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Ecos que el viento acerca al rio Coronda

Ecos que el viento acerca a Coronda.

Incertidumbre y asombro.

Siglo XVI.

1527.

Marzo a junio de 1536: hambre y combate de Luján.

Siglo XVIII

“Santa Fe – 1815”.

Bandera santafesina casi olvidada.

1816

02-03-1816: sublevación de Añapiré.

1842.

12-04-1842: combate de Coronda y escape de López.

05-07-1852: sublevación, huida y retorno de López.

15-07-1852: indulgencia y equívocos.

1856… división política departamental.

1858: datos.

1860…  proyectos en torno al río.

1864: nuevos caminos.

Un tal Nicasio Oroño… (1825-1904)

Gestos de Oroño.

1867.

Colonia “Corondina”.

1880.

1883

Inauguración de Hospital en Coronda.

1886.

Gálvez y el plan del gobierno en marcha.

1892.

Señales del siglo veinte.

Alfonsina.

Olga y Leticia.

Aromito.

Década del ‘40.

Década del ‘50.

López, José Ovidio.

Acerca de la Cárcel.

Presencia de Gastón Gori.

Ecos que el viento acerca a Coronda…

Ayer, tu nombre ¡Coronda!

Perfume de frutillas, diamantinas cartas

desde la otra orilla del oleaje bravío.

Luego, confluencia de miradas

más allá del río y de las islas

en el horizonte de los sueños compartidos.

Después, voces de niños en la costanera

rumor de amigos cerca de una esquina

Vivir viviendo, con amor y esperanza.

Asombro en la plaza perfumada.

Palabras en vuelo desde la biblioteca,

Jardín y pérgola, añoranzas, reflejos de luna…

Ya casi en el ocaso, la inevitable distancia.

Perduran latentes señales en la memoria

y en el aire, confluencia de suspiros

y lágrima evaporada.

Sábado, 10 de septiembre de 2005 – Hora 06:49:20

Ayer: Encuentro con escritores corondinos

en la XI Feria del Libro de Santa Fe.

Sala “Oreste Abiatte”.)

 

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Incertidumbre y asombro…

Es interesante otra aproximación al legado del historiador Andrés Atilio Roverano y en amarillentas páginas encontrar más señales y suficientes claves acerca de nuestra historia: descripción de sucesivos hechos a partir del siglo XVI, nombres de determinados hombres que se hallaron junto al río Salado[1]

Siglo XVI…

1528  – Expresa el historiador que “existe la posibilidad, muy remota por cierto, de que el primer encuentro con el río” haya  sido antes de 1543.  Sabido es que el 9 de junio de 1527, Sebastián Gaboto fundó el fuerte de Sancti Spíritu, “en la confluencia del Carcarañal con el Coronda” y que luego, “el veneciano disponía la partida de tres expediciones hacia el interior. Una que seguiría el río Curacuraz, es decir el Carcarañal; otra hacia los querandíes, al sur; y la restante hacia la región del caracarás, al norte.  Sólo regresó la primera, al mando del capitán Francisco César, quien trajo una suerte de fabulosas noticias sobre riquezas y tesoros que le habían proporcionado los naturales, no habiéndose podido establecer el itinerario realizado, sobre el que se han tejido muchas conjeturas y no poca leyenda.  De las otras dos, se ignora si regresaron.”  p. 39

         “…la que tomó rumbo norte”, es probable que la integraran “cuatro o cinco” hombres; que “hubiesen remontado el río Coronda, pues era la vía más natural que tenían hacia ese punto” 2 “en pocos días de marcha habrían podido llegar hasta la desembocadura del Salado”.  p. 40

 

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1527…

Más al norte, navegaron con las embarcaciones más pequeñas hasta la desembocadura del río Carcarañá, donde el 9 de junio de 1527, Caboto –o Gaboto-, ordenó la construcción del Fuerte de Sancti Spíritus mientras pacientes miembros de tribus timbúes y abipones miraban con asombro.  Llegaron luego unos guaraníes con sus canoas y avisaron que en el islote de San Salvador estaban con hambre y sin apoyo porque los dueños de la tierra y de sus frutos, se habían enemistado con los españoles. Ordenó Caboto la partida con una goleta para recuperarlos y que dejaran allá las naves mayores a cargo de Antón de Grajeda.  Embarcaron a aquellos hombres debilitados para que convivieran en  el nuevo Fuerte; soportaron vientos, lluvias e intenso frío.

Seis meses después, Caboto con un bergantín siguió navegando rumbo al norte, con ciento treinta tripulantes pasó por el río Coronda, brazo occidental del río Paraná y en esas circunstancias, los acosaba el calor y los insectos. Llegaron hasta el Alto Paraná, navegaron por los ríos Paraguay, Pilcomayo y Bermejo.

Las tres columnas que por orden de Caboto se dirigieron hacia el norte para seguir explorando esa zona.  Caminaban con dificultades entre tupidos montes de espinillos, altos pajonales, bajos cardos y ortigas, casi sin poder observar cómo volaban los pájaros y las mariposas porque tenían que mirar hacia el suelo para evitar más lastimaduras con las ramas secas, pequeñas piedras o la picadura de alguna víbora.  Comían poco, descansaban al anochecer cuando se acentuaba el monótono croar de las ranas y los sapos; andaban por nuevos caminos desde el amanecer.

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Fragmento de “Más allá del amambaé y del tupambaé”

“Historia – Hombres y hechos” (Inédito, 192 páginas s/ diagramar.)

Marzo a junio de 1536: hambre y combate de Luján.

En los primeros días de marzo, el Adelantado don Pedro de Mendoza y Luján aunque permanecía en reposo en su cámara generalmente leyendo -según lo relatado por cronistas e historiadores-, escuchaba los comentarios acerca de la falta de alimentos.  Dialogaba con su médico y su sobrino Gonzalo de Mendoza.  El doctor seguía imaginando el hallazgo del arbusto casi milagroso, el guayacán que sanaría a su paciente y amigo.  Don Pedro autorizó a Gonzalo para el embarque en el galeón Santa Catalina con doscientos hombres.  Debía llegar a las islas del Delta y el Brasil para conseguir víveres y traer lo que encontraran y fuera conveniente para diversos usos.

Regresaron meses después y explicaron que habían combatido con grupos aborígenes; que estaban desmoralizados y diezmados. Don Pedro les impuso un “castigo ejemplar” y luego con el propósito de escarmentar a los indios ordenó a Ayolas que saliera “río arriba con trescientos hombres”.  Le encomendó al almirante Diego de Mendoza ir hasta las tolderías y atacarlos: iban “300 hombres de infantería y 30 de caballería con las mejores armas del almacén”, acompañados por sus sobrinos Pedro y Luis Benavídez y con algunos destacados capitanes.

Al acercarse a un río, observaron algunos movimientos y cuando empezaron a atacar, advirtieron la bravura y habilidades de los indios.  Durante el combate murieron el almirante Diego de Mendoza, los Benavídez, Galaz de Medrano y todos los capitanes.

Hirieron a Pedro de Luján; el caballo se desbocó y galopó hasta la orilla de un río donde el español cayó muerto.

El tam-tam de los tambores congregó a otras tribus y los españoles se encontraron rodeados por una confederación de pampas que los atacaba arrojando flechas con fuego en las puntas y así incendiaban los techos de paja, las maderas de las embarcaciones.  A partir de ese momento aumentó el hambre y tres soldados fueron ahorcados por la matanza de un caballo para alimentarse.

El patético relato del alemán Ulrico Schmidel facilita la comprensión de la desesperación de los españoles porque contó que “otros tres”, se acercaron a la noche hasta aquellos cadáveres y empezaron a comerlos.

