hice fue un cuento donde un personaje era un obrero de allí.

Las cosas continuaron hasta que en 1950 quise hacer un trabajo sobre el tema, pero no tenía automóvil y me fui en ómnibus hasta Calchaquí (hasta donde llegaba el pavimento) y llovió en la ruta.  Entonces, no pude llegar hasta Vera.  En consecuencia, volví a Santa Fe, comprendí el inconveniente enorme que tendría para recorrer esa zona sin vehículo.  En definitiva, deseché el proyecto…

A fines de 1964, la propuesta de Platina para escribir una novela sobre la explotación del quebracho.  Propuse un estudio.  Investigaba a la mañana, a la tarde estudiaba todo el material y a la noche escribía.  En la búsqueda tuve mucha suerte porque cuando precisaba alguna documentación la buscaba y la encontraba.  Mi estudio abarca La Forestal en toda la provincia de Santa Fe y parte del Chaco.  Al margen de este libro, podría hacer otro libro con todas las anécdotas que me pasaron cuando investigaba…”

Acerca del éxito y otros riesgos…

Gastón Gori durante un diálogo fue interrogado acerca del “éxito” y contestó:

“Nunca se me ocurrió pensar en eso.  Ni necesito hacerlo para sentirme feliz con la vida que me tocó vivir como hombre y como publicador de páginas impresas.  El éxito no creo que constituya un valor por sí mismo, ni que sea apetecible para un hombre sensato, que vive tratando de no hacer daño a nadie ni que se lo hagan, a pesar de escribir temas en sí mismos polémicos, que son los únicos que valen la pena de ser escritos, en un país joven y problematizado.”  [77]

Gastón solía reiterar que prefirió usar seudónimo para evitar que los censores empezaran a perseguirlo no sólo en su labor literaria y los hechos demostraron que fue una decisión insuficiente para evitar que décadas después lo incluyeran en “una lista” con la intención de que lo controlaran, hasta el límite de disponer su cesantía.

Hechos que conmovieron a Gastón…

Es oportuno rememorar que a mediados de la década del ‘60, el gobernador Dr. Aldo Tessio, su amigo, inauguró una sala de exposiciones en la planta alta del Museo “Rosa Galisteo de Rodríguez” -27 de julio de 1965- y exhibieron obras de los artistas Esteban Luna y Poupée Tessio.

 

Sabido es que en la historia de los argentinos, el 26 de junio de 1966 se puso en marcha otro movimiento cívico-militar subversivo del orden constitucional: destituyeron al presidente Dr. Umberto Arturo Illia e inmediatamente anunciaron la autodenominada Revolución Argentina. El 28 de junio de 1966  comenzó el Onganiato y fue leído el Estatuto de la Revolución Argentina y en el cuarto considerando destacaron: “Que es intención del gobierno promover la participación de sectores representativos del pueblo argentino en la preparación de las más trascendentes iniciativas”.

El 19 de julio, en el Boletín Oficial publicaron el texto completo con los objetivos políticos y fines de esa revolución:

“…II – Objetivos particulares. /…/ “B. En el ámbito de la política interna. 1) Promover un espíritu de concordia, de solidaridad y de tolerancia entre los argentinos; restaurar en el país el concepto de autoridad, el sentido del respeto a la ley y el imperio de una verdadera justicia, en un régimen republicano en el que tenga plena vigencia el ejercicio de las obligaciones, derechos y libertades individuales”.

El 29 de julio de 1966 intervinieron las Universidades y prohibieron las actividades políticas de los centros de estudiantes. Esa noche, el Ingeniero Fernández Long Rector de la Universidad de Buenos Aires -egresado de esa institución- y la mayoría de los decanos, no acataron la ley que establecía el reemplazo automático en cuarenta y ocho horas, con funcionarios designados por el Poder Ejecutivo. Cinco facultades fueron ocupadas por estudiantes y el gobierno ordenó que los desalojaran; distintos medios periodísticos informaron que “una represión desmedida se ensañó con los estudiantes que fueron apaleados por los efectivos policiales brutalmente. Varios profesores también fueron golpeados salvajemente”. Detuvieron a ciento cincuenta personas aproximadamente, un tercio lesionadas y luego, sucesivos relatos completaron la tenebrosa trama de la noche de los bastones largos.

El 28 de septiembre, Dardo Manuel Cabo y María Cristina Verrier con veinticinco personas, desviaron un “DC4 de Aerolíneas Argentinas” y aterrizaron en las Islas Malvinas; esa noche Onganía emitió un comunicado sobre ese Operativo Cóndor: “Es prerrogativa del Gobierno Nacional, ejercitar los derechos que la Argentina mantiene sobre las Islas Malvinas en forma constante y enérgica ante los organismos internacionales y en negociaciones diplomáticas”.  Calificó a ese grupo como “aventureros facciosos” y anunció que ellos y “sus instigadores serán sometidos a la Justicia para que proceda con todo el rigor de la ley”.

En agosto de 1967 con el argumento de preservar “la seguridad nacional”, el gobierno difundió el texto de la Ley Nº 17.401 de Defensa contra el Comunismo, en evidente contraste con las actitudes de otros gobiernos, ya que Rusia y Estados Unidos, fortalecían sus relaciones, España las mantenía con Cuba y promovía la extensión a la Europa Oriental y la Alemania Federal empezaba a vincularse con el Este.

 

Al gobernador de Santa Fe Dr. Tessio lo reemplazó el Gral. Eleodoro Sánchez Lahoz y el 5 de agosto de 1966 comenzó la gestión del gobernador de facto Contralmirante Eladio Modesto Vázquez.

Una vez más, los civiles colaboraban con quienes detentaban el poder.

El Contralmirante Vázquez nombró Ministro de Educación y Cultura al poeta e historiador Dr. Leoncio A. F. Gianello – y comenzó su gestión el 10 de agosto de 1966. Durante esa jornada también asumió el Subsecretario de Educación y Cultura el destacado escritor Leopoldo Chizzini Melo; ambos cercanos a Gastón en los caminos del arte literario.  [78]

 

Gastón, seguía siendo ¡maestro! ¡el que enseña!…

aunque alguna absurda resolución ministerial ordenara su cese.

Con los ejemplos de su fecunda obra, sigue siendo ¡MAESTRO!

1968: aproximación al arte de vivir y convivir…

 

La trayectoria de Gastón Gori revela sucesivas claves acerca del arte de vivir y de convivir.  No perdió tiempo en imaginarse vanos éxitos y supo ser ejemplar en torno a los valores éticos que son el sustento de una amistad perdurable.

Sucesivos reconocimientos son la prueba irrefutable de su conducta solidaria y ecuánime.

Su palabra oportuna ha destacado generosamente los méritos de distintas personalidades.

Pedroni y “el definitivo brillo de la inmortalidad”.

Desde el sureste se desplazaba silenciosa la brisa, cuando sorpresivamente el 4 de febrero de 1968, trascendió desde Mar del Plata, que había iniciado su último Vuelo el poeta esperancino José Bartolomé Pedroni, el Hermano Luminoso, como lo nombrara Leopoldo Lugones desde la Nación, en junio de 1926.

 

A Gastón Gori -amigo a perpetuidad-, le encomendaron la misión de expresarse en aquellas circunstancias:  [79]

“En nombre de las instituciones culturales, deportivas y de bien público de Esperanza, cumplo con la dolorosa misión de despedir los restos mortales del querido amigo, del magnífico poeta José Pedroni.

Su muerte es un penoso desgarramiento que nos ha dejado de pronto en la ciudad con la perplejidad de haber perdido al hombre ilustre que la supo convertir, en un momento dado, en la capital nacional de la poesía, cuando todo el país volvió sus ojos hacia estas tierras de siembras y ganados para decir su nombre, Pedroni, que era entonces, como lo es ahora, decir poeta que trabaja, poeta maravilloso de la maternidad, poeta del hombre libre, poeta del amor al hombre que cada día espera que en el mundo haya paz, haya justicia también para los humildes de las fábricas y de los campos, poeta del hombre que quiere un mundo donde quepan todos los sueños, y la belleza y el amor total de la humanidad fuera como el pan que se parte para todos en la mesa familiar.

Esta Esperanza de las siembras históricas donde Pedroni creó sus más bellos poemas, donde transcurrió su fecunda vida, donde sus ojos vieron lo que todos veían, pero él penetrándolo en su esencia poética; esta Esperanza por cuyas calles caminaba, como todos, pero que  él las poblaba de ensueños; esta Esperanza donde hablaba con sus vecinos, pero vigilante su espíritu a lo más excelente del pueblo; esta Esperanza de su vida y de sus libros, que tuvo en él el símbolo de lo más hermoso del corazón de sus hombres y mujeres, se ha cubierto de un profundo silencio con lágrimas por la muerte de Pedroni pero también de un silencio en el que Pedroni, el poeta, se yergue elevado en el recuerdo de sus versos, de esos versos que fue sembrando como quien siembra levadura de fe, confianza en la poderosa riqueza del espíritu humano que es capaz de entregarse al ensueño, como si sólo el ensueño justificara el paso del hombre sobre la tierra.  Desde Esperanza dio todos los mejores días de su existencia, para que el pueblo de su patria, hallara en sus poemas la resonancia de su propia voz.  Y como aquellos colonizadores que cantó; aquellos que después de haber hundido la primera reja en la tierra no la abandonaron más; como aquellos también poderosos en la ilusión del trabajo agrícola, Pedroni permaneció fiel -sereno y confiado- a la ciudad de sus poemas inolvidables de su juventud, fiel a la ciudad de su fecunda madurez, a la ciudad donde su corazón amó, padeció, hasta sus últimos días, hasta que, como si fuera el mar un remedo de pampa, la muerte le apagó allá la voz, le apagó allá la vida transitoria, y le encendió el definitivo brillo de la inmortalidad.

Nosotros los esperancinos, es cierto, lloramos su muerte desde que es imposible evitar este dolor, pero venimos también a recogernos en la admiración de una vida que dio a la patria toda la maravillosa riqueza de su poesía, a una patria a la que sólo le pidió que no dañara los derechos a la libertad, a la justicia, y que no se desviara del ideal argentino de paz.

La nación ha reconocido en él a uno de sus más grandes poetas, y si aun sus esperanzas de ciudadano están por alcanzarse, nos deja sus versos, donde el pueblo puede seguir aprendiendo su lección de hermosura, su fervor pacifista, y la noble y pausada palabra conque resumió, verso a verso, admiración por el obrero y respeto por su herramienta.  El luto de nuestros corazones, es un tributo a su muerte, es un dolor con lágrimas, pero bien sabemos que para un poeta como él, aunque hasta las estrellas se cubrieran de luto, siempre habrá algo más potente, algo que está más allá o más acá de la muerte individual, y es ello la humanidad, la eterna humanidad, la que adquiere un alto sentido cuando un poeta es capaz de enaltecerla con la propia nobleza de su espíritu.

Esperanza padece esta muerte, y desde aquí, y desde este momento, sus habitantes saben que el renombre conque Pedroni revistió de versos sus hazañas campesinas, se alza en la fama, aunque se alce, eso sí, en la honda pena de su muerte.

Pedroni has vivido en la tierra que amaste, nosotros te dejamos en ella, dueño de tu eternidad.”

Poema de Gastón evocando a Pedroni…

Gastón Gori escribió un Poema a Pedroni, décadas después seleccionado para la edición de Poemas de nacer y de vivir editado en 1995, cuando Gastón cumplió ochenta años:  [80]

A tu tumba fuimos dos,

llegamos con una rosa

Reynaldo y yo.

Una rosa y una lágrima,

José Pedroni, cantor.

Y luego, Mónica vino

con su emoción.

Mónica mi hija,

que te conoció.

La que lee tus cartas,

y tus poemas de amor,

al hombre sencillo

como Reynaldo, como yo.

Te lo digo, Pedroni,

como lo dijeras vos

si estuvieras aquí,

hablando los dos.

Tú con tus cabellos blancos

y tu suave voz;

yo con mi palabra recia,

estatura a lo Gastón,

y ese amarte siempre

por tus libros o por vos.

A tu tumba fuimos,

no a tu casa, cantor,

fuimos al sitio del llanto,

a la piedra del dolor.

