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2003: diálogo de Gastón con Juliano Salierno.

En el Suplemento “Nosotros” del diario “El Litoral” de Santa Fe, sábado 2 de abril de 2005, publicaron diálogos de Gastón Gori con Juliano Salierno durante una entrevista realizada en agosto de 2003, cuando “el autor esperancino recientemente fallecido rindió homenaje a su memoria, intacta a pesar de la enfermedad que sobrellevaba”.

En este otoño de 2006, la reiteración de algunas expresiones de Gastón y del visitante, durante aquel invierno memorable:

 

Destacó Juliano Salierno, que Pedro Raúl Marangoni más conocido como GASTÓN GORI, “Prefirió vivir en esta ciudad, cerca del río, del campo, en comunión con la naturaleza. A los 12 años aprendió a tirar con la escopeta, pasatiempo que de grande se transformó en motivo para reunirse con amigos.

Los días más lindos que pasé fueron cuando andaba sólo por los campos cazando martinetas. Vos me dirás: ‘¡Pero estaba matando patos!’. Sí, pero eran días lindísimos y los pasábamos con los compañeros. Es como quien practica un deporte y juega al fútbol, habla de fútbol y sigue el fútbol. Así éramos nosotros con la escopeta; nos juntábamos y hablábamos de cacería.

 

Esas destrezas de características sanguinarias se balancearon con el ejercicio intelectual constante, el amor al arte y a los libros.

La literatura lo preocupó mucho

Yo dejé mi profesión de abogado por la literatura. Imaginate, como abogado, en unos 8 años más o menos había ganado suficiente dinero como para vender una propiedad que teníamos en Villa María Selva y poder comprar acá (en Santa Fe).

 

(Es oportuno expresar que Villa María Selva es barrio de la capital santafesina, situado al noreste del plano urbano.)

 

Si hubiera seguido en la profesión habría sido un repugnante rico tan rico…, porque enseguida empecé a trabajar y tuve mucha gente. Después, conseguí un puestito de maestro nocturno y vivía con $ 130. Con esa plata podía subsistir; entonces, largué todo y me quedé escribiendo, nada más.

¡Qué decisión la que tuvo que tomar!

Sí, 47 libros no se escriben haciendo cualquier otra cosa, se escriben trabajando en eso. Les dediqué mi vida a los libros. Todavía puedo hacerlo, pero no lo hago por las dificultades de la vista. Y, si los escribo, la cargo a mi hija con todo el trabajo de pasar en limpio, de corregir y ella tiene su propio tiempo, por eso no escribo.

La última batalla

La confirmación de que aún podía garrapatear algunas páginas lo mantenía de pie. Resistió desde la escritura en todos los frentes y con ese mismo empeño dio batalla a la muerte. El último trabajo fue para el propio autor ‘algo muy sencillo’. Se titula ‘El día de los pájaros’ y es una recopilación de la que se imprimieron mil ejemplares para regalar a cien escuelas, ‘para que lean los chicos’. Negritas aquí.

Esas primeras impresiones de vejez, cansancio y sordera se fueron modificando a lo largo de la charla. Se trataba de rasgos superficiales, marcas que son signos de haber vivido, porque finalmente habrá que comprender que, para contar buenas historias, hace falta estar viejo; que vivir plenamente cansa y que, a veces, es preferible no escuchar todo lo que se anda diciendo.”

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Lecturas y síntesis: Nidia Orbea Álvarez de Fontanini.

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