(Tras aquella lucha entre hombres con culturas diferentes, comenzaron las conjeturas. Han reiterado que en homenaje a Pedro de Luján empezaron a nombrar al río Luján, mientras otros opinan que esa denominación deriva de una voz indígena Huyan o Sehuyan, según la fonética castellana.)

Retirados los indios, don Pedro de Mendoza estaba en el real y se sentía desfallecer; necesitaba regresar a España y decidió dejar a Juan de Ayolas como sucesor en el Adelantazgo.  Ordenó que prepararan la Magdalena para la partida y esa misma noche, llegaron los bergantines de Ayolas anunciando las buenas noticias con salvas, porque traían bastimentos que les habían entregado unos guaraníes amigos que encontraron siguiendo la ruta de Gaboto y García, “brazo Carabelas, arroyo de las Tortugas, Paraná Guazú”, donde disponían de abundantes alimentos y también los orientaron hacia la posible ubicación “de las tierras de la plata”.

Habían pasado por las ruinas del Fuerte de Sancti Spiritu, siguieron navegando hacia el norte, entraron por un brazo del río Paraná que es el río Coronda, y mientras comentaban esos hechos advirtieron un notable contraste: el 15 de junio, día de Corpus Christi, mientras cerca del estuario habían soportado los combates e incendios, ellos estuvieron celebrando la instalación de la segunda fortaleza que nombraron así como homenaje.  Trabajaron con entusiasmo para que unos húmedos ranchos de barro y de totora rodeados por una empalizada, sirvieran como precaria protección de  Gonzalo de Alvarado y de los cien hombres que quedaron bajo su mando.  Ayolas dijo haber visto abundantes recursos naturales en aquella costa del norte y Don Pedro de Mendoza se animó a navegar hacia ese lugar. En las goletas y navíos aptos para avanzar contra la corriente del ancho río que los guaraníes nombraban Paraná -que significa “parecido o pariente del mar”-, embarcaron cuatrocientos hombres y en ese inhóspito lugar del Buen Ayre quedaron Francisco Ruiz Galán y cien hombres, con las naves Magdalena y San Antón, las más pesadas.

Fue en ese tiempo cuando empezaron a distinguir entre el estuario del Plata y ese río, porque hasta entonces todo era “el Plata”, reconocido así porque suponían que era el medio de comunicación con la zona de las minas.

En agosto de 1536, de mil quinientos hombres que habían partido de España, sólo quedaban seiscientos y novecientos habían muerto por el hambre o los combates, o estaban desaparecidos como sucedió con la tripulación de las naves Santa Catalina y Marañona, que se habían alejado de la flota y no tuvieron noticias durante casi doce meses.

Mientras iban navegando, resultaban insuficientes los alimentos y parte de la tripulación moría de hambre o fatigados por los esfuerzos con los remos. Después de un mes de continuos padecimientos, conmovidos porque todos los días  tenían que arrojar cadáveres al río y desalentados, sólo doscientos sobrevivientes llegaron en septiembre a Corpus Christi.  Allí se encontraron con la presencia del español Jerónimo Romero nacido en Sevilla en 1585, sobreviviente de la expedición de Juan Sebastián Gaboto -o Caboto- y compañero del capitán Francisco César, quienes hacía ocho años que vagaban por esa zona, enloquecidos y repitiendo la leyenda del Rey Blanco que vivía “en un palacio de plata” y vestía “un traje imbricado en metal”.  Insistían en que ellos podían acompañarlos hasta ese lugar, pero a Don Pedro le interesaba más que encontraran el arbusto nombrado guayacán.  Decidió instalar el tercer real, cinco leguas abajo de Corpus y lo denominó Nuestra Señora de la Buena Esperanza, como símbolo de su confianza.

Allí, Don Pedro de Mendoza dormía sobre un catre armado con hojas de palma y su médico le advertía que si quería llegar a España no debía postergar la partida.  Convencido más por el dolor que por las palabras que el doctor Zamora le repetía, nombró a Gonzalo de Alvarado a cargo de Buena Esperanza y a Carlos Douvrin en Corpus Christi, con sólo dos docenas de hombres en total.  p. 38

Siglo XVIII

(En torno a “Rosario”…

2004 – Congreso de la Lengua…)

Otra parte de las tierras en que se encuentra Rosario pertenecieron a la Estancia San Miguel, propiedad de los jesuitas, que le habían comprado en 1719 al hijo de Antonio de Vera Mujica. En 1724 se establece Santiago de Montenegro e instala un molino, industria que fue muy primitiva porque recién un siglo después se utilizaron los hidráulicos o a vapor.  Se ha destacado que “con anterioridad a 1725, los habitantes de donde hoy existe la ciudad de Rosario, era tan escasa que no había una autoridad especial. Se dependía directamente de la gobernación de Santa Fe, que a su vez dependía de Buenos Aires.
En Santa Fe se elegían dos alcaldes ordinarios y de la hermandad. Los de “hermandad” tenían autoridad indistintamente en todo el territorio de la ciudad. En 1725 se elige especialmente un alcalde de la Hermandad para el Pago de los Arroyos, el mismo funcionario tenía también a su cargo el distrito de Coronda”.

Los padres franciscanos también agruparon a algunos calchaquíes y se establecieron en el lugar conocido como Pago del Salado pero las frecuentes invasiones de los primeros pobladores de esos lugares, incluso de algunas tribus provenientes del Chaco, destruyeron casi todo y el capitán se quedó con las tierras que conformaron Pago de los Arroyos hasta que producido su fallecimiento, sus hijas fragmentaron la herencia y vendieron las parcelas.

Otros datos significativos:

“Recién en 1784 se divide la jurisdicción de los Arroyos de la de Coronda. Atribuciones: daba posesión de la tierra, se encargaba de la venta de bienes embargados y de difuntos, ante él se realizaban los testamentos, realizaba mensuras, etc.; además de cuidar el orden de la población. Esta institución duró hasta 1825, siendo sus atribuciones mayores de acuerdo al incremento que tomaba la región a su cargo. “

A principios del siglo XXI, José Jumilla en la publicación titulada Santa Fe Turística, Antiguo Camino Real. Ciudad de Rosario -edición del diario El Litoral de Santa Fe de la Vera Cruz y del Gobierno de Santa Fe-, expresó:

“La ciudad de Rosario tiene un desarrollo muy especial, sin fundador, surgida a partir de la capilla de una estancia sobre el río Paraná.  Casi desconocido durante el siglo XVIII, el poblado de la capilla ‘Virgen del Rosario’ no había mejorado mucho al producirse la Revolución de Mayo.  Pero esa situación no le impediría ser centro de importantes acontecimientos, como la creación de nuestra enseña patria.  /  Es a partir de la batalla de Caseros, que la historia dará un vuelco fundamental.  El puerto, el comercio, el  ferrocarril, la inmigración y la expansión agrícola, permitirán a Rosario un desarrollo de carácter vigoroso y explosivo, que la transforma en ‘un crisol de razas’ y la ubica en el centro de la región conocida como ‘Granero del Mundo’.   La clave geográfica le posibilitaría tomar un fuerte impulso económico, cultural y político, social y urbano hasta mediados del siglo XX.”  Fascículo 6, p. 62.