Allí cruzaban pájaros

de sencillo color;

la rosa en la tierra blanda,

la rosa del albor.

¡Amabas la sombra, el agua

y el sol!

Pero nosotros sabemos

de la rosa y de tu amor.

Miramos la blanca piedra

Reynaldo, Mónica y yo,

con ojos doloridos

de lágrima y amor.

José Pedroni: no has muerto,

no estás aquí, en la tierra;

estás en el universo,

estás vivo en la estrella.

Aquí venimos Reynaldo y yo

y Mónica con su emoción.

¿Dónde dejar esta rosa

que es para vos?”

 

1968: Gastón Gori, presidente de una delegación argentina.

Sabido es que en la Argentina, el teniente general Juan Carlos Onganía detentó el poder desde el 29 de junio de 1966 hasta el 8 de junio de 1970 cuando asumió la Junta de Comandantes de las tres armas: Almirante Pedro Gnavi, teniente general Alejandro Agustín Lanusse y Brigadier General Carlos Alberto Rey.

Misión  en Montreal…

En 1968 se celebró en Montreal -Canadá- la “Conferencia Hemisférica por la Paz en Vietnam” y Gastón Gori participó como presidente de la delegación Argentina.

En la nevada plaza donde el novelista Alfredo Varela generó un fotograma, estaban desnudas las ramas de los árboles y en su interior, se generaban las transformaciones necesarias para generar el nacimiento de nuevos brotes. Gastón estaba abrigado, apoyada su mano izquierda en uno de los originales bancos ubicados en hilera. Algunas huellas sobre la nieve delatan la proximidad de otras personas, que aparentemente habían caminado en una misma dirección.

En aquel tiempo, el pueblo vietnamita seguía soportando los horrores de la guerra entre Vietnam del Norte y Vietnam del Sur -aliado de Estados Unidos-, mientras por distintos medios de comunicación trascendían imágenes y comentarios referidos a las posibilidades de extensión del conflicto armado.

Una crónica destaca que: “mientras tanto, los norteamericanos que ese año hicieron frente a la ofensiva de Vietnam del Norte y continuaron hasta fin de año con los crecientes bombardeos de saturación sobre ese país del sudeste asiático, causando miles de bajas también entre la población civil, vieron impotentes cómo la repetición de atentados personales llevaba a la muerte de dos reconocidas personalidades.  Con tres meses de intervalo morían asesinados el líder de la no violencia y Premio Nobel de la Paz Martín Luther King, y el senador demócrata Robert F. Kennedy, quien se perfilaba como el candidato más firme para alzarse con la nominación de su partido para las elecciones presidenciales que finalmente catapultaron al republicano Richard Nixon a la Casa Blanca.”

 

El teniente general Juan Carlos Onganía seguía detentando el poder y el ministro del Interior Guillermo Broda tras confirmar que en Taco Ralo -provincia de Tucumán-, estaba operando un grupo guerrillero dirigido por Envar El Kadre, un joven de 27 años, organizador de las denominadas Fuerzas Armadas Peronistas -FAP- donde también militaba el ex-sacerdote Arturo Ferré Gadea.  Esa noticia produjo en la población un impacto emocional semejante al percibido cuando se informó que en la Clínica “Modelo” el equipo de cardiocirugía dirigido por el argentino Dr. Miguel Bellizi, había realizado el primer trasplante de corazón -del donante Emilio Tomasetti, afectado por una irreversible lesión cerebral-, al paciente Antonio Enrique Serrano que falleció al cuarto día.

El ministro se animó a decir: “No creo en el peligro de un brote guerrillero en el país” y los hechos demostraron que se había equivocado una vez más…

En Europa había distintas manifestaciones; invasiones y tumultos: en París, el tres de mayo se iniciaron confusas movilizaciones de jóvenes estudiantes que generaron barricadas y con la consigna La imaginación al poder,  siguieron manifestándose hasta el 13, cuando ya se habían sumado las organizaciones obreras y se iniciaron las ocupaciones de fábricas de modo que el presidente general Charles De Gaulle, tuvo que interrumpir un viaje a Rumania.  El 20 de agosto, la población checoslovaca se manifestó contra las tropas del Pacto de Varsovia que habían invadido ese país.

Estos datos son insuficientes para interpretar las circunstancias que en distintas latitudes, influían en el ánimo de los participantes en la Conferencia Hemisférica para la Paz en Vietnam y aún para tales integrantes, resultaría compleja la exacta expresión de sus emociones y sentimientos durante ese popular encuentro.

Algo que se suele reiterar es que Gastón Gori es un escritor comprometido con la Literatura y la Política y también es correcto manifestar que Gastón Gori–Pedro Raúl Marangoni,  es un hombre comprometido con el destino de la humanidad.

1969: “Esperanza – Madre de Colonias” – Ensayo

El libro titulado “Esperanza – Madre de Colonias” es la “Publicación Nº 1 del Museo de la Colonización” y se editó por decisión unánime de la primera Comisión de doce miembros, designada por el Intendente con mandato por un año, presidida por el Prof. Lionel Robert, siendo vicepresidente el Rdo. Padre Rubén González; secretaria Nydia Imhof y Directora del Museo la señora Lidia C. de Sciolla.

Gastón, abogado, historiador… y esencialmente poeta, necesitó empezar ese libro evocando lo escrito por la chilena Gabriela Mistral:

 

“El surco está abierto, y su suave hondor

bajo el sol semeja una cuna ardiente.

¡Oh, labriego, tu obra es grata al Señor!

¡Echa la simiente!

Nunca, nunca el hambre, negro segador,

a tu hogar se llegue solapadamente.

Para que haya pan, para que haya amor,

¡echa la simiente!”

 

Al dar vuelta la página, Gastón destaca: “No se trataba de fundar una ciudad, ni un pueblo, sino una colonia de agricultores, con familias europeas, honestas y laboriosas.”  /…/  “Las chacras de nativos, en las que trabajaban por lo general negros libertos, no pasaban de ser pequeños sembradíos sin gravitación en las exigencias de un estado moderno para el siglo XIX.  Y además, la manumisión de los esclavos con la supresión del trabajo gratuito, había disminuido la productividad de las explotaciones agrícolas que los utilizaban, desde que aquellos agricultores preferían liberarse del trabajo de la tierra. /  Con respecto a Santa Fe, la situación no variaba.  ‘Las habitaciones situadas fuera de la ciudad estaban siempre rodeadas de vasto terreno, en el cual se cultivaban con cuidado, hermosas plantaciones de naranjos, durazneros y otros árboles frutales; se cultivaba maíz, papas, algunas legumbres para uso doméstico y sobre todo tabaco y algodón que además del uso casero, daba margen a un pequeño negocio lucrativo para el propietario.  Con la supresión del trabajo no pagado, todos los cultivos terminaron poco a poco y las guerras civiles concluyeron por destruirlos disminuyendo en la población los hombres y arrastrando a menudo en sus peripecias, la devastación de las propiedades”.    p. 12-13

Tales habían sido las impresiones que se grabaron en la memoria de un protagonista en la fundación de la colonia: don Carlos Beck-Bernard quien necesitó expresarlas en el libro editado en Lausanne, nueve años después.

Gastón en el pie de página, indica que ese párrafo es “traducción inédita de Lutecia Piarrou de Campana“.

Destaca luego que hasta el invierno de 1855, “Santa Fe era desierto de monte virgen por el norte, y por el oeste, llanura de asiento de Esperanza”… y que “esas grandes extensiones de gramíneas, pajales y cardales, bajaban hacia el sur sin hallar el estímulo de una población que interrumpiera aquella soledad geográfica, o solamente hallábase la presencia obstinada en la llanura central, de algunos hombres osados que confiaban en la multiplicación de la hacienda la aventura de poseer tierras. /  Inexistentes los caminos, por innecesarios, por no tener población que comunicar, así como faltaba puente construido sobre el río Salado por donde cruzar”…  p. 16-17

Explica también, cuál era la realidad en “la ciudad de Santa Fe, generosamente llamada ciudad con sus 6.517 habitantes en 1857, sin más aliciente para su desarrollo, que las promesas de un futuro hacia el que se encaminaba con tropiezos de inexperiencias y con administraciones públicas que no desdeñaban, por necesidad, recurrir a préstamos privados -no empréstitos públicos-, para suplir la carencia de fondos en tesorería…”

Esa descripción, induce a una  valoración acerca del esfuerzo de los pioneros que cuando llegaron a la llanura luminosa tuvieron que empezar por construir los ranchos para instalarse con sus familias y al mismo tiempo, trabajar para romper tierra en la Colonia Esperanza y para sembrar esperando que ni las sequías, ni las mangas de langosta, ni las excesivas e inoportunas lluvias arruinaran la cosecha.

En el capítulo octavo, Gastón Gori destaca que “la llegada, pues, tiene el significado de un hecho trascendente y la de los primeros se produjo el 27 de enero de 1856. ‘Grande fue -dice Beck Bernard testigo de la época- la sorpresa cuando se vio entrar en el puerto las goletas llenas de cabezas, y que pocos instantes después la playa se llenaba de hombres, mujeres y niños, con blusas de lana, con bonetes suizos, cuyas maneras bruscas y sus modales pesados contrastaban con las costumbres corteses del país.  La llegada de los primeros colonos ha quedado grabada en el recuerdo como un suceso memorable’.  Castellanos recomendaba que el recibimiento fuera tal que los inmigrantes sintiesen la hospitalidad de su nueva patria.  Dan una idea de la simplicidad de costumbres, los agasajos de cocina criolla de que fueron objeto”…

Y como Gastón es un historiador de primera -no de segunda como suele calificar a quienes sólo copian lo escrito por otros-, comenta que en el “legajo 51 – Doc. Nº 71” consta que compraron “el mismo día 27 de enero, cien kilos de fariña, doscientos zapallos, doscientos cincuenta kilos de papas, y doscientas sandías… Por supuesto que si no se menciona la carne en esa compra, es porque las reses eran de propiedad de la provincia, procedentes de sus estancias.”  Explica a continuación el resultado de su investigación en el Archivo de Gobierno (marzo 31 de 1856):

“No tenemos constancia de qué alojamiento tuvieron los inmigrantes en la ciudad de Santa Fe puesto que durante la noche custodió sus equipajes el alférez Cirilo Morcillo, a quien se gratificó por haberse quedado una noche de guardia.

El recibimiento, que comenzaría con agasajos y con elogios, tuvo sus primeros inconvenientes: los ranchos de la colonia no estaban terminados.  Los inmigrantes fueron conducidos en carretillas de cincha -carretas livianas sin toldo generalmente utilizadas para acarreos en la ciudad- a la Estanzuela, que era un establecimiento que en 1843 había adquirido el general Pascual Echagüe, ubicado en Guadalupe” y que “fue asiento de la Comandancia General de la frontera sobre el Chaco”.  Destacó Gastón que “constaba el edificio principal de tres grandes habitaciones rodeadas de galería y probablemente de otras construcciones para peones y galpones; al frente -según informaciones del Dr. José María Funes- existía un monte sobre la orilla de la laguna, donde estaba estacionada una vanguardia de soldados.  A juzgar por las dimensiones de la Estanzuela y sus dependencias, su capacidad quizá no era suficiente para contener bajo techo a todas las familias alojadas, mientras esperaron su traslado a la colonia, donde se continuaba trabajando en la instalación de los ranchos.”  Luego Gastón alude a “los constructores de los ranchos… paisanos de conchavo e indios… cavaban pozos los morenos José Andara y Sebastián Migues“; también eran criollos quienes “condujeron caballos y bueyes que dos peones vadeaban en el paso de Mihura… llevaban, guiando carretas, harina, tijeras, puertas y ventanas”… y también “uno de los carpinteros era Tiburcio Quinteros, todos apellidos criollos; y muchos de ellos subsistieron con descendientes en Esperanza.”  p. 67-69

Así comenzó a forjarse “Esperanza, madre de Colonias”… y Gastón Gori para reiterar con precisión el número de “familias fundadoras” tuvo en cuenta los datos anotados por “Ricardo Foster responsable de informar al gobierno, Adolfo Gabarret y Genaro Yanis con funciones similares”.  Ricardo Foster dice el 27 de diciembre de 1956” -tres meses después de la llegada del contingente-: ‘El número de las familias con contrato para recibir concesiones llegadas a la colonia, fue de 196, dos de estas se evadieron, y otra, la de Benz, sucumbió, de manera que quedaban 193 cuando tomaron cuenta los actuales directores agrícolas don Genaro de Yanis y Adolfo Gabarret.   Y en su registro censal anota un total de 1161 habitantes extranjeros en la colonia en 1856, con una diferencia en menos de 326 personas con respecto a Castellanos“… p. 85

Es oportuno tener en cuenta que en torno a este tema, el Museo de la Colonización seis años después, editó otro trabajo de investigación de Gastón, titulado “Familias Fundadoras de la Colonia Esperanza”.

