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“La escuela de la Señorita Olga”

“La escuela de la Señorita Olga”.

1935: Olga Cossettini ante otro desafío.

Testimonios insoslayables.

Importancia de “los vecinos”.

Música.

Visitantes ilustres.

“La escuela de la Señorita Olga”

El cineasta Mario Piazza, nacido en 1940 en Estados Unidos y residente en la ciudad de Rosario (provincia de Santa Fe) desde los diez meses de edad, presentó el documental titulado La escuela de la Señorita Olga que comienza con imágenes y diálogos de niños asistentes a un taller de arte comentando sus impresiones acerca de “la Escuela” a fines de la década del ’80…

Una niña se animó a decir:

-Te tenés que quedar quietita y sin hablar.  La señorita es tan mala que cuando un alumno dice aaaa lo manda a la directora…

Enseguida otros opinaron:

                           -…es un régimen muy autoritario.

-Es un perdedero de tiempo porque al final vos, te lo estudiás y después te olvidás de todo.

-…la primaria sirve para entrar a la secundaria, la secundaria para la universidad y la universidad, ya no sé para qué sirve…

 

1935: Olga Cossettini ante otro desafío…

Leticia Cossettini, refiriéndose al año 1935 cuando Olga asumió la dirección de aquella escuela experimental, destacó:

“Olga llega a la Escuela con esa pasión, con ese deseo inmenso de conectarse con la gente y con el barrio y se encuentra ahí con un grupo de maestros que ya trabajaban por supuesto en esa Escuela.

El gran prodigio inicial de Olga fue conseguir lentamente, poco a poco, que esos maestros comprendieran sus postulados de la educación, se hicieran sensibles a las ideas que ella aspiraba aplicar dentro de las experiencias de la Escuela.”

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“Los planes eran los planes del Estado pero vivificados, vivificados diría yo, permanentemente, por una experiencia con la vida circundante, con la gente, con las circunstancias, de manera que barrio.-paisaje-escuela convivían en una armoniosa fraternidad.”

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“EL ARTE ESTABA EN EL VIVIR COTIDIANO PORQUE LA SENSIBILIDAD ESTABA EN EL VIVIR COTIDIANO”.

Testimonios insoslayables…

Un grupo de adultos que fueron alumnos de la Escuela Experimental Nº 69 “Dr. Gabriel Carrasco” del barrio Alberdi de la ciudad de Rosario cuando en ese lugar había “caminos pavimentados y de tierra”, siendo alumnos de las Señoritas Olga y Leticia Cossettini también lograron disfrutar de… “el encanto del río y de las islas”.

Mario Piazza incluyó en la filmación reproducciones de fotografías, láminas y documentos que esas destacadas educadoras por el arte han conservado durante décadas.

Es oportuno reiterar algunas manifestaciones de un grupo de ex-alumnos, quienes casi medio siglo después evocaron aquellas experiencias de enseñanza-aprendizaje.

Acerca de aquella legendaria ESCUELA y de sus vivencias como alumnos, una mujer necesitó decir: “nos jerarquizó, jerarquizó a todos los chicos”…

Se sucedieron imágenes de rondas, dibujos de los niños con árboles pintados con diferentes colores, canciones…

  1. “Una de las cosas más hermosas y fundamentales que me han ocurrido en mi vida: el primer día de clases nos hicieron observar el cielo, un hermoso cielo color celeste, después todos escribimos: el cielo es celeste.”

 

  1. “Observar la naturaleza, gozar con un cielo, ver las formas de las nubes, observar el follaje de un árbol, escuchar el canto de los pájaros, únicamente los que vivimos ese momento podemos darnos cuenta de lo que fue esa Escuela Experimental”.

 

  1. “Fue una escuela sin fila y sin campanas. Nosotros no conocíamos la formación en fila ni el tañido de la campana ni el sonido de ningún timbre estridente.”