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La proximidad con el límite norte de la provincia de Buenos Aires, fue un factor significativo porque en esa zona se desarrollaron hechos de trascendencia histórica y lógicamente, socioeconómica.  También el río Paraná contribuyó eficazmente al desarrollo de la ciudad de Rosario porque hasta ahí, ya en el siglo diecinueve el calado permitía el avance de naves que servían al comercio internacional cuando tras las primeras cosechas de las colonias de la Pampa Gringa situada en Esperanza y sus alrededores –fines de la década del ‘60-, llegaban los barcos cargados con diversos artículos que desembarcaban ahí a los fines de que las naves retornaran con  las bodegas cargadas de granos y de cuanta materia prima interesaba a los europeos…

 

 

“Santa Fe – 1815”

(De “Hombres y hechos”, 6 páginas, inédito)

“El 2 de marzo de 1816 la primera compañía de Blandengues se sublevaba al mando del teniente Estanislao López. Los jefes del movimiento, Mariano Vera, Cosme Maciel y Javier Ávalos levantaban mientras tanto las milicias de Coronda y atacaban la cañonera “Americana” en la boca del Colastiné para facilitar el arribo de los hombres remitidos por Artigas desde Paraná. El día 5 el Cabildo preparaba las milicias de defensa. Las fuerzas de Buenos Aires destacadas en San Nicolás, al mando de Eustaquio Díaz Vélez, no pudieron acercarse a Santa Fe en defensa de Viamonte y éste debió capitular.”

Bandera santafesina casi olvidada…

Tras su triunfo en Coronda, el Brigadier López enseguida decidió crear la bandera que distinguiera a sus tropas.  El 1º de agosto de 1822 la Junta de Representantes recibe el proyecto que es aprobado por unanimidad y como destaca el historiador Hillar Puxeddu, pasó “a ser Santa Fe la segunda Provincia federal con emblema propio” y siguió flameando en el territorio provincial hasta que “el asfixiante centralismo” de la tantas veces admirada Generación de ‘80, anuló al máximo las autonomías federales reemplazándolas por las oligárquicas ‘Ligas de Gobernadores’, dejándose de usar en consecuencia la bandera del Estado santafesino.   [2]

1816…

(En “Santa Fe – Siglo XIX – Luchas por la autonomía y el federalismo”.

02-03-1816: sublevación de Añapiré.

En ausencia del capitán Fontuso que era el jefe de la primera compañía de Blandengues,  conducida por el Tte. Estanislao López y el alférez Pedro José Basaga; acompañados por Francisco Javier Ávalos -que “había levantado a los rinconeros”-, Cosme Maciel -instalado en el falucho “Fama”-  y Mariano Vera que operaba en la zona de Coronda donde el Cnel. José Francisco Rodríguez con doscientos hombres decidió avanzar hacia Santo Tomé siguiendo las instrucciones de Artigas. En la boca del río Colastiné fue atacada la cañonera Americana para facilitar el paso de las tropas de Artigas provenientes de Paraná.

Enseguida el Cabildo dispuso que se organizara la defensa y “fue necesario armar los habitantes de la ciudad.  Reunidos en la plaza los americanos de quince a sesenta años, el Comandante del Cuerpo de Cívicos don José Antonio Echagüe, les dio destino y los distribuyó en nuevos batallones.  Se nombraron nuevos jefes de compañías.  Simón de Avechucho y Francisco Antonio de la Torre para las compañías de Blancos y Pantaleón Reyes y Bartolo Cámara para los Pardos. La compañía de Blandengues de servicio en el destacamento de la estancia de Iriondo fue llamada urgentemente par la defensa de la ciudad”.  Llegó el Capitán Mondragón con sus soldados a Santa Fe, “deja el ejército en la estancia de Santo Domingo y baja a recibir órdenes de Viamonte.  El General, complacido por su adhesión, decidió saludar a las tropas  Esa misma tarde se dirige con Mondagón hasta el campamento donde les esperaba una noticia desagradable.  La Compañía entera lo había abandonado.  Sublevada por el Sargento Marcelino Avellaneda, alias viejo Machengo, marchó con todos los hombres a los Calchines, a ponerse a las órdenes de Mariano Vera, jefe de la revolución  El Cabildo desconfía de todos”…  El redactor de las actas capitulares que hacía años desempeñaba esas funciones fue reemplazado por el Escribano José Ignacio de Caminos que exigió sueldo y garantía de su permanencia salvo por causa justificada; “el Regidor Benito Pujato es acusado también de simpatizar con los revoltosos por su negativa a firmar un oficio de la Comandancia de las fuerzas orientales, manifestando que el Cabildo no había tratado el envío”.  [3]

Tras las acciones de Añapiré, Estanislao López recibió el reconocimiento como Capitán.

El 5 de marzo mientras estaban dedicados principalmente a esa estrategia, se enteraron de que por orden del nuevo Director Juan Martín de Pueyrredón, estaban ubicadas en San Nicolás las tropas que avanzaban hacia la capital santafesina, a las órdenes de Eustaquio Díaz Vélez pero ese proyecto fracasó tras una eficaz resistencia de los federales.

1842…

(En “1856-1859 Gobierno de Juan Pablo López” – Inédito)

12-04-1842: combate de Coronda y escape de López…

El 12 de abril en el Combate de Coronda, las fuerzas leales al gobernador santafesino fueron vencidas a pesar de la acción del Coronel Juan Apóstol Martínez que terminó siendo prisionero y fusilado por orden de Oribe.

Juan Pablo López logró escapar hacia el norte, llegó hasta el Chaco santafesino y cruzó a Corrientes.

Sabido es que el Coronel Martínez triunfó en sucesivas batallas durante la guerra por la Independencia y que en ese combate se mantuvo en la retaguardia para que los batallones comandados por López pudieran retirarse hacia el norte.  Por algo, después se dispuso que sus cenizas fueran colocadas en una urna de bronce que está depositada en el sector oeste de la entrada a la Catedral santafesina, con datos personales: fechas y batallas…

Oribe siguió avanzando hacia Santa Fe, después de tres días de marcha pasó por Ascochingas.  El 16 de abril de 1842 junto al general Pascual Echagüe llegaron hasta la capital provincial y ya estaban al noreste de la ciudad cuando se enfrentaron los ejércitos en el combate de Colastiné.

López ya no estaba con la tropa y el general Oribe logró aniquilar al enemigo: mientras caballos y soldados quedaban heridos o habían muerto, algunos pudieron huir.

Parece ser que ante el error y el terror suele ser preferible orientarse hacia el destierro: así lo hicieron Domingo Crespo y Urbano de Yriondo, casado con Petrona Candioti Larramendi, hija del primer gobernador autónomo; padres del pequeño Simón nacido 28 de octubre de 1836 y entonces un niño de cinco años y que décadas después fue electo y se desempeñó como gobernador durante dos períodos (1871-1874 y 1878-1882). [4]

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Desde mediados de 1851 y como consecuencia de sucesivos conflictos, se acentuaban las dificultades para el desarrollo de las empresas de los estancieros entrerrianos y porteños.  Como suele suceder aún a principios del tercer milenio, tales dificultades económicas encendieron la chispa que iluminó el ocaso del Brigadier don Juan Manuel de Rosas y entonces, decidió renunciar. Inmediatamente reaccionó el general Urquiza y anunció la aceptación y anticipó idéntica decisión del gobierno de Corrientes, porque él estaba autorizado para hacerlo.  Así estaba en mejores condiciones para avanzar en las conversaciones con las autoridades de Brasil y Montevideo para firmar un tratado.

El general Urquiza delegó el gobierno en Antonio Crespo -hermano del santafesino Domingo Crespo- y con su ejército inició las operaciones sobre la Banda Oriental del Uruguay.  Venció en la Banda Oriental; los autoexiliados Santiago Oroño y Juan Pablo López engrosaron sus filas.  Cruzaron el río Uruguay y avanzaron hasta el entrerriano Puerto de Diamante, a orillas del Paraná y frente a Coronda, sobre la costa santafesina.

En las crónicas sobre historias de la Historia, generalmente seguían nombrando a los mismos hombres, pero eran diferentes sus situaciones y siendo unos más vulnerables que otros, también eran diferentes sus adhesiones.