Gastón en el párrafo final de “Esperanza – Madre de Colonias”, expresó:

“Si las colonias San Carlos y San Jerónimo fueron émulas de Esperanza, Humboldt nacería en 1868 como primogénita opulenta de su fecunda capacidad para crear colonias.  Había confirmado para Argentina, lo acertado de la orientación de su política inmigratoria, pobladora del desierto y fundadora de su expansión cerealista.  Esperanza es símbolo agrícola de esos tiempos nuevos que conmovieron basamentos sociales y económicos de la nación Argentina.”  p. 99

Gastón Gori y la Historia del Museo de la Colonización…

A fines del siglo diecinueve, Cristian Nelson que demostró ser un estudioso y entusiasta esperancino, instaló en 1901 el Museo Colonial que fue reconocido por Ley 1067/01-06-1901 por la legislatura provincial, autorizando al Poder Ejecutivo a “contribuir con la suma de $ 150 mensuales para el sostenimiento del “Museo de Agricultura de Esperanza”, segunda denominación no tenida en cuenta porque se lo siguió nombrando como en su origen y durante ese período “desplegó una labor intensa que trascendió los límites de la provincia, pero subsistió unos pocos años”.

Sabido es que en 1936, los esperancinos Pedro Raúl Marangoni, y Armando C. Bruera, publicaron una revista al celebrarse el octogésimo aniversario de la fundación de la “Colonia de la Esperanza” y en una de esas páginas proponen: “Crear en nuestra ciudad un Museo Histórico -Agrícola- Documental, cuyos elementos podrían ser suministrados desde todos los pueblos de Las Colonias, por los habitantes que posean objetos y documentos de valor histórico.  Y hacen esta reflexión: ‘Claro está que no es tarea a realizarse en poco tiempo, sino a través de años”, tal como se ha reiterado en una publicación de 1984, cuyas fotocopias estoy releyendo por atención de la escritora y secretaria de la Comisión Prof. Rosa Mayo de Marcuzzi (octubre de 2003).

Tres años después, se realizó el “Desfile Histórico” organizado por la Comisión Popular de Festejos presidida por el Sr. Alfredo Villanueva y significó la demostración de la voluntad de los descendientes de los primeros colonos porque el 8 de septiembre de 1939 se exhibieron útiles de labranza e implementos agrícolas en buen estado de conservación.

Esa experiencia generó en las autoridades una toma de conciencia acerca de la importancia de la preservación del patrimonio cultural y “representantes del departamento Las Colonias presentan un proyecto a la Cámara de Diputados de la provincia” a los fines de que se autorizara al P.E. a “invertir hasta la suma de 70.000 pesos para construir, de acuerdo con los estudios que realice oportunamente el departamento de Obras Públicas, un edificio destinado al “Museo de Historia Agrícola” que se creará en la ciudad de Esperanza” (aparece así el tercer nombre…)  En el art. 2º del proyecto, se establecía que “el edificio será construido en el terreno que actualmente posee la provincia, sito en calle San Martín esquina Gobernador Lehmann” y en los siguientes estaba previsto que “el museo estará destinado a coleccionar, documentar y conservar los elementos de trabajo agrícola, desde la época de la Colonización hasta la actualidad”; que el personal técnico será provisto por la provincia y el P. E. reglamentará sus asignaciones, como también la presente ley.”

Tal como sucede a comienzos del siglo XXI, ese proyecto terminó en uno de los tantos archivos de las comisiones.

Impulso en 1945…

Tras el movimiento cívico militar del 4 de junio de 1943 fue Encargado del gobierno el Tte. Cnel Benito Oiz durante veinte días, luego asumieron los Interventores Federales Cap. de Navío Julio Cárrega; Ingeniero Miguel Argüelles; Coronel Arturo Saavedra y desde el 24 de marzo de 1945, el doctor Oscar Alfonso Aldrey vinculado al destacado esperancino Dr. Leandro Santiago Meiners.

Seis años después del último proyecto, el interventor Aldrey firmó el decreto Nº 16.775 del 29 de octubre de 1945:   [81]

“Artículo 1º. Créase el ‘Museo de la Colonización’ en la ciudad de Esperanza, que reunirá los primeros útiles de labranza y elementos de trabajo empleados en la Colonización, como así también los testimonios que se refieran a la misma”.

Mediante el siguiente artículo “Desígnase con carácter ad-honorem, una comisión de vecinos”, en el tercero consta que esa comisión la integran: “Comisionado Municipal Dr. Mario Mahiue; Jefe de Policía, Don Juan Meiners; Rector del Colegio ‘San José’, R. P. Edmundo Arán; Don Luis Grenón; Sra. Isabel Heer de Beaugé y Escribano Público, Don Serafín Mijno“, incluyéndose por el art. 4º  en “el proyecto de presupuesto para el año 1946 una partida destinada a atender los gastos que demande la creación del Museo de la Colonización… Fdo. Leandro Meiners, Raúl Rapela“, ministro de Gobierno e Instrucción Pública.

(En ese tiempo, Meiners fue candidato a gobernador y obtuvo la mayoría de votos, no alcanzó a asumir porque un certero tiro de pistola determinó el momento de su último Desprendimiento mientras estaba en Buenos Aires.  Declaraciones de la señora Edith Maillard de Meiners al periodista José López, en el primer lustro del siglo veintiuno indican que “fue asesinado, pese a que se intentó aparentar un suicidio, esto no fue lo que quedó claro para la gente del político. [82]

Recién estaba generándose el Partido Peronista, ya que para los comicios del 24 de febrero de 1946 las boletas del “Partido Laborista” fueron las oficializadas para la fórmula “Perón-Quijano” como candidatos a Presidente y Vicepresidente; la fórmula “Meiners-Pardal” en la provincia de Santa Fe…)

 

Al recibir esa “Comisión de Vecinos” el Expte. J. Nº 639, Libro 44, originado en la Jefatura de Las Colonias”, “cuyo extracto era la habilitación del Museo de la Colonización en el ‘Palacio Lehmann’…”, nota emanada del ministro Rapela se plantearon diversas situaciones que impidieron “la adquisición mencionada”.

En consecuencia, por no disponerse del “ambiente físico indispensable para la instalación del Museo, quedó sin efecto.  Una vez más, otra postergación que prácticamente significaba retroceder casi medio siglo si se tiene en cuenta que ya en 1901 se había instalado el primero: “el Museo Colonial”…

Año 1946…

Tras el triunfo de los candidatos de las listas impulsadas por el coronel Perón, el 4 de junio de ese año asumieron las nuevas autoridades y el Dr. Raúl von Mende asumió la intendencia de Esperanza.

La Comisión Popular Permanente organizadora de los actos del “Día del Agricultor” le solicitó que se creara “un museo de carácter histórico, con los mismos objetivos que inspiraron a los anteriores fundadores y con el nombre: Museo Municipal, pero con doble carácter “Museo Histórico de la Colonización Agraria” y “Museo de Bellas Artes y de valores esperancinos”.

1955…

Diversos cambios en la administración municipal significaron otra postergación, hasta que mientras detentaban el gobierno representantes de la autodenominada revolución libertadora, la Comisión conmemorativa del centenario integrada por residentes esperancinos -también por el poeta galvense José Bartolomé Pedroni-, por unanimidad aprobó el documento que expresaba: “La Comisión Conmemorativa del Centenario, con el derecho natural que le asiste de haber dado realidad al denominado Museo Colonial y de ser éste resultado de la concurrencia generosa de los más diversos sectores de la población que han contribuido con documentos y útiles valiosos, atenta a la función eminentemente cultural de dicho organismo, y movida por el propósito de rodearlo del máximo calor popular que lo vigorice y lo ponga a salvo de toda contingencia, resuelve dirigirse al señor Comisionado Municipal solicitándole que mediante la acordada correspondiente ponga al expresado Museo -recientemente incorporado al acervo del municipio- bajo la dirección y protección de una comisión de seis vecinos, que actuará ad-honorem y de la que estarán en situación de dependencia el o los funcionarios del Museo que la Comuna crea oportuno designar.”

Cincuenta y cinco años después, el Museo Colonial que puso en marcha el esperancino Nelson comenzar el siglo veinte, fue inaugurado con la dirección del “Sr. Blas Chiabrera, un silencioso e infatigable investigador del Archivo Municipal y autor del Digesto 1861-1906”, lo nombraban Museo de la Colonización y debieron esperar más años hasta lograr el edificio donde pudieran desarrollarse con estabilidad.

Bienio 1962-63…

Otro cambio de gobierno generó otras decisiones.  El 13 de enero de 1962, siendo intendente el Sr. Juan Breques, mediante ordenanza Nº 1198 -ratificada por la Nº 1044-, se creó el “Museo Histórico de Esperanza” que sustituía al Museo de la Colonización, y que estaría a cargo del Departamento Ejecutivo, funcionando en la Casa Municipal, eliminándose el cargo de “Director”.

Siendo comisionado municipal el Sr. Mario Stinson firmó el Decr. Ordenanza Nº 402 del 30 de marzo de 1963, creando la Comisión del citado Museo y mediante el decreto siguiente, designó como miembros a Srta. Enriqueta Feller, Sra. Lidia Castro de Sciolla; Señores Pío José Guala, Carlos A. Althaus, José Bartolomé Pedroni, R. P. Rubén González Alderete, Pastor Otto Faber, Eduardo Marcuzzi, Guillermo Meiners, René F. Deforel, Alberto A. Dumortier y Horacio A. Cursack“.  Durante un año fue presidenta la Srta. Feller y secretaria la señora de Sciolla y ese mandato se prolongó; la comisión reorganizado planteó su disidencia acerca del nombre asignado y así logró que lo siguieran nombrando Museo de la Colonización porque los vecinos opinaron que con aquellas decisiones “se amenguaba el valor de un acontecimiento que tuvo la virtud de conmover y transformar el campo santafesino” porque en el proyecto original, se había tenido en cuenta la epopeya de los primeros agricultores que fundaron la “Primera Colonia Agrícola”.  En el mismo documento, pidieron que fuera patrimonio del municipio, y el principal objetivo “según lo revelan las actas del Libro 2º del Museo, fue la adquisición de un local adecuado para la instalación permanente y definitiva”.  Mientras tanto, presentaron varias Muestras de significativo valor para la comunidad.

 

(Sabido es que desde entonces, la señora de Sciolla ha seguido perfeccionándose en Museología y continuó en la dirección de ese destacado servicio cultural hasta 1984, tal como consta en la revista publicada ese año y que ha servido para elaborar esta breve reseña histórica.)

1970: Primer Premio – Fundación David Sadovsky

Gastón Gori en su libro “La tierra ajena, drama de la juventud agraria argentina” analiza la situación generada por la concentración de población en ciudades con alto índice de industrialización y en consecuencia, el éxodo de jóvenes hacia esos lugares debido a las crecientes dificultades en sus pueblos.

El 5 de noviembre de 1970 se realizó un acto público en la sede de la Sociedad Cultural Israelita I. L Peretz -de la capital de la provincia de Santa Fe-, como homenaje a Gori al ser distinguido con el “Primer Premio” otorgado por la “Fundación Sadovsky” teniendo en cuenta ese interesante trabajo de investigación.