 

  1. “…Salimos de los bancos en hileras para reunirnos en mesas de trabajo…”

 

  1. “…De una disciplina rígida, dirigida, pasamos a una… digamos… autodisciplina nacida del interior del niño hacia fuera…”

 

Un hombre dijo que aquella ESCUELA dejó “influencias decisivas”… y expresó:

  • La influencia de la escuela primaria tiene ese carácter en mi vida. Una cosa realmente extraordinaria. Me dio cosas que mi casa jamás podría haberme dado.  Una fruición de vida, una satisfacción de aprender, de descubrir…  Eso es o que hace que en los momentos importantes de mi vida… apele siempre a esa experiencia de la escuela… encuentro ahí como respuestas no verbales, pero impulsos, definiciones, sostén…

Otra mujer dijo:

  • Nosotros sentíamos que la música sonaba en el patio y ya sabíamos que era hora de poder salir al recreo.

Un hombre que en aquel tiempo ingresó en “cuarto grado” desde otra escuela provincial del centro, advirtió enseguida las diferencias en el sistema de educación:

  • “Nosotros acá hacíamos laboratorio… yo no había visto en todas las escuelas del centro qué era laboratorio…”
  • “Nosotros acá incluíamos plantas, bichos, insectos… los analizaban en el laboratorio… teníamos recorridos una vez por semana con la Señorita Leticia, a recoger inclusive plantas con flores o sin flores, que fueran extrañas para saber cómo provenían, cómo eran…”

Mientras ellos disfrutaban con esas experiencias, en distintos ámbitos escuchaban otros comentarios:

  • “Todos los días de excursión… ¡Qué manera de perder el tiempo!…”
  • “¡Están paseando!…”

Y nosotros, afirma una ex-alumna, a través de esos paseos aprendíamos Matemáticas Ciencias Naturales…  Después establecían la distancia recorrida, el tiempo… dibujaban las formas de los canteros y calculaban superficies; miraban una fuente y después, tenían que saber qué volumen de agua contenía…

Otra ex-alumna dijo:

– “Descubríamos la belleza de los rosales que acababan de florecer… o la hermosura de las hojas en otoño… que estaban cubriendo el suelo…”

Importancia de “los vecinos”…

En aquella escuela experimental, los alumnos se acercaban a distintas personas para interrogarlos: el albañil, el carpintero, “el viejo poblador que conocía todos los avatares del crecimiento de la pequeña ciudad”… participaban en ese proyecto educación permanente por el arte de vivir y convivir.

El dramático testimonio de “Don Pablo… chacarero que vivió en Alcorta” y que tuvo ciento veinte hectáreas de terreno”… indicó que a fines de la segunda década del siglo veinte, en “1930… una ola de miseria invadió al país”…  Comentó el chacarero con tristeza:

“-Salimos de Alcorta… ya no podíamos hacer frente a una situación así.”

 

Un ex-alumno destacó que con tales experiencias, lograban una “formación solidaria con el pueblo, con la gente”…  Mediante las “misiones culturales”… los niños llegaban a sectores postergados y dialogaban con esas personas acerca de la calidad del agua, de los insectos y los riesgos…

En la filmación, Mario Piazza reprodujo dibujos de los niños en sus cuadernos: lo observado con el microscopio; paisajes con originales árboles; un organillero…

Música…

Aprendían música sentados cada uno en su silla, escuchando conciertos grabados en discos: “Bach, Mozart, Beethoven” y luego les explicaban lo relativo a orquestación, a diferencias de sonidos.  Dijo un ex-alumno que así…

“Empezaban a aprender lo que era la música, no el bochinche…”

“Sentían… amor por la Belleza… tanto en la música como en la pintura… ¡el Arte en general!….