El 20 de febrero de 1843, el general Oribe había completado el cerco a Montevideo con aproximadamente diez mil soldados argentinos y orientales; insuficientes “para apoderarse de una ciudad fortificada, defendida por su estratégica posición y que podía abastecerse perfectamente por mar”.  [5]

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05-07-1852: sublevación, huida y retorno de López…

Combate tras combate, triunfo tras triunfo y a la vez derrota tras derrota, iban ascendiendo las jerarquías de los jefes de tropas.

En el sur de la provincia de Santa Fe, el 5 de julio de 1852 invocando el apoyo del Gral. Urquiza, se sublevó el General Juan Pablo López, concuñado de Domingo Crespo, esposo de Dolores Rodríguez del Fresno.  Detuvieron al Juez de Paz Marcelino Bayo, jefe político en Rosario y al Comandante de la Frontera Sur Gral. Santiago Oroño.

En Coronda tenía su bastión el Gral. José Rodríguez y sin darle importancia a las sugerencias acerca de no presentar batalla, decidió enfrentar a la tropa del comandante Luis Hernández, quien apoyado por el comandante José Agustín Fernández, avanzaba hacia la capital de la provincia.  En otra línea estaban las fuerzas que comandaba Juan Pablo López y se replegaron hacia Córdoba, creyendo que Rodríguez había vencido a la vanguardia. Aclarada la situación, al día siguiente el Gral. Juan Pablo López informó al gobernador Crespo sobre esos acontecimientos y afirmó que tenía el apoyo de Urquiza.

Esas confusiones influyeron en el ánimo de don Domingo Crespo: renunció ante la Sala de Representantes pero cuando conoció la realidad retornó al despacho de la gobernación. En esas circunstancias, el Teniente Coronel Juan Pablo López convencido de la falta de apoyo para el combate, huyó solo hacia Córdoba, desde allí cruzó a Paraná y fue detenido junto a su sobrino el Coronel Luis Hernández, hasta que dos años después logró fugarse.

15-07-1852: indulgencia y equívocos…

El 15 de julio de 1852 el ministro de Gobierno Manuel Leiva asumió como gobernador delegado y viajó a Rosario para adoptar algunas decisiones.  Ese mismo día en nombre del Gral. Urquiza, su amigo Juan Francisco Seguí pidió al comandante de la frontera sur Gral. Santiago Oroño, que actuaran con indulgencia con los amotinados de principios de ese mes.

En ese tiempo, José Nicasio Oroño –líder del Partido Liberal– envió una carta a Manuel Leiva expresando su punto de vista con respecto a los protagonistas de ese movimiento:

“…¡pobres hombres! la Organización los tiene ahogados y son los últimos manotones de sus aspiraciones y de esa sed de plata que nos conduce muchas veces a cometer los mayores desatinos”.  [6]

Los hechos demostraron que esa inexacta visión de don Nicasio Oroño pudo ser consecuencia de un sueño como adversario político, porque el Brigadier General Juan Pablo López asumió como gobernador provisorio de Santa Fe exactamente cuatro años después y tuvo como leal colaborador al amigo de Urquiza: don Juan Francisco Seguí.

Sabido es que el Gral. Urquiza dialogó con Domingo Crespo en agosto de 1853 y le advirtió que por su situación geográfica, la provincia de Santa Fe estaba en las mejores condiciones para ser el nexo con el gobierno de Buenos Aires y para defender las fronteras en la zona litoral.

Habían transcurrido casi cuatro décadas desde la Asamblea del año 13 que declaró la libertad de todos los esclavos.  En Santa Fe se adoptaban medidas tendientes a indemnizar a quienes estaban cumpliendo con esas disposiciones.

 

1856… división política departamental…

En ese tiempo la provincia de Santa Fe estaba dividida en cuatro departamentos: La Capital  (11.209 habitantes), cuya cabecera es la ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz y abarcaba el Paso de Santo Tomé, las Chacras; las Quintas; Ascochingas y Añapiré; las colonias de aborígenes de San Pedro y del Sauce –San Jerónimo del Sauce-; la colonia Esperanza y en el norte los cantones de frontera. El departamento Rosario (22.751 habitantes), cuya cabecera es la ciudad de ese nombre, comprendía las villas San Lorenzo y al sur Villa Constitución; las Chacras y los cantones de la frontera sur. El departamento San José (2.463 habitantes), con el pueblo San José del Rincón –el Rincón de Antón Martín- y distritos Rurales de Arriba, de Abajo y de Calchines.  El departamento San Jerónimo (4.838 habitantes), con el pueblo de Coronda como cabecera y en la zona rural: Barrancas, Lomas, Carcarañá Abajo y Arriba, Monte de José Ñudo y Desmochado.

1858: datos…

El departamento San Jerónimo (4.838 habitantes), con el pueblo de Coronda como cabecera y en la zona rural: Barrancas, Lomas, Carcarañá Abajo y Arriba, Monte de José Ñudo y Desmochado.  Sólo 4.304 habitantes eran extranjeros; representaban poco más del diez por ciento y a partir de ese primer censo de población realizado en abril de 1858, junto a las colonias organizadas por el gobierno se instalaron inmigrantes espontáneos de distintas nacionalidades en su mayoría franceses, suizos, alemanes, ingleses, italianos.

1860…  proyectos en torno al río…

Desde Santa Fe partió la expedición el 13 de julio de 1855, mientras el gobernador “José María Cullen y una distinguida comitiva, acompañaron a Page durante la jornada inicial de la marcha, retornando después a la capital.”  Se inició así otra empresa que demandó enormes esfuerzos y que fue promovida por “el rubio marino” en un “detallado informe sobre su viaje, estimando que el Salado podía ser navegable en una extensión de 800 millas y destacando en él la celeridad que podía lograrse con estas comunicaciones”, ya que se podría utilizar “la gran palanca de la civilización moderna ¡el vapor!”.  Como suele suceder, tras la difusión de ese proyecto se formaron comisiones en las provincias interesadas y se suscribieron algunos convenios, entre ellos el firmado por la “firma Smith Hnos. y Compañía “en Paraná el 14 de enero de 1856, representando a las autoridades nacionales el ministro del Interior, Santiago Derqui,  que siempre estuvo dispuesto a ofrecer su colaboración en estos proyectos”. En ese momento, “se decidió encarar, formalmente, la navegación de los ríos Salado y Dulce” y en consecuencia, dispondría la empresa de “una concesión por el término de quince años, siempre que la misma se efectuara con buques a vapor, debiendo realizar además del tráfico de mercaderías, el transporte de mercaderías” y para lo cual “el gobierno cedería terrenos en propiedad en los puertos de Santa Fe y Rosario, a fin de que en ellos construyeran las correspondientes comodidades”.  El contrato se firmó, pero “la casa Smith Hnos. y Cía. no pudo cumplirlo y así fue como “un incansable y luchador personaje trataba afanosamente por continuar la obra.  Era Esteban Rams y Rubert, fuerte comerciante del litoral, que se había desempeñado años ante como proveedor del ejército de Urquiza en la campaña de Caseros y más tarde en la función de apoderado de la provincia de Santa Fe”, quien “el 2 de junio firmó con el gobierno de la Confederación, otra vez representado por Derqui, un contrato sobre navegación” de esos aquellos ríos, “en términos similares al anterior” y el director Urquiza, el 24 del mismo mes, promulgó la ley que lo aprobaba”. Más esfuerzos, más intentos: “Rams encargó a Europa la construcción de un pequeño vapor y dos rastras de hierro para la limpieza del río” y “deseoso de no perder tiempo en el logro de sus objetivos, contrató al baqueano Lino Belbey“ –un “práctico capitán”-, encomendándole que “realizara una exploración preliminar” y “enseguida solicitó al gobierno de la Confederación el apoyo de fuerzas militares para custodiar a los expedicionarios.  Con ese objeto, tropas santiagueñas y santafesinas se alternarían en la escolta” y hacia ese nuevo rumbo “partieron el 16 de noviembre, desde el Cantón del Sauce, los soldados de Santa Fe, al mando del teniente coronel Antonio Crespo“; desde el Cantón del Sauce que a fines de esa década sirvió como lugar de aprovisionamiento –incluso de agua-, para los inmigrantes recién llegados a la luminosa llanura sancarlina.  Fueron midiendo las profundidades del río mientras los escoltaban desde la orilla y como suele suceder hubo obstáculos e incidentes desfavorables; también aplausos y hasta publicaciones periodísticas, como sucedió en “El Nacional Argentino” de Paraná que “dedicó un extenso y lisonjero artículo, en el que destacaba la importancia de la expedición y las consecuencias beneficiosas que aparejaría la demostración de las condiciones de navegación de esa arteria fluvial”.  Se insistía en que el río era navegable, “pronosticando que ‘las provincias interiores se pondrán en comunicación rápida con el Paraná y el Océano, beneficiando así a las riquezas que duermen allí inexplotadas, atrayendo brazos y capitales’.”  El ministro del Interior doctor Santiago Derqui apoyaba esa expedición y el doctor Salvador del Carril –vicepresidente de la Confederación en ejercicio del Poder Ejecutivo-, como era costumbre decretó el 17 de diciembre “se le concedieran medallas de honor al coronel, jefes, oficiales y soldados que habían participado en la misma, que fueron entregadas, en una sencilla ceremonia, por Esteban Rams.  El establecimiento de la Colonia Esperanza sobre sus costas y la confianza den obtener un medio de comunicación fácil y barato, persuadieron al gobierno de que se hallaba en buen momento para asegurar las tierras que atravesaba el río.”  En consecuencia, mediante un decreto se decidió “establecer una nueva y eficaz línea fortificada de frontera sobre el Río Salado” y así se lograría “el doble objeto de asegurar esta nueva vía fluvial, al mismo tiempo que poner completamente a cubierto, una inmensa extensión del país, hoy continuamente depredado por las tribus salvajes’.”