Valoración de Pedro Orgambide

Es interesante tener en cuenta que en Buenos Aires, en 1970 se editó la “Enciclopedia de la literatura argentina” y en esas páginas, Pedro Orgambide acerca de Gastón Gori quedaron más señales acerca de la trayectoria de Gastón Gori:

“Narrador, poeta, ensayista.  Ha realizado una amplia labor como investigador de la ‘pampa gringa’, en la que junto a una seria documentación histórica es posible apreciar una prosa segura, por momentos colorida, siempre adecuada a los temas que trata.  Su descripción de la odisea de los inmigrantes, la llegada a la tierra, se transforma en relatos autónomos, más allá de su valor documental.  En sus cuentos y novelas se advierte un conocimiento profundo de los seres y el paisaje, los mismos en parte que ocupan sus afanes de historiador.  Sólo que aquí, como es natural, lo dramático o la inclusión lírica se dan en términos estrictamente literarios.  En la vasta obra de Gastón Gori, temas y géneros son recurrentes y complementarios.  ‘Vagos y mal entretenidos’, por ejemplo, adelanta una tipología como aporte a la obra de José Hernández, pero que es a la vez, un pintoresco muestrario, válido en sí mismo.  ‘Vidas sin rumbo’ (1943), ‘El camino de las nutrias (1949), ‘La muerte de Antonini’ (1950), ‘El desierto tiene dueño’ (1958), forman su obra narrativa. ‘Mientras llega la aurora (1942) y ‘Se rinden los nardos’ (1945), su labor poética.  Estudió, también, la obra literaria de Anatole France y de Eduardo Wilde.  Con todo, sus trabajos de sociología e historia -11 títulos- eclipsan en parte al narrador, a la vez que lo continúan; ya que el escritor está siempre presente más allá del rigor de la estadística, del hecho cierto que Gastón Gori no pocas veces recrea con belleza.”  [83]

(Treinta años después, Pedro Orgambide seguía vinculado a Gastón Gori y escribió el prólogo para la reedición de “El pan nuestro – Panorama social de las regiones cerealistas argentinas” concretada por la Universidad Nacional de Quilmes en noviembre de 2002.

Estaba previsto que Orgambide fuera el orador en un acto de presentación en la Universidad Nacional del Litoral pero lamentablemente, el cáncer lo venció…)

1971: “La narrativa en la región del Litoral” – Ensayo

Gastón Gori, lector perseverante, así como leyó las obras de los clásicos y de diversos autores de distintas nacionalidades, supo valorar oportunamente los aportes de los escritores argentinos y entre ellos, los trabajos de quienes se expresaban desde la región litoral.

La Universidad Nacional del Litoral, a comienzos de la década del ‘70, publicó algunas de sus interpretaciones y conclusiones en el folleto titulado “La narrativa en la región del Litoral”.

Disertación en Vera…

Durante la gestión del ministro de Educación y Cultura Prof. Ricardo Pedro Bruera (03-08-1970 al 25-05-1973), asumió las funciones de Dirección General de Cultura Eduardo Raúl Storni a partir del 16 de octubre y en ese tiempo, se incorporó como secretario técnico José María Junges (Director General de Cultura durante “el Proceso”) y luego eficiente co-operador del subsecretario de Cultura Dr. Jorge Alberto Guillén desde diciembre de 1983…

Continuó el desarrollo de diversas actividades de promoción cultural y Gastón Gori desarrolló un curso sobre “Pasado y futuro del Norte Santafesino” y “Futuro de la juventud agraria”, en la localidad de Villa Ocampo, departamento General Obligado.

1972: Año Internacional del Libro

A fines de 1971, en Bruselas (Bélgica) se difundió la Carta Internacional del Libro, firmada por diversas instituciones vinculadas al libro, editores, libreros, bibliotecarios.  Aquí, la reiteración del “Decálogo”:

“I.          Todo el mundo tiene derecho de leer.

  1. Los libros son indispensables para la educación.

III.    La sociedad tiene el deber de establecer las condiciones propicias para favorecer la actividad creadora de los autores.

  1. Una sana industria editorial propia es indispensable para el desarrollo nacional.
  2. Para el desarrollo de la edición resultan indispensables condiciones favorables para la producción de libros.
  3. Los libreros constituyen un vínculo fundamental entre editores y lectores.

VII. Como hogares del conocimiento artístico y científico y centros de radiación de la información, las bibliotecas forman parte de los recursos nacionales.

VIII. Como medio de conservación y difusión, la documentación sirve a la causa del libro.

  1. La libre circulación de los libros entre los países constituye un complemento indispensable de las producciones nacionales y favorece la comprensión internacional.
  2. Los libros sirven a la causa de la comprensión internacional y de la cooperación pacífica.” [84]

 

Hay que comprometerse con un sostenido esfuerzo cotidiano, para que algún día ese enunciado además de ser una correcta declaración, se pueda decir que es una loable realidad. Será cuando sin discriminaciones, todos los habitantes en todos los continentes, puedan ejercer el derecho a la lectura.

Percibo un misterioso murmullo que suena como ¡una utopía!

Entre tantos ecos, hay otras voces. Gregorio Weinberg ha destacado que “la cultura -entendida en su acepción más amplia- se ha convertido durante las últimas décadas en uno de los derechos humanos fundamentales”.

Señaló que “urge sostener que ningún desarrollo es posible sin cultura” y que por ello, “puede inferirse, sin mayores argucias ni articulaciones retóricas, el derecho de leer, que por sus alcances, excede con holgura el placer que deriva de una experiencia estética; esto de ningún modo significa subestimar la importancia de esta última dimensión del quehacer intelectual.”.

“El indio y la colonia Esperanza” – Ensayo

El Museo de la Colonización de Esperanza había editado en 1969 cuatro mil ejemplares de Esperanza, madre de colonias.  Luego las autoridades del Museo decidieron por unanimidad, editar El indio y la colonia Esperanza, segundo volumen de esa colección.  En la última página, está impreso el logotipo de “1972 – Año internacional del Libro” y esa edición fue terminada el 10 de mayo de ese año, en la Editorial Colmegna de la capital santafesina.

Como una advertencia insoslayable, el libro se inicia con un párrafo de un discurso pronunciado por Nicasio Oroño en el Senado, durante la sesión del 8 de octubre de 1869, reproducido en la primera edición del ‘Martín Fierro’, por José Hernández:

‘Parece que el despotismo y crueldad con que tratamos a los pobres paisanos estuviese en la sangre y en la educación que hemos recibido.  Cuando ven al hombre de nuestros campos, al modesto agricultor, envuelto en su manta de lana, o con su poncho a la espalda, les parece que ven al indio de nuestras Pampas, a quienes se creen autorizados para tratar con la misma dureza e injusticia, que los conquistadores empleaban con los primitivos habitantes de América’.”

Después de un minucioso estudio en torno a la presencia del indio en la Colonia Esperanza en el siglo XIX, Gastón afirma que “no fue un factor humano que intervino en los trabajos agrícolas -salvo en la instalación de la colonia- como tampoco los impidió ni obstaculizó con incursiones masivas”. [85]

Afirma que “en lo que fue el terreno destinado a la instalación de la colonia en 1855, no había indios establecidos allí, como también es exagerado decir que se trataba de campo cubierto de monte puesto que éste se extendía con característica de tal, fuera de los límites de la colonia, en el norte, hacia el río Salado.  No existe ninguna constancia documental que demuestre que los inmigrantes tuvieron que desmontar antes de labrar sus tierras, lo que no quiere decir que no existieran árboles más o menos aislados fuera de la formación del monte y de las ‘isletas’ y fajas de monte a ambas orillas del Salado, Cululucito y Cululú compuestas de aromitos, algarrobos y ñandubay, aumentando la anchura de la faja montuosa en las estribaciones del Chaco santafesino”.

“De los árboles que existían cerca del Cantón Iriondo se extrajeron horcones para construir ranchos antes de que llegaran los inmigrantes.  La llanura donde se delinearon las concesiones aparece sin monte en el plano que reproduce Cervera en su ‘Historia de la provincia de Santa Fe’ trazado antes de 1855 el que se determina allí bordea la costa derecha del Salado. Tampoco en un relevamiento topográfico mucho más preciso que el plano mencionado, anterior a 1859”, inserto en Colonización suiza en la Argentina, otro de sus libros, editado en 1947. p.10-11

El terreno elegido para la Colonia Esperanza, “ubicado a la orilla derecha del río Salado había sido propiedad del Brigadier General Estanislao López, y estaba protegida la zona contra el indio desde casi un cuarto de siglo atrás, por los soldados del cantón ‘Iriondo’ y que designaba Foster, en su informe con el nombre de ‘Reyes’ aludiendo al capitán que lo comandaba” y según ha dejado escrito Tomás J. Hutchinson.

Reitera Gastón que consistía “en veinte miserables ranchos, más o menos ordenados en cuadro, siendo un magnífico ombú, que se levanta en el extremo norte, su único adorno notable”. p. 44-45

“…Estaba próximo por el sur a las tierras de propiedad de Ricardo Foster y de Larrechea, y por el este lindaba con campos de Larrechea y Pujol, Josefa Pujol y tierras de Pintado”.  Comprobó Gastón Gori que “en 1837, es decir, diecinueve años antes de la llegada de los inmigrantes a Esperanza, se registran hechos armados contra los indios hacia el norte, en jurisdicción del Cantón Cabrera, ubicado aproximadamente entre lo que hoy son las localidades de Nelson y Llambi Campbell hacia la costa del Salado.”p.17

Según expresó el historiador Manuel Cervera en su “Historia de la provincia de Santa Fe” y lo reitera Gori:

“Procuró el general López que los vecinos se dedicaran a la agricultura, formando chacras y quintas en los alrededores de la ciudad, chacras y quintas destruidas por las invasiones de los indios y las guerras civiles”p.16-17

En consecuencia, Gastón vuelve a destacar que las destinadas a la colonia Esperanza, “no eran tierras de las que se debía expulsar previamente a los salvajes, cuyas más próximas tolderías se encontraban al oeste de Rincón del Quebracho y del Fuerte Soledad.  Es inexacto revestir con los contornos de la epopeya la lucha contra el indio en la colonia Esperanza: dentro de sus límites sólo hubo alarma y prevención…”p.11

Informa Gori que los primeros administradores de la colonia fueron Adolfo Gabarret -que también fue juez de paz- y Gerardo de Yanis y destaca que en la “prolija documentación” dejada por ellos, “no existe constancia que desde Esperanza se haya salido a combatir a los indios en cuerpos armados organizados con esa finalidad, ni que haya sufrido ataques la colonia” y las que se observan, “refieren a hechos de otro tipo, a robos y a homicidios, es decir, a delitos comunes en la campaña donde se apacentaba hacienda y donde la vigilancia era escasa, con represalias, a veces provenientes de inmigrantes, indiscriminadas y tan bárbaras como las acciones de los indios.  En cambio en otras colonias, como en Sunchales y Grutly, diez años después de fundada Esperanza, el indio actuó en incursiones desmoralizadoras así como en hechos delictuosos, que tanto podían causarlos los criollos matreros, como los montaraces o indígenas reducidos.”  p.12

Distintos documentos citados por Gastón, indican que entre los colonos había temor por algunos avances de los aborígenes y así fue como “el 21 de marzo de 1857 se había realizado una asamblea popular de agricultores y creado el cuerpo de milicia previsto en el ‘Reglamento’, se eligieron sus autoridades democráticamente.  ‘En el primer escrutinio resultó electo para Comandante Superior de Milicia el colono Federico Luis Carrel con 56 votos’, según comunicación de Gabarret.  Enseguida la mayoría de los concurrentes decidió ‘que por no hallarse todavía formados los cuadros, convenía que el Comandante Superior eligiese a los oficiales subalternos; fueron designados, sección este: José Fabre capitán de la Compañía de Infantería y Enrique Insinger Teniente del Medio Escuadrón; sección oeste: Juan Keller Capitán de la Compañía de Infantería y Adolfo Kees Teniente de Medio Escuadrón.” p. 87

“Más de doscientos hombres debieron ser convocados a esa asamblea, que eran todos los adultos pobladores de la colonia, jefes de familia. Es probable que la mayoría no haya concurrido, lo que se deduce de la cantidad de votos que fueron suficientes para que resultara electo el comandante superior.  Bastaron 56 sufragios, lo que supone que no más de cien fueron los agricultores reunidos en asamblea, pero esta cifra se reduciría si se tuviera en cuenta que el notable ascendiente de Carrel -siempre de destacada actuación en la colonia- inclinaría a su favor mucho más del 50% de los votos, apreciación también justificada por la confianza depositada en él al facultárselo para designar a sus subalternos”.  Advierte Gastón que “no existen constancias de que este ‘cuerpo de milicia’ designado en 1857 haya tenido actuación contra el indio… es probable que no haya pasado de un acto formal su constitución, pero sirvió de antecedente en 1859”.  Explica luego que el 17 de junio de ese año, Gabarret remitió una nota al oficial del ministerio de gobierno informándole que “algunos colonos se resisten a prestar el servicio reclamado por la seguridad pública, y que para que no queden burladas las providencias que exige el interés común, he considerado indispensable que el señor gobernador se digne librar órdenes terminantes facultándome para remitir en calidad de presos a esa capital, a los individuos que con su desobediencia dan un ejemplo muy pernicioso susceptible de acarrear sobre este establecimiento males incalculables.”  p.88

Se deduce entonces, que las familias colonizadoras de Esperanza tenían que organizarse para la autodefensa.