“Me enseñaron a apreciar la música, a gozar la música… A apreciar las pequeñas cosas que nos rodean, sobre todo a observar la Naturaleza”…

 

Visitantes ilustres…

Sabido es por sucesivas crónicas, que hasta la Escuela de la Señorita Olga llegaron artistas de distintas latitudes: el españolísimo Juan Ramón Jiménez, la talentosa Margarita Xirgu, la poetisa Gabriela Mistral -amiga de la distinguida doctora Marta Samatán, santafesina por adopción y también nacida en Iquique, Chile-; el titiritero Javier Villafañe; el físico y escritor Ernesto Roque Sábato…

Una ex-alumna recordando a Gabriela Mistral, dijo: “…tuve la dicha de estar en la falda con ella, sentada…” y con emoción evocaron el momento de la llegada de Margarita Xirgu:

“…recepción con pétalos de flores arrojados desde la terraza a la tarima donde ella estaba…”

En la memoria están grabadas una tras otra las palabras que Juan Ramón Jiménez escribió al comenzar su libro Platero y yo.

Una de las ex-alumnas, dijo:

-Platero… lo leímos completo, muy lindo libro… Nuestro libro de apoyo…

En su memoria quedó grabado como “un recuerdo imborrable… como aquel primer juguete…”  Durante la visita del “notable” Juan Ramón Jiménez, sintió que era un “hombre dulce… que dio cuatrocientos besos, uno por cada alumno… el último con la gracia del primero”…

 

Otra ex-alumna recordó a Javier Villafañe, un ser “…muy vital, que nos hechizaba, que nos hablaba de lo que eran los títeres…” y después comentó que cuando terminaron de armar el teatro de títeres, “una de las cosas más bellas de la vida… Leticia y Olga le pusieron el nombre de Javier Villafañe” y representaron la obra Platero y yo, en honor de Juan Ramón Jiménez.

También comentaron que como homenaje al poeta granadino Federico García Lorca, leyeron y representaron “La zapatera prodigiosa”

 

Con sonrisas rememoraron la celebración del Día de la Primavera y el concurso de barriletes…

Una niña en su cuaderno había escrito:

Hasta la muñeca tiene corazón de pájaro”…

 

Termina el documental con otro revelador testimonio de una ex alumna:

-“…una ESCUELA donde éramos felices realmente…”

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Durante el gobierno del Ing. Juan Hugo Caesar, el ministro de Educación, Justicia y Culto Dr. Raúl Rapela firmó el decreto que expresaba la exoneración de la pedagoga y escritora Olga Cossettini por disentir con determinadas orientaciones pedagógicas.

Una ex alumna recordó el momento en que su madre le comunicó esa decisión de las autoridades y ella, casi medio siglo después, reiteró que no podía comprender… que a su querida maestra… la alejaran así…

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Olga Cossettini siguió desarrollando su misión educativa y en distintas crónicas, han reiterado lo escrito por Francisco Romero en el prólogo del libro Escuela viva (Editorial Losada, Buenos Aires, 1945):  [1]

“… nuestra Olga Cossettini… pertenece a la familia de los que quieren los fines y se buscan los medios y cumplen una tarea cotidiana bajo el signo de la perennidad.  Mujer acreedora a aquellos loores a las calas mujeres de que gustaba el Renacimiento, y por más de un motivo, porque si es clara en el sentido de preclara e insigne, lo es también porque es ella misma claridad y obra de claridad la suya.  Y esa es luz potente y blanca, repartiéndose sobre todos y sobre todo, infundiéndose y adentrándose hasta convertirse en luz propia de cada alma y de cada cosa… En general, los niños de esta Escuela Feliz, con su sencillo aplomo, son su sereno atareamiento, con el tono de sus explicaciones y aun con sus silencios, con algo indefinible en sus gestos y en sus miradas, pregonan que han hallado en la Escuela algo definitivo y fundamental”…

Olga Cossettini, inició su Último Vuelo en Rosario, el 27 de mayo de 1987.

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Síntesis: Nidia Orbea Álvarez de Fontanini.

[1] Bertero, Gloria de Quién es ella en Santa Fe.  Buenos Aires, edición de la autora, 1995, p. 166-167.

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