Hacia el sur, “ese año de 1856, no solo había sido recorrido con esas intenciones” porque “el Carcarañá había sido explorado por Augusto Liliedal, quien partiendo de la población de Villa nueva, en la provincia de Córdoba, el 24 de noviembre, arribó a la confluencia con el Coronda el 6 de diciembre.”  En enero de 1857 estaban aprobados “los estatutos de la Compañía de Navegación del Río Salado, cuya administración sería ejercida por Rams“ y el 26 de ese mes, partió el pequeño vapor “Santa Fe” comandado por el capitán Lino Belbey, acompañado por el ingeniero Rodolfo Blandoswky quien por disposición del gobierno tenía la “misión de levantar un plano del río y de recoger cuanta observación de carácter científico pudiera ser de utilidad” y que lamentablemente en breve tiempo. Como los expedicionarios habían previsto, tuvieron sucesivas dificultades debido a la bajante del río y a que se “enganchaban en los raigones”.  Rams decidió regresar a Santa Fe, donde tenía el “vapor ‘Río Salado’ que había adquirido para su empresa y que no pudo emplear, pues, al intentar navegar el río, sufrió una avería” y regresó con “el ingeniero D. P. Feurez, comisionado por el gobierno en reemplazo del fallecido Blandoswky“.  Avanzaron aguas arriba y volvieron aguas abajo: eran infructuosos “los trabajos de limpieza del cauce del río” y contrataron también al ingeniero Jacinto Febres, “pero éste luego de unos meses desistió de su compromiso.  Vuelto en su peregrinar, obtuvo el concurso del ingeniero constructor Juan Coghlan, recién llegado de Europa, contratado por el gobierno de Buenos Aires.  Rams consiguió convencerlo de que lo secundara en sus proyectos y el joven irlandés se sintió interesado en los trabajos de exploración.  Así fue como el 17 de noviembre de 1858, Coghlan, asistido por los ingenieros José de Guerrico y Neville Mortimer, inició, desde Santa Fe, una nueva expedición por el Salado”, esta vez “en época de creciente”.  Las provincias recorridas por el salobre río apoyaron ese proyecto.  Como sucedió con el salteño Aarón Castellanos –y con Beck y Herzog- al promover más colonizaciones y necesitar que vinieran cientos de familias; Esteban Rams “pleno de euforia y de esperanzas, “preparó un minucioso y extenso informe sobre el río” y viajó a Europa donde logró editarlo con el título “Compagnie de Navigation a Vapeur du Rio Salado”.  para interesar a los capitalistas ingleses y franceses” para que invirtieran en la “sociedad en comandita que giraba bajo la razón social ‘Estevan Rams y Cía“, destacando “la integración del  Consejo Directivo, que estaba compuesto por: Norberto de la Riestra, ministro de Hacienda de la Confederación; Constantino Santa María, comerciante y propietario de Buenos Aires; Dr. Nicanor Molina y Ramón Puig , de Paraná y Domingo Crespo y José Cullen, de Santa Fe.”  Expresa luego Roverano que “en sus andanzas por Francia conoció a Juan B. Alberdi al que atrajo con sus proyectos.  El gran constitucionalista, que se desempeñaba como embajador en esa nación, trató de ayudarlo, para lo cual se inhibió de separar de su cargo, de acuerdo con las instrucciones que llevaba, al cónsul argentino en París, Pedro Gil, que, era a la vez, gestor de la empresa de Rams, con lo que le hubiera acarreado a la misma dificultades que sólo podían salvarse con la inmunidad diplomática.  De esta gestión, Alberdi informó a Francisco Pico, ministro de Relaciones Exteriores, el 24 de marzo de 1861, en estos términos: ‘Acerca del Consulado de París, he creído deber abstenerme de presentar la patente del nuevo Cónsul, porque este acto haría cesar al señor Gil en el Consulado General, lo cual traería inevitablemente una perturbación nociva en la empresa del Señor Rams para la navegación del Salado, organizada bajo los auspicios y por los esfuerzos de la casa de Gil.  Yo creo que las conveniencias de la República podrían conciliarse con las de Buenos Aires, dejando en París como únicos agentes consulares al Señor Gil y al Señor Guerrico, éste último con el carácter de Cónsul honorario, que equivale a Vice-cónsul”.  Estos hechos demuestran cuánto perjuicio creó al desarrollo nacional la encarnizada lucha por los intereses creados de distintos grupos políticos que ejercían su potente influencia aun más allá de las fronteras, más allá del Océano Atlántico.  Así fue como don Esteban volvió con mayor entusiasmo y siendo época de tormentas y de lluvias, eligió el día domingo para comenzar otra expedición hacia el río Salado: “El 9 de noviembre de 1862, a las 2 de la tarde, Rams partía del Hotel del Comercio, de Santa Fe, al frente de un gran convoy” -”un gran carruaje”- donde viajaban Rams y algunos “personajes, transportándose las provisiones y equipajes en 4 carretas.  Para atender las necesidades propias de la expedición marchaban también más de 200 caballos, 20 mulas y 52 vacunos, 2 de ellos vacas lecheras.”  Acompañaban a Rams: “el coronel José Antonio Álvarez de Condarco, oficial mayor del ministerio de Guerra de la Confederación; Thomás J. Hutchinson, cónsul inglés en Rosario, que dejó una interesante narración de esta expedición; el padre Pedro Viña, superior de los jesuitas de Santa Fe, cuya orden, ese mismo día, se establecía de nuevo en la ciudad, después de su expulsión en 1767; el ingeniero civil Williams H. Coock, de la sucursal Rosario del Banco Mauá de Río de Janeiro; el teniente Francisco Pancomini, de la armada argentina; los mayores José L. Navarrete y Manuel A. Acosta, del ejército nacional y los señores Felipe Catena y Rodolfo Zavalía.  Además, como escolta, iban 40 soldados de infantería y 9 de caballería a las órdenes del teniente Hipósito Roland“ –así está escrito- “y del alférez Luis Andrade“. Una vez más los aborígenes sirvieron al propósito de quienes en sucesivas acciones los fueron aniquilando: “El indio Romualdo Isatti, experto y muy conocedor de esas regiones, oficiaba de baqueano”.  Con un propósito diferente se incorporó al grupo el diplomático inglés ya que él aprovecharía el viaje para su beneficio y en el de quienes representaba, por eso se dedicó a  “estudiar las condiciones que podía ofrecer ‘el valle del Salado’ para el cultivo del algodón, en cuya explotación estaban interesados capitalistas ingleses”.  La noche de la primera jornada la hicieron en la Estancia de Domingo Crespo, situada a 2 leguas de la ciudad. Al día siguiente prosiguieron la marcha, cruzando el Salado por el paso de Mihura… después, Esperanza y acampando en las proximidades del Cantón ‘6 de Julio’, que era la guarnición de las tropas de defensa de esa colonia.”