Es insoslayable otro testimonio de Gastón, en función de su vasta investigación en documentos y en bibliografía: “Toda la fuerza de la represión, persecución y muerte siguió cayendo sobre los indígenas y la pedagogía de las armas fue el procedimiento nefasto, trágico, para miles de habitantes que sin embargo, en las pocas colonias pobladas por mocovíes que sobrevivieron, demostraron sus aptitudes para formar núcleos de trabajadores agrarios, tan primitivos como los elementos de que disponían.  Fueron víctimas de la impaciencia, y en otro aspecto quizá también de la falta de recursos financieros de gobiernos provinciales que aspiraron a reducirlos sin alcanzar a organizarlos y dirigirlos de acuerdo con las necesidades, desde que resultara insuficiente la obra de religiosos que actuaron después de mediados del siglo XIX.

Habiendo logrado preeminencia la política de poblar con extranjeros agricultores, el indio fue relegado al último plano en carácter de enemigo, rompiéndose los vínculos pacíficos que existieron en el Chaco santafesino a favor de la protección del derecho de propiedad sobre el ganado primero, y represión de otros hechos delictuosos, y después para librar de su presencia las tierras que se entregarían a otros hombres, y que entrarían en los negocios de la época, sin que se continuara en forma generalizada y constante, la política de entrega gratuita de esas tierras a los agricultores aplicada en la colonia Esperanza con tanto éxito, y que no fue hecha a costa de los campos que habitaban los indígenas.” p. 94-95 

No duda Gastón cuando tiene que reflejar la realidad histórica y en la misma página es posible leer: “Los propósitos de exploración del río Salado y de colonización con indígenas que llevara Esteban Rams hasta Monte Aguará, concluyeron en la donación de 50 leguas de tierra que le hiciera el gobierno provincial y no se formó allí colonia o reducción de indios.  Hasta concluir las campañas militares de Jobson y Obligado, fueron combatidos hasta su virtual exterminio en 1876. /…/ El indio no tuvo en la constitución nacional disposición que contemplara específicamente su status en la sociedad argentina.  Por lo menos en la región del litoral, era incorporado a las milicias formando parte de ejércitos en algunos casos aunque no estuvieran reducidos, así como a éstos se les reconocía el derecho a tener tierra para trabajar.  Para la ley los indios eran habitantes del suelo argentino.  Llama la atención que en 1879, veintiséis años después de sancionada la Constitución, matar indios no fuera considerado como homicidio y que de hecho se aplicara la pena de muerte, dispuesta y ejecutada por colonos para sancionar el robo de ganado.  ‘Todos (los siete indios enterrados en Esperanza) tenían sombreros de paja ribeteados y algunos de ellos sacos de pieles de gamas y botones militares.  Algunos de los ponchos estaban remendados con paño de uniforme militar y en el bolsillo de un tirador, prenda que todos tenían, se encontró un juego de naipes, obra de ellos mismos, y en otro un Cristo groseramente trabajado en plomo’  -dice el cronista de ‘El colono del oeste’.  Por estos detalles, es posible suponer que se trataba de soldados y ex-soldados indígenas que habían servido en los fuertes en calidad de lanceros, (se les quitaron lanzas); el cronista calificaba a estos robadores de hacienda de ‘salvajes habitantes del desierto’…” p. 96

La responsable investigación de Gastón Gori, refleja su constante defensa de la Justicia y del Derecho.  Para que no queden dudas acerca del comportamiento de aquellos aborígenes que alguna vez transitaron por Esperanza, terminó ese libro reiterando lo escrito por Gabarret “cuya correspondencia oficial es de primer orden en cuanto a valoración”:

“Desde que la colonia ha sido planteada los indios no le han inferido ningún daño”…

“La tierra ajena” – Drama de la juventud agraria argentina

A principios de la década del ‘70, Héctor Grossi dirigía las ediciones “La Bastilla” y en la serie “Borrón y cuenta nueva” incluyeron el libro de Gastón Gori, premiado dos años antes por la Fundación David Sadovsky, terminándose la impresión en agosto de 1972, con tapa ilustrada por Olga Beatriz Falcón.

Destaca Gastón en la introducción, que “la realidad también envejece”.

Esboza el pensamiento de Juan Bautista Alberdi, “aquellas ideas que promovían el bienestar general, acentuadas en la inmigración y cultivo de la tierra”, concretadas en nuestro territorio argentino “con todos sus aciertos y todos sus defectos”.p. 8

En libros anteriores, se ha referido a cómo se fomentó la inmigración, a la formación de colonias y a la incorrecta distribución de la tierra; al ingreso de capitales extranjeros que en vez de contribuir a la prosperidad interna sirvieron para generar extraordinarios beneficios a las compañías o sociedades que los habían aportado, mientras el suelo y los bosques argentinos soportaban un creciente deterioro.

En “La tierra ajena”, Gastón incluyó textos legales y cuadros estadísticos referidos a diversos factores sociales, políticos y económicos; conclusiones en distintos congresos de federaciones agrarias argentinas.

Interesado básicamente en la solución de los problemas que debe enfrentar el hombre -en este caso los jóvenes campesinos-, abordó algunas dificultades observadas hasta entonces: el crecimiento de una pequeña burguesía agraria en ambientes rurales mientras descendían los índices de nupcialidad aunque “los solteros unidos de hecho”, criaban en un ambiente familiar a sus hijos, considerados ilegítimos porque estaban al margen del orden jurídico y en consecuencia, no podían heredar.  Aunque hay escuelas, sigue habiendo analfabetos, porque por necesidad -o por indiferencia- sucede con frecuencia que se prefiere el surco, el tambo y la fábrica, antes que las aulas y la biblioteca. Los jóvenes que vivían en zonas rurales, no disponían de propiedades, compartían las viviendas con familiares y trabajaban como peones u obreros.

Comenta Gastón otra de las perdurables tradiciones argentinas -en este caso santafesinas-, que se visualiza cuando se compara la información en los diarios de sesiones de la Legislatura de Santa Fe, y surgen incontables proyectos de ley que sólo han ingresado y pasado a comisión, archivados luego sin sanción alguna:

“En la provincia de Santa Fe, el senador Dr. Jorge Viale, en 1964, con la colaboración del ingeniero Julio A. Ferrarotti, presentó un proyecto sobre creación del Consejo Agrario Provincial de Transformación Agraria -no sancionado-” y proponían que “unidades económicas adicionales, serían destinadas a los hijos de productores de la vecindad que no dispongan todavía de elementos propios de trabajo.”  p.122

En la misma dirección, se promovían congresos de juventudes agrarias que se reunían en distintas localidades, impulsando acciones cooperativas tendientes a mejorar las condiciones de vida de los pobladores del campo argentino.  Los hechos están demostrando que tales esfuerzos fueron insuficientes, que el desarraigo en este comienzo de siglo XXI ya se ha extendido al límite de las fronteras internas; ya que también la vida en las ciudades resulta muy dificultosa y con la desindustrialización se incrementó el subempleo y la desocupación; con la desocupación se perdió el poder adquisitivo y sin un mínimo de recursos, tampoco era posible alcanzar adecuados niveles de formación y de educación.

Gastón ha dicho que El señor de los picaflores editados a comienzos del siglo veintiuno será su último libro editado y es hombre de palabra; aunque podría ser que sus amigos logremos otra decisión porque habría que difundir sus valiosos testimonios y su obra inédita. Quienes dialogamos con él y hemos podido escuchar algunas de sus conferencias, tras la lectura de casi la totalidad de sus libros editados, sabemos Gastón ha dejado suficientes palabras, críticas mesuradas, sobre el paradigmático  drama de los argentinos, que es la consecuencia de las actitudes de los enemigos de adentro y de afuera, que han impedido un armónico desarrollo social y económico, desde el 25 de mayo de 1810 o quizás desde antes…

Centenario del “Martín Fierro”.

Durante el “Año Internacional del Libro – 1972” en Santa Fe se desarrolló la Feria del Libro donde también fueron expuestos los libros editados por Gastón.

La Subsecretaría de Cultura de la provincia organizó actos en conmemoración del centenario de la primera edición de Martín Fierro, una de las obras de José Hernández más difundidas.

Gastón Gori fue convocado una vez más para pronunciar diversas conferencias referidas a esos temas, junto al escritor Raúl Gardelli.

1973: IV Centenario de la Fundación de Santa Fe

El diario “El Litoral” de Santa Fe, editó un suplemento especial titulado Santa Fe 400 ▫ 1573-15 de noviembre-1973, en  cuya tapa reprodujeron una acuarela del maestro Francisco Puccinelli, original composición que incluye en un primer plano un perro descansando cerca de una construcción colonial y de un aljibe; en un segundo plano un niño en bicicleta y detrás la imagen del convento de San Francisco, simbólicamente una reproducción del área fundacional, cuatro siglos después.

Con el título Acerca de las colonias fundadas con emigrantes en el siglo XIX, se reproduce una crónica elaborada por Gastón Gori:  p. 28-29

“Las primeras colonias agrícolas fundadas con inmigrantes inmediatamente después de 1853, fueron proyectadas por agentes privados de inmigración y colonización cuyo negocio consistía en obtener por ley o por decreto del gobierno, el compromiso del estado de concederles una cantidad equis de tierra pública (siempre en grandes extensiones) a cambio de que una parte de ella fuese poblada con inmigrantes extranjeros, y en lo económicamente secundario y propio de sus intereses, consistía en contratar en Europa con personas y sus familiares, formando grupos de cinco adultos, para que emigraran; por lo general les pagaban el pasaje, les proveían de herramientas agrícolas, a veces de vestuario y alimentos hasta la primera cosecha, pero todo eso significaba una deuda en dinero que era cobrada por los empresarios en Argentina, con intereses.  Adicional a esas obligaciones, el inmigrante colono debía entregar el tercio de sus cosechas (el 33%) al colonizador durante cinco años y si cumplía estrictamente con todos esos compromisos cancelando sus deudas, se le otorgaba el título de propiedad de la tierra, normalmente veinte cuadras cuadradas.  De donde resultaba que el concesionario de tierras públicas -llamado colonizador- se cobraba todas sus inversiones más los intereses; se cobraba además el 33% de las cosechas durante cinco años en especie, y después de todo eso se quedaba con veinte, treinta, cincuenta o más leguas de tierras públicas que le regalaba el estado por su preocupación por poblar la provincia, de que dan prueba numerosas leyes y decretos que mencionan a los adjudicatarios.  A pesar de ello, en muchos casos, no resultaba difícil al colono ser propietario y prosperar en su tierra, especialmente en aquellos que no habían contraído fuertes deudas en Europa con los empresarios.