Mientras tanto, “el gobernador de Santa Fe, Patricio Cullen iniciaba una campaña contra los indios, siguiendo el camino que los expedicionarios habían dejado atrás unas jornadas apenas.”  Destaca el historiador Roverano que “José M. Zuviría, ministro de Cullen, al escribirle al general Mitre, con fecha 1º de diciembre” -de 1862- “le decía: “Estamos bajo la amarga impresión de una entrada que han hecho ayer los indios hasta una distancia de 5 leguas de esta capital.  Han venido esta vez en número de cerca de 400 y se han distinguido por actos de crueldad que parecían haber olvidado, pues han matado a hombres, mujeres y chicos que encontraron trabajando en los montes.  Más adelante, al referirse a la expedición, le comunicaba: ‘El gobernador marcha con ella; lo acompaña don José María, su hermano, y lo acompañarían todos, tal es el peligro que presienten y la exasperación que les causa una invasión tan inesperada…”  Es probable que tanto como evaluar los movimientos de los aborígenes, al gobernador le habrá interesado saber cómo se avanzaba –y se podría seguir avanzando- en los promisorios proyectos sobre el Salado.  El maestro Roverano expresa que “la campaña de Cullen obtuvo un feliz resultado y, aunque no libró un combate decisivo con los naturales que supieron fugarse oportunamente rumbo al Chaco, alejó, por un buen tiempo el peligro de las invasiones.  Entretanto, los exploradores del Salado, ignorantes, felizmente de estos desgraciados sucesos, continuaban la marcha, sin imaginarse que en la otra margen del río un gran peligro pudo haberles amenazado el éxito de la excursión.

 

1864: nuevos caminos…

(De “Santo Tomé, ayer”. 11 páginas, inédito.)

 

“En  1864 el Gobernador Nicasio Oroño dispuso la traza de nuevos caminos  a Coronda y Esperanza, ambos partiendo desde el paso de Santo Tomé.”

Un tal Nicasio Oroño… (1825-1904)

(De “Hombres y hechos” – Inédito.

17 de octubre de 1870: encuentro de Sarmiento y Oroño.)

 

Nicasio nació en Coronda el 20 de julio de 1825; hijo del Cnel. Santiago Oroño.  Luchó contra Rosas y tuvo que peregrinar por distintas provincias del litoral, Uruguay y Brasil.  Participó en la batalla de Caseros.

Reitero lo expresado por Félix Barreto -director del Archivo de la provincia-, en su estudio sobre D. José Nicasio Oroño publicado en la Revista de la Junta de Estudios Históricos, Tomo XII, p. 61 y ss. “…bautizado el 13 de noviembre de 1825 en la parroquia de Coronda por el Padre Fray Pedro José Crespo; hijo legítimo de doña Juana Baigorri y de D. Santiago Oroño.”

Gestos de Oroño…

Un gesto del gobernador Oroño es otra señal de su sentimiento cristiano: Tras la convención reformador de la Constitución (1860) y teniéndose en cuenta la guerra del Paraguay, en 1866 se reunieron los diputados de las provincias argentinas para analizar la vigencia de los derechos de exportación y el 12 de septiembre se aprobó la reforma, suprimiéndose “las palabras que limitaban su vigencia” por “una escasa mayoría” porque “el sentimiento de unión nacional primó esos días en Santa Fe”.

El gobernador Nicasio Oroño, “identificado con el espíritu de unión que reinaba en el Congreso deseó expresarlo a las provincias hermanas, eligiendo para ello a la de Entre Ríos, unida a Santa Fe desde los días iniciales de nuestra historia. En el cabildo local se conservaba hasta entonces la moharra de una lanza que había pertenecido al General Ramírez, el Supremo Entrerriano, perdida por éste en las escaramuzas tenidas con las tropas de López en las lomas de Coronda, cuando su infausta lucha con Santa Fe.  Luego de hablar al respecto con el Diputado de Entre Ríos… doctor Martín Ruiz Moreno, el gobernador de Santa Fe puso en sus manos el trofeo y una nota al gobernador de Entre Ríos”, escrita el 19 de septiembre de 1866. [7]

1867…

Colonia “Corondina”…

En 1867 el gobernador Nicasio Oroño -nacido en ese lugar- fundó la Colonia Corondina, en el lugar que en 1852 había sido asiento del gobierno nacional durante dos días debido a que el general Justo José de Urquiza acampó allí con su Ejército Grande mientras avanzaba hacia el sur para combatir al brigadier general don Juan Manuel de Rosas, enfrentamiento que culminó en la batalla de Caseros.

Coronda fue declarada ciudad en 1883 y el constante crecimiento de esos años derivó en la fundación de poblaciones vecinas hacia donde emigraron numerosas familias.  El gobernador Juan Bernardo Iturraspe decretó el 27 de agosto de 1900 la pérdida de esa categoría y nuevamente empezó a funcionar una Comisión de Fomento.

La jurisdicción municipal santafesina abarcaba seis cuarteles con sus jueces de paz y tenientes alcaldes que lindaban con chacras y quintas, entre ellas “la quinta Clucellas, vasto perímetro cercado de palos y garabatos, refugio de gente indeseable y que constituye hoy la zona de la Plaza Constituyentes”, como lo ha señalado el historiador santafesino José Pérez Martín.

 

1880…

(“Domingo Guzmán Silva”… Inédito.)

 

Desde el periodismo, Silva también participaba en los procesos de la política lugareña. “Se afilió al Club del Pueblo y fue uno de sus dirigentes, junto a los Iriondo, Juan Arzeno, José Gálvez, Ignacio Crespo, etc.  Siendo gobernador el Dr. Simón de Iriondo -jefe del citado club y perteneciente a sectores católicos con poder-, al ser nombrado Juez de Coronda el recién egresado abogado Mariano Quiroga, “se lo llevó a Silva, con el cargo de Receptor de Diligencias y Oficial de Justicia”; allí se empezó a editar “El Corondino”, otro “periódico también oficialista que escribieron entre ambos”.

Regresó a Santa Fe en 1881…

1883…

(De “Maradona… tres personalidades” – Inédito)

Waldino Baldomero Maradona Garramuño

(San Juan 1883-Coronda 1941)

 

Inauguración de Hospital en Coronda…

En el año 1883, Waldino Baldomero Maradona pronunció un discurso con motivo de la inauguración de las obras del Hospital San Roque auspiciadas por la Sociedad de Beneficencia de Coronda.  Es interesante su lectura porque refleja algunos rasgos de su personalidad y de sus percepciones:

“La casa de Dios al fin abre sus puertas para recibir a los desvalidos.  Esta casa santa de la caridad, tiene su historia; ella fue construida e iniciada esta institución por el benemérito ciudadano Coronel Don José Rodríguez, aquí presente.  Creo que es para su pueblo y para su conciencia una obra que le honra y hace honor.  No trato aquí de hablar de su costo, no; hablo de su objeto, de su significado, nada comparable con todo el oro del mundo; esta obra descansa sobre la base inconmovible que le da el prestigio de su destino.  Ya tienen, pues, un techo, los pobres de Coronda.  Aquí todos caben; en esta casa no se pregunta cuánto es el número de los que la necesitan, ni su nacionalidad, ni su creencia, ni su profesión, ni alcurnia.  La cooperación decidida de los Señores de la Sociedad de Beneficencia, del vecindario del Departamento, unidos todos estos elementos a la iniciativa del señor Coronel Rodríguez, ha coronado el éxito de las aspiraciones tantas veces manifestadas por la población y exigidos por la necesidad de los menesterosos.  Los hospitales deben tener su renta propia, deben ser instituciones con vida propia, porque es una necesidad que tienen las poblaciones, hoy que la caridad ejercida a domicilio no da los resultados que se desean, porque lejos de beneficiar al pobre, sirve otros, para fomentar la ociosidad y toda la cohorte de los vicios.  Que esta institución abra sus puertas para que los necesitados concurran a satisfacer sus necesidades, que el pueblo y las personas piadosas mantengan esta casa con altura, para que sea la prueba más elocuente que esta población se ha preocupado de la clase desheredada.  ¡Ah!  Señores, la caridad ejercida por las almas nobles al desgraciado que la implora, es ante los ojos de la conciencia y de Dios, lo más sublime; ella es un destello de la providencia que ilumina a quienes la ejercen; el camino de su glorificación, porque la caridad es el ángel que viaja continuamente por todos los campos de la necesidad, consuela al afligido, mitiga los dolores del hombre, da pan al huérfano, agua al sediento, consejo al que lo ha menester y sirve de estímulo al que olvidando a Dios y su misericordia, se ofusca y cae en al postración de la desgracia y llora y desespera su destino.

La fe, la esperanza y la caridad, es la augusta trinidad del cristianismo; ellas tres obran de consuno y sin ellas, no hay norte, no hay conformidad en los sinsabores de la vida y mancomunadas ellas tres, son bálsamo que cura las heridas de la desgracia.

Hagamos caridad y habremos asegurado el cielo. He dicho.  Waldino B. Maradona.  Coronda, 1883.”

1886…

Gálvez y el plan del gobierno en marcha…

(1886-1890: gobierno del Dr. José Gálvez” – Inédito.)

Desde 1886 estaba vigente la ley de municipalidades que el gobernador había impulsado. En la capital provincial, el doctor Gálvez dispuso que se comenzaran las obras de adoquinado, en la entonces calle del Comercio -actual San Martín-, frente a la plaza 25 de Mayo. Se avanzó en las instalaciones usinas para obtener agua filtrada, se amplió el recorrido de los tranvías a caballo y comenzaron los servicios de mensajería; se concretaron obras en el matadero municipal.

A fines de 1887, el sanjuanino Waldino Baldomero Maradona como un santafesino más, como un corondino más, habrá celebrado que desde Gessler, pasando por Oroño, las locomotoras llegaran hasta Coronda para continuar viaje hacia la ciudad-puerto de Santa Fe de la Vera Cruz.

 

1892…

(De “Gastón Gori – Caminos…”  Inédito.)

La colonia Esperanza -a pesar de algunas incertidumbres- había seguido creciendo.  Desde el 30 de mayo de 1892 integraba la Cámara de Senadores en la legislatura provincial en representación del Departamento Las Colonias, el sanjuanino Waldino Baldomero Maradona (n. en 1853).  Había llegado desde Cuyo a Rosario, a los trece años, luego vivió en Barrancas y en Coronda (departamento San Jerónimo).

 

Señales del siglo veinte…

Alfonsina…

Alfonsina estudió en la Escuela Normal Provincial de Coronda (Dto. San Jerónimo, provincia de Santa Fe) y egresó con el título de Maestra Rural, desempeñándose al año siguiente en escuelas cercanas a Rosario, donde empieza a difundir sus poemas y concreta algunas experiencias en Teatro.  Nació su hijo Alejandro y a partir de 1912 vivió en Buenos Aires continuando con su labor docente y su trabajo literario

Olga y Leticia…

Olga Cossettini nació el 18 de agosto de 1898, en San Jorge (provincia de Santa Fe);  era hija de Antonio Cossettini y de Alpina Bodello (“…fundadores de escuelas”).

Maestra egresada de la Escuela Normal de Coronda, se dedicó con entusiasmo a la educación por el arte de vivir y convivir.  En el año 1921 hubo frecuentes y prolongadas huelgas y por su acción gremial Olga cesó en sus funciones.  En el año 1930, siendo regente en la Escuela Normal “Domingo de Oro” de la ciudad de Rafaela -pujante localidad del oeste santafesino- propuso a la directora Amanda Arias, la puesta en marcha de una experiencia educativa en el rumbo de lo que ella intuía y había investigado que así debía ser: la Escuela Serena.  Colaboró para el desarrollo del proyecto su hermana Leticia.

 

 

(De “Maradona, Esteban Laureano”.

Aproximación a su trayectoria. Inédito.)

Aromito

“El AROMITO ‘acacia macracantha’ es leguminosa que, sin crecer mucho suele levantarse a más de 4 metros, un árbol (‘espinillo’) que prospera en las riberas de los bañados litoralenses, aunque da una madera mediocre, que sirve para el combustible hogareño y para cocer el pan; es una espinosa de hoja compuesta por delicados folíolos, y cuando llega la primavera, embalsama el ambiente con sus hermosas flores color oro, de intenso perfume.

Cuando sus esferoidales flores caen, dejan asociadas vainas cilíndricas mucronadas, de epicarpio duro, negruzco amarronado, que contiene una serie de semillas redondeadas de color verdoso oscuro, bastante duras.  [8]

Tenemos una atracción particular por esta especie, quizás porque fue la primera que contemplaron mis ojos en días de la infancia, en las costas del río Coronda, de Nueva Esperanza, de las Barrancas; donde fue fundado el Fuerte, nada menos que por el primer Adelantado, en 1537, antes de partir para España.

Existe, lo de siempre: la confusión, el ‘aromito’ exhala un perfume que se difunde en el ambiente y no puede pasar inadvertido y un par de espinas, puede decirse bigeminadas, que sugiere lo de ‘espinillo’, como lo llama el criollo de las márgenes del Paraná.  Y aunque se lo haya nombrado ‘algarrobillo’ y ‘ aromito’ y aparezca como ‘tusca’, en el catálogo oficial, el binomio linneano es valedero de Humboldt (Federico Enrique) y Bonpland (Amado G.), pero como ‘aromito’ y no como ‘tusca’.

Tiene más de ‘algarrobillo’ que de ‘tusca’, porque la voz ‘algarrobillo’ alude al fruto semejante al del ‘algarrobo’ europeo ‘Ceratonia siliqua’; además su fruto es distinto en la forma que la de los prosopis.

Y en cuanto a lo de ‘tusca’, tampoco corresponde, porque ‘tusca’ es voz quichua que se refiere a la ‘acacia moniliformis’, y como ya decimos, su fruto es una vaina arrosariada, y las espinas son chatas en su base, si bien gemidas.

Otro ‘espinillo’ es la ‘acacia praecox’, (‘aromo’ o ‘espinillo macho’) que nos da una madera compacta, dura, elástica, durable.