A colonias fundadas hasta 1872 se las calificó con frecuencia de florecientes, pero era de público conocimiento que la interposición de los empresarios en la relación tierra-agricultor, perjudicaba el más vigoroso crecimiento y expansión de los trabajos agrícolas y de la prosperidad de los trabajadores campesinos inmigrantes o criollos.  El hecho de que el afianzamiento de las colonias se realizaba mediante el sucesivo reemplazo de inmigrantes que las abandonaban sin llegar a cumplir con todas las exigencias de sus contratos, está indicando que existían factores económicos que provocaban -ya en el siglo XIX- el éxodo de campesinos.  Y eso se dio con más frecuencia cuando del régimen de la entrega del tercio, se pasó a generalizar el sistema de concesionarios o propietarios de grandes extensiones obtenidas de gobiernos despilfarradores de tierra pública, que parcelaban y vendían a plazo imponiendo a veces condiciones de mayor provecho aún para ellos, como era la obligación de venderles las cosechas.  O vendría simultáneamente o inmediatamente después a generalizarse el sistema del arriendo, llamándoseles colonizadores a propietarios que trazaban y registraban los planos de subdivisión formal de sus tierras al sólo efecto de poblarlas con arrendatarios ocupando así una parte del campo y eventualmente de venderlas.  Es comprensible que este sistema repulsara al inmigrante y que haya contribuido a demorar un arraigo más numerosos de agricultores.  Si tenemos en cuenta que la mayor parte de ellos se dirigía a la provincia de Santa Fe, es evidente que el sistema los rechazaba puesto que en 1969 las cifras provisorias del censo agropecuario arrojaban la exigua cantidad de 57.074 explotaciones sobre una superficie de 12.120.340 hectáreas.

La colonización tal como se vino practicando desde 1856, con sus variantes y con las impuestas por la realidad en 1940 cuando se creó el Consejo Agrario Nacional, no tiene ya posibilidad de resolver el problema del aumento necesario de producción porque tampoco es practicable dadas las circunstancias económicas y financieras del estado argentino en el presente.  La colonización privada, por otra parte, ha dejado de tener vigencia y las parcelaciones de latifundios o de campos relativamente extensos se operan con lentitud, así como también prolifera el minifundio antieconómico.

Distintas épocas plantean problemas distintos.  Los métodos utilizados durante el nacimiento del movimiento colonizador correspondían a una etapa caracterizada por la política cuyo énfasis estaba puesto en la población del desierto, con inmigrantes.  Colonización e inmigración eran términos inseparables, no podía existir la una sin la otra, y con respecto a la tierra, se partía desde la base sin necesidad de expropiaciones.

La tierra destinada a colonias era pública, entregada a concesionarios y cuando se trataba de tierras de propiedad privada, ésta había sido adquirida mediante procedimientos legales que favorecían la obtención de grandes extensiones a quienes -según Miguel Ángel Cárcano- eran por lo general ‘favoritos y partidarios’, cuando no la obtenían como premios o reconocimiento de derechos posesorios.  De modo que aplicar un sistema de colonización u otro respondía a un criterio y a una realidad social y económica muy distinta de la que hoy es propia de nuestro país.  Ya el término inmigración no juega, porque los pueblos del mundo entero están en una situación distinta a la del siglo XIX y por lo general tratan de resolver sus problemas dentro de sus mismos países mediante cambios sociales y políticos, sin necesidad de emigrar como ocurría en el siglo pasado.  La emigración masiva y por consiguiente el ingreso masivo de inmigrantes en nuestro país, ya no sucederá, ni es propio de los planes agrarios de este momento.  Y en cuanto a colonizar como se hacía en aquel entonces, es insistir en remembranzas perimidas.  Los sistemas deben obedecer a una nueva realidad, que es consecuencia de aquel antiguo movimiento colonizador iniciado en Esperanza y extendido luego a todo el país, pero que dio sus frutos, y que no podrá volver a repetirse.

En todos los países del mundo ha llegado o llegará el momento en que deban reformarse las leyes que rigen la actividad agropecuaria y con ello todo lo relacionado con la tenencia de la tierra, según enseña la experiencia de numerosos países, europeos, asiáticos, latinoamericanos, africanos y seguramente que Argentina no es una excepción, como ha quedado demostrado en numerosos estudios, en conferencias nacionales, en el Congreso de la nación, y en congresos en los que intervinieran fuerzas de los más diversos sectores del agro y de la industria.

Las reformas profundas y necesarias, no tienen sucedáneos.  Estamos viviendo una realidad envejecida en ese aspecto, debemos construir, y sin demora, la nueva realidad argentina, la que responda a  las exigencias de hoy, en el orden interno y en el internacional.”  [86]

Gastón Gori con su notable pluma incesante, ha logrado ser un educador por el arte de vivir y convivir… ¡a perpetuidad!

1974: “Familias fundadoras de la colonia Esperanza”

En el diario “El Colono” de Esperanza publicaron diversos trabajos de investigación realizados por Gastón Gori en torno a “Familias fundadoras de la Colonia Esperanza”.  Con ese título, el Museo de la Colonización en 1974 concretó la “Publicación Nº 3, siendo “intendente municipal interino de la ciudad de Esperanza el señor Omar Barraguirre, secretaria de cultura la Sra. Ana María G. de Roche y directora del museo la Sra. Lidia Castro de Sciolla“, en funciones desde la creación, en 1968.

 

(Agradezco a la Biblioteca Popular “Francisco Soutomayor” de Esperanza, la gentileza de responder a mi pedido, enviando las dos publicaciones del Museo que no estaban en nuestra biblioteca familiar, ya que sólo había podido adquirir en la librería “Renacimiento” de Santa Fe, la edición Nº 2 de mayo de 1972, titulada “El Indio y la Colonia Esperanza”.  Esa actitud generosa hizo posible dejar las pertinentes señales en el recorrido por los Caminos transitados por nuestro admirable Gastón.)

 

 

 

 

 

Notas   II – Caminos entre gramilla y bosque…

[1] Braun de Borgatto, Silvia. Bajo la bignonia – Imagen y obra de Gastón Gori.  Santa Fe de la Vera Cruz, Distribuidora Litar S.A., abril de 1992, p. 89-90. Dedicatoria impresa: A Mario Borgato, mi esposo”. /  Leo una dedicatoria manuscrita: “A Nidia, por apoyarme en este sueño al fin, cumplido. Gracias. Silvia. Mayo. 92.”

[2] Capítulo – Historia de la literatura argentina. Fascículo 3. Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, agosto de 1967, p. 52-55. “III – Los contemporáneos (1940-…) por Roger Pla.

[3] Gori Gastón.  La pampa sin gaucho. Buenos Aires, EUDEBA, 1986, p. 7; 15.

[4] Ibídem, p. 23-25.

[5] Ídem, p. 51-52; 57.

[6] Íd., p. 71-72;

[7] íd. p..83, 85.

[8] íd. p. 97.

[9] Gori, Gastón.  Familias Colonizadoras. – Los apuntes de Carlos Beck Bernard.  El libro incluye una Semblanza de Gastón Gori, escrita por su amigo, el periodista y escritor Emilio Alejandro Lamothe (p.7 a 14); el interesante ensayo elaborado por Gastón acerca de tales Familias Colonizadoras (p. 15 a 42); reproducción de la primera página del original de los apuntes de don Carlos Beck, con la indicación “Archivo de G.G.” (p.43) y al final, incluye un índice alfabético de familias en dos columnas con 24 apellidos y nombres, en total 48, indicándose la página pertinente a cada transcripción de los apuntes en esa edición.

[10] Rosa, José María. Historia Argentina. t. 7. Buenos Aires, Oriente, 1992, p. 12.

[11] Beck Bernard, Charles. La République Argentine. Lausanne, 1865

[12] Gori, Gastón. Familias Colonizadoras. Ob. cit. , p. 16-18.

[13] Orbea de Fontanini, Nidia A.G. de San Carlos, llanura luminosa. (Párrafos del libro inédito dedicado al perseverante empresario Sr. Ricardo Gaminara.)

[14] En el “Índice de personas”, incluido Bourdin, página 59 y no hay datos sobre Bourdin.  En esa página, sólo anotaciones sobre trabajos de la Familia Dayer.  Téngase en cuenta que José Manuel Bourdin estaba casado con Juana Dayer, tenían tres hijas y con ellos vivía Antonio Nicolás Bourdin de 30 años, enfermo.

[15] Peretti, Gustavo D. Análisis del Departamento Las Colonias, p. 114.

[16] Braun de Borgatto, Silvia. Bajo la bignonia. Ob. cit., p. 47.

[17] Santa Fe. Diario “El Litoral” – “La comarca y el mundo”, viernes 12 de febrero de 1988, p. 8.

[18] Ibídem, p. 2

[19] Palabras preliminares en La muerte de Antonini. Santa Fe, Editorial Sudamérica Santa Fe; Colección “Biblioteca Fundamental Santafesina”, t. 1, 1992.

[20] Cárcano, Miguel Ángel. Realidad de una política. Buenos Aires, M. Gleizer Editor, 1938, p. 64-65.

[21] Gori, Gastón. La muerte de Antonini  Santa Fe, Editorial Sudamérica Santa Fe, “Biblioteca Fundamental Santafesina”  t.1, 1992, Palabras preliminares … p. IX

[22] Gori, Gastón. El pan nuestro. Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes, noviembre de 2002, p. 187-188.  Prólogo de Pedro Orgambide (Estaba prevista la presentación de ese libro cuando Gastón y él soportaban el avance de un cáncer de próstata.  Falleció el 19 de enero de 2003, a los 73 años, a las 11, mientras se afeitaba.) – Releo con emoción una dedicatoria manuscrita, “tipo imprenta” -dijera Gastón-, “porque no veo bien”..” Para mi muy querida amiga Nidia O. de Fontanini, con un abrazo Navideño lleno de deseos de felicidad.  Gastón Gori. Charito 25/12-2002”.

[23] Gori, Gastón. El pan nuestro. Buenos Aires, Ediciones Galatea, noviembre de 1958, p.153-164.

[24] Gori, Gastón. La pluma incesante. Santa Fe de al Vera Cruz, Editorial Litar S. A., 1984, p. 111-115.

[25] La UCRI -Unión Cívica Intransigente- apoyada por sectores del Justicialismo, obtuvo 4.049.230 votos y la fórmula de la UCRP -Unión Cívica Radical del Pueblo-, encabezada por el Dr. Ricardo Balbín: 2.416.407 votos; luego el Partido Socialista -doctor Alfredo Palacios-, 252.834 votos… En blanco: 699.415.

[26] José Luis Víttori integró el Grupo “Adverbio” y en 1955 participó en el libro titulado Trabajos I, junto a Basso, Hugo Mandón y José María Paolantonio.

[27] Orbea de Fontanini, Nidia A. G. San Carlos… la llanura luminosa. (Inédito). Es oportuno reiterar estos párrafos: “El historiador Schobinger advierte que el “primer grupo estaba formado por las familias de Fritz Götschi” –Goetschy– “de Rüttenen, cantón de Solothurn)… Jakob Reutemann (de Guntalingen, cantón de Zurich), Jorge Gschwind (de Therwil, Basilea), y los Premaz” -Premat– “del Valais).  Con Reutemann vino un hermano del varias veces mencionado Johann Allemann; a los Gschwind se unieron dos alemanes del sur, Meier y Stoll” (anotados en otros registros: Juan Meyer nacido en Reinach y Esteban Schell -o Scholl, el herrero que 27 de febrero de 1860 estaba ebrio y que Vollenweider anotó por tal motivo, siendo despedido el 20 de abril de ese año., de Hortherim). / “La familia Ramseyer (de Courtelary, cantón de Berna) vino contratada para trabajar en la granja modelo, aunque después la vemos trabajando una concesión.  En el curso del mismo año, llegaron las familias Sigel, Biedermann, Stettler, Houriet y Guinant“ o con la escritura familia de Ulises Guinand.  “De la primera época de la colonia son también nombres como los de Gunzinger” -excluido en la nómina de Gori, apellido “Gunzinger” correspondiente al destinatario de una carta escrita por Federico Goetschy cuyo apellido también escribían “Götschi”-; “Reutlinger, Stelzer, Taverna, Barbero, Rua, Reale, Gardiol, Didier, Bättig” –Baettig o Baetting-, “Dayer, Meyer, Rey, Bourdain” –o Bourdin-, “Kleinert, Madöry“ -o Madoery-, “Spuler“…