Década del ‘40

(De “La mujer…” – Inédito)

Mientras la mujer leía esos relatos, pensaba en la década del ‘40 en su amada Santa Fe de la Vera Cruz, cuando en el paraje denominado Cuatro Bocas -en Santo Tomé- se habían empezado a construir las instalaciones destinadas a zapadores y a anfibios que practicaban en el río Coronda que después se hizo famoso por el tradicional Maratón internacional que consagró como primer campeón de aguas abiertas al actual periodista Carlos Larriera.  [9]

 

Década del ‘50

(Aproximación a la trayectoria de Luis Gudiño Krämer…)

Víttori aporta algunos trazos que permiten elaborar algún croquis, lógicamente parcial porque es sólo una visión individual desde la región litoral:

“Después de la Revolución Libertadora trascendió que Gudiño Krämer junto con el doctor Luciano Molinas y otras personas vinculadas a las actividades políticas, sociales o culturales, figuraban en una lista de posibles ejecuciones a la manera de la Alianza Libertadora Nacionalista o el Grupo Tacuara.   Yo lo supe por Lucianito Molinas, a cuyos buenos oficios debí acudir más de una vez, en busca de orientación profesional ante posibles demoras o detenciones con las que el régimen intolerante y cesáreo hostigaba a sus opositores.  No sé si la nómina se publicó alguna vez.  Sé en cambio que a Gudiño lo desmoralizó saberse sentenciado, siquier en suspenso, por un poder oculto y omnímodo.

Lo cierto es que la cárcel iba a llegar después de la caída de Perón, como una secuela ayer inexplicable -hoy ya no- de la libertad provisional, que suspendidas las garantías constitucionales, nos asiste a los argentinos en esta era de la sospecha dilatada, con breves pausas, desde 1943 hasta ahora”, “octubre de 1983.”

 

López, José Ovidio

(“Fragmentos del Justicialismo…” Inédito.)

Nació en Santa Fe el 26 de diciembre de 1915.  Trabajó y estudió.  Elector de Presidente y Vice (1946). Interventor en el Puerto de Santa Fe (1946, gobierno Waldino Suárez).  Después del golpe de 1955 estuvo detenido en la Cárcel Modelo de Coronda (Santa Fe), logró la libertad y nuevamente fue internado en Caseros y en Magdalena por ser sospechado en junio de 1956 cuando se produjo el alzamiento del Gral. Valle.   Candidato a Legislador (1961); apoyó la fórmula Greca-Quiroga.  Secretario de la Junta Provincial del Partido (1972).  Impulsó la fórmula Campos-Bonino (1973) y fue primer candidato a senador nacional.  Con el asesoramiento de su hijo Edgar Hugo -abogado- logró la devolución de la sede partidaria en Santa Fe y con la indemnización fue posible adquirir la sede en Rosario.

Falleció el 5 de mayo de 1983, cuando se estaban preparando las campañas para las elecciones generales de ese año.

Acerca de la Cárcel…

(“Hombres y hechos” – Inédito.)

 

Desde el 30 de junio de 1903, mediante las leyes 1177 y por vigencia de la ley 1319 desde el 25 de junio de 1906, el gobierno provincial estaba autorizado por la Legislatura para construir varios edificios, entre ellos una Cárcel de la provincia.

El 29 de abril de 1916 el P.E. había celebrado un contrato ad referendum, firmado ante el Escribano de Gobierno por el ministro de Hacienda y Obras Públicas y con los señores Salvador Dettoni, María G. de Recuero, Felipe Recuero, Agustina Gregoria N. de Fostier y José Cipriano Solís, referente a la adquisición de terrenos en Coronda (departamento San Jerónimo) destinados a la construcción de una Cárcel provincial para penados, en una superficie de veinticinco hectáreas.

 

Presencia de Gastón Gori…

En el diario El Litoral de Santa Fe, se difundió una crónica de Juan Carlos Arch con algunas referencias biográficas y se destacó que “cuando se repasan sus antecedentes, resalta que un creador de su talla, haya realizado la mayor parte de sus numerosas conferencias no en las grandes capitales, sino en San Jerónimo, Coronda, Humboldt, San Carlos, Vera, San Cristóbal y así podríamos continuar hasta casi agotar las localidades de nuestra provincia y muchas del interior.”  [10]

 

[1] Roverano, Atilio Andrés. El río Salado en la Historia. Santa Fe, Colmegna, 28 de enero de 1956, p. 37 y siguientes.  Téngase en cuenta que en esta trascripción aparecen en negritas todas las reiteraciones de Salado, río Salado, el Salado…, aún cuando en el citado libro estén con escritura normal, sin subrayado.

[2] Ibídem, p. 8-9.  El autor anotó: “Gómez, Hernán: ‘El Gral. Artigas y los Hombres de Corrientes’. Corrientes, 1929.” # En el documento reproducido parcialmente en la página 14, “Resolución de la Honorable Junta de Representantes (3-VIII-1822)”, consta que por unanimidad aprobaron la bandera creada por el Brigadier Estanislao López, los diputados: “Pedro Antonio Echagüe, Luis Aldao, Juan Francisco Seguí, José de Echagüe, José Antonio Echagüe, José Elías Galisteo, Vocal Secretario.”

[3] Ibídem, p. 33-34.

[4] En la sesión del 19 de mayo de 1903, en la Cámara de Diputados se consideró sobre tablas, por iniciativa del diputado Crouzeilles, el proyecto de ley acordando “una pensión de trescientos pesos moneda nacional  mensuales a los hijos del Dr. Urbano de Iriondo, y de la que gozarán hasta tanto dure su minoría de edad”.  Destacó el Dip. Mundín, que en ese tiempo, la viuda percibía “las dietas que correspondería a su esposo el doctor Iriondo, en su carácter de Diputado Nacional”.  Hubo una breve discusión sobre ambos ingresos y finalmente el proyecto fue aprobado.

[5] Ídem, p. 68-69.

[6] Cecchini de Dallo, Ana María. Los grupos políticos en Santa Fe. Santa Fe, Ministerio de Educación y Cultura, Ediciones Culturales Santafesinas, 1992, p. 31.

[7] Busaniche, José Carmelo. Hombre y hechos de Santa Fe. Santa Fe, Colmegna, 1946, p. 163-165. En el segundo párrafo de esa nota firmada también por el ministro Emiliano García, el gobernador Oroño expresaba: “Sellada por la Constitución de Mayo la historia sangrienta de nuestro pasado, el presente que envío a V.E. sólo pudiera conservarse en esta Provincia como una protesta de los sentimientos de unión y fraternidad que la ligan a la del Entre Ríos como a los demás de la República.  / “La lanza que el General Ramírez perdiera en las lomas de Coronda pertenece hoy exclusivamente a la Provincia de su nacimiento, ya que por aquel afamado guerrero no hubiera sido legada a su familia- / “En tal concepto y para que en la Provincia de Santa Fe no exista símbolo alguno de los recuerdos que en otro tiempo lo alejaron del Entre Ríos, he creído de mi deber remitirla a V. E., como hago por la presente y por el intermedio del expresado doctor Moreno.”  El 17 de octubre de 1886, el gobernador José Domínguez y sus ministros Nicanor Molinas y José J. Sagastume, agradeció el envío de ese “valioso recuerdo que debe ser conservado en Entre Ríos, por haber pertenecido a uno de sus más ilustres guerreros”.

[8] “Mucronadas” equivale a “terminadas en punta”.

[9] Carlos Larriera, periodista santafesino, plantea análisis geopolíticos; conduce su programa Mano a Mano por L.T. 9 “Radio Brigadier Estanislao López” de Santa Fe y diversas entrevistas desde un canal de televisión, con repetidoras por cable.

[10] Diario El Litoral, Santa Fe, viernes 25 de octubre de 1985, p. 7; reiterado en Palabras para compartir 4, p. 24.

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