[28] Gastón Gori en su libro Familias Colonizadoras – Los apuntes de Carlos Beck Bernard 1859-1961 acerca de la concesión Nº 51,  inicialmente entregada a la familia Kappeler. En la página 43 hay registros a partir del 12 de octubre de 1859, indicando que había nacido una hija en diciembre del año anterior y un varoncito en esos últimos días. En la siguiente consta la visita de don Carlos el día 4 de abril de 1860: “…Kappeler sufrió el domingo un ataque, especie de parálisis, pero afortunadamente se encuentra mejorando; además tuvo desgracia de familia; un hijo se quebró una pierna. Se encuentra acá bajo nuestro cuidado para curación”.  Desde entonces, en esa familia aumentaron las dificultades hasta que Kappeler fue expulsado de la colonia”. Consta que en la concesión 51, desde el 10 de agosto de 1860 se hizo cargo la  familia Blank, “compuesta por cuatro personas adultas, cinco menores… La familia Blank se hizo cargo de la concesión de Kappeler en las mismas condiciones del contrato rescindido indemnizándole por la cantidad de $ 240.”; quienes “habían firmado un contrato redactado por don Carlos Beck el 9 de agosto de 1860. No figuraban los socios Rehman y Mariana Kennel, de manera que el convenio entre ellos se efectuó en San Carlos, ambos estaban al servicio de Blank“ -que no era agricultor-, “percibiendo salario”. / Es oportuno reiterar que en un registro de concesiones en la Colonia “San Carlos” está incluida  la familia Blank, integrada por: Juan Teófilo de 30 años, de Muri, Berna, Suiza y Magdalena Hofer de Blank de la misma edad; los niños Carlos Alberto Blank (4), Roberto (2); María Luisa, 6 meses. / Gastón Gori destacó en 1864 “que cuando se produjo el vencimiento del contrato, como sucedió con otras familias, Juan Teófilo Blank perdió ‘la concesión Nº 22’, ‘que ocupaba, con todo lo instalado en ella y además 27 animales vacunos, 2 caballos con marca de la colonia, un carro, un arado, un cultivador, una rastra’.” / Gastón Gori en esta novela El desierto tiene dueño nombra a Magdalena Hoffer, (apellido escrito con doble “f”), esposa de Ernesto Bourdin, a quien le habrían adjudicado la concesión Nº 22.  En los registros de la administración de la colonia, consta que esa concesión fue entregada inicialmente a la familia Reale, que el 12-10-1859 tenían el rancho terminado y tierra arada; la integraban personas nacidas en Vigone (Italia): Juan Reale de 64 años; Carlos Reale (43); Jacinta Tibalta de Reale (27); Juan Reale (13); Ludovica (9), Margarita (7), Constancia Jacinta (5) y Carlos Reale (2); con Pedro Giachetto de 25 años.

[29] Gori, Gastón. El desierto tiene dueño.  Santa Fe de la Vera Cruz, Centro de Publicaciones de la Universidad Nacional del Litoral, 1999, p. 15.

[30] Gastón Gori en otro de sus libros referidos a la colonización suiza en la Argentina, destacó que los Premat, “eran gente que no les faltaba el dinero; tenían una casa”, en Europa. Alejandro Premat había firmado el contrato con Beck-Herzog en Basilea, el 5 de febrero de 1859 y certificó las firmas el escribano Eleuterio Besser.  Esa familia ocupó la concesión Nº 31 y cuando llegaron, Alejandro tenía 34 años y lo acompañan Juanita Premat (63 años), Sofía Delavy de Premat (34), Juan Premat (32) y Juan Pedro Bartalay (36, porque exigían un mínimo de adultos para que pudieran realizar los trabajos cotidianos).  Don Carlos Beck anotó que el 5 de agosto de 1859 “la familia estaba en la colonia”.   Siete años después, Alejandro Premat soportaba “el peso de la deuda” y el 2 de abril de 1868,  como lo ha expresado Gastón Gori en otro libro referido a la colonización, el agricultor Alejandro Premat, ante la “imposibilidad de cumplir y satisfacer el importe y las condiciones de la escritura otorgada… al cumplir los cinco años del contrato de 1859, devolvía al vendedor, Sociedad de Colonización, la concesión número 31 con rancho, pozo, corral, árboles y el maíz que se hallaba sembrado y dieciséis animales vacunos, en pago de su deuda.  Declaró también que debía a E. Vollenweider dos bueyes mansos que le entregó con la condición de devolverlos dentro de cuatro meses o pagar $ 40.bol.”, es decir cuarenta pesos bolivianos. / Gori, Gastón. Colonización Suiza en Argentina. Santa Fe, Colmegna, 1947, p. 87: Gastón propone la lectura del libro titulado Los pionners de la colonización entrerriana escrito por Claudio Premat, probablemente vinculado por lazos de parentesco con esta familia que estuvo en San Carlos, precisamente en el tiempo en que se fundó la colonia San José en Entre Ríos.

[31] Bourdin en esta novela de Gastón Gori habría ocupado la concesión 22, que en realidad lindaba con la “Nº 21” donde está documentado que instalaron a una familia italiana, la familia Rua integrada por el matrimonio y tres hijos, todos nacidos en Vigone, Italia.  Estaba asociada a la familia Veroglio y les correspondía la mitad a cada uno, de la concesión y de las cosechas”.  Chiafredo Rua de 28 años llegó con Juana de Rua de 30 y las tres hijas: Margarita -siete años-, Catalina –cinco- y María, dos años.

[32] Gastón Gori en su libro sobre Colonización suiza en la Argentina destacó que “que días después de la firma del contrato de colonización, debido al fallecimiento de Claudio -el hijo de un año y nueve meses- del matrimonio Veroglio, en aquel documento “fue tachado su nombre haciendo constar su muerte”.

[33] Aquí Gastón alude a “la casa con techo de azotea” que pertenecía a Beck, a quienes administraban… mientras las viviendas de los colonos aún tenían techos de paja.

[34] En la historia de la Colonia San Carlos se reitera que en la Concesión Nº 42 se instaló la familia de Honoré Buffaz (46 años), con contrato firmado en Basilea bajo documento legalizado en Ginebra; viajó con su esposa Juana Bernard de Buffaz, de 57 años,; María Aldegonda Buffaz de Didier (35) y su esposo Félix Didier (44); con tres hijos, Fernando Blanchoz de 34 años.  Don Carlos Beck anotó que Honoré está continuamente enfermo y por eso se atrasa en los trabajos agrícolas.  El 11-11-1859, registró:  Su asociado Félix Didier murió; “es muy buena gente y ordenada”.  El 13 de enero, Beck anotó: “Se atrasaron algo por causa de la muerte del jefe de la familia señor Honoré Buffaz“ con constancia de que Lorenzo Didier lo ayudó y a partir de octubre fue quien asumió conjuntamente las responsabilidades en la concesión…

[35] Gori, Gastón. El pan nuestro. Buenos Aires, Ediciones Galatea, Nueva Visión, Colección “Argentina inédita”, 1958.  Segunda edición: Santa Fe, Editorial Lux, 1987.

[36] Gori, Gastón. El pan nuestro. Ensayo. Buenos Aires, Ed. Galatea Nueva Visión, 1958, p. 7-9. Segunda edición con el título El pan de los argentinos, Santa Fe de la Vera Cruz, Ediciones Lux, 1987. # El pan nuestro. Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes Ediciones, 2002, p. 13-15.

[37] Gastón Gori, El pan nuestro, ed. 1958, página 10. La numeración de páginas en los párrafos siguientes corresponde a esta edición y la pertinente a la edición de la 2002, entre paréntesis (UNL, p. 17)

[38] Gori, Gastón Inmigración y colonización en la Argentina. Buenos Aires, EUDEBA, 5ª ed., 1986, p. 65, p. 63.

[39] Ibídem, p. 70-71.

[40] Gori, Gastón. José Carmelo Busaniche. Santa Fe de la Vera Cruz, Municipalidad de la Ciudad de Santa Fe, abril de 1998, p. 24.

[41] Gori, Gastón. La pluma incesante. Santa Fe de la Vera Cruz, Ediciones Litar, 1981, p. 67.

[42] Gastón tras el título “Aníbal Ponce”, escribió: “Advierto que este discurso fue preparado para conmemorar en Santa Fe el 20º aniversario de la muerte de Aníbal Ponce (*) esta circunstancia explica el tono y, en parte, el contenido.  Me pareció oportuna la invitación del I.R.C.A.U. en el sentido de que lo pronunciara también aquí, en Mendoza, en momentos que delibera la V Conferencia Nacional.” Al pie de página (*) Pronunciado en la Sala Mayor del Museo Provincial Rosa Galisteo de Rodríguez, en mayo de 1950 y en Mendoza en 1959.”

[43] Gori, Gastón. La Pluma Incesante, p. 55-56.

[44] Ibídem, p. 67.

[45] Ibídem, p. 56-57.

[46] Ídem, p. 67.

[47] Braun de Borgato, Silvia. Bajo la bignonia. Ob. cit., p. 104.

[48] Gori, Gastón. La pluma incesante.  Ob. cit., p. 56-60.

[49]  Braun de Borgato, Silvia. Bajo la bignonia. Ob. cit., p. 47-51.

[50] Troiani, Rosa. Cuentos del Litoral. Buenos Aires, Ediciones Culturales Argentinas, p. 40-41.

[51] Señala Gori que El Hipo era una disertación preparada para el concurso del año 1870, cuando Wilde era practicante mayor de las Salas de Cirugía en el Hospital de Hombres e internos de los Lazaretos de Coléricos y Cirujano interno del Hospital Militar de la Nación; siendo presentada a la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos para optar al grado de doctor en Medicina, siendo premiada con Medalla de Oro por la Asociación Médica Argentina.

[52] La alusión a lo sucedido en el ocaso del siglo veinte, ha sido una experiencia personal en un ámbito aparentemente de “difusión y promoción de la cultura”…

[53] Echagüe, Juan Pablo. Páginas Selectas – Buenos Aires, Ediciones Argentinas S.I.A.; 1945, p. 286. Edición Homenaje del Instituto Argentino de Crítica Literaria presidido por Enrique de Gandia, siendo Jean Paul uno de los miembros de número.

[54] El señor Vicente Mastronardi era una persona de sólida formación, residente en la capital santafesina, casado con Delia de la Ballina.

[55] Damianovich, Alejandro. El proceso político institucional en Santa Fe entre 1942 y 1983.  En Nueva Enciclopedia de la Provincia de Santa Fe, tomo 3, Santa Fe, Ediciones Sudamérica Santa Fe del Lic. Amílcar Damián Renna, octubre de 1993, p. 98.

[56] Campana, Jorge. Crónica sobre la Política Cultural de los Gobiernos Santafesinos. Santa Fe de la Vera Cruz, Ediciones Culturales Santafesinas, 15 de noviembre de 1999, p. 87-89.

[57] Es oportuno reiterar que el 24 de julio de 1878,  en Buenos Aires se firmó el Tratado de Paz acordado por el gobierno nacional a las tribus encabezadas por los caciques Epumer Rosas y Manuel Baigorria.  Por el gobierno firmó el Teniente Coronel Manuel J. Oloscoaga y los caciques Cayupan y Huenchugner .alias Chaucalito- como representantes de los caciques principales Manuel Baigorria de Poita y Epumer Rosas de Lebuco, respectivamente.  En el art. 1º del Tratado se establecía que “habrá siempre paz y amistad entre los pueblos cristianos de la República Argentina y las tribus Ranquelinas que por este gobierno prometen fiel obediencia al Gobierno y fidelidad a la Nación de que hacen parte y el gobierno por su parte les concede protección fraternal”.  Esa protección esta enunciada en los artículos siguientes, con retribuciones mensuales en pesos bolivianos. Al cacique principal Epumer el gobierno le otorga 150.- pesos bolivianos por mes; 100.- al cacique Mariano hijos, Epumer Chico, 7.- para un trompa, 15 para un escribiente y 15 a un lenguaraz para cada uno.  En el art. 3º se establecían 150.- pesos bolivianos para Baigorrita, 7 para un trompa y 15 para un lenguaraz.  En el art. 4º indicaban la retribución mensual a Capuyan: 75.- bolivianos y 15 para un lenguaraz. También se otorgaba mensualmente 50.- pesos bolivianos a Yanguetauz Guzmán y 15 para un lenguaraz . En otro artículo, acordaron que el gobierno entregaría cada tres meses determinada cantidad de yerba, azúcar, jabón, aguardiente… Aparentemente una tradición entre los argentinos, porque aún a principios del siglo veintiuno para atenuar las protestas de los sectores de menores recursos se otorgan planes sociales que favorecen también a “los caciques” de la modernidad, que suelen ser quienes organizan y conducen las manifestaciones por las calles y rutas del país, algunos con las caras cubiertas y portando palos…

[58] Gori, Gastón. Inmigración y colonización en la Argentina. Buenos Aires, EUDEBA, 5ª edición, febrero de 1986, 88.  El autor cita: Cárcano, Miguel Á. Evolución histórica del régimen de la tierra pública. Buenos Aires, Ed. La Facultad, 2ª ed., 1925, p. 275.

[59] Ibídem, p. 95-96.

[60] Gori, Gastón.  El indio y la Colonia Esperanza.  Santa Fe de la Vera Cruz, Librería y Editorial Colmegna, Publicación Nº 2 del “Museo de la colonización”, mayo de 1972, p. 7.

[61] Miguel Ángel Roverano fue reelecto en varias oportunidades para ejercer la presidencia del Consejo Directivo de AMEP, demostró con obras su convicción acerca de la trascendencia del mutualismo.  Entre sus últimas iniciativas son insoslayables las acciones desarrolladas para mejorar los servicios del Sanatorio Rawson -en la capital de la Provincia, en 4 de enero entre Eva Perón y Abelardo Irigoyen Freyre-; para estructurar eficientemente distintas filiales y el plan de viviendas –convenio con FONAVI- que culminó con las construcciones que caracterizan al “Barrio Miguel Ángel Roverano” de la ciudad de Santo Tomé. Quienes lo hemos visto trabajar en los últimos años movilizándose en un sillón de ruedas, lo admiramos por su perseverancia y por su generosidad.  Su Último Desprendimiento: 12 de noviembre de 1992.

[62] A principios del siglo XXI, siendo Hugo Bouzón presidente de AMEP, se autorizó que el patrimonio bibliográfico de esa Biblioteca “Marcos Sastre” estuviera disponible en la sede del Departamento de Literatura de la Subsecretaría de Cultura de la provincia de Santa Fe, frente al convento y templo de San Francisco, en la capital santafesina.

[63] Gori, Gastón. La pluma incesante. Santa Fe, Litar S.A., 1984, p. 51-55.

[64] Gori, Gastón.  Inmigración y colonización en la Argentina.  Buenos Aires, EUDEBA, 1964; 6ª ed. 1988, p. 7.  Los números de páginas indicados al final de los párrafos, corresponden a esta sexta edición. # En 1964 Gastón Gori logró que la Editorial Universitaria de Buenos Aires publicara su libro Inmigración y colonización en la Argentina, tercera reedición en abril de 1977.  Nos regaló Gastón un ejemplar de esa edición, con tapas de diseño geométrico, bicromático, en tonos verdes; con una dedicatoria: “Para mi querida amiga Nidia O. de Fontanini y expresión de simpatía por su obra.  En mi afecto. Gastón. 1983.” Han cambiado las tapas, pero no ha sido modificado el texto; adquirí para donaciones algunos ejemplares de la sexta y última edición, la fotografía de la tapa nos sitúa frente a dos hombres que dialogan, uno con un niño en brazos, en un ángulo del terreno que circunda a un rancho de paja; la vestimenta nos sugiere que era otoño o invierno, porque todas las cabezas están cubiertas, se ven botas, hay mangas largas y bastante abrigo…

[65] Gori, Gastón. Inmigración y colonización en la Argentina.  Buenos Aires, EUDEBA, 3º edición, abril de 1977, p. 7.  Los números de páginas al final de las citas, corresponden a esta edición.  

[66] Cárcano, Miguel Ángel. Realidad de una política.  Buenos Aires, M. Gleizer Editor, 1938, p. 49

[67] Gori, Gastón. La Forestal. La tragedia del quebracho colorado.  Santa Fe, Litar S.A., 1983 (tercera edición que conserva el texto de 1965).  Se lee en una dedicatoria: Para Nidia O. de Fontanini y toda su familia, con nuestro abrazo Gastón, Mónica, Charito 5-9-83 (día del septuagésimo cumpleaños de mi madre: Francisca Álvarez Ramos de Orbea Suso; fallecida el 1º de agosto de 1999).

[68] Gori, Gastón. La Forestal – La tragedia del quebracho colorado.  Ob. cit., p. 147, 149-150.

[69] Ibídem, p. 168-169.

[70] Gudiño Kramer, Luis. Gastón Gori, su libro “La Forestal”.  Santa Fe, Edición Tupambaé, 1983.  En los párrafos siguientes, indicados los números de páginas pertinentes.

[71] Ibídem. Anotado en la página 11: “(1) Los títulos mencionados, fueron publicados con posterioridad. Nota del editor.”  1976: Pase señor fantasma.  Santa Fe, Ediciones Tupambaé (nombre elegido por Gastón, en guaraní “Tierra de Dios”. 1980: “El obsequio de los pájaros”, Santa Fe, Editorial Best-Seller.

[72] ACIEL (Asociación Coordinadora de Instituciones Empresariales Libres).  Tras la autodenominada Revolución Libertadora iniciada el 16 de septiembre de 1955 detentó las funciones de Presidente el General Eduardo Lonardi y expresó como lema: “Ni vencedores, ni vencidos” sin tener en cuenta que otros jefes de ese movimiento, el General Pedro Eugenio Aramburu y el Contralmirante Isaac Francisco Rojas ya habían arriesgado demasiado con el bombardeo del 16 de junio de ese año sobre la Casa de Gobierno y zona de la Plaza de Mayo y también durante esa última semana del invierno y en consecuencia, estaban convencidos de que había vencidos. Leonardi anunció que el gobierno promovía el principio de libre empresa; se puso en marcha el denominado Plan Prebisch.  Avanzaron en los convenios con la Bretton Woods, proyecto que Perón había enviado al Congreso Nacional para su tratamiento y que debió retirarlo por la presión de la oposición radical; fueron ratificados mediante el Decreto-Ley Nº 15.970/56 y la Argentina ingresaba al Fondo Monetario Internacional, adhería al Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, más conocido como Banco Mundial (un año después llegaron los primeros créditos y empréstitos). / Los libertadores, así como fueron disueltas otras organizaciones –incluso partidos políticos-, intervinieron la Confederación General Económica. El 30 de diciembre, Aramburu y Rojas mediante un decreto ordenaron la disolución de esa Confederación y la inhibición de los dirigentes. Ya habían previsto que la crisis debía ser soportada por los trabajadores, los pequeños y medianos empresarios: productores y comerciantes.  / El escritor Dardo Cúneo destacó que “ACIEL es el viejo país deformado en su mapa económico por la persistente preeminencia de los intereses del Buenos Aires portuario y en su mapa social por la preeminencia obstinada de los sectores de la exportación e importación en constante alianza con el interés extranjero en sus versiones de monopolios. Su enfrentamiento es pues con la CGE, en cuanto ésta es en el campo empresario proposición de unidad argentina, del desarrollo conjunto del país”.  (Reiteración de una síntesis elaborada por Javier Alonso. Líneas contrapuestas en la evolución de las entidades empresarias por Pablo Galetti, Director de la Asoc. Pequeñas y Medianas Empresas (APyME), Buenos Aires. # Están nombrados: Diputado José Gustavo Doldán, autor de Monopolio de la industria del quebracho, edición 1941 de la Cámara de Diputados de Santa Fe; Dr. José Gervasoni, autor de Los grandes latifundios de la provincia de Santa Fe, edición del autor, Santa Fe, 1923; diputado Belisario Salvadores (1921 – C.D. Ds.Ss. 20-05-1921, p. 240); diputado Anacarsis Leopoldo Acevedo, fallecido el 10 de septiembre de 1991 a los 85 años.

[73] Gudiño Kramer, Luis. Gastón Gori, su libro “La Forestal”.  Ob. cit., p. 12-13.

[74] Íd., p. 14-16.

[75] Gastón alude al acuerdo con Armando Pavletich, de Editorial y Distribuidora Litar, en la capital santafesina. A principios de la década siguiente, por tal consentimiento fue necesario que la Municipalidad de Santa Fe reeditara Nicanor y las aguas furiosas…

[76] Cita Diario El Litoral, Santa Fe, 31 de mayo de 1981, p. 7.

[77] Santa Fe. Diario El Litoral – La comarca y el mundo, viernes 12 de febrero de 1988, p. 8.

[78] El doctor Gianello publicó Casi Antología (Poemas) con esta dedicatoria impresa: “A la memoria de Leoncio Gianello (h). Poeta santafesino (2/11/34 – 16-5-74)”  Santa Fe de la Vera Cruz, coedición Editorial Colmegna y Sociedad de Escritores de Gualeguay (SEGUAY), 30 de abril de 1982.  Dedicatoria manuscrita: “A la talentosa ex-alumna Nidia A. G. Orbea de Fontanini, con el afecto de su viejo profesor. Cordialmente. L. Gianello / 82.” / Leoncio Gianello nacido el 12 de septiembre de 1908 en Gualeguay (Entre Ríos), desde su juventud residió en Santa Fe y falleció el 21 de junio de 1993. # Leopoldo Chizzini Melo, escritor corondino. Autor de “Los oscuros remansos”; “Tacuara y Chamorro” – 1ª ed. 1957, Edit. Castellví S.A., Santa Fe de la Vera Cruz); 3ª ed.. Castellví, 27 de septiembre de 1958. Con el argumento de esos cuentos en la década siguiente filmaron “Tacuara y Chamorro, pichones de hombres”. /  Chizzini Melo firmó el decreto del gobernador Vázquez que aprobaba el Reglamento para el funcionamiento del Servicio Provincial de Educación Privada.  

[79] Gori, Gastón. La Pluma Incesante. Santa Fe, Litar, 1984, p. 91-93.

[80] Gori, Gastón- Poemas de nacer y de vivir. Santa Fe, Ediciones de la Cortada-Imprenta Lux, 1995, p. 39-40.

[81] Conste que en la publicación mencionada, cedida por la Prof. Rosa Mayo de Marcuzzi, es nombrado el doctor Leandro Meiners como Interventor, aquí se ha corregido porque el interventor en la Provincia fue el Dr. Oscar Alfonso Aldrey. La confusión podría ser consecuencia de que el doctor Leandro Meiners durane esa intervención, fue ministro de Gobierno e Instrucción Pública siendo subsecretarios de Instrucción Pública el Prof. Mario Beney y luego el Prof. Horacio Varela siendo oportuno destacar que era la única subsecretaría, ya que la de Cultura se creó casi tres décadas después, en uno de los primeros actos del gobierno electo por el pueblo con mayoría Justicialista.  Es probable que el Dr. Meiners haya participado en la resolución favorable para la puesta en marcha del Museo de la Colonización…

[82] Edición Uno. La verdad, siempre.  Periódico editado en Esperanza, viernes 7 de octubre de 2005, contratapa, con fotografía de Eva Perón y al pie esta dedicatoria manuscrita: “Al Sr. Senador Juan L. Meiners y Sra. Cordialmente. Bs. As. 26-IV-47 María E. D. de Perón (días antes de su viaje -“oficial”- a España y otros países europeos.)

[83] Orgambide, Pedro. Enciclopedia de la literatura argentina. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1970, p. 293.

[84] Reiteración de Gregorio Weinberg, en la crónica titulada El libro, instrumento de cultura, de democracia y desarrollo. Buenos Aires, La Nación, domingo 31 de marzo de 1985, p.1, Sec. 4ª

[85]  Gori, Gastón. El indio y la Colonia Esperanza. Esperanza (Santa Fe), Museo de la Colonización, 1972, p. 9

[86] Diario El Litoral.  Suplemento especial –tabloide-: Santa Fe 400 – Noviembre de 1973, 40 páginas.  Crónica escrita por Gastón Gori, titulada Acerca de las colonias fundadas con emigrantes en el siglo XIX, p. 28-29